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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2018

Roberto Arlt (1900-1942)
La palabra como noble recurso ante la impotencia

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin

Ensayo indito presentado en el marco del V Congreso Internacional de REIAL, realizado en Ptzcuaro y Nahuatzn, Michoacn, Mxico (22-25/oct/2012)


Dedicado a mi padre, ms que a su memoria;

a mis hijos Santiago & Valentina, libres para hablar y libres de impotencia;

a su madre Ma. del Rosario, y a la ma, por su valor; a Marthica, por mil razones que slo a ella interesan

 

 Lo que no est en plena calle es falso,

inventado, es decir, literatura.

Henry Miller

 

 Tragedia y humor no son opuestos o, mejor dicho,

son opuestos precisamente por exigir tan inexorablemente

cada uno de ellos la existencia del otro.

Hermann Hesse

 

 Slo el misterio nos hace vivir. Slo el misterio .

Federico Garca Lorca

 

 Es posible que maana muera y en la tierra no quedar nadie

que me haya comprendido por completo. Unos me considerarn mejor

y otros peor de lo que soy. Algunos dirn que era una buena persona;

otros, que era un canalla. Pero las dos opiniones sern igualmente equivocadas .

Mijal Lermontov

 

 Uno no se desarrolla verdaderamente y a su manera sino despus de muerto .

Franz Kafka

 

I - Introduccin impostergable e ineludible

En 1900 naci el escritor argentino Roberto Arlt; en 1942, muri. Cuando cumpla 115 aos de nacido, ninguna publicacin, suplemento literario, revista o peridico le dedic un mnimo espacio en Colombia. A futuro, se espera no pase lo mismo. Aunque en caso contrario mejor: as sigue siendo annimo, anti-bestseller, casi clandestino. Renuente a la fama, adems. Muy pocos se acordaron de l. Mejor, as nunca ser kitsch, no necesitar confirmar lo que todos quieran escuchar, sino que siempre se sentir raro entre los lugares comunes. Y, por no constituir un lugar comn ser que casi nadie lo ha ledo y, por ende, muy pocos se acuerdan de l? Sin ofender a nadie, cabe preguntar: Sabe quin fue Roberto Arlt? Es factible que algunos lo sepan lo que se dice sin prepotencia ni soberbia: apenas con razn. Es ms bien probable que la mayora lo desconozca. Por ello, en un pas donde la gente se jacta de leer si as fuera no habra tanta violencia, no deja de sorprender que en una de las ms tontas encuestas (cul no lo es!), El Tiempo publique que el libro ms ledo en Colombia es la Biblia, con un 11% del total consultado; y que entre los mejores libros que ha ledo en su vida mencione, en primer lugar, a Cien aos de soledad sin que apareciera citada obra alguna de Arlt, como de tantos otros que s han ledo muchos nativos. Segn dichos resultados, no se podra pedir, en el pas del Sangrado Corazn, la coexistencia de una literatura de evasin y verbo malabarista, envidiable verbo pero malabarista al fin, con una literatura que remueve la existencia del hombre. Una literatura si se quiere falsa, inventada, pero que es pura vida y que viene de la calle cual flecha directo al corazn. Como cierto cine, cierta msica, artes de percepcin inmediata.

Este ensayo propone un esbozo bio-literario de Roberto Arlt; reflexiones sobre su obra narrativa (el teatro apenas ser tocado); vigencia de la misma; refutacin de algunos conceptos crticos: los de Stasys Gostautas, No Jitrik, Julio Cortzar y Adolfo Prieto; Arlt: novelista urbano (por ubicacin espacial) y pintor e involuntario arquitecto de Bs. Aires; comparacin entre la obra de Arlt y la de Dostoievski, Kafka, Conrad, Baudelaire, De Quincey; desmitificacin de los grupos de Boedo y Florida; Arlt y su influencia sobre Borges; primer escritor moderno de la literatura argentina; destructor de las bases de la moral burguesa; ironista de la familia nuclear y monogmica; precursor del existencialismo y adelantado a Orwell; simpatizante del socialismo/comunismo y aun as crtico de ambos as como del capitalismo y los militares; Arlt y el cine como un elemento de ruptura frente a los prejuicios de su poca; pionero de la novela real y, breve antologa de textos arltianos.

Antes de entrar en materia, resulta conveniente dar a conocer los criterios a refutar:

Y Roberto Arlt (1900-1942) cuyas faltas de ortografa y gramtica eran proverbiales. (1) Creo que no se puede entender la obra de Roberto Arlt si, al mismo tiempo, no se hacen otras lecturas: la primera es la del contexto poltico social argentino; () la segunda invita a una diversificacin textual: el sainete y el teatro culto, el lunfardo y los intentos de una literatura popular, la poesa de vanguardia, el tango, la arquitectura, el cine, la radio, la industria, la comicidad, el ftbol y el box, la delincuencia y otros. (2) La perceptible falta de humor en Roberto Arlt traduce un resentimiento que l no alcanz a superar dentro de condiciones de vida y de trabajo que slo al final cambiaron un tanto, cuando ya era tarde para abrirle una visin ms comprensiva e incluso ms generosa. (3) y su instalacin en una franja social y cultural sacudida por cdigos fuertemente contradictorios, le retace el manejo lcido de sus propios recursos y le impuso un escenario en el que deba representar una inacabable batalla con fantasmas. El fantasma de la escritura artstica, del estilo, fue, probablemente, el que lo acos con mayor asiduidad y malicia; el que lo oblig a desarrollar el ms enrgico espritu de defensa; y el que lo distrajo, por ltimo, de las reflexiones que mejor convenan a su proyecto de narrador. (4)

Por qu audicin? Para nadie es un secreto lo que en Colombia Caicedo es a Cali, en Argentina Arlt es a Bs. Aires: alguien que intuy como nadie el alma de su ciudad. Y as como Cali es sinnimo de salsa, Bs. Aires lo es de tango. La relacin entre msica y literatura en ambos autores no admite discusin. En cuanto a la relacin Arlt-Buenos Aires-literatura-tango, en Tango: Discusin y Clave, de Sbato, Alejandro lvarez seala dos asuntos comunes a los famosos, aunque mal llamados movimientos de Boedo y Florida: La enemistad con el modernismo y la preocupacin por el tema Buenos Aires en el poema, el cuento y la novela. Tema al cual no es ajeno Roberto Arlt, como lo demuestra desde su primera novela publicada (pues parece hubo otra antes, La vida puerca, luego perdida) (5) , El juguete rabioso (1926), en la que no faltan alusiones al tango, al conventillo, al buln, al compadrito, etc., ni, desde luego, podra obviarse la que se considera la primera inclusin de un homosexual en la literatura argentina, segn el sitio web Noticias Alternativas: Roberto Arlt, obrero de la literatura: Silvio Astier, el protagonista, pasa la noche durmiendo a espaldas de un muchacho rubio que poco antes se ha quitado el traje para quedar semi-desnudo, con portaligas y medias . Astier rechaza violentamente al joven pero no deja de sentirse conmovido por su sensibilidad: Segn Osvaldo Bazn en su libro Historia de la homosexualidad en la Argentina , por primera vez se incluye un homosexual en la historia de la literatura nacional, por lo que la obra de   Arlt adquiere un carcter trasgresor y revolucionario para la dcada de 1930. Sin embargo, esto parece no ser cierto, tal como me informa Fernando Sorrentino, desde Bs. Aires:

Bazn se equivoca con lo de por primera vez se incluye un homosexual en la historia de la literatura argentina, pues mucho antes, en 1914, Jos Gonzlez Castillo haba hecho lo mismo, y con mayor desparpajo, en su obra teatral Los invertidos . Y no s si no habr otros textos anteriores (3.X.12).

Y a propsito del compadrito, que no es otra cosa que sinnimo de resentimiento (voz asociada a una idea peyorativa y que simplemente significa volver a sentir), cabe adelantar lo que cuenta Juan Carlos Onetti cuando an no conoca a Arlt: Lo imagin como un compadrito porteo, definicin que no puede ser traducida, que llevara horas para ser explicada y tal vez sin acierto posible. No obstante, en la siguiente definicin sobre el compadrito, hecha por Fernando Guibert, en cuestin de minutos y con mucho acierto se puede probar que Onetti, aunque s err respecto a la imposibilidad de traducir el trmino en cuestin, no estaba nada equivocado en su prejuicio respecto a su colega nueve aos mayor; tambin, se puede constatar que tal definicin parece una del propio Arlt, de acuerdo con lo que en este trabajo se dir sobre l Va, pues, Guibert:

El compadrito quera ser el hombre que no poda alcanzar porque saba que no lo era, eso lo angustiaba y cuando ms creca su sombra entre los otros, ms ganas le entraban de ser an ms compadre. As, desesperado, probndose a s mismo, amontonaba hazaas tras hazaas, es que asista al drama de su impotencia vital a pesar de la hombra paciente y estudiada, asista al drama de su inferioridad pese al inmoderado levantar de sus hombros y su mirar al costado, su frase o su silencio perdonando. Era inferior y lo entenda, y entenda tambin que su suerte estaba echada, por eso su resentimiento ya le haba dado la primera pualada por la espalda. Era el actor y el pblico, hablaba siempre de enfrentarse declamando, siempre escupa eso del enfrentarse, pero a pesar de enfrentar con su corazn desnudo, era slo la cscara del corazn, porque por dentro, en ocasiones, estaba encogido como un ovillo, de temor, de cansancio o de asco a s mismo, concluye Guibert.

El sentido de esta definicin es procurar dilucidar la relacin entre Arlt y el tango y la cuestin sobre Arlt y su resentimiento (tan cacareado por los crticos), que es el de todos los argentinos de acuerdo con la opinin de Ernesto Sbato (1911-2011):

Negar el resentimiento en la Argentina puede ser lindo, pero tiene el pequeo defecto de ser totalmente falso. Y tambin en esto nuestra mejor literatura nos da irrefutable testimonio: desde el Martn Fierro hasta los monlogos de Erdosan, pasando por los feroces dilogos de La Gringa. El resentimiento viene de muy lejos y ha tenido complicado desarrollo. Cuando en 1873 apareci el Martn Fierro cobra ya forma el justificado rencor del gaucho contra la oligarqua extranjerizante de Buenos Aires, que, con razn histrica o sin ella, lo condena a la miseria, a la delincuencia y al exilio en su propia patria; corrido por el gringo agricultor, por el alambrado y por los ferrocarriles.

Se aclara: Erdosan, de nombre Augusto Remo (por el primer Csar y por uno de los fundadores de Roma) es el protagonista del dptico narrativo Los siete locos y Los lanzallamas; el Martn Fierro, de Jos Hernndez, y La Gringa, del anarquista, dramaturgo y periodista uruguayo Florencio Snchez, son en su orden una novela costumbrista y una comedia en cuatro actos; cuando Sbato habla del gringo, se refiere al extranjero en general, no al oriundo de EE.UU. Ms adelante, anota Sbato:

En tales condiciones, entre 1853 y 1910, se forma la nueva Argentina de la inmigracin. Inmigracin que va a proveer de material humano tanto a las chacras del litoral como a las fbricas de Buenos Aires, a sus prostbulos y a sus sainetes. As surge a la existencia ese nuevo argentino de barrio, cruza de gringos pobres con criollos arrabaleros (rencorosos gauchos vueltos del exilio pampeano); un tipo indito hasta ese momento, proclive al amor prostibulario y a la cancin sentimental, extrao hbrido de exuberante napolitano y de reservado hijo del pis, cuya mxima y ms original creacin fue ese tango que recuerda a la msica pampeana como el compadrito al criollo viejo, pero que secretamente siente la nostalgia de su patria europea a travs de los sones de su bandonen. Y mientras Enrique Santos Discpolo iba arrastrando por la calle Corrientes su infinito desprecio por la raza humana, y su infinito amor esa contradictoria mezcla de desprecio y amor que slo puede encontrarse en cierta clase de santos, Roberto Arlt escriba sus novelas que algunos creen costumbristas, pero que en realidad son mgicas y desaforadas fantasas de un ser desgarrado por el mal metafsico.

De lo anterior se desprende no slo la plena justificacin para hablar de Arlt y el tango, comprender su obvio re-sentimiento y aceptar su condicin de autor metafsico, sino, adems, la posibilidad de incluir unos cuantos tangos que guardan estrecha relacin con el mundo arltiano, mxime si se tienen en cuenta los temas comunes a cada ejemplo del ritmo argentino por antonomasia y a los de la obra arltiana. As, se escuchar en primer lugar el tema que inmortaliz a la ciudad que inmortaliz Arlt, abriendo a su vez un nuevo captulo en la historia novelada de Buenos Aires: Mi Buenos Aires querido/ cuando yo te vuelva a ver/ no habr ms penas ni olvido, en la voz del ms grande cantor de tango, gnero que el ya citado Santos Discpolo defini sabiamente como un pensamiento triste que se baila Mi Buenos Aires querido, composicin original del brasileo Alfredo Le Pera y del uruguayo Carlos Gardel (los dems tangos aparecern a medida que se requiera).

http://www.youtube.com/watch?v=81xAgGh0nt8 (2:45)

Pero, aparte de un compadrito, quin fue Roberto Arlt?

II - Roberto Arlt: una autobiografa literaria

Desafo a que haya alguien que sepa sacar mejor partido que yo de las intenciones abortadas, de los ensayos manidos y de las cegueras y cojeras de sus prjimos.

Observo entonces, con placer, que aqullos que me suponan agriado se retiran consternados, sin saber cmo clasificarme.

Y as pasan los aos. De mi ineptitud se desprende una filosofa implacable, serena, destructiva:

Para qu afanarse en estriles luchas, si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y una nada infinita?

Y yo s que tengo razn.

Con estas palabras, Roberto Arlt concluye uno de sus mejores cuentos, Escritor fracasado uno de los nueve que integran El jorobadito, libro publicado en 1933. La obra del escritor Roberto Arlt es inseparable del hombre y del nombre Roberto Arlt.

Roberto Arlt o, mejor, Roberto Godofredo Christophersen Arlt, naci en Buenos Aires el 7 abril 1900, segn documentos que lo prueban, pero l y su madre aseguraban que el 26, por el da en que fue anotado en el Registro Civil de Bs. Aires: hecho que nunca se aclar. Fueron sus padres Karl Arlt, oriundo de Posen, norte de Prusia, hoy Alemania y no Austria, como se especula, oficial del ejrcito de Bismarck, de ah su carcter autoritario y punitivo; y Catherina en algunos textos Carolina, Catalina, Ekaterine o Ekatherine Iobstraibizer (como firma en carta a su hijo, 2000: lmina anterior a la p. 161), natural de la regin italiana de Trieste, de extraccin campesina, y quien inculc en Arlt el amor por la literatura junto con el gusto por el espiritismo: recurdese el ensayo Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires que publicara a los 20 aos. As, mientras su padre hablaba alemn todo el tiempo y su madre, italiano, Arlt balbuceaba el espaol y aprenda a dominar el lunfardo, lenguaje vivo absurda y nicamente vinculado con el hampa y en general con los bajos fondos. De su nombre completo, siempre se burl: Mi madre, que lea novelas romanticonas, me agreg al de Roberto el de Godofredo, que no uso ni en broma, y todo por leer La Jerusaln Libertada, de Torcuato Tasso, segn reza una aguafuerte o crnica publicada en el diario El Mundo, el 8 enero 1930 an en el gobierno de H. Yrigoyen, dos veces presidente del pas (1916-22 y 1928-30) y quien fue derrocado el 6 septiembre 1930 por el general Uriburu, con lo que se inici la llamada Dcada Infame Falta saber qu ms ley su madre para aadir al de Godofredo el de Christophersen. De todas maneras, en otra aguafuerte y refirindose a su nombre, expres: Yo no tengo la culpa, bsicamente por su complicado apellido de tres consonantes y una vocal, que despertaba constantes burlas entre sus allegados y que, de alguna forma, lo hacan sentir extranjero en su propio pas. Caso anlogo, aunque inverso, al que vivi su admirado Conrad, quien siendo extranjero nunca pudo sentirse ingls pese al cambio de nombre

Creci en el popular barrio de Flores, entonces un suburbio bonaerense, entre la extrema pobreza y la resistencia a un desptico padre. As, en estrecha relacin con un espacio de humildad y trabajo (lase explotacin) y una dura y hostil realidad social (que lo seguir hasta su muerte, en 1942, pues hasta el 4/jun/43 va a extenderse la Dcada Infame cuando otro golpe tumba a Ramn Castillo) aunque, por contraste, en medio de un rico universo literario donde convivan Conrad, Kipling, Salgari, Stevenson y, entre otros, Ponson du Terrail con su bandido Rocambole, Arlt va integrando en l, al decir de Goloboff, la vocacin de un Dostoievski con la terrible dictadura filial de un Kafka. Aqu comienza a revelarse su autobiografa con base en la ficcin: entonces, su alter ego Erdosain uno entre varios en un desgarrador captulo de Los siete locos (1929), su segunda novela, El humillado (llevado luego al teatro), traduce claramente tal fatalidad. Arlt ya no slo haba ledo Los demonios e incorporado a su visin sino que lo haba traducido al lunfardo, la jerga portea mezcla de gallego/italiano/alemn y dems ingredientes del habla inmigrante:

S, mi vida ha sido horriblemente ofendida humillada. Cralo, Capitn. No se impaciente. Le voy a contar algo. Quien comenz este feroz trabajo de humillacin fue mi padre. Cuando yo tena diez aos y haba cometido alguna falta, me deca: Maana te pegar. Siempre era as, maana Se dan cuenta? Maana Y esa noche dorma, pero dorma mal, con un sueo de perro, despertndome a media noche para mirar asustado los vidrios de la ventana y ver si ya era de da, mas cuando la luna cortaba los barrotes del ventanillo, cerraba los ojos dicindome: falta mucho tiempo. Ms tarde me despertaba otra vez, al sentir el canto de los gallos. La luna ya no estaba all, pero una claridad azulada entraba por los cristales, y entonces yo me tapaba la cabeza con las sbanas para no mirarla, aunque saba que estaba all aunque saba que no haba fuerza humana que pudiera echarla a esa claridad. Y cuando al fin me haba dormido para mucho tiempo, una mano me sacuda la cabeza en la almohada. Era l que me deca con una voz spera: Vamos, es hora. Y mientras yo me vesta lentamente, senta que en el patio ese hombre mova la silla. Vamos, me gritaba otra vez, y yo, hipnotizado, iba en lnea recta hacia l: quera hablar, pero eso era imposible ante su espantosa mirada. Caa su mano sobre mi hombro obligndome a arrodillarme, yo apoyaba el pecho en el asiento de la silla, tomaba mi cabeza entre sus rodillas y, de pronto, crueles latigazos me cruzaban las nalgas. Cuando me soltaba, corra llorando a mi cuarto. Una vergenza enorme me hunda el alma en las tinieblas. Porque las tinieblas existen aunque usted no lo crea. (6)

