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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2018

Grupos de autodefensa dictan la ley en la Repblica Centroafricana

Luca Pistone
Notimex

La ausencia total del Estado en grandes partes del territorio centroafricano dej terreno libre a milicianos armados hasta los dientes, que crearon los llamados "grupos de autodefensa"


En la provincia de Bria estos grupos, de mayora musulmana y pertenecientes a la alianza Slka, establecieron su propia gendarmera y su propia polica, y dictan su ley.

Hace dcadas que las reas perifricas de la Repblica Centroafricana (RCA) estn abandonadas a su suerte