Hasta aqu el desahogo de Arlt, perdn, de Erdosain. Muy precozmente comienza a escribir. Dos aos antes del feroz trabajo de humillacin que comenz su padre y que sublima a travs de la literatura, se aduea de una ancdota entre complaciente y chistosa:

Yo soy el primer escritor argentino que a los ocho aos de edad ha vendido los cuentos que escribi. En aquella poca visitaba, en Flores, dos libreras, la de los hermanos Pellerano y la de Jos Prata. All conoc entre otros a don Joaqun Costa, distinguido vecino del barrio. El seor Costa, que conoca mis aficiones estrambticas, me dijo cierto da: Si traes un cuento te lo pago. Al domingo siguiente fui a verlo a don Joaqun. Y con un cuento! Recuerdo que en una parte de dicho esperpento, un protagonista, el alcalde de Berln, le deca a un ladrn que, escondido debajo de un ropero, no poda moverse: Infame, levanta los brazos o te fusilo. A don Joaqun le impresion de tal forma mi cuento, que, emocionado, me lo arrebat y, prometiendo leerlo despus, me regal cinco pesos. Ese fue el primer dinero que gan con la literatura. (7)

La mala situacin econmica familiar y su desinters por la escuela hicieron que nadie se molestara por su educacin: He cursado las escuelas primarias hasta el tercer grado. Luego me echaron por intil. Fui alumno de la Escuela de Mecnica de la Armada. Me echaron por intil (8) Su desdn por el estudio se tradujo ya adolescente en obsesin por la literatura y el aprendizaje de matemticas, fsica y qumica (y aun ocultismo), materias vinculadas a su afn por inventar, pasin que irrigar su vida y su literatura. A los 14 aos escribe sus primeros relatos. Y en 1915, o 16, segn diversos textos, publica por primera vez un cuento, Jehov, y un artculo, Prosas Modernas y Ultramodernas, en la Revista Popular, que dirige el periodista Juan Jos de Soiza Reilly, al decir de Arlt el primer hombre que me tendi una mano cordial. Colabora en peridicos de barrio, mientras frecuenta una biblioteca pblica en Terrero; all, en su primer contacto serio con los libros, recibe la influencia anarquista y descubre a los autores rusos: Gorki, Tlstoi y Andreiev. A Dostoievski va a descubrirlo ms tarde, segn Ral Larra, crtico autorizado. Ese ao 1916, por seguir empeado en el descubrimiento de universos subjetivos, indiferente al idioma alemn, radicalizado en su rebelda y, sobre todo, constituido en una carga para la familia (compuesta adems por su hermana menor Lila), es echado de la casa por su padre, hecho que a la postre y por contraste se convertir en germen indirecto de su personal, pattica y portentosa actividad literaria. El lamentable y a la vez desafortunado episodio lo registra cuatro aos despus en Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, su primer ensayo, publicado en Tribuna Libre (28.I.1920); en la Introduccin confiesa:

Cmo he conocido un centro de estudios de ocultismo? Lo recuerdo. Entre los mltiples momentos crticos que he pasado, el ms amargo fue encontrarme a los 16 aos sin hogar. () Haba motivado tal aventura la influencia literaria de Baudelaire y Verlaine, Carrre y Murger. Principalmente Baudelaire, las poesas y bibliografa de aqul gran doloroso poeta me haban alucinado al punto que, puedo decir, era mi padre espiritual, mi socrtico demonio, que recitaba continuamente a mis odos, las desoladoras estrofas de sus Flores del mal. () Y receptivo a la spera tristeza de aquel periodo que llamara leopardiano, me dije: vmonos. Encontremos como De Quincey la piadosa y joven vagabunda que estreche contra su seno impuro nuestra extraviada cabeza, seamos los msticos caballeros de la gran Flor Azul de Novalis. (9)

Aqu, un parntesis para desmentir una afirmacin de su gran admirador y heredero espiritual, Ernesto Sbato, quien en La cultura en la encrucijada nacional anota:

La superposicin de una Argentina inmigratoria a la vieja nacin semifeudal se manifiesta, despus de la I guerra mundial, en dos grandes corrientes literarias: la aristocrtica y la plebeya. De un lado, escritores como Giraldes y Oliverio Girondo, cuya cultura es a menudo la de un escritor francs. Del otro, escritores surgidos del pueblo como R. Arlt, influidos por grandes narradores rusos del siglo pasado y por los doctrinarios de la revolucin ya que nuestra inmigracin fue pobre y proveniente de pases con fuerte tradicin anarquista y socialista; hijos de obreros extranjeros, esos futuros artistas de la calle aprendieron a escribir leyendo traducciones baratas de Gorki y Zola, de Marx y Bakunin; en lugar de los textos de Baudelaire o de H. James que paralelamente lean sus compatriotas privilegiados. Esta divisin se manifestara, literariamente, hacia 1920, en los grupos de Florida y Boedo. Y dara dos arquetipos: Jorge Luis Borges y Roberto Arlt.

Sobre lo anterior: la lectura de determinados autores no se puede reducir, por fuerza, a privilegios econmicos o de clase (Arlt ley a Baudelaire); la famosa polmica Florida (corriente aristocrtica y estetizante) y Boedo (tendencia plebeya y social) fue slo un invento de un par de crticos, envidiosos de que hubiera grupos literarios en Francia, mientras en Argentina no segn dilogo sostenido por uno de los dos arquetipos, Borges, con el propio divulgador de la falsa polmica, Sbato. He aqu lo que dicen en Dilogos Borges-Sbato, de Orlando Barone (Emec, 1976 y 1997): Borges:

Recuerdo la polmica Boedo-Florida, por ejemplo, tan clebre hoy. Y sin embargo fue una broma tramada por Roberto Mariani y Ernesto Palacio. Sbato: Bueno, Borges, pero aquel tiempo no fue el mo. (Lo dice con sarcasmo) () Borges: S, lo s, pero recordaba esa broma de Florida y Boedo. A m me citaron en Florida, aunque yo habra preferido estar en Boedo. Pero me dijeron que ya estaba hecha la distribucin (Sbato se divierte) y yo, desde luego, no pude hacer nada, me resign. Hubo otros como Roberto Arlt o Nicols Olivari, que pertenecieron a ambos grupos. Todos sabamos que era una broma. Y con esa fina irona que siempre lo caracteriz, Borges destruye el mito Boedo-Florida: Ahora hay profesores universitarios que estudian eso en serio. Si todo fue un invento para justificar la polmica. Ernesto Palacio argumentaba que en Francia haba grupos literarios y entonces, para no ser menos, ac haba que hacer lo mismo. Una broma que se convirti en programa de la literatura argentina.

La otra broma que Borges no refiri, fue que Arlt tampoco perteneci a ambos grupos: su acendrado egosmo (forjado en el desprecio de otros hacia l), su insobornable misantropa literaria slo le permita escribir libros en orgullosa soledad Como deja ver cuando, decepcionado por el alejamiento involuntario de su familia, comienza a rondar el ambiente periodstico: Ya en mis vagancias haba tenido ocasin de conocer muchas vilezas; conoca el hasto y la maledicencia que rumia en las reuniones de los periodiquines de parroquia, donde al decir de Lorrain se presencia la ignominia de los queridos compaeros. A partir de aquel alejamiento, Nada raro ser dice Mirta la enemistad imborrable entre el padre prusiano y el hijo rebelde y descredo. Ese muchacho que no se acepta como los dems y que provoca conflictos, no estar nunca a la altura de lo que se espera de l, primero, ni de lo que se le exige, despus.

Como sostienen los bigrafos de Arlt y lo demuestra su literatura, la psima relacin con su padre y la consecuente lucha para conseguir dinero, lo empujaron a ejercer diversos oficios (dependiente de librera, aprendiz de hojalatero, aprendiz de pintor, mecnico y vulcanizador. He dirigido una fbrica de ladrillos; despus fui, cronolgicamente, corredor, director de un periodicucho y trabajador en el puerto), en los que quiere ser-en-el-mundo-con-los-dems en algo, para superar al menos en parte su carcter de (concreto) hurfano y su culpa, as como conformar un espritu rebelde, independiente y resuelto a conseguir logros en su arte a fin de abofetear literalmente al padre; y, en los que mantiene viva su pasin por la literatura: segn testimonios de quienes lo conocieron, confirmados por quienes lo han ledo, no es difcil rastrear su infancia y adolescencia en El juguete rabioso, Los siete locos y Los lanzallamas, El amor brujo, El jorobadito, as como en sus Aguafuertes Porteas, casi 1.500 crnicas que public en su carrera periodstica (sin hablar de las Aguafuertes Espaolas ni de los cables compilados en El paisaje en las nubes, libro editado posmortem). En ellas, de las que Piglia dice Arlt ha titulado la mayora de sus crnicas usando el modelo de una tcnica grfica (las aguafuertes, el cido que fija la imagen) porque quiere fijar una imagen, registrar un modo de ver (2009:12), desarrolla lo que temprano adquiri: la destreza para, a travs de la curiosidad y de su relacin con un mundo hostil (e injusto, dira mi hijo Santiago), manejar con maestra aquellos personajes que cre, mitad extensin de su propio yo, mitad entes que proporcionan sorpresas de seres vivientes, como le ocurre al novelista instintivo, al que en vez de autor, deba denominrsele secretario de personajes invisibles porque hace lo que ellos le mandan.

En 1920, Roberto Arlt se traslada a Crdoba conducido por el amor, desempea distintas labores y presta el servicio militar; adems, en dicha provincia habra publicado una novela que despus olvid y que a pesar de los esfuerzos nunca se pudo recuperar: Diario de un morfinmano. Concluida la milicia, trabaja en el semanario Patria. Al ao siguiente se casa con Carmen Antinucci, la razn de su viaje, y se instala en las sierras de aquella provincia, donde tambin van a estar su esposa y su hermana que morirn a causa de la tuberculosis. El da de su matrimonio, Roberto Arlt lava su rostro en la fuente de una plaza. Unos puos cosidos a las mangas de la camiseta y una pechera postiza adecentan su porte y ocultan su infinita pobreza, cuenta Ral Larra (10) . All, en Cosqun, 1922, nace su hija Electra Mirta, con el tiempo uno de sus mejores crticos y prologuista de casi toda su obra, posmortem.

No podran ignorarse las palabras con que, precisamente, Mirta Arlt confirma las razones que, motivadas por su mismo padre, lo llevan a abandonar el hogar, as como confirma la autenticidad autobiogrfica de su saga literaria:

Su fracaso, sin embargo, lo har sentirse Can frente a esa hermana (se refiere a la menor, la citada Lila) que, a pesar de su tuberculosis, estudia, y frente a la madre que, frgil y desposeda, ejerce la tirana de los dbiles, hasta que por fin, harto de ser testigo de cuanto su modo de ser en buena medida provoca, y marcado por el odio contra el padre, se marcha definitivamente de la casa. Hasta aqu buena parte de su vida est en El juguete rabioso. (11)

Aqu, seala Mirta Arlt, en sus propios inventos reales que el autor adjudica al protagonista, un crtico de la escuela freudiana podra ver el deseo sublimado del artista en el fantasma expresado mediante la obra de arte. La idea podra redondearse: en la novela arltiana en general est omnipresente la sublimacin de la angustia del autor mediante su propia potencia para crear universos y personajes fictivos, los que no son slo reflejos de la realidad, sino exploracin de la existencia. Por esta poca, 1924, a la tuberculosis de su hermana, se suma la de su esposa. Tal razn motiva al matrimonio a instalarse en Cosqun, un gran sanatorio pulmonar de la poca. Es probable que de este recuerdo surja Esther Primavera, cuento magistral tal vez el ms desolador. A mediados del mismo ao termina El juguete rabioso, novela escrita en diversas etapas y publicada en 1926: el primer captulo, en 1919, y el ltimo, en 1924, cuando una editorial organiz un concurso. Y en 1925, Arlt haba publicado dos captulos en la revista Proa, a instancias de Ricardo Giraldes, de quien fue su secretario: El poeta parroquial, excluido de la edicin final, y El rengo, ttulo a la postre cambiado por el de Judas Iscariote.   En su texto Borges y Arlt: las paralelas que se tocan Fernando Sorrentino escribe:

En el nmero 8 (marzo de 1925) de la revista Proa, dirigida a la sazn por Ricardo Giraldes, Jorge Luis Borges, Pablo Rojas Paz y Alfredo Brandn Caraffa, se publica El Rengo, relato de Roberto Arlt que un ao ms tarde pasara a formar parte de Judas Iscariote, cuarto y ltimo captulo de El juguete rabioso. No es fcil imaginar a una personalidad literariamente tan fuerte como Borges resignndose a publicar un texto que le desagradara. Y, en efecto, en 1968 el mismo episodio es reproducido en la segunda edicin de El compadrito: su destino, sus barrios, su msica, antologa que Borges compila con la colaboracin de Silvina Bullrich. Es evidente que a Borges el texto lo haba impresionado.

Ms adelante, Sorrentino anota algo de lo cual ya se puede inferir la influencia del social Arlt sobre el estetizante Borges, nunca al contrario, y para ello basta comparar Judas Iscariote con El indigno, cuento escrito por Borges 44 aos despus del anterior y publicado en El informe de Brodie y cuyo tema en ambos, es el mismo: la delacin que una persona, poco o nada familiarizada con el delito, hace de quien la ha iniciado en l:

Cuarenta y cuatro aos ms tarde de la aparicin de El juguete rabioso (1926), Borges publica El informe de Brodie (1970). En el Prlogo nombra que yo sepa, por primera, ltima y nica vez a lo largo de toda su extensa obra a Roberto Arlt: () Recuerdo a este propsito que a Roberto Arlt le echaron en cara su desconocimiento del lunfardo y que replic: Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas. Invocado por el tema de las hablas regionales o especiales, o por las causas que fueren, lo cierto es que, al escribir El informe de Brodie, el recuerdo de Arlt andaba por la cabeza de Borges.

Esto ocurri cuando, tras la recuperacin momentnea de su esposa, Arlt regresa a Buenos Aires para vincularse al periodismo. Trabaja en el diario La Hora, donde conoce al autor de Don Segundo Sombra. Giraldes se interesa no slo por la novela, sino por l, lo hace su secretario, lo presenta a otros escritores y le publica en Proa los dos captulos ya citados. Los cuatro en que se divide El juguete rabioso corresponden a los distintos aos de su elaboracin. Segn el escritor y periodista Csar Tiempo, Ricardo Giraldes y Roberto Mariani eran las dos nicas devociones vivas de Roberto Arlt. Pero, es apenas hasta 1926 cuando Enrique Mndez Calzada, miembro del jurado del concurso abierto por la Editorial Latina recomienda publicar El juguete... As ocurre y de acuerdo con Arlt mismo, en el Prlogo a la 2 edicin (1931), la obra pas sin dejar mayores rastros en los anales de la crtica, aun cuando entre la juventud El juguete rabioso, invocara apasionados comentarios. En dicho prlogo expres algo que hasta su muerte jams traicion: Sobre todas las cosas deseaba ser escritor. Una de las escasas notas crticas fue escrita por el fundador del Teatro del Pueblo, Lenidas Barletta, posteriormente entraable amigo de Arlt, cuando ste se vincul definitivamente al teatro, hasta llegar a ser el corrector de su estilo descuidado aunque de un sentido muy eficaz: El juguete rabioso de Roberto Arlt es una buena novela. Aqu un seguro instinto gua al autor por el intrincado campo de la novela. Su libro es por este modo espontneo y extraordinariamente interesante. (12)

Desde la ptica literaria, durante este periodo, la voracidad lecto-escritural, amn de la capacidad creativa en Arlt, no decae un pice, como lo atestigua el director del peridico Don Goyo, con quien colabora en 1926 y a quien conoca desde 1923, Conrado Nal Roxlo, en Borrador de memorias, texto suyo: Arlt escriba en aquel tiempo con letra pequea y apretada y a una velocidad casi mecnica. A nadie he conocido que escribiera y leyera tan rpido como Arlt (13) . No se puede discutir el cuidado que puso en la evolucin literaria de su tiempo; sin embargo, cabe reflexionar sobre la funcin que, quizs, tal bagaje tuvo en su obra, as como los elementos que contribuyeron a crearla. En primer lugar, la mayora de autores que ley como se constatar al hablar de sus Aguafuertes era de origen extranjero y por ende traducida de mltiples idiomas: traducciones, por lo general, psimas. En segundo, la imagen que sobre l proyect la literatura, dejndole profundas cicatrices en la sintaxis, en la gramtica, en la ortografa, estuvo intervenida por esa otra lectura-escritura impuesta entre autor y lector. Lo que viene no es una coyuntura para disculpar a Arlt, sino un certificado de sus carencias que, paradjicamente, es til para dilucidar el juicio de Gostautas en torno a las faltas de gramtica y ortografa proverbiales de Arlt:

El modelo de la lengua que se practicaba en la sobremesa de su hogar est viciado de deformaciones sintcticas, de declinaciones defectuosas propias del alemn y del italiano que hablaban sus padres. Literariamente tiene la influencia de las malas traducciones espaolas en ediciones baratas que llegaban al pas. Por lo tanto, su uso de la materia literaria, su idioma, es el producto de una improvisada artesana individual, elaborada en el vagabundeo de sus aos juveniles (14).

De acuerdo con lo anterior, el lector arltiano se puede anexar a la idea de Electra Mirta, quien a partir de El desierto entra en la ciudad, la ltima pieza dramtica de su padre, corregira sus graciosos errores de ortografa. Si esto no convence, es probable que la magia verbal de Onetti contribuya a solucionar el impasse a favor del incriminado:

Dedicado a catequizar, distribu libros de Roberto Arlt. Alguno fue devuelto despus de haber sealado con lpiz, sin distracciones, todos los errores ortogrficos, todos los torbellinos de la sintaxis. Quien cumpli la tarea tiene razn. Pero siempre hay compensaciones; no nos escribir nunca nada equivalente a La agona del Rufin Melanclico, a El Humillado o a Haffner cae. () No nos dir nunca, de manera torpe, genial y convincente, que nacer significa la aceptacin de un pacto monstruoso y que, sin embargo, estar vivo es la nica verdadera maravilla posible. Y tampoco nos dir que, absurdamente, ms vale persistir. () Y en otro plano del arltismo: quin nos va a reproducir la mejilla pensativa, el perfil desgraciado y cnico de Roberto Arlt en el sucio boliche bonaerense de Ro de Janeiro y Rivadavia, cuando se llamaba Erdosan?

El mismo episodio que refiere Elsa, su esposa, en el desgarrado interttulo El poder de las tinieblas, parte de Tarde y noche del da sbado de Los lanzallamas:

Un da recib una sorpresa extraa, que me dej mucho tiempo preocupada. Era domingo. Yo iba por la calle Rivera, cuando de pronto me detuve asombrada. Junto al vidrio de un caf de cocheros, un vidrio lleno de polvo iluminado por el sol, estaba l, tristemente apoyada la mejilla en la palma de la mano. Miraba la cornisa de una casa frontera, pero sin verla, con la frente arrugada, vaya a saber pensando en qu. Yo me detuve para observarlo. Era mi esposo. Qu haca all, en ese lugar repugnante, con la mejilla casi apoyada en el vidrio sucio, y una franja de sol iluminando la galera de los cocheros que hacan crculo en torno de las mesas? (271-272).

He ah por qu la obra del autor Roberto Arlt es inseparable del hombre que la cre.

En 1927, el autor comienza una regular actividad periodstica en el diario Crtica, a peticin de Natalio Botana, su director: por primera vez gana un salario fijo, como cronista policial. Y aunque era un peridico azul, rojo o amarillo, al estilo Hearst, al estilo de cualquiera que domina el espacio, el tiempo y el espectador colombianos Adolfo Prieto, el mismo que dijo, su instalacin (la de Arlt) en una franja social y cultural sacudida por cdigos fuertemente contradictorios, le retace el manejo lcido de sus propios recursos, y le impuso un escenario en el que deba representar una inacabable batalla con fantasmas, sostiene que por la redaccin de este diario (Crtica) sensacionalista, pero inteligentemente programado, pasaron muchos de los mejores escritores de esa generacin. Podra preguntarse, fue Arlt menos lcido por habitar esa franja social y cultural de cdigos fuertemente contradictorios y no ms bien, por contraste, mucho ms lcido al ser parte de una mixtura cultural como la de Boedo? Incluye Prieto entre los mejores escritores o, al menos, entre los escritores de esa generacin a Roberto Arlt? Porque de incluirlo, como parece, queda sin piso su tesis respecto a Arlt, quien es precisamente grande por ser fruto de la contradiccin, del mestizaje cultural, del coro idiomtico y quien gracias a su lucidez pudo escribir esas desquiciadas y desquiciadoras pginas de Los siete locos y Los lanzallamas y, en particular, los imprescindibles interttulos, en cualquier antologa, El Humillado, Ser a travs de un crimen, La casa negra, Discurso del Astrlogo, La Farsa, de Los siete locos, y, de Los lanzallamas, La cortina de angustia, El Abogado y el Astrlogo, Bajo la cpula de cemento, El pecado que no se puede nombrar, El homicidio, incluyendo, claro, los citados por Onetti. Ahora bien, cuando Prieto dice: El fantasma de la escritura artstica, del estilo, fue, probablemente, el que lo acos con mayor asiduidad y malicia; el que lo oblig a desarrollar el ms enrgico espritu de defensa; y el que lo distrajo, por ltimo, de las reflexiones que mejor convenan a su proyecto de narrador, hay que sealar que quien se distrajo fue l en su lectura: con Arlt comienza a quedar atrs el dicho clsico el estilo es el hombre; poco importa para l la escritura artstica si carece de sentido o est desconectada de la realidad inmediata, la que convierte en una segunda realidad, ms inquietante que la primera; ms que el estilo, fue la adversidad del medio, la intolerancia frente a un ser distinto, lo que forj en Arlt su rebelda; ninguna reflexin de un verdadero escritor, es ms o menos conveniente a su proyecto artstico: el arte, al cabo, es la suma de los demonios y los abismos de ese secretario de seres invisibles que termina por ser ms invisible que estos ltimos Por algo, hoy Arlt es considerado el primer escritor moderno de la literatura argentina. (15) Hacia 1927, tambin fue cronista en el pueblito de Azul, algo que hasta hoy se haba considerado un bache dentro de la actividad periodstica del escritor argentino (16).

Nadie podra negar que uno de los prlogos ms lcidos a cualquier obra de Arlt es el de Adolfo Prieto: pero, esa lucidez se extrava cuando pretende negar la de Arlt. A guisa de ejemplo, va sin comentarios un fragmento de Los lanzallamas cuando en Discurso del Astrlogo (91-102) ste opina sobre la actual (1927) prdida de la religin, como si hablara hoy, y sobre la peste del suicidio que suceder a la prdida de inters por la vida, dada la deshumanizacin de la especie y, de paso, su negativa a engendrar hijos:

Lo enorme es esto. La humanidad, las multitudes de las enormes tierras han perdido la religin. No me refiero a la catlica. Me refiero a todo credo teolgico. Entonces los hombres van a decir: Para qu queremos la vida?... Nadie tendr inters en conservar una existencia de carcter mecnico, porque la ciencia ha cercenado toda fe. Y en el momento que se produzca tal fenmeno, reaparecer sobre la tierra una peste incurable la peste del suicidio Se imagina usted un mundo de gentes furiosas, de crneo seco, movindose en los subterrneos de las gigantescas ciudades y aullando a las paredes de cemento armado: Qu han hecho de nuestro dios?... Y las muchachitas y los escolares organizando sociedades secretas para dedicarse al sport del suicidio? Y los hombres negndose a engendrar hijos que el iluso Berthelot crea que se alimentaran con pastillas sintticas?... (1978: 92).

O cuando, en consonancia con lo anterior, en Bajo la cpula de cemento Arlt perdn Erdosain, reflexiona sobre la muerte, es decir, lo que para nosotros es la vida cotidiana, y sobre el hasto de las relaciones:

Aguza el mirar y se dice: Es posible que se tema tanto a la muerte? Que la muerte preocupe tanto a los hombres, si es su descanso? Mas en cuanto ha pensado de esta manera, se dice: La realidad mecnica ensordece la noche de los hombres con tal balumba de mecanismos que el hombre se ha convertido en un simio triste. A veces los cuerpos, a tres pasos de las mquinas, refugiados en una bohardilla (por buhardilla), se inclinan; las manos despojan los pies de las botas, luego caen los vestidos, despus los cuerpos se acercan a los espejos, se miran un instante, luego levantan un lienzo, se cubren, cierran los ojos y duermen. A veces un miembro entra en un orificio, vuelca su esperma, los dos cuerpos se separan hartados, y cada uno por su lado duerme sudoroso. Y despacio crecer el vientre y eso es todo. () (17)

Toda grandeza viene de una prdida, sostena Alejandro Magno, es decir, los hombres se hacen grandes en la adversidad, no con el viento a favor: a Arlt se le puede atribuir que escribe mal, pero nunca que carece de claridad: Se dice de m que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendra dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes nicamente leen correctos miembros de sus familias. (18)   

Desde cuando trabajaba en Crtica, haba recibido ofertas del director de El Mundo para integrar el equipo de redactores, al que pertenecer hasta su temprana muerte. All publica, se dijo, unas 1.500 crnicas sobre su ciudad y quienes la habitan, agrupadas y publicadas, en 1933, bajo el ttulo Aguafuertes Porteas. Con agudo humor, casi siempre negro, cido e hiriente, hace continuos paneos sobre los caracteres urbanos, desnudndolos y sacando radiografas, para de esta manera componer uno de los frescos periodsticos ms ambiciosos y acabados de que se tenga noticia y donde coexisten la idiosincrasia, la bondad y la maldad populares; entonces, cada lector puede encontrarse consigo mismo, con su propio lenguaje y con una ciudad verdadera, compleja y extrovertida, minuciosamente descrita. Unas pocas Aguafuertes y ancdotas, ilustran con elocuencia sobre la supuesta falta de humor de Arlt, el pretendido analfabetismo suyo y su verdadera dimensin humana. Sobre su analfabetismo quizs baste sealar que estudi por su cuenta piano, ingls, fue corresponsal de varios diarios argentinos; estudi fsica y qumica, materias que puso al servicio de su oficio de inventor hasta llegar a patentar las medias vulcanizadas para mujer y la rosa de cobre. Con dicho oficio rebas el plano real para llegar al de la ficcin con el talento de Erdosain. Personaje que, contra lo que pueda creerse, es real. Omar Borr:

Cuando el verdadero Erdosain lee acerca de las monstruosas aventuras en las que Arlt lo ha implicado est dispuesto a darle un par de trompadas. Sujetado y disuadido por sus amigos, el verdadero Erdosan abandona la plaza gritando e insultando a Roberto Arlt. Pero este tipo es una bestia dijo Arlt. Es tan bestia que no se da cuenta de que acaba de entrar a la inmortalidad gracias a mi novela. (2000: 212-213)

Tambin vale la pena referir una ancdota que reafirma la ignominia de los queridos compaeros en la actividad periodstica y que de una vez por todas desaparece la posibilidad de que Arlt haya pertenecido a Boedo y a Florida o a uno de los dos; la referente al humor, contada por Onetti, va al final de esta parte. En El Cementerio del Estmago, Aguafuerte del 29 de enero de 1929, Arlt declara sin ambages:

Yo he ledo muchas novelas. He empezado a leerlas a los doce aos; tengo veinte y ocho (no dice veintiocho). As que hace diez y seis que leo a un trmino medio de cincuenta libros al ao, lo cual significa seiscientas novelas.

En un delicado anlisis sobre sus Aguafuertes Porteas, Daniel Scroggins registr menciones de Arlt a 28 escritores franceses, cuatro rusos, 20 espaoles, diez ingleses, cinco italianos, siete gringos (aqu por estadounid), 13 hispanoamericanos no argentinos, 45 gauchos y algunos portugueses, alemanes y orientales. Emulndolo, una primera lista incluira a Dostoievski, Tlstoi, Gorki, Andreiev, Anatole France, Jules Verne, Baudelaire, Verlaine, Carrre, Murger, Bergson, Flaubert, Balzac, Bernanos, Ponson du Terrail, Proust, Cervantes, Quevedo, Bernal Daz del Castillo, Baroja, De Quincey, Wilde, Dickens, Joyce, Kipling, Stevenson, London, Twain, Poe, Whitman, Dante, Carolina Invernizzio, Homero, Novalis, Mann, Nietzsche, Schopenhauer, Mahoma, Rubn Daro, Lugones, Jos Hernndez, Krishnamurti, etc. Para apreciar su magnitud humana, dos ancdotas: 1. Para todos sus bigrafos es clara la afinidad de Arlt con el anarquismo. As, cuando despus del golpe de 1930 (que Arlt previ: 1978: 105) en que el general Jos F. Uriburu derroca al reelegido H. Yrigoyen, es fusilado el anarquista Severino di Giovanni (1901-1931, quien vol la embajada gringa en Bs. Aires a raz del asesinato de Sacco y Vanzetti, el consulado italiano en que cayeron siete de los mejores fascistas de Mussolini en la capital argentina y quien en su ltimo panfleto escribi: Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarn sus cuerpos. Sepan el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones sern quemadas y destruidas.), se cuenta que vuelve al diario El Mundo destrozado, deshecho Arlt le dice a un linotipista: Yo no me explico que haya gente que se ponga guantes blancos para ver matar a un hombre. (Ral Larra, Cuadernos de Cultura, en Goloboff: 47); 2. Referida una vez ms por ese testigo de excepcin llamado Onetti y que muestra a un rosntico de tiempo completo:

Una maana sus compaeros de trabajo lo encontraron en la redaccin (era otro diario, Crtica, donde Arlt estaba encargado de la seccin Policiales) con los pies sin zapatos sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tena enfrente un vaso con una rosa mustia. A las preguntas, a las angustias, contest: Pero no ven la flor? No se dan cuenta que se est muriendo? (Prlogo de Onetti en El juguete rabioso).

Las siguientes dos ancdotas se prestan para sepultar lo relativo a la no pertenencia de Arlt a Boedo-Florida y a la absurda tesis de Cortzar sobre su carencia de humor, de quien no obstante aseguraba: Si de alguien me siento cerca en mi pas es de Roberto Arlt Raimundo Calcagno, compaero de labores de Arlt en El Mundo, lo describe:

Golpeaba las teclas de la mquina de escribir como si esta fuera un puching ball o lo haca con la desesperacin de que el tiempo le resultara corto No tena muchos amigos en la redaccin, no tena tiempo para tener muchos amigos, ni para vestirse con alio; estaba muy afanado en su obra. No poda uno llegar a ser su amigo, porque no se puede ser amigo de una catarata. (19)

Onetti ataca de nuevo:

Cuando yo era secretario de redaccin de Reuter en Buenos Aires y visitaba a los clientes, uno de ellos era el diario El Mundo. Y all conoc a Arlt, que, por ltimo, no digo que se suicid, pero algo as; andaba mal del corazn, y el mdico le dijo que no comiera ni tomara mucho, que no hiciera mucho esfuerzo, y l la segunda vez que vio al mdico, se hizo los diez pisos hasta el consultorio a pie, y le dijo: Vio que no me pas nada en el cuore? Era un desafo. Bueno: las diferentes interpretaciones de la gente sobre un mismo acto de Roberto Arlt. Algunos opinaban que una actitud suya demostraba que era anglico; la misma actitud, para otros, probaba que era un farsante; y haba quienes aseguraban que, con esa actitud, Arlt haba sacado patente de hijo de puta. Yo no s si era anglico, farsante o hijo de puta, posiblemente las tres cosas a la vez. Era un loco. El libro que yo quera hacer era de testimonio de quienes lo conocieron. Pero ahora es tarde para hacer ese libro, muchos testigos se murieron. (1978: 438)

Este ensayo pretende ser una mnima aproximacin a la intencin abortada de Onetti otro anglico-farsante-loco-hijo de puta. Por fortuna. Y para desgracia de quienes no son ninguna de las tres primeras cosas, salvo la cuarta.

Todo el mundo conoce la calle Corrientes por la descripcin que se hace de ella en el tango A media luz. Y es que el tango no slo le ha cantado a Buenos Aires, tambin a la calle que la simboliza Roberto Arlt sostiene en una aguafuerte portea que El espritu de la calle Corrientes no cambiar con el ensanche (aqu, el ltimo fragmento):

Calle nica. Calle nica, calle absurda, calle linda. Calle para soar, para perderse, para ir de all a todos los xitos y a todos los fracasos; calle de alegra, calle que las vuelve ms gauchas y compadritas a las mujeres; calle donde los sastres le(s) dan consejos a los autores y donde los polizontes confraternizan con los turros; calle de olvido, de locura, de milonga, de amor. Calle de las rusas, de las francesas, de las criollas, que dejan demasiado pronto el hogar para ir a correr la juerga tras de un malevito; calle de tango, de ensueo; calle que recuerdan los presos en el cuadro quinto; calle que al amanecer se azulea y obscurece, porque su vida slo es posible al resplandor artificial de los azules de metileno, de los verdes de sulfato de cobre, de los amarillos de cido pcrico que le inyectan una locura de pirotecnia y celos. ()

A media luz , tema de Carlos Lenzi, msica de Edgardo Donato, con la voz de Rodolfo Lesica y la orquesta de Hctor Varela: Corrientes 3-4-8/ segundo piso, ascensor/ La apa es de Argentino Ledesma cantando Muchacha, tema que tiene mucho que ver con la literatura de Arlt y con l, que siempre se sinti culpable de haber asesinado la inocencia de una de doce o trece aos como se comprueba al leer El poder de las tinieblas en Los lanzallamas, cuando Elsa se confiesa en el Convento:

Iba y vena como de costumbre, observando una conducta hermtica, hasta que descubr algo repugnante. Era en el fondo de un parque. Sentada a su lado, con una cartera de colegiala, estaba una criatura de trece aos a lo sumo, el cabello en rizos escapndose de un gorrito de paja, y el delantal plegado sobre la cartera. l, cruzado de piernas, el sombrero sobre la coronilla, la sonrisa desvergonzada, miraba hacia el frente, mientras que la criatura tena vuelto el sombrero hacia l. Quin es esa criatura con la que te has retratado? Sin enojarse, con una sonrisa cndida me contest: Una chica que est en tercer grado y hacemos el amor. Esa maana se hizo la rabona. Cuntos aos tiene? Va a cumplir doce el mes de agosto. () l, mi esposo, me vena a contar a m sus relaciones con una prostituta. Y lo ms grave era que estaba enamorado. () Incluso me cont que haba tratado de corromper a una criatura en una estacin de ferrocarril, y ahora traa esta nueva novela de un alma que hay que salvar. Sin embargo, por el tono con que hablaba me daba cuenta de que estaba enamorado. () De otro modo, hubiera venido a contarme todo? (1978: 273-274-279)

http://www.youtube.com/watch?v=QvlFPCZyehw (6:38)

Con esta historia, Arlt buscar destruir las bases de la moral burguesa, as como poner de manifiesto las represiones en el plano de las vivencias sexuales dentro del matrimonio que lleva a destruir el propio vnculo, hasta llegar con El amor brujo a subvertir el pensamiento de poca ironizando sobre valores centrales de la sociedad: la familia nuclear y monogmica. (20)

Tras su salida de Crtica y antes de ingresar a El Mundo, Arlt adelanta un captulo de Los siete locos, en preparacin, en la revista Pulso (1928) que dirige Alberto Hidalgo (el 9/sept publica en La Nacin Esther Primavera, obra maestra). El captulo es La sociedad secreta, finalmente publicado como La farsa, otra obra maestra, como se ver al final cuando el Mayor hace arqueologa de los gobiernos corruptos, los partidos polticos informes, los polticos deformes que venden su pas al mejor postor, como quien sin pensar obedece la Ley de Herodes: O te chingas o te jodes (gracias Luis Estrada por su radiografa de un descompuesto PRI). Los siete locos, alguna vez Los humillados, aparece al ao siguiente por Editorial Latina. En nota del 27/nov/1929 en su intransferible pgina seis de El Mundo, Arlt defini as a sus personajes:

Estos individuos, canallas y tristes, viles y soadores simultneamente estn atados o ligados entre s por la desesperacin. La desesperacin en ellos est originada, ms que por la pobreza material, por otro factor: la desorientacin que, despus de la gran guerra, ha revolucionado la conciencia de los hombres, dejndolos vacos de ideales y esperanzas. Hombres y mujeres en la novela rechazan el presente y la civilizacin, tal cual est organizada.

Para esta poca, haba ledo con pasin Crimen y castigo, relea fragmentos enteros, segua al detalle una descripcin, repeta los dilogos en voz alta: se dira, era el octavo loco del octavo infierno de Dante, adonde el autor de La comedia confin a los culpables de los pecados del lobo: hipcritas, seductores, nigromantes, ladrones y mentirosos. Una fauna parecida a la de Arlt, en la que no faltan seres prfidos como hienas: basta pensar en Erdosain. El 8/may/1930, se hace acreedor al nico galardn literario que recibi en su vida, por Los siete locos: Tercer Premio, Concurso Municipal de Literatura. A partir de ese momento gana popularidad en paralelo por sus Aguafuertes Porteas. Misma poca que Lenidas Barletta, en su afn por renovar el lenguaje teatral, dominado por la comedia chabacana y facilista, crea el Teatro del Pueblo y pone en escena El humillado, captulo de Los siete locos (1978: 33-43). Novela, esta, sobre la que Barletta mismo dej sentada su protesta al no serle concedido a Arlt el mximo Premio. En La Literatura Argentina, dice:

Hace pocos da termin de leer Los siete locos, de Arlt, novela que concepto como muy buena. Saba yo, por El juguete rabioso, que en Arlt haba un excelente novelista, pero en el presente libro se ha superado. Un libro como el de Arlt, a quien el jurado debe otorgarle el Primer Premio Municipal da por tierra con todos los Zogoibi y Don Segundo Sombra de los xitos fciles. (2000: 203)  

Al enterarse del Tercer Premio, Roberto Arlt contesta con mucha gracia sobre los terceros premios algo que ayuda a entender a quines se les dan los primeros; lo hace desde Ro de Janeiro adonde ha llegado como enviado del diario El Mundo:

estoy sumamente extraado de que me hayan premiado. En nuestra ciudad siempre los terceros premios han sido reservados para los mejores prosistas; ejemplos: Elas Castelnuovo, tercer premio; Gonzlez Tun, tercer premio; lvaro Yunque, tercer premio. El tercer premio es la comida de las fieras, no hay candidato a premio que no diga: Yo me conformo con el tercer premio, y al final de cuentas son tales los los que se arman para repartir el tercer premio (2000: 204)

El poeta y guionista Ulises Petit de Murat (clave en la historia del cine argentino) va a redimensionar la literatura arltiana, en 1931, al sealar la dicotoma entre literatura rural y urbana. Ubica el nombre de Giraldes (Don Segundo Sombra) junto a los de Hernndez (Martn Fierro) y Lynch (El romance de un gaucho), autores de la literatura gauchesca, y los contrapone al surgimiento de la anttesis ciudadana que representa Arlt, cuya irrupcin est centrada en el frenes por contar en donde algunas influencias de origen ruso y germano han tenido mucho que ver con la obra de este autor. (2000: 205) Pero, como en esto de la literatura seria, no meditica, no faltan los aguafiestas ni menos los jueces sesgados por situacin econmica o por posicin intelectual, un crtico universitario, A. Ata, ve a Roberto Arlt como un hombre de imaginacin desordenada y srdido, al que slo le interesa lo prostibulario, lo humillante y el crimen, e invita a Arlt a no alucinarse con escritores rusos (2000: 205). Ata le saca como defecto a Arlt lo que ve en s mismo; olvida que la sordidez est en la realidad antes que en quien escribe; pretende ignorar que el arte es la sublimacin de lo que el artista descubre en su sociedad; pide lo que de hecho le est vedado: invitar o prohibir a un autor a tomar o a dejar sus gustos literarios. Como pedirles a los polticos que les cumplan a los votantes, no hagan demagogia, practiquen democracia: no esa supersticin muy difundida ni ese abuso de la estadstica, que es

Aparece en la revista S.O.S. un fragmento de Los lanzallamas, novela que en 1931 publica la editorial Claridad y en cuyo prlogo responde a los crticos que le han censurado su mal gusto y estilo deficiente Tambin, reclama los derechos de la creacin solitaria. Los lanzallamas constituye la continuacin de Los siete locos novela llevada al cine por Torre Nilsson, en 1972, adaptada por Luis Pico Estrada, Mirta Arlt y Beatriz Guido (esposa de Torre; en una Semana de Cine Argentino, se vio en Bogot El juguete rabioso (1984), de Jos Mara Paolantonio, cuyo ttulo original, Los monstruos, fue sustituido ante la sugerencia del novelista Carlos Alberto Leumann que el autor acept. Segn Mirta Arlt, era ms apropiado Los monstruos por el juicio de valor de Arlt sobre sus propios personajes:

Odian esta civilizacin. Quisieran creer en algo, arrodillarse ante algo, amar algo; pero, para ellos, ese don de fe, la gracia como dicen los catlicos, les est negada. Aunque quieren creer, no pueden. Como se ve, la angustia de estos hombres nace de su esterilidad interior. Son individuos y mujeres de esta ciudad, a quienes yo he conocido. () En sntesis: estos demonios no son ni locos ni cuerdos. Se mueven como fantasmas en un mundo de tinieblas y problemas morales y crueles. Si fueran menos cobardes se suicidaran; si tuvieran un poco ms de carcter seran santos. En verdad, buscan la luz. Pero la buscan completamente sumergidos en el barro. Y ensucian lo que tocan. A m, como autor, estos individuos no me son simpticos. Pero los he tratado. Y todo autor es esclavo durante un momento de sus personajes, porque ellos llevaban en s verdades atroces que merecan ser conocidas. En definitiva: en esta obra no hay ningn casamiento, ni baile, ni declaracin de amor. Al sexo femenino no le puede interesar. (Aguafuertes Porteas, en Obra Completa, Tomo 2: 253-204 y 255).

Aunque Arlt crea eso, podra decirse que con Los siete locos ocurre lo mismo que con el filme Al filo del tiempo, de Wenders: es la historia de la ausencia del amor (representado por la mujer) que es, al mismo tiempo, la historia de la nostalgia de su presencia.

Cuando en 1930 Lenidas Barletta funda el Teatro del Pueblo con el firme propsito de realizar experiencias de teatro moderno para salvar el envilecido arte teatral y llevar a las masas el arte general, con el objeto de propender por la elevacin espiritual de nuestro pueblo, no se imagin que apenas dos aos ms tarde Roberto Arlt sera por antonomasia, el autor del movimiento independiente, por esa necesidad recurrente y profunda que tena de expulsar sus conflictos internos y sus desdoblamientos de conciencia. As, en 1932, escribe su primera pieza dramtica: 300 millones, que es estrenada en el Teatro del Pueblo el 17/junio. De acuerdo con Arlt, la historia surgi de una crnica policial que l haba realizado en Crtica hacia 1927. Onetti recuerda:

Otra maana estaba calzado pero semimuerto, el mechn de pelo en la cara, negndose a conversar. Acababa de ver el cuerpo de una muchacha, sirvienta, que se haba tirado a la calle desde un quinto o sptimo piso. Fue mudo y grosero durante varios das. Despus escribi su primera y mejor obra de teatro, 300 millones o cifra parecida, basado en la supuesta historia de la muchacha muerta. (Prlogo a El juguete rabioso). 

Paralelamente, Arlt publica su ltima novela, El amor brujo. Sin embargo, contra quienes afirman que con dicha obra el autor abandona la narrativa, al terminarla asegura que una prxima novela, El pjaro de fuego (por la obra de Stravinski) o La muralla de arena, se publicar enseguida y que al tiempo escribe otra, El emboscado rojo. No obstante, Arlt ya ha descubierto el teatro y sus infinitas posibilidades, lo mismo que una serie de temas fundamentales: un mayor pathos, en tanto pasin, emocin, sentimiento; una mejor reunin de las tensiones; y una utilizacin ms profesional de los conflictos, hecho que originar un vuelco radical en su concepcin del mundo y en la actividad literaria. A partir de su incursin en la dramaturgia, impulsado por Barletta, Arlt escribir, inicialmente, ocho obras teatrales, de las cuales ver montadas cinco. Las ocho son: 300 millones y Prueba de amor (subttulo: Boceto teatral irrepresentable ante personas honestas), ambas de 1932; Saverio el cruel y El fabricante de fantasmas, 1936; frica, 1938; La isla desierta, 1937; La fiesta del hierro, 1940; y El desierto entra en la ciudad, 1942. Ral Castagnino en El Teatro de Roberto Arlt, cita dos ms: Escenas de un grotesco, publicada en La Gaceta de Buenos Aires No 2, 4/ago/1934 y Separacin feroz, aparecida en El Litoral, Santa Fe, 1/ene/1938. Finalmente, otras dos burleras, reproducidas originalmente en La Nacin: La juerga de los polichinelas y Un hombre sensible, recopiladas luego en Regreso (Bs. Aires, Ediciones Corregidor, 1972), texto en el que tambin aparece su Primera Autobiografa (25-29).

Antes de publicarse El amor brujo (1932), Arlt viaja a Brasil (pas al que ya soaba ir desde Los siete locos: 228), a Ro y a otras ciudades, desde donde enva sus ya famosas Aguafuertes, las que en 1935 lo harn pasar a Espaa y a frica, donde elabora la serie de Aguafuertes Espaolas, que renen distintas y extensas impresiones de su estada en la Pennsula y en el Marruecos espaol; en simultnea, redacta El criador de Gorilas, 15 cuentos que han sido reiterada e injustamente desdeados por la crtica y aun por Cortzar, quien los califica como mediocres cuentos exticos, cuando detrs de su aparente color local africano se esconde una violenta crtica al racismo, a la explotacin, al colonialismo e imperialismo occidentales y a la avaricia de la pequea y de la alta burguesa. El criador de gorilas, publicado en Santiago en 1941, es una muestra de su capacidad para narrar, contar historias con economa de medios, por ridculas o folclricas que puedan parecer. En el mismo terreno, hay que recordar que en 1933 Arlt haba publicado El jorobadito, su obra mayor dentro del gnero que proyecta no slo relatos magistrales como el que da ttulo al volumen, amn de Escritor fracasado, Esther Primavera, Las fieras, Noche terrible, sino tambin una imagen transparente del autor, con base en los temas que han hecho perdurable su trabajo: la iniquidad en El jorobadito, cuya estructura, al decir de Mirta Arlt, complacera a Poe en su teora de la composicin; lo autobiogrfico, escudado en un supuesto yo subjetivo, en Escritor fracasado; el prurito por hacerse entraable mediante el dao en Esther Primavera, cuento en el que alterna recuerdo, realidad e imaginacin y en el que, al leer, no puede dejar de sentirse una rfaga de viento caliente que golpea el rostro; la complicidad con los seres marginales, su ternura hacia ellos y el guio al lector en Las fieras, uno de los tantos relatos cuya fuente original est en las Aguafuertes Porteas (Conversacin entre ladrones), a su vez semilla de prximas novelas; en igual sentido, se recuerda el cuento Pequeos propietarios cuyas races estn en Filosofa del hombre que necesita ladrillos; y la reiterativa reflexin sobre el matrimonio, la convivencia y la separacin en Noche terrible, hecho a partir de otra aguafuerte: Yo no hablo mal del matrimonio, en la que replica a un padre de familia que amenaza con dejar de leer sus crnicas: Usted con sus artculos puede ahuyentar los novios que necesito para mis cuatro hijas. Arlt contesta: No tenga miedo, querido seor, sus cuatro hijas mozas no se quedarn solteras. Despus de burlarse un poco, intenta tranquilizarlo: Lo esencial es que se case una, que lista la primera ya caer otro zonzo. Otros relatos, La luna roja y El traje del fantasma, abren un proyecto distinto: en ellos se refleja el gusto de Arlt por las narraciones fantsticas, as como la influencia de su inmersin en aguas del ocultismo.

Proyecto que alcanzar su mxima perfeccin en el cuento Viaje terrible (1941) o Viajes terribles (1978: 438), del que Prieto expresa: Tal vez no pueda citarse otro texto de Arlt en el que aparezca el funcionamiento del mecanismo fantasioso tan ntidamente como en su ltimo invento novelstico. Ese mismo ao, enviado por El Mundo va a Chile en una de sus ltimas experiencias periodsticas. Muere su primera esposa, tras larga y penosa estada en el sanatorio pulmonar Santa Mara; aunque ya casi no haba trato entre ellos, su hija Mirta cuenta que esa muerte lo afect tanto o ms que la de su hermana Lila en Cosqun en 1937. Para que no se dude de su amor, le dedica El jorobadito y afirma dialcticamente la negacin en torno a la misoginia de que hablan desvirtuadores de la obra, y del autor, y a travs de la cual se intuye su decisin de no complacer a nadie, sino de vaciarse l mismo:

A mi esposa Carmen Antinucci: Me hubiera agradado ofrecerte una novela amable como una nube sonrosada, pero quiz nunca escribir obra semejante. De all que te dedique este libro, trabajando por calles oscuras y parajes taciturnos, en contacto con gente terrestre, triste y somnolienta. Te ruego lo recibas como una prueba del grande amor que te tengo. No repares en sus palabras duras. Los seres humanos son ms parecidos a monstruos chapoteando en las tinieblas que a los luminosos ngeles de las historias antiguas. Por eso no encontrars aqu doradas palabras mentirosas, ni vers asomar el pie de plata de la felicidad, pero t, que eres comprensiva y tan amiga ma, recbelo como recibiste mis otros libros, escritos bajo tu mirada pensativa. Tu agrado ser mi mejor premio.

A la muerte de su esposa sobreviene una crisis de salud, ya presentida, que segn Mirta parece no exhibir los sntomas de esa especie de estrangulacin de las coronarias que lo atacaba con pualadas en el pecho. En 1941, se casa en Montevideo, con Elizabeth Mary Shine, de cuya unin nacer posmortem su hijo Roberto Patricio (otra evocacin romana, esta vez de su esposa?). El 12/ene/1942 patenta un invento para vulcanizar medias de mujer. La patente rezaba: Medias con puntera y taln reforzado con caucho o derivados. Para el goce de quienes admiran las cosas hechas con seriedad y al detalle, va la descripcin del proyecto que Arlt hace al organismo legal respectivo:

Hasta la fecha se ha tratado de evitar que la rotura de un hilo en la malla determine la destruccin de la media, mediante el empleo de productos gomoso-lquidos. Estos procedimientos no han resultado, pues si las soluciones gomosas son demasiado espesas, alteran el aspecto esttico de la media, y si estas soluciones son muy lquidas carecen de consistencia adhesiva para impedir el deslizamiento de un hilo cuando se rompe. El autor de esta solicitud ha resuelto dicho problema recubriendo la superficie interna de la malla de una pelcula de goma slida, lo suficiente resistente para mantener as adheridos los hilos que forman la malla, y lo suficiente delgada para ser tan transparente como la malla cuya destruccin se trata de evitar

Y luego explica el mtodo descubierto, as como las cinco etapas de que consta. Su pasin por inventar desaparecer con l pues hasta el ltimo momento trabajar en una pieza en Lans, donde instala un laboratorio en el que realiza distintos experimentos, recibidos en serio y en broma por sus parientes y allegados.

Su ltimo viaje a Cosqun lo realiz quince das antes de su muerte, en jul/1942. Arrib con El desierto entra en la ciudad, su ltimo drama, en la maleta; pieza que qued en manos de su hija, quien la llevara a escena diez aos despus. Pocos das ms tarde, el 26/julio, tras asistir a un acto eleccionario en el Crculo de Periodistas, muere vctima de un ataque cardiaco. He ah el porqu del epgrafe relativo a que tragedia y humor no son opuestos: ese mal fue el mismo del que tanto se burl, el que le adjudic a sus personajes para sacarlos de la ficcin, el que lo sacara de la supuesta realidad. De todos modos, sin desconocer tal patetismo, creo, Arlt muri en el momento en que se le agotaba el misterio de la vida, no importndole si era loco/anglico/farsante o hijo de puta o todo a la vez

Contra el virus anti-arltiano tal vez la cura est en el laboratorio del alquimista del verbo, Borges, consignado en el prlogo a esa mezcla de balada, por su lirismo, y de tango, por su soledad, tristeza y angustia metafsicas, Bartleby, de Melville: La vasta poblacin, las altas ciudades, la errnea y clamorosa publicidad, han conspirado para que el gran hombre secreto sea una de las tradiciones de Amrica. Edgar Allan Poe fue uno de ellos; Melville, tambin. A la lista se suma ahora Arlt: annimo, casi clandestino. Tanto que su coetneo olvid incluirlo entre los olvidados, olvidndose incluso de que lo hubiera influido, al sentenciar: La mejor manera de no pasar de moda es esforzndose por no estarlo nunca, por eludir el xito, porque Arlt, como Cortzar, jams cambi decoro, dignidad, discrecin por publicidad, vanidad, mediocridad.

Arlt dijo sobre s mismo, en sus ficciones, muchas ms verdades que en cualquier posible autobiografa, lo que significa que la autoconfesin es el sucedneo perfecto de la creatividad. No es improbable que al final de su vida haya sentido que el goce del arte nunca es para quien lo concibe con extrema paciencia y profundo desgarramiento, sino para quien se acerca con desprevenida actitud; que el hombre jams ser modelo de nada o a duras penas de la contradiccin; y que aun con la sensacin de inutilidad que suscita el haberlo realizado, siempre tuvo validez el esfuerzo: as el placer haya sido para otros. Incluso para quienes no lo merezcan. Entonces, poco importa que las luchas en apariencia sean estriles y que al final del camino no haya ms premio que un profundo sepulcro y una nada infinita Y s que tengo razn: mejor dicho, ambos tenemos razn, querido R. Arlt.

El tango que viene enseguida guarda estrechos vnculos con los temas arltianos:

La fugacidad de la vida (La venganza del tiempo destroz mi ilusin primera/ al comprobar esta madrugada/ la cruel realidad del paso de los aos); la necesidad de sublimar (Es mejor olvidar/ refugindome en el tibio recurso del alcohol); de hallar una vlvula de escape (Esta noche me emborracho); la soledad, el deterioro fsico, la traicin y la desilusin ante la evidencia de aquel deterioro (Sola, fan, descangayada/ la vi esta madrugada salir de un cabaret/ flaca, dos cuartas de cogote/ y una percha en el escote/ bajo la nuez () Y pensar que hace diez aos/ fue mi locura/ que llegu hasta la traicin/ por su hermosura/ qu esto que hoy es un cascajo/ fue la dulce metedura/ donde yo perd el honor); el pecado, la culpa, el suicidio, la futilidad del reencuentro con el ser al que alguna vez se am ( que chiflao por su belleza/ le quit el pan a la vieja,/ me hice ruin y pecador... ()Mire, si no es pa' suicidarse/ que por ese cachivache/ sea lo que soy!.../ Fiera venganza la del tiempo,/ que le hace ver deshecho/ lo que uno am. Este encuentro me ha hecho tanto mal,/ que si lo pienso ms/ termino envenenao. Esta noche me emborracho bien, me mamo, bien mamao!, pa no pensar

En la voz y el acento de Carlos Gardel, Esta noche me emborracho, tango original de E. Santos Discpolo que sirve de introduccin a El juguete rabioso.

http://www.youtube.com/watch?v=SR7VAc-hftc&NR=1&feature=endscreen (2:56)

III Roberto Arlt: el inventor de los juguetes rabiosos

La primera novela publicada conocida (La vida puerca desapareci; El diario de un morfinmano, 1921, no se recuper) de Arlt fue El juguete rabioso (1926), obra que siempre se ha considerado menor dentro de su apreciable cosecha literaria. Narrada en primera persona, marca un nuevo captulo en la historia novelada de una ciudad que ya no es La gran aldea (novela publicada en 1884) de que habla su autor, Lucio V. Lpez (1848-1894), sino una impersonal selva de hierro y portland (Arlt nunca dir cemento) que le hizo exclamar al arquitecto suizo-francs Le Corbusier, en 1929, en una conferencia dictada all: Buenos Aires es la ciudad ms inhumana que he conocido; en verdad, el corazn se encuentra all martirizado. () Asimismo la ver siempre Arlt, desde El juguete hasta la ltima de sus Aguafuertes Porteas. l hizo suyas las palabras de Carpentier en el sentido de que para entender una ciudad no basta con pasear por ella, sino vivirla, tratar da a da durante aos con sus profesionales, negociantes y tenderos, con los millonarios y con los miserables Arlt mismo deca:

Cada vez me convenzo ms de que la nica forma de conocer un pas, aunque sea un cachito, es conviviendo con sus habitantes; pero no como escritor sino como si uno fuera tendero, empleado o cualquier cosa. Vivir vivir por completo al margen de la literatura y de los literatos.

Adems de lo que hace y piensa Silvio Astier, el lector conoce las calles que aqul frecuenta, los conventillos en que vive, las pensiones que le sirven de refugio, el psimo caf que toma y la temperatura que se percibe al sentarse en una vereda. Lo mismo, ocurrir despus con los protagonistas de Los siete locos y El amor brujo, Erdosain y Balder. Arlt no ensaya tesis sociolgicas o psicolgicas sobre la ciudad: simplemente, all nace, convive y conversa con toda la muchedumbre de alienados que estn, no que viven, en todas aquellas prisiones coetneas llamadas ciudades.

El alma de estas fue definido por Arlt como el depsito de sucios comerciantes (suerte de pleonasmo), annimos empleados e insensibles burgueses que se pasaban la vida escudriando con goces malvados la intimidad de sus vecinos, tan canallas como ellos, regocijndose con palabras de falsa compasin de las desgracias que les ocurran a stos, chismorreando a diestra y siniestra de aburridos que estaban bajo cuyas cataduras enfticas vea alzarse el alma de la ciudad, encanallada, implacable y feroz como ellos.

La ciudad de El juguete que al comienzo atrae y seduce por lo inexplorada y misteriosa, donde an se puede aspirar a ser un bandido de alta escuela como Rocambole, un poeta genial como Baudelaire, un ingeniero como Edison o un general como Napolen, pronto se convierte en motivo de angustia y de humillacin. En uno de sus cuatro captulos, Los trabajos y los das, el ms desesperanzador, Silvio se ve obligado a acarrear los mseros trastos de la mujer de su patrn, don Gaetano.

Ezequiel Martnez Estrada, autor de Radiografa de la pampa y La cabeza de Goliath, sintetiza la tragedia del hombre citadino como si fuera Arlt:

Me es fcil pensar que todos estamos presos, aunque el guardin haya desaparecido hace aos o siglos. Nos encerr a todos y se fue o se muri. Hizo la ciudad y nos meti dentro con la consigna de que no nos marchsemos hasta que volviese. Despus se olvid de volver y nosotros de irnos.

Los personajes de Arlt intentarn romper los barrotes de la crcel de hierro y portland, fugndose al campo (como Onetti en Tiempo de abrazar), soando la evasin, destruyendo la sociedad y finalmente suicidndose, como lo har Erdosain (1978: 390).

Como se ha visto, el ingreso de Arlt a la literatura fue difcil: el dolor y la incertidumbre fueron las constantes compaas hasta su definitiva afirmacin en dicho terreno. Su inmensa vala an no se reconoce y se le estigmatiza por escribir mal. Sbato:

Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradjico. Y por eso tan pocas veces el creador es reconocido por sus contemporneos: lo hace casi siempre la posteridad o, al menos, esa especie de posteridad contempornea que es el extranjero. La gente que est lejos. La que no ve cmo toms el caf o te vests.

A la que no le importa, agrego, si escribs con mala gramtica porque si no el genio del cine y de la vida A. Tarkovski, de una vez por todas zanja el lo a favor de R. Arlt:

mi experiencia de entonces prob una vez ms la imposibilidad de aprender en una universidad cmo se llega a ser artista. Porque para ser un artista no basta con aprender algo, con llegar a dominar unas tcnicas profesionales, unos procedimientos. An se puede ir ms lejos: para escribir bien como dijo alguien hay que olvidar la gramtica. (21)

De tales vicisitudes dio testimonio el propio Arlt, con esa mixtura de lucidez (ay, Adolfo Prieto!) y desgarramiento que gobern la mayora de sus actos:

He llorado hasta por las calles al pensar en el desastre que era mi vida cuando todos los acontecimientos exteriores slo deban proporcionarme felicidad, orgullo y alegra. Soy el mejor escritor de mi generacin y el ms desgraciado. Quiz por eso sea el mejor escritor. (Carta a su hermana y a su madre, c. 1929, citada por Mirta Arlt y Omar Borr).

As, no pueden desconocerse aspectos autobiogrficos: los sueos de inventor de Arlt, que guardan estrecha relacin con los de Astier, con los de Erdosain: inventos que encierran la ilusin de ser admirado, elogiado, adems de no morir y as eternizarse:

No me importa no tener traje, ni plata ni nada y casi con vergenza me confes: lo que yo quiero es ser admirado de los dems, elogiado por los dems. () Ah, si se pudiera descubrir algo para no morir nunca; vivir aunque fuera quinientos aos!, exclama Astier en el tercer captulo, titulado El juguete rabioso, el smmum de la reflexin, de la inaccin (Bruguera: 134).

Luego vendr Judas Iscariote, el captulo de la iniquidad/traicin, que sucede, tratndose de hombres, invariablemente a la amistad de Silvio y el Rengo, otro de los tantos sealados de Dios que habitan el espacio narrativo arltiano. Cabe citar distintos hechos que se presentan en El juguete: la mencin de una sociedad para delinquir, el Club de los Caballeros de la Media Noche; el imaginario incendio de la librera donde trabaja Silvio; su constante cambio de oficio, suerte de malestar metafsico; su cambiante visin del mundo y de los que lo pueblan; el robo a la biblioteca; la disolucin del Club; su fallido ingreso a la Escuela Militar de Aviacin, de donde lo echan porque, dice un oficial, aqu no necesitamos gente inteligente sino brutos para el trabajo; y, sobre todo, la secuencia del dilogo entre Silvio y un travesti que algn crtico vio como una forma de cpula y as parece comprenderlo Arlt, que (sic) coloca la relacin en una hermosa filiacin potica. Filiacin potica s, pero no f apenas una muestra de la tolerancia de Arlt hacia los otros, inusual para la poca y si no que lo diga cualquier tango o tratado sociolgico. Adems, se dijo, contiene una de las primeras inclusiones de un homosexual en la literatura argentina.

El juguete no contiene toda la problemtica socio-econmica, poltica ni cultural de su poca (no es tratado de sociologa), como tampoco Los siete locos ni El amor brujo: aspirar a tal despropsito sera negar de plano su autonoma literaria, su carcter creativo. Sin embargo, desde la dupla literatura-economa, se ha hecho merecedor a uno de los mejores estudios, el de Ricardo Piglia (22). Texto publicado en marzo del 73, en coincidencia cronolgica con el regreso de Pern al poder, tras casi 20 aos de proscripciones y en medio de un radicalizado clima poltico, cuyas tensiones, en buena parte, determinaron la lectura de Piglia. Su tesis central es que al establecer una relacin entre el lujo y el estilo, el texto refiere lo que cuesta tener una escritura:

El ejercicio de la literatura aparece ligado al derroche, trabajo improductivo que no tiene precio, se legaliza en la vida holgada, en las rentas de una clase que puede practicarla desinteresadamente. Para Arlt, en cambio, escribir es contraer cierta deuda, crdito que debe ser reconocido en el mercado. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo porque hay que lograr que el lector pague con dinero el inters: en ese pago, diferido, se abre el espacio incontrolable de la demanda y de la circulacin. La escritura, palabra inefable, como la llama Arlt, no tiene explicacin: se la encuentra donde ya no est, en el intercambio que sobre la escena del mercado, resuelve el valor en el precio. Convertida en mercanca, la ley de la oferta y la demanda parece ser lo nico que permite, desde el consumo, darle razones a la produccin literaria.

Piglia cita a Jos Bianco, quien le critica a Arlt, una vez ms, su falta de cultura, de sentido potico, de gusto literario e, incluso, la falta de ttulos, para luego agregar:

Ahora bien, y si esto que sirve para desacreditarlo fuera justamente lo que l no quiso dejar de exhibir? Quiero decir, y si el mrito de Arlt hubiera sido mostrar lo que no hay, hacer notar la deuda que se contrae al practicar sin ttulos la literatura? En este sentido, sus carencias van ms all de s mismo: marcan los lmites concretos de una cierta lectura, la frontera desvalorizada, empobrecida de un espacio que es la literatura argentina. El juguete rabioso es el mejor ejemplo de las condiciones de esta lectura: historia de una apropiacin en el juego de los intercambios, los desvos, las sustituciones que constituyen el texto, se narra el trayecto que es necesario recorrer para ganarse una escritura. El dinero financia la aventura y en los canjes que generan el relato, una cierta relacin con la escritura es registrada a partir de los cdigos sociales y de la clase que decretan su circulacin y hacen posible su uso.

En sntesis, fuera de la compleja ecuacin literaria-econmica que plantea Piglia, El juguete es la dolorosa, pattica e injusta historia del hombre que ante la prueba de que su lucha no es un arma efectiva para cambiar el mundo, se pasa la vida pensando vivir, rumiando el descontento, exorcizando fantasmas y demonios a travs de la escritura y tratando de convertir sus obras en accin, para al final comprobar que no se avanz, que se patina y que a la postre, por impotencia, no se es ms que un simple juguete: rabioso y todo pero juguete al fin Somos juguetes de poderes extraos, haba dicho ya Marx.

Ahora, un tango que habla de la locura real o simulada, tema tan entraable para Arlt como sea que lo trat en El traje del fantasma y en Los siete locos. Cancin en la que se hace patente que el loco es el nico ser que viviendo entre quimeras, no muere entre realidades. R. Goyeneche, con Piazzolla y su Quinteto, en vivo desde el Teatro Regina, mayo/82: Balada para un loco, de A. Piazzolla y H. Ferrer: Yo s que estoy piantao, piantao, piantao Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrin Loco! Loco! Loco! / Cuando anochezca en tu portea soledad, / por la ribera de tu sbana vendr/ con un poema y un trombn/ a desvelarte el corazn . Quereme as, piantao, piantao, piantao.../ Abrite los amores que vamos a intentar/ la mgica locura total de revivir... http://www.youtube.com/watch?v=tPW0i-6MoY8 (6:45)

IV - La balada de los siete locos - El tango de los lanzallamas

En la aguafuerte Los siete locos, Arlt describe la necedad de un lector que le escribe, ya enterado de la publicacin de su novela: Como dispongo de poco dinero para invertir en libros, le agradecera me diera algunos datos respecto a ella, para saber si vale o no la pena de gastarse el tiempo y unos pesos en su lectura, expone el atrevido personaje. Y Arlt con transparente honestidad (la que no tuvo cuando le regal la novela a su esposa y le arranc la primera pgina dedicada a Maruja Romero: 2000: 199) le replica:

Dud un momento. Luego me dije que, habiendo hablado de tantas obras ajenas, bien tena el derecho de explicar lo que era lo mo. Adems, si hay gente que se conforma con conocer el argumento de una novela, sin tomarse el trabajo de leerla, ni gastar unos centavos en adquirirla, les regalar a mis lectores ese argumento que va franco de porte. El plazo de accin de mi novela es reducido. Abarca tres das con sus tres noches, se mueven, aproximadamente, veinte personajes. De estos veinte, siete son centrales, es decir, constituyen el eje del relato. Siete ejes, mejor dicho, que culminan en un protagonista, Erdosain, verdadero nudo de la novela.

Y enseguida hace la descripcin de los personajes, ya adelantada aqu: individuos canallas, tristes y viles soadores unidos entre s por la desesperacin. Y cita como origen de esta a la I Guerra Mundial, hecho que ha ocasionado un vuelco en sus conciencias y los ha dejado vacos, sin ideales ni esperanzas. Refiere luego la trama:

El argumento es simple. Uno de los personajes, llamado el Astrlogo, quiere organizar una sociedad secreta para revolucionar y quebrantar el presente estado de cosas. Para llevar a cabo su proyecto necesita dinero. En estas circunstancias, Erdosan le ofrece el medio de adquirirlo. Se trata de secuestrar a un pariente que lo ha abofeteado. (Aqu se refiere a Barsut, primo de Elsa, esposa de Erdosain). Lo narrado abarca la primera jornada de la novela. En la segunda jornada se lleva a cabo el secuestro del personaje, y la tercera parte, o la ltima noche y su da, abarcan la vida interior del personaje antes de cometer el crimen, o de permitir que se cometa.

Lo que s se cuid de contar al osado lector fue que la pretendida revolucin se financiara a travs de prostbulos que la Sociedad Secreta instalara en todo el pas, hecho de por s genial en la obra. Esta, contada siempre en tercera persona: pero el narrador, aun con su omnipotencia, no maneja a su antojo a los personajes. Al contrario, Arlt se vale de un truco para concederles mayor independencia, potencia y verosimilitud frente al lector. Entonces, el narrador que al comienzo no tiene credencial especfica, ms tarde se presenta como comentador y luego autor, cronista y comentarista. As, Arlt proyecta un doble efecto de ensimismamiento y enajenacin: as, se aleja de la materia narrada, en un distanciamiento pre-brechtiano y a la vez de bsqueda interior; y, a la vez, busca en el exterior, de ah enajenado, e involucra al lector en una historia digna de aceptacin o rechazo total, no de tratos a medias (as aqu no piense en el acto que no prospera: Los tratos a medias son la antesala de la traicin, seala el Che). Como deca Arlt: Entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no se puede pensar en bordados.

Considerando al ser materia bsica de la narrativa arltiana, su motivo de mxima preocupacin, al personaje pieza fundamental del engranaje fictivo (por relativo a la ficcin, no por ficticio) que presenta a las claras dos aspectos consustanciales a l, el asunto del doble (doppelgnger dice Cortzar) y las particulares exigencias relativas a los nombres propios, resulta vlido citar un par de textos que viene a reforzar la tantas veces aludida correspondencia autor/personajes, para despus referir la singular eleccin de sus nombres. En Estados de conciencia, interttulo del captulo primero de Los siete locos, tan pronto se cita a Erdosan y a su zona de angustia, l se cuestiona:

Qu es lo que hago con mi vida?, decase entonces, queriendo quizs aclarar con esta pregunta los orgenes de la ansiedad que le haca apetecer una existencia en la cual el maana no fuera la continuacin del hoy con su medida de tiempo, sino algo distinto y siempre inesperado, como en los desenvolvimientos de las pelculas norteamericanas, donde el pordiosero de ayer es el jefe de una sociedad secreta de hoy, y la dactilgrafa aventurera, una multimillonaria de incgnito. (Obra Completa: 121).

Y casi enseguida, obligndolo a reflexionar sobre la estafa a la Compaa Azucarera, el narrador seala: Y lo asombroso para Erdosan no consistir en el robo sino que no se revelara en su semblante que era un ladrn. De igual manera, en El humillado, despus de lo que ya se refiri en torno a los comienzos del trabajo de humillacin de Erdosain por parte de su padre, se lee:

Y ahora repuso el capitn yo tambin lo hundo? No hombre, usted no. Naturalmente, he sufrido tanto, que ahora el coraje est en m encogido, escondido. Yo soy mi espectador y me pregunto: Cundo saltar mi coraje? Y ese es el acontecimiento que espero. Algn da algo monstruosamente estallar en m y yo me convertir en otro hombre. Entonces, si usted vive, ir a buscarle y le escupir en la cara.

En una carta a su hermana Lila, Arlt pone en evidencia los ecos autobiogrficos que subrayan el impacto del fragmento anterior:

Yo no puedo vivir as. Yo tengo que realizar una gran obra, tengo que vivir tranquilo, necesito a mi lado alguien que me quiera No hay un solo crtico de mi libro que no haya escrito: lo grande de ese libro es el dolor que hay en Erdosan. Pens que yo puedo ser Erdosain, pens que ese dolor no se inventa ni tampoco es literatura. Roberto, 1930. (2000: 206)

El tema del desdoblamiento se extender a Los lanzallamas: cuando Erdosain piensa en sus amores, se lee: A momentos un suspiro ensancha su pecho. Vive en simultnea dos existencias una espectral y despus otra, la de s mismo una vez ms, slo que a la inversa, enajenacin y ensimismamiento. En cuanto a los nombres de los personajes, puede decirse que, a diferencia de El amor brujo (clara reminiscencia del ballet y/o de la suite de M. de Falla, como deja adivinar una aguafuerte espaola), mas no de El juguete, a todas luces un hombre no un objeto, las dos partes de la novela en cuestin llevan ttulos abiertamente alusivos a personajes: Los siete locos y Los lanzallamas. En todos los casos se confirma la tendencia, propia del oficio periodstico, de calificar desde el ttulo para encauzar al lector. Para que sepa en qu terreno pisa. Con este anuncio, puede entrarse en contacto con quienes llaman mucho la atencin no slo por la rareza de sus nombres y apellidos sino por su misma composicin: as, pues, estn Erdosain, Ergueta, Haffner, Bromberg y, antes, en El juguete, Astier, as como, despus, en El amor brujo, Balder, es decir, seis personajes en los cuales se hace notoria la repeticin del segmento ER que, cmo no, corresponde a Roberto, nombre del autor.

Ahora, Barsut tiene tres de las cuatro letras del apellido Arlt mientras el Astrlogo, slo llamado as, las tiene todas. Por ltimo, el verdadero nudo de la novela, Erdosain, cuyos nombres de pila son Augusto, por el primer Csar (no nombre sino ttulo honorfico) y su ms clebre Emperador; y Remo, por uno de los fundadores de Roma segn la leyenda, aunque hoy se diga que slo Rmulo la fund. No constituye novedad, pues, que en un desdoblamiento Erdosain se autodenomine Emperador (O. C.: 346-347); as como es bien significativo que en l, que viene de un asesinato y va hacia otro, se renan el verdugo y la vctima. Todo lo anterior cobra sentido si se revisa su apellido: la terminacin sain, francesa, significa sano, otro desdoblamiento, ligado a cuerdo, queriendo expresar para el solitario, el angustiado, el criminal, aquello que Arlt mismo expone con tanta precisin y seguridad: estos demonios no son ni locos ni cuerdos. Se mueven como fantasmas en un mundo de tinieblas y problemas morales y crueles.

De los citados, los que menos se prestan a la manipulacin de los crticos, por su slida presencia, por anti-hroes, son Astier y Erdosain. Ambos esgrimen la espada de la imaginacin para rechazar los signos que la realidad les impone; descubren mediante el robo, la significacin del dinero (a la vez que, con los actos de ellos, Arlt devela el valor de la escritura auto-consciente), Silvio, en el robo a la biblioteca, Remo, en la estafa a la Compaa; a travs de su oficio de inventar, expresan el asco por la estrangulacin de las coronarias sociales que les dan pualadas en el pecho. Nacidos en estratos similares, frecuentan espacios dem, dibujan iguales cuadros de costumbres, son parte involuntaria de la misma ciudad, comparten sus principios, se comunican en la misma jerga y practican actos gratuitos parecidos. Por ltimo, Erdosain siente la amenaza y la condena de una soledad ya presentida por Silvio. Que es la misma del autor.

Entonces, en Los lanzallamas, texto que ya desde las Palabras del Autor simboliza el resentimiento, el rencor, de Arlt, la respuesta natural a tanto atropello ya no slo privilegio de los argentinos, Erdosain, en charla con Luciana, la linda doncella a la que se da el lujo de rechazar en El pecado que no se puede nombrar, llega a una conclusin:

El alma de nuestros semejantes es ms dura que una plancha de acero endurecido. Cuando alguien te diga: he entendido lo que usted me dice, no te ha entendido. Esa persona confunde lo que en la superficie de su alma se refleja con la penetracin de la imagen en el alma. Es lo mismo que una plancha de acero endurecida. Espeja en su superficie pulimentada las cosas que la rodean, pero la sustancia de las cosas no penetra en ella Y nosotros, que estamos afuera, lo vemos. Obra Completa: 451; 1978: 323)

En concordancia con la temtica de Los lanzallamas, se oir el himno al rencor y a la ausencia de perdn, en la voz, una vez ms, de El Zorzal Criollo Nada debo agradecerte/ mano a mano hemos quedao Mano a mano, letra original de Celedonio Flores y msica de Carlos Gardel y de Jos Razzano.

http://www.youtube.com/watch?v=ac3NgAVoU8Y (3:45)

V - El amor brujo o la suite de la queja

La tercera, entre cuatro ttulos, y ltima novela de Arlt, publicada en 1932, ha corrido la misma suerte de El juguete: el desdn de la crtica. Algunos la quieren ver como un simple y estpido alegato contra la moral burguesa; otros, como un inocuo dardo lanzado a la arquitectura de Bs. Aires. Respecto a lo primero, hay que reiterar que Arlt ironiza sobre la familia nuclear y monogmica de la poca, con lo que de paso desafa la rigidez de la estructura religiosa y, ms all, eclesial. Respecto a lo segundo, lo que interesa es modernizar, transformar la ciudad. Eso busca el protagonista, Estanislao Balder, ingeniero, 30 aos, casado con una mujer a la que no quiere, Elena, inventor a medias, de aspecto derrotado, perdido en medio de la ciudad y de sus habitantes. Balder conoce a Irene, colegiala de 18 aos, estudiante de piano del conservatorio, en la estacin frrea de Retiro. Luego de acompaarla adonde vive, Tigre, as como de otro furtivo y apresurado encuentro y cuando siente que ha encontrado un amor nico, pierde todo contacto con ella. No se anima o no desea volver a verla. Renuncia a hacer algo por ubicarla y simplemente espera que un acontecimiento extraordinario se produzca y cambie en un instante su existencia.

Ms o menos dos aos despus, una amiga de Irene, Zulema, lo telefonea para decirle que han dado con l por azar, gracias a un reportaje que public un diario diario en el que vena envuelto el pan a la casa de Irene. Vuelven, pues, los reencuentros aunque esta vez ms sensuales. Irene asegura que es virgen y Balder, por ende, se cuestiona si confesarle o no que es casado. A la postre, se lo dice: luego de una corta escena, Irene lo acepta as y hasta con un hijo de seis aos. Comienza pues una etapa en la que el romance se ajusta a la situacin, lo mismo que la madre de Irene, la seora Loayza. Pero, para esa poca, ya est claro cul es la poltica de la familia, lo que hara cualquiera de hoy: conseguir que Balder abandone a su esposa, se divorcie y se case con Irene. As pasa el tiempo, mientras sta no resuelve, ya no como hoy, entregrsele sexualmente y Balder no se decide a pedir el divorcio. Finalmente, y argumentando como excusa que Irene se le ha entregado y que l pudo as comprobar que ella no era virgen, rompe la relacin. No obstante, el final de la novela Aunque se diga que la historia es simple, ingenua y hasta soporfera, pocas veces se puede encontrar una crtica ms abierta y mordaz a la institucin familiar y de la vida y la moral burguesas. No en vano, El amor brujo fue escrita dentro del rgimen castrense, la primera Dcada sucia, del general Uriburu que tumb a Yrigoyen, circunstancia que Arlt aprovecha para exaltar irnica y ferozmente los valores tradicionales del militarismo, al que repudiaba, como Gandhi y, despus, su discpulo Martin Luther King, con odio jarocho.

Importa mencionar, por otra parte, que en 1932 el problema de la ciudad se haba vuelto una obsesin para Arlt y, por eso, no es gratuito que Balder sea ingeniero con nfulas de arquitecto. Erdosain tambin haba soado construir ciudades fantsticas, pero esos sueos son de un aficionado, mientras Balder es un La diferencia esencial entre uno y otro es que ste no desea destruir la ciudad sino que busca la mejor va para transformarla, modernizarla: se enoja ms contra los arquitectos de esta ciudad sin personalidad que contra la urbe, porque, insiste, en este pas no existan arquitectos. () Oh, ya lo veran, cuando entrara en accin. Su proyecto consista en una red de rascacielos en forma de H, en cuyo tramo transversal se pudieran colgar los rieles de un tranva areo. Los ingenieros de Buenos Aires eran unos bestias. l estaba de acuerdo con Wright. Pero, aunque otra cosa pueda pensarse, el valor de la novela no reside en sus teoras arquitectnicas, quimricas por cierto, sino en cmo es la ciudad que martiriza a sus habitantes. Esperando que el suceso extraordinario se produzca, Balder, magster en pereza e inaccin, casi termina por rendirse al hechizo de la vida burguesa que tanto detesta, siendo cuasi vctima del sndrome de esto-es-el-colmo. No buscar solucionar nada: se contentar con escribir en el aire la suite de la queja y el ensueo. Al final, obvio, se halla donde haba comenzado y sin salida.

El amor brujo podra interpretarse como la triste constatacin de que el hombre se puede pasar la vida entera haciendo exactamente todo lo contrario de lo que le gustara hacer pero, lo hace a gusto, abrigando la eterna esperanza de que lo que est haciendo es realmente lo que siempre quiso hacer

La que viene es una meloda que de alguna forma obliga a trasladarse a los comienzos de la historia anterior o a cualquier otra historia anterior Amores de estudiante: Hoy un juramento/ maana una traicin/ amores de estudiante/ flores de un da son Vals en la voz del Morocho del Abasto Carlos Gardel.

http://www.youtube.com/watch?v=wLunpp_HDzM (2:38)

Para los literato/tangfilos va Cambalache, ese pensamiento triste que se baila, original de Enrique Santos Discpolo, en versin de Astor Piazzolla y su Quinteto. Tal fue la definicin perfecta que sobre el tango dio el propio Discepoln y de la cual se quiso apropiar el ex presidente colombiano Belisario Betancur en una entrevista de TV sobre los cien aos de Gardel concedida a Bernardo Hoyos. En definitiva, como reza Cambalache:

Qu el mundo fue y ser una porquera ya lo s/ en el 506 y en el 2000 tambin/ que siempre ha bido chorros, maquiavelos y estafaos,/ contentos y amargaos,/ valores y dubl/ Pero qu el siglo XX es un despliegue de mald insolente/ ya no hay quin lo niegue/ Vivimos revolcaos en un merengue/ y en un mismo lodo, todos manoseaos./ Hoy resulta qu es lo mismo ser derecho que traidor/ ignorante, sabio o chorro, generoso, estafador/ Todo es igual, nada es mejor/ lo mismo un burro que un gran profesor/ no hay aplazaos, ni escalafn/ los inmorales nos han igualao/ Si uno vive en la impostura/ y otro roba en su ambicin/ da lo mismo que si es cura, colchonero, rrrey de bastos, caradura o polizn./ Qu falta de respeto, qu atropello a la razn!/ Cualquiera es un seor!/ Cualquiera es un ladrn!/ Mezclaos con Stavisky van Don Bosco y la Mignon/ Don Chicho y Napolen (Goyeneche, humorista, dice la Thatcher, Napolen), Carnera y San Martn./ Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches/ se ha mezclao la vida/ y herida por un sable sin remaches/ ves llorar la Biblia junto a un calefn./ Siglo XX, Cambalache, problemtico y febril/ el que no llora no mama/ y el que no afana es un gil!/ Dale no ms, dale qu va!/ que all en el horno nos vamo a encontrar!/ No pienses ms sentate a un lao,/ que a nadie importa si naciste honrao/ Es lo mismo el que labura, noche y da como un buey/ qu el que vive de los otros,/ qu el que mata, qu el que cura/ o est fuera de la ley qu el que vive de los otros,/ qu el que mata, qu el que cura/ o est fuera de la ley

http://www.youtube.com/watch?v=AhXnoiaLFc0 (3:27) Cambalache es el tango que resume magistralmente la postura de Roberto Arlt ante el mundo. Postura que, a la vez, es magistralmente resumida por su literatura  

VI - Roberto Arlt: el drama del escritor y de la literatura moderna

Al igual que en la de su socrtico demonio Charles Baudelaire, ya en la cruel y desdichada vida de Arlt se acentan el drama del escritor y el de la literatura moderna: hecho que se refleja en la carencia econmica, el despotismo del padre, el filistesmo social reinante y, desde luego, la enfermedad: Arlt, por bronco-neumona, tambin estuvo un tiempo en el sanatorio de Cosqun, que, curioso, se llamaba Santa Mara (23) , como Onetti bautiz a su ciudad literaria: algo que no es posible despachar fcilmente teniendo en cuenta la presencia de la enfermedad tanto en la vida real de Arlt como en la literaria de Onetti (El Astillero y Juntacadveres). Al igual que los personajes de Kafka, los de Arlt encarnan a individuos radicalmente diferentes del comn, a los que apenas se considera como semejantes e intentan, fracasando, integrarse a una sociedad excluyente, judeo-cristiana y ms que eso despiadada, satisfecha, cerrada. El padre de Arlt, Karl, sucumbe en su intento de educar a su hijo bajo el molde germano aunque pueda tener muy claro que en su medio nadie triunfa si no habla la lengua padre, la que en su fuero interno quizs considera de las clases dirigentes, la nica que permite el acceso a las carreras liberales o administrativas o determina posiciones y jerarquas. No obstante, como dijo mi hija Valentina en sentido y elocuente texto dedicado a su querida madre, M del Rosario: Pero todos ya sabemos/ que de los hijos no somos dueos/ y debemos dejarlos adquirir/ experiencia con sus esfuerzos. A tono con esto, Arlt le record a su padre el prstamo filial y se fue por los caminos del arte y de la literatura en particular. Como buen observador, fue tambin un avezado pintor de Buenos Aires y un arquitecto aficionado que reflej como nadie a su ciudad por medio de esos sucedneos del diseo/plano/arquitectura que son las palabras. Y en respuesta a su medio familiar, navegar en las torrentosas aguas de la indeterminacin entre vertientes culturales: la alemana del padre bismarckiano; la italiana de la madre semi-campesina-citadina; la local bonaerense, con su jerga multi origen y en la que manda sobre el mal espaol el buen lunfardo. Arlt termina siendo un escritor que re-crea el lenguaje vivo, que es accin como reflejo inmediato de la realidad circundante. Al cabo, escribi: Se puede deducir todo el estado mental de una poca por ciertos giros del idioma. Siempre se le endilg su falta de estilo Rose Corral sostiene (24):

Su defensa de lo que concibe como estilo, en contra del lugar comn, es en el fondo otra forma de defender lo que entiende por una literatura nueva, acorde con los tiempos, una literatura viva que choca con la estupidez ambiente y que hace que ese escritor se sienta incluso como un extranjero en su propia patria. Y cita a Arlt: La mayora de los hombres llevan en su interior monstruosas arquitecturas de juicios, construidas con ladrillos amasados de barro de lugares comunes, y la grosera fbrica en la cual habitan intelectualmente se les antoja lujoso palacio. Cuando otro hombre cuyo idioma no est ensamblado de lugares comunes les expresa realidades espirituales o psicolgicas diferentes a las que ellos estn acostumbrados a reverenciar, se les antoja que estn escuchando a un ladrador de injurias y entonces odian atrozmente al hombre que, por no expresarse con frases hechas, ofende sus convicciones con la fortaleza del estilo. (Subrayado de Rose Corral).

En asuntos de religin, ante la falta de un credo, Arlt optar por la, para l, clara y evidente, no clarividente, salida del ocultismo. A la ceguera de la fe (Fe es una creencia en la falta de evidencias, Carl Sagan) opone la fe de lo que nunca se sabr Por momentos debi sentirse tan diferente a los de su tribu como Kafka de la suya: Qu tengo en comn con los judos. Apenas si tengo algo en comn conmigo mismo, y debera meterme en un rincn, en completo silencio, contento de poder respirar. (25) De manera parecida a Kafka, que no pudiendo asimilarse a alemanes ni a checos tampoco se siente judo, Arlt, en su condicin de no creyente, no ateo, salvo en causas anarquistas, como Kafka, ser siempre arquetipo de la inconformidad, versin anticipada del cinematogrfico hombre que no estuvo all ni en ningn otro lugar. Ni alemn ni italiano, ni judo ni catlico, ni creyente ni ateo, Arlt ser, en ltimas, un inconforme por la impotencia, que extrae su fuerza de la debilidad, que en el poder de la palabra ve reflejado el poder del dinero, pero que ante la falta de este slo puede ver en la palabra el recurso ante la impotencia Como lo deja claro, en esa suerte de intertextualidad vital, Balder, en El amor brujo: Mi propsito es evidenciar de qu manera busqu el conocimiento a travs de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompa hora tras hora. Frase que refleja su condicin de escritor metafsico, de hombre inconforme, de artista descolocado, aunque por lo mismo consciente de su debilidad, de su fortaleza, de su auto-referencia literaria.

Se ha dejado para esta parte, de manera deliberada, el criterio de No Jitrik a refutar:

Creo que no se puede entender la obra de Roberto Arlt si, al mismo tiempo, no se hacen otras lecturas: la primera es la del contexto poltico-social argentino; () la segunda, invita a una diversificacin textual: el sainete y el teatro culto, el lunfardo y los intentos de una literatura popular, la poesa de vanguardia, el tango, la arquitectura, el cine, la radio, la industria, la comicidad, el ftbol y el box, la delincuencia y otros, conjetura Jitrik.

En entrevista con Deutsche Welle a Onetti le preguntaron: Y, entonces, para quin escribe? Con abrumadora sinceridad, respondi: Para un hombre llamado Onetti. Respondiendo a Jitrik, la literatura no tiene ningn objeto concreto, ningn propsito definido La literatura ya creada como el arte no obedece a intenciones sino produce efectos a partir de sus resultados. En otras palabras, el escritor, debe prescindir de la capacidad de persuasin. Su nica seguridad debe ser la de vivir anclado en la duda pues el concepto de lo que es o puede ser verdad, brota de la escritura antes que de querer sembrarlo en ella. As, el escritor jams escribe para probar algo: simplemente narra o cuenta historias pero no hace Historia. El escritor, antes que reflejar la realidad, explora la existencia. Esto significa que su obra trasciende el mundo de las ideas para llevar al lector hacia el territorio de la verdad. Una, ms perceptible que demostrable. Esta, hay que dejrsela a jueces, abogados, polticos. Por eso, poco importa lo que deca Cortzar en torno a que Arlt era un hombre de escasas ideas, al fin y al cabo, las ideas no estn donde se hallan las verdades fundamentales: entre poetas, escritores, artistas.

En segundo lugar, las menciones arltianas a las distintas disciplinas intelectuales y fsicas del hombre son meramente anecdticas, circunstanciales, no incidentales: a Arlt no le interesaba alardear de su cultura, de su Weltanschauung (dira Cortzar), de su concepcin intelectual del universo: estaba en otras cosas Sin olvidar a Sbato, Rulfo, Onetti, Marechal, Di Benedetto, Miller, Camus, Svevo, Hesse, Dostoievski, Melville, Kafka, Conrad, Baudelaire, De Quincey, Ellison y Kundera, sin olvidarlos a ellos, entre tantos otros no ledos, pocas veces en la literatura problemtica, la que se opone a la gratuita, hace nfasis en la dificultad y no en el juego sin olvidarse del juego, en la existencia y no en las palabras sin olvidarse de las voces, en la preocupacin y no en la indiferencia sin olvidarse de las diferencias, en la desnudez y no en el artificio sin olvidarse de la fantasa, y cuyo acento es primero metafsico y luego esttico, no al contrario como en la literatura gratuita, se encuentra un autor de la talla de Arlt, el Padre no slo de la Generacin Intermedia sino de la moderna literatura argentina y en buena parte de la latinoamericana: aun con los Borges, Bioy Casares, Onetti, Marechal, Cortzar, Mujica y compaa.

Si acaso Arlt tuvo un propsito con su literatura, si acaso, nunca fue el de llenar a nadie, ni complacerlo, sino el de desocuparse l mismo. Tampoco quiso congraciarse sencillamente expresarse. Y a travs de esa expresin evitar hundirse en la amargura, zona de pestilencia en la que de cualquier manera su padre lo hundi desde la infancia. La obra de su hijo, por contraste, ha quedado como una de las experiencias literarias ms reveladoras, honestas e inquietantes a escala mundial. Una obra directa, sin afeites, desgarradora, que muestra a un gran hombre que escribe, no a un simple malabarista de la palabra. La que para Roberto Arlt fue siempre el mejor recurso ante la impotencia Esto, que es el ttulo general del ensayo, Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia, fue escrito inicialmente en 1991. Dos dcadas despus, en 2011, en El paisaje en las nubes una coincidencia me sacudi. Rose Corral anota:

Y Arlt agrega: Y la palabra se descubre tartamuda, impotente. El nazismo establece entonces una lnea divisoria, una frontera, y funciona como un parteaguas que congela la palabra, la silencia. Arlt anticipa en 1940 ideas que aparecen despus del final de la guerra, cuando se mida la magnitud del horror. Su nota concluye insistiendo en la impotencia de la palabra [subrayado mo] para aludir al momento presente: Para este momento de vida que ya no es vida, slo agona, qu estilo, qu palabra, qu matiz, qu elocuencia, qu facundia, qu inspiracin dar el ajustado color? No s, creo que en la misma tintorera del infierno, donde un diablo pintor combina los colores que con ms precisin expresan la mxima crueldad del hombre, el matiz que puede expresar este momento an no ha sido hallado. Tan lejos l avanz en el crimen. (La tintorera de las palabras) (2009: 32-33).

VII - A manera de eplogo

En conclusin, Roberto Arlt termina encarnando, sin proponrselo, a la manera de sus dolos literarios (Conrad, Baudelaire, Dostoievski, Kafka, De Quincey), la palabra como recurso ante la impotencia no, incapacidad. Arlt podra suscribir las palabras de Baudelaire: Las naciones tiene grandes hombres a su pesar. De modo que el gran hombre es vencedor de toda su nacin. Y eso es cierto de cara al Arlt de El juguete Los siete locos y Los lanza, El amor brujo; de algunas obras de teatro: La isla desierta, Prueba de amor, 300 millones; al Arlt (posmortem) de las crnicas y de los cables intervenidos de El paisaje en las nubes Crnicas en El Mundo 1937-1942. Como seala Eduardo Mallea el da 27 en La Nacin, al partir el 26 de julio de 1942: Muere con Roberto Arlt uno de los autnticos escritores que nuestra tierra literaria ha suscitado, uno pese a su juventud de los verdaderos eminentes. Tambin muere con l el afn de conocer los alcances de la destruccin y el exterminio de ese que en Los jvenes de los tiempos viejos llam crepsculo del siglo XX, aunque nadie podra negar su, ahora s, clarividencia intelectual para proyectar la crueldad, la perversin, el cinismo de los elementos del crimen y no tanto de las fuerzas en juego, como de las fuerzas jugando cual si los humanos fueran muecos en el sentido que les permite cobrar a los sicarios paisas: muertos en vida y luego muecos sin ella. Aunque sostenga al inicio de Los lanzallamas: Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un cross a la mandbula, una literatura que penetra sin titubeos las mazmorras del mal, las fuerzas negativas de su poca, ante la Europa devastada que ve hundir, como dice Rose Corral en El paisaje en las nubes, Arlt inicia una reflexin sobre la escritura y sus lmites, y esboza una imposibilidad, la de decir. (2009: 33)

No obstante, podra sealarse que tal imposibilidad ya la haba esbozado cuando escribi esa novela-terremoto llamada Los siete locos, en la que como en ninguna otra desarrolla un poder de adivinacin tan aplastante, para prever el golpe del 6 septiembre 1930, que derrib a Yrigoyen y subi a Uriburu, y exhibe una capacidad inusual de anlisis socio-poltico, para mostrar a las lacras que histricamente junto a los milicos han corrodo las bases de la sociedad, los polticos, siempre subordinados a los zarpazos de los gringos y a los de los partidos, tal como el Mayor dice en La farsa, con lo cual se evidencia que la figura de Arlt no ha terminado de desarrollarse:

El ejrcito es un estado superior dentro de una sociedad inferior, ya que nosotros somos la fuerza especfica del pas. Y sin embargo, estamos sometidos a las resoluciones del gobierno Y el gobierno, quin lo constituye?... el poder legislativo y el ejecutivo hombres elegidos por partidos polticos informes y qu representantes, seores! Ustedes saben mejor que yo que para ser diputado hay que haber tenido una carrera de mentiras, comenzando como vago de comit; transando y haciendo vida comn con perdularios de todas las calaas, en fin, una vida al margen del cdigo y de la verdad. No s si esto ocurre en pases ms civilizados que los nuestros, pero aqu es as. En nuestra cmara de diputados y de senadores, hay sujetos acusados de usura y homicidio, bandidos vendidos a empresas extranjeras, individuos de una ignorancia tan crasa, que el parlamentarismo resulta aqu la comedia ms grotesca que haya podido envilecer a un pas. Las elecciones presidenciales se hacen con capitales norteamericanos, previa promesa de otorgar concesiones a una empresa interesada en explotar nuestras riquezas nacionales. No exagero cuando digo que la lucha de los partidos polticos en nuestra patria no es nada ms que una ria entre comerciantes que quieren vender el pas al mejor postor.

Y luego de este que parece un retrato de Colombia o Mxico, un pie de pgina con la Nota del comentador:

Esta novela fue escrita entre los aos 28 y 29 y editada por la editorial Rosso en el mes de octubre de 1929. Sera irrisorio entonces creer que las manifestaciones del Mayor hayan sido sugeridas por el movimiento revolucionario del 6 de setiembre (sic) de 1930. Indudablemente, resulta curioso que las declaraciones de los revolucionarios del 6 de setiembre coincidan con tanta exactitud con aquellas que hace el Mayor y cuyo desarrollo confirma numerosos sucesos acaecidos despus del 6 de setiembre. (1978: 105)

Si Arlt hubiera conocido a Colombia y en especial al Congreso tal vez hubiera muerto a futuro, como en un cuento fantstico pero real, entre 2002 y 2010 Porque pese a los perdularios de todas las calaas que conoci, Mancuso, Jorge 40, Macaco, El Alemn, Carlos Castao, H. H., Don Berna, Don Diego, El Iguano, Hernn Giraldo y por ah ultra-derecho lvaro Uribe, Sabas Pretelt, Diego Palacios, Csar M. Velsquez, Bernardo Moreno, Luis C. Osorio, Jorge Noguera, Rito A. del Ro, Jos M. Narvez, lo hubieran eliminado. As que, menos mal, no muri en esos aos. Y menos mal porque no cay en las garras de semejantes para-tesoros; con lo cual de paso no pudo ser echado al Absolvedor, eso, Procurador, a una jaula con leones, a un horno crematorio. Se les fue antes, muerto de risa por el mismo mal que sac a sus personajes: un infarto fulminante. Como fulminante es su literatura, la que jams va a morir, ni de infarto. An despus de muerto sigue desarrollndose a pesar de todo y de todos, incluidos los militares: anarquistas, socialistas, comunistas y, ante todo, capitalistas. A cuyo sistema se remite en Los lanzallamas:

Ningn sistema de gobierno capitalista puede resolver los problemas econmicos que cada ao aumentan de gravedad. El capitalismo de estos pases es tan ingenuo que cree poder hacerlo Fracasar. Ha fracasado con la democracia; ahora tiene que fracasar con la dictadura. Es lo mismo que pretender curar la sfilis con agua destilada. (1978: 244)

Arlt ya en 1928 haba previsto la burla de Estados Unidos en torno a los procesos democrticos, sin que el godito Borges hubiera formulado an su hilarante, irnica e irrefutable definicin de democracia: Democracia: es una supersticin muy difundida, un abuso de la estadstica. Y Arlt lo hace refirindose a los casos de Panam y Mxico:

Usted cree todava en la democracia? Esccheme. Cuando los norteamericanos provocaron la independencia de Panam para apoderarse del territorio en el que iban a trazar su canal, aos ms tarde dijo Roosevelt, en un discurso que pronunci en Berkeley, California: Si yo hubiera sometido mis planes a los mtodos conservadores (es decir, democrticos), hubiera presentado al Congreso un solemne documento oficial, probablemente de doscientas pginas, y el debate no habra terminado todava. Pero adquir la zona del canal y dej al Congreso discutir mis procedimientos, y mientras el debate sigue su curso, el canal tambin lo sigue. Estimado doctor, si esto no es burlarse cnicamente de los procedimientos democrticos y de la ingenuidad de los papanatas que creen en el parlamentarismo, que lo diga Dios. No se puede generalizar sobre un solo hecho. Magnfico. Usted quiere una coleccin de hechos que le demuestre que EE.UU (nos referiremos a EE.UU porque estamos en Amrica) es el pas ms antidemocrtico que existe. Bien Puede decirme, querido amigo, qu calificativo merece la conducta yanqui o la de los bandidos capitalistas yanquis en la Amrica Central? Rase, rase usted de los bandidajes de Pancho Villa. Todos esos granujas son unos tiernos infantes junto a las empresas que han provocado la revolucin de Panam. Si pasamos de Panam a Mxico, encontramos una serie de revoluciones provocadas por la presin del seor Doheney, representante del grupo capitalista en Mxico. Al seor Doheney lo apoyaba el evanglico Wilson. Como los ingleses tenan intereses petrolferos y apoyaban a Huerta, enemigo de los capitales yanquis, qu hizo el gobierno? Oblig a los ingleses a retirarle su apoyo econmico a Huerta. Concedi a las naves inglesas derecho de trnsito sin pago de intereses por el canal de Panam, compraron las acciones petrolferas inglesas y se derrot a Huerta con una revolucin que se hizo con la ayuda de Carranza, que recibi armas y dinero norteamericanos. (1978: 244-245)

Los casos podran extenderse a Rep. Dominicana, con el strapa Trujillo; a Guatemala, con la cada del socialista Arbenz por invasin del Imperio; a Panam, con la muerte accidental de Torrijos y el secuestro oficial-clandestino del doble agente la Pia Noriega, hasta su posterior reclusin en la tierra de esa otra perrita faldera de EE.UU, cuyo nombre castizo es Francia (26) . Un asunto inacabable Otra referencia a los bandidos yanquis, proviene de Beatriz Robledo en su biografa La vida de un poeta sobre el antiimperialista Rafael Pombo, en la que se confirman los desmanes de aqullos respecto a la prdida de Panam que comenz a fraguarse el 15 abril 1856: por un levantamiento popular contra unos gringos que se dirigan a California. Hubo propiedades incendiadas y se amenaz entonces con un desembarco de tropas anglo-gringas (la perrita faldera siempre lamiendo la bota imperial) a menos que se llegase a un arreglo amistoso y se indemnizara a los afectados con el motn de la tajada del meln. Robledo cita a Eduardo Posada y Pedro M. Ibez:

Una disputa ocurrida en Panam entre un vendedor de frutas y un (gringo), ocasion tal tumulto, que degener en sangrienta lucha de granadinos y yankees, en la cual qued una veintena de cadveres sobre el campo. La ocasin codiciada por el monstruo del norte, de devorar el istmo, pareci que haba llegado.

Pero, la cosa no para ah: tras el Tratado entre el general Herrn y el ministro de RR.EE Lewis Cass en Washington, Colombia reconoci su responsabilidad por los daos causados en el motn y se acord nombrar una comisin bilateral para analizar la situacin. Tambin se ofreci a EE.UU el privilegio de comprar o solicitar en arriendo a Colombia, en una isla de la baha de Panam, cien acres para establecer un depsito de carbn. Como la cosa se puso negra, en su rol como diplomtico de la Nueva Granada Pombo viaj a Colombia a revisar el tratado y a adelantar otros asuntos referentes a su misin. Permaneci en Bogot cinco meses y regres a Nueva York. Ms tarde, al revisar el tratado antes de enviarlo de nuevo a Bogot, se detuvo en el Art. 7, en el que se conceda una isla para el depsito de carbn. Despus de muchas luchas para convencer a la prensa y al congreso gringos de su objecin sobre el prurito negrero, su labor se vio recompensada cuando el Senado gringo, al revisar de nuevo el convenio en marzo de 1859, acept la supresin del Art. 7.

Luego, Arlt vuelve sobre la tctica del capitalismo para que el elemento ingenuo de poblacin agradezca al gobierno haberlo librado del peligro comunista gracias a la polica y dems fuerzas armadas, haciendo de paso una denuncia sobre la tortura y un balance sobre la prensa como cohonestadora del statu quo:

Piense usted, querido amigo, que en los tiempos de inquietud las autoridades de los gobiernos capitalistas, para justificar las iniquidades que cometen en nombre del Capital, persiguen a todos los elementos de oposicin, tachndolos de comunistas y perturbadores. De tal manera, que puede establecerse como ley de sintomatologa social que en los perodos de inquietud econmico-poltica los gobiernos desvan la atencin del pueblo del examen de sus actos, inventando con auxilio de la polica y dems fuerzas armadas, complots comunistas. Los peridicos, presionados por los gobiernos de anormalidad, deben responder a tal campaa de mentiras engaando a la poblacin de los grandes centros, y presentando los sucesos de tal manera desfigurados que el elemento ingenuo de poblacin se sienta agradecido al gobierno de haberlo librado de lo que las fuerzas capitalistas denominan peligro comunista. Como le deca, la tctica del capitalismo mundial consiste en corromper la ideologa proletaria de los estados diversos. Los cabecillas que no se dejen corromper son perseguidos y castigados. Las penas ms leves consisten en el destierro para los inculpados, y las ms graves, la crcel, con el corolario de los tormentos policiales ms extraordinarios, como ser retorcimiento de testculos, quemaduras, encierro de los inculpados en invierno en calabozos a los que se les arroja agua, quemaduras. A las mujeres de filiacin comunista se les retuercen los senos, se les arroja pimienta en los rganos genitales; todos los martirios que pueda inventar la imaginacin policial son puestos al servicio del capitalismo por los empleados de investigaciones de todos los pases de Sudamrica. (1978: 246-247)

Pero, pese a su simpata por ellos, ni el comunismo ni el socialismo, mucho menos los militares, salen bien librados de los juicios crticos, ecunimes y objetivos del genio-farsante-loco-hijodeputa de Roberto Arlt; as, cuando los siete locos pretenden formar un ejrcito revolucionario, el Astrlogo lee un libelo:

Lo importante para nosotros es formar comunistas con prctica positiva de infantera, artillera y guerra qumica. Nosotros tendemos a la eliminacin absoluta del revolucionario sentimental. El sentimentalismo no nos interesa. Se lo dejamos a los socialistas que son tan bestias que an despus de la experiencia de la Guerra Europea siguen creyendo en la democracia y la evolucin. Esto slo se puede llevar a cabo en el campo. Por eso me gusta el Sur. Nos disfrazaremos de chacareros, instalaremos alguna chacra colectiva, pero nuestros trabajos y nuestros alumnos se encaminarn hacia las especializaciones de guerra. () Y el dinero? Ah est. El dinero lo proporcionarn los prostbulos. Es una barbaridad. (249)

Con la idea de financiar la revolucin basado en la apertura masiva de prostbulos, Arlt pensaba trasladar a los polticos la funcin de putas... dejando en claro la inocencia de stas, las que se niegan a ser madres de quienes son prueba adicional de que la razn produce monstruos. Razn que, en otro sentido, Kafka tena al decir que a partir de cierto punto, no hay retorno posible: lo hecho, hecho est. En el caso de Arlt, sin que importe la gramtica ni la sintaxis, con mayor razn si qued bien escrito. Para la posteridad y para todos, fin del gran arte. El que, sin descuidar la forma, hace nfasis en el sentido y no en la pirueta verbal. Si, a la vez, con esto no queda claro que es digno precursor del existencialismo, quizs deba saberse que en la dcada de 1970 la editorial francesa Seuil quiso publicar su obra completa, pero desisti de la empresa al advertir que podra aparecer como antecedente del mismo (2000: 207). Esa actitud humana convertida, por caprichos chauvinistas, en ismo para que cierto pas presuma de arribismo sin que nadie lo note

Pero, Roberto Arlt no fue slo alguien que se le adelant al existencialismo: tambin, a Orwell en su supuesta prefiguracin del devenir mundial, del papel de los capitalistas e incluso de la Guerra Fra. Por un lado, aqul no hizo futurismo en 1984 sino que retom la historia del pasado reciente de Inglaterra para, escudndose en un hipottico futuro, desnudar la intromisin del Estado en la vida privada del individuo. Para ello habl del Big Brother o Gran Hermano (el ms sin-sangre de todos) y, ah s, predijo el advenimiento de la sociedad de control (Burroughs) y del bio-poder (Foucault). No obstante, Arlt lo precedi en lo relativo a lo que Orwell seala respecto al papel mundial de los capitalistas como dueos de la tierra; todo para ellos con base en la plusvala; la gente del comn, los trabajadores, sus esclavos (1984, Crculo de Lectores, 1984: 85):

El pueblo vive sumergido en la ms absoluta ignorancia. Se asusta de los millones de hombres destrozados por la ltima guerra, y a nadie se le ocurre hacer el clculo de los millones de obreros, de mujeres y de nios que ao tras ao destruyen las fundiciones, los talleres, las minas, las profesiones antihiginicas, las explotaciones de productos, las enfermedades sociales como el cncer, la sfilis, la tuberculosis. Si se hiciera una estadstica universal de todos los hombres que mueren anualmente al servicio del capitalismo, y el capitalismo lo constituye un millar de multimillonarios, si se hiciera una estadstica, se comprobara que sin guerra de caones mueren en los hospitales, crceles, y en los talleres, tantos hombres como en las trincheras, bajo las granadas y los gases (1978: 246)

Con lo cual Arlt se adelant tambin al concepto de Guerra Fra entendida, ms bien, como III Guerra Mundial: as la califica el profesor espaol Juan C. Monedero pues dej ms muertos que las dos primeras; segn se puede inferir de la cita, Arlt coincide con el profesor en el tiempo y eso que el escritor argentino asisti, cronolgicamente, slo a parte de la II Guerra, entre 1939 y 42, lo que no obstante fue suficiente para convertirse en el Kubrick de su tiempo: lo que ste en cine con Senderos de gloria aqul lo hizo a su manera en literatura: el ms radical y lcido anti-belicismo

Como lo deja ver Pablo Castriota, reseando Arlt va al cine, de Patricio Fontana (27) , habiendo ejercido muy brevemente la crtica en su fugaz paso por la seccin Actualidad Cinematogrfica de El Mundo, Arlt fue uno de los escritores que mejor supo observar el desarrollo del sptimo arte en la primera mitad del siglo veinte, partiendo de su inters por la diva italiana Lyda Borelli, de quien se enamor a los nueve aos, hecho que el escritor reproduce en Lucio, de El juguete rabioso, quien tiene un afiche de la sufrida actriz en su cuarto. Su postura frente al cine como elemento de ruptura con los prejuicios de su poca lo arrastr a un conflicto con el comunismo en los aos 30, con el que colabor en Bandera Roja : lo tildaban de individualista por su reivindicacin del cine, arte burgus desde la visin de la izquierda argentina. Arlt ciment esta teora propia sobre el cine como un arte revolucionario en varias aguafuertes, en las que observa costumbres y tradiciones arraigadas en los pueblos del interior, donde el cine desafa la rigidez moral y los prejuicios de los que los habitantes eran vctimas. Arlt no alude al potencial revolucionario de un cine poltico (cine de propaganda sovitico o documentales de John Grierson) sino al del Star System, el cine gringo que tanto aborrecan vanguardias e izquierda latinoamericana.

Aqu Arlt coincide con Gmez (28) , quien alude al mismo prejuicio de los alemanes RDA respecto a eliminar la lucha de clases, en un pas que segua nombrando al proletariado como clase, igual que la idealizacin terica del mismo sirvi para reprimir intelectuales y artistas rebeldes, de estrato medio, a los que se les enrostraba pequeoburgueses desde un supuesto poder proletario utilizado para reforzar su poder por una burocracia con alto nivel de vida y comportamiento similar al de los pequeo... (59-60). Luego, ensaya cmo los comunistas no supieron valorar los aportes de la cultura occidental: Eso no debe ocultar el hecho de que el socialismo existente subestim (y sigue subestimando, cuando no rechazando) la gran cultura occidental, pero hoy sabemos con certeza que lo mejor de esa cultura es profundamente crtico respecto a las sociedades capitalistas en las que ha surgido; ms an, esa gran cultura es, con mucha frecuencia prosocialista. () Ese hecho est mostrando con ms claridad la necesidad en que estn el socialismo existente y los partidos comunistas, a escala mundial, de aprender, sin exigencias sectarias, de toda esa ilustracin y creatividad independientes y fecundas. Y cierra: Las exigencias de apertura al Occidente implicaban, por parte de la RDA, una seleccin crtica, desde el punto de vista de una autntica vanguardia, es decir, implicaban el comprender que se trataba de amigos difciles, precisamente por ser innovadores. (2011: 65)

Una cultura proletaria ni pequeoburguesa o burguesa es posible, porque la cultura es universal de por s y aunque, de algn modo, se singularice por su estrato, va ms all de toda mezquindad de clase. Entonces, como se puede inferir de la visin de Arlt sobre el cine gringo del Star System, por qu negar (pese al Cdigo Hays y su doble moral), el desborde de sensualidad que moja las pantallas del mundo, para satisfaccin de quienes no estn de acuerdo con la represin del deseo? De ah que Arlt terminara por cimentar su teora propia sobre el cine como arte revolucionario donde este ocupa, desde los afiches con parejas ejerciendo el deseo (= libertad), un sitial de desafo contra la rigidez y los prejuicios de los que las/los gringos eran vctimas. Esta poderosa visin anarquista y celebratoria del cine en el seno de la industria ms poderosa del mundo, dotada de una dosis de feminismo casi militante, hace del punto de vista de Arlt algo mucho ms apasionante que el rastro esttico que el sptimo arte dejara en sus ficciones porteas y relatos de viajes, algo que el libro tambin destaca con mucho inters. Visin que, bien seala Fontana, contribuye, segn Castriota, a la idea del cine como arranque de una rebelin imprecisa, pero posible.

Al final de su vida, Arlt pudo haber sido Leonard Cohen (1934-2016) y su simpata por la izquierda as como su carcter de autor disidente podra definirse con la ecuacin potica del cantante y guitarrista canadiense (29) : Por qu tengo que permanecer solo si cuanto digo es cierto? Confieso que pretendo hallar un camino o falsificar un pasaporte o hablar un nuevo idioma. Y aunque Arlt nunca termin de aprender ingls, sigue teniendo razn: para qu afanarse en estriles luchas, si al final del camino Aun as, siempre insisti en escribir, quizs pensando en que, aparte de que no saba hacer otra cosa, lo nico que nos salva es la mentira del arte. Por la que siempre se entera uno de la verdad La que, slo en este caso, no duele ni entristece sino que calma y enaltece.

Si lo anterior no basta para ilustrar la conexin Arlt/Cohen, se trae a colacin un trozo de Los lanzallamas en el que la ficcin supera a la realidad en cuanto a hallar una nueva identidad al falsificar un pasaporte: El Rufin no dijo lo que habra hecho si el otro se hubiera negado? Lo mataba tal es as que en previsin de ello tena, desde haca diez das, preparado un pasaporte con nombre falso. Lo que Arlt no logr jams fue hacer estilo pues crea que son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Y aade: Pero, por lo general, la gente que disfruta tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura, dice en el prlogo a Los lanzallamas. Con lo cual permite, de nuevo, la intromisin de la vida en la escritura, aqu, de la de su admirado Di Giovanni. El ltimo mensaje en su celda poco antes de caer asesinado puede homologarse a la obra de Arlt:

[...] No busqu afirmacin social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para m eleg la lucha. Vivir en monotona las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevacin exquisita, la rebelin del brazo y de la mente. Enfrent a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.

Arlt parece responder a Di Giovanni por medio del Astrlogo en Los siete locos:

El tiempo que se escapa. Eso. Eso. Y todos que se dejan estar cados como bolsas. Nadie que quiera volar. Cmo convencerlos a esos burros de que tienen que volar? Y sin embargo, la vida es otra. Otra como ellos no la conciben tan siquiera. El alma como un ocano agitndose dentro de setenta kilos de carne. Y la misma carne que quiere volar. Todo en nosotros est deseando subir hasta las nubes, hacer reales los pases de las nubes pero cmo?... Siempre aparece ese cmo y yo yo aqu, sufriendo por ellos, querindolos como si los hubiera parido, porque los quiero a estos hombres a todos los quiero. () Los quiero a todos como si todos estuvieran atados a mi corazn con un hilo fino. Y por ese hilo se llevan mi sangre, mi vida, y sin embargo, a pesar de todo, hay tanta vida en m, que quisiera que fueran muchos millones ms para quererlos ms an y regalarles mi vida. S, regalrsela como un cigarrillo. (1978: 166)

Pareciera responderle tambin en el citado prlogo a Los lanzallamas:

Orgullosamente afirmo que escribir, para m, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Mxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupacin de buscarse distracciones les produce surmenage. (1978: 189) Tengo tantas y tantas cosas que escribir y que contar, a favor y en contra mo, que ahora s que todo lo que se ha escrito y vale, vale porque ha sido escrito con sangre. (Epgrafe en Borr, 2000).

Si se intentara un retrato hablado de Arlt, no podra dejar de citarse un hombre que, como Balder, siempre esper un suceso extraordinario para darle un vuelco a su vida. La de quien no poda ser feliz por los daos que haba causado. La pasin alimentada por la idea balderiana de buscar su propia potencia en la infinita debilidad, es la que lo lleva a estudiar ingls, a viajar sin descanso, a tocar piano, disear medias de eterna duracin, escribir miles de aguafuertes, intervenir cientos de cables, refugiarse en los cafs para hablar con sus amigos, internarse en los bajos fondos para extraer de perdularios de la peor calaa la sustancia de sus textos, periodsticos y literarios: lo que, de por s, lo hace pionero de lo que a partir de Walsh con Operacin masacre (1957) (30) , quien se adelant nueve aos a Capote con A sangre fra (1966) (31) se llam Ficcin periodstica, Novela testimonio, Periodismo Literario, Novela real o de No-ficcin. Como intuye, a la manera de Caicedo, la brevedad de su vida, Arlt sigue siendo hasta el final de la suya esa catarata de que habl Calcagno y en cuyo torrente no haba espacio para lo gratuito. En l la sinceridad descubre toda deslealtad, entonces se propone una sin lmites: para sus enemigos, la constante grosera del conflictivo. Como ya nada le parece cierto, de todo desconfa. Gracias a su voz potente dice lo que le da la gana, como siente/ve/cree, sin detenerse a reflexionar, ayudado por su velocidad de pensamiento. Pero, su sinceridad era peligrosa para sus allegados y angustiosa para l, quien no poda dejar de ver el otro lado de las cosas. Si bien en El amor brujo dijo: Por qu anhelo la pureza y me revuelco en la porquera?, haba comenzado a andar en la direccin opuesta: por una inexorable y desesperada necesidad tica eluda cada vez ms la porquera para entrar en el ascetismo. Y aunque, en el terreno religioso, quiso creer y no poda, en el prctico, crea como pocos Eso s, ya no en su literatura: algn da coment a sus amigos que no poda volver sobre nada de lo que haba escrito porque tena la sensacin de leer ruinas y ciudades destruidas. (2000: 225)

Al fin y al cabo, la palabra, su palabra, no dej de ser nunca otra cosa que el ms terrible y desolador recurso ante la impotencia: por contraste y por esas paradojas de la vida, en su caso tambin las del arte, potente recurso, as en l viniera de la infinita debilidad que le acompa hora tras hora: eso, por contraste, lo hizo un luchador del lenguaje la vida entera.

 

Notas:

 1. Stasys Gostautas en revista Eco, enero-febrero de 1972.

2. Jitrik, No. Roberto Arlt, Antologa. Siglo XXI Editores, 1 edicin, 1980: 9.

3. Julio Cortzar en Obra Completa de Roberto Arlt (Dos Tomos, Prefacio). Ediciones Carlos Lohl, Tomo 1, Buenos Aires, 1981.

4. Arlt, Roberto. Los siete locos y Los lanzallamas. Adolfo Prieto en el Prlogo: Biblioteca Ayacucho No 27, Caracas, 1978: XXIV.

5. Borr, Omar. Roberto Arlt: su vida y su obra. Planeta, Buenos Aires, 2000, 298 pp: 91.

6. Arlt, Roberto. 1978: 39.

7. Goloboff, Gerardo Mario. Genio y figura de Roberto Arlt. Eudeba, Buenos Aires, 1989: 13. Y en Omar Borr, 2000: 31-32.

8. Mirta Arlt, Prlogo, en Los siete locos/ Los lanzallamas, Biblioteca Ayacucho: 416.

9. La Flor Azul , en alemn Die Blaue Blume, es smbolo central del romanticismo: representa el amor, el anhelo, el afn metafsico por lo infinito. Inspirado por una pintura de su amigo Friedrich Schwedenstein, Novalis fue el primero en usarlo en su novela Heinrich von Ofterdingen. Aparte de unir naturaleza, hombre y espritu humano, simboliza tanto el afn por el conocimiento de la primera y de uno mismo, como la esencia del arte en tanto reconcilia el mundo interior y exterior, es decir, realiza el concepto en lo concreto.

10. Larra, Ral. Roberto Arlt, el torturado (Buenos Aires, Futuro, 1950).

11. Auto semblanza en Cuentistas Argentinos de Hoy, 1929, Miranda Klix, G. y Yunque, lvaro.

12. Tomado de Nosotros, No 211, 1926, en Los siete locos, 1978: 424.

13. Nal Roxlo, Conrado. Borrador de memorias. Plus Ultra, Buenos Aires, 1981: en 1989: 14.

14. Arlt, M. y Borr, O. Para leer a Roberto Arlt. Torres Agero Editor, Bs. Aires, 1984: 20.

15. http://noticiasalternativas.blogspot.com/2008/08/roberto-arlt-obrero-de-la-literatura.html

16. https://www.diarioeltiempo.com.ar/se-hallaron-las-notas-periodisticas-que-roberto-arlt-escribio-en-azul.html

17. Roberto Arlt - Obra Completa (Dos Tomos, Prefacio: Julio Cortzar). Ediciones Carlos Lohl, Bs. Aires, 1981, Tomo 1: 434.

18. Ibdem: 309.

19. Calcagno, Raimundo (Calki): Una larga incursin en el Olimpo, La Opinin Cultural, Buenos Aires, 7.XI.76: tomado de Los siete locos, 1978: 428).

20. http://noticiasalternativas.blogspot.com/2008/08/roberto-arlt-obrero-de-la-literatura.html  

21. Tarkovski, Andrei. Esculpir en el tiempo . Rialp, 2005, 273 pp.: 113. 

22. Roberto Arlt: una crtica de la economa literaria . Literatura y propiedad en la obra de Roberto Arlt (La Opinin, 10.IV.74, Bs. Aires) del libro Traduccin: sistema literario y dependencia. 1 publicacin: 1973, No 29 revista Los libros.

23. Borr, Omar. Roberto Arlt: su vida y su obra. Planeta, Buenos Aires, 2000, 298 pp.: 75.

24. Arlt, Roberto. El paisaje en las nubes Crnicas en El Mundo 1937-1942. FCE, Buenos Aires, abril de 2009, Primera edicin, 766 pp.: 31.

25. Kafka, Franz. Diarios, 1914-1923 (Lumen, Barcelona, 1975: 11)

26. http://www.alainet.org/es/articulo/183482

27. Fontana, Patricio. Arlt va al cine, Ediciones Libraria, 2009, en El espectador imaginario, Pablo Castriota, noviembre 2011.

28. Gmez, Eduardo. Memorias crticas de un estudiante de humanidades en la Alemania socialista. Ediciones Uniandes, Bogot, 2011, 140 pp.: 59-60-65.

29. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229534

30. Sobre ella se bas el filme homnimo, Operacin masacre (1972/73), de Jorge Cedrn, con guin suyo y del propio Rodolfo Walsh.

31. Richard Brooks dirige el filme homnimo, In Cold Blood (1967), con Robert Blake (Perry Smith), Scott Wilson (Dick Hickock) y John Forsythe (Alvin Dewey).

 

Bogot, 26 julio 1991 15 febrero 2018

 

Otras notas:

http://www.geni.com/people/Roberto-Arlt/6000000027542435988

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-35294-2015-04-19.html

https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-270593-2015-04-16.html

 

* (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Periodista, INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. N. (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y Dir. Cine-Club Andrs Caicedo. Colaborador de El Magazn de EE. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). XXIV FILBO: Invitado por MinCultura a presentar el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas (MinCultura, 2011), en Pabelln Colsubsidio (13/may/11). Invitado al V Congreso Int. de REIAL, Nahuatzn, Michoacn, Mxico, con Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia (22-25/oct/12). Invitado por El Teatrito, de Mrida, Yucatn, para hablar de Burgess-Kubrick y Una naranja mecnica (27/oct/12). Invitado por Le Monde Diplomatique y Desde Abajo a entrevistar a Ignacio Ramonet (Dir. LMD, Espaa), Retrospectivas: Un recorrido por el Cine Latinoamericano http://www.youtube.com/user/periodicodesdeabajo?feature=results_main (5.XI.12). Invitado al II Congreso Int. de REIAL, Cap. Colombia, Izquierdas, Movimientos Sociales y Cultura Poltica en Colombia, con el ensayo AP: Matar, un acto excluido de nuestras vidas, U. N., Bogot, 6-8/nov/2013. Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al I Congreso Int. Modernismo y marxismo en poca de Pos-autonoma Literaria, ponente y miembro del Comit Cientfico (27-28/nov/2014). Invitado a la XXXIV Semana Int. de la Cultura Bolivariana con la charla-audicin El Jazz y su influencia en la literatura: arte que no entiende de mezquindades, CI G. L. Valencia, Duitama ( 28/may-1/jun/2015). Invitado al III Festival Int. LIT con el Taller Cine & Literatura, Duitama (15-22/may/2016). Invitado al XIV Parlamento Int. de Escritores de Cartagena con Jack London: tres historias distintas y un solo relato verdadero (24-27/ago/2016). Invitado a la 36 Semana Int. de la Cultura Bolivariana con Los Blues. Msica y memoria del pueblo y para el pueblo y Leonard Cohen: Como un pjaro en un cable, Duitama (21/jul/2017). Invitado al Encuentro de Escritores en Lorica, Crdoba, con La casa grande: estamos derrotados? (10-12/ago/2017). Invitado al II Encuentro Int. de Escritores Aguachica tiene la palabra (25/28/oct/2017) Invitado por Desde Abajo a entrevistar a Yuri Buenaventura (11/nov/2017) https://www.youtube.com/watch?v=I8ev47G9qxw Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central: Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contracartula de Los bigotes del silencio y otros cuentos (2008), de M. Valenzuela (Xpress, 2008) y de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos fue lanzado en la XXX FILBO (7/may/2017), Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo (Pijao Editores). Mencin (una de cinco) por su trabajo MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (5/feb/2018). Hoy, autor, traductor y, con LES, coautor de ensayos para Rebelin. E-mail: [email protected]

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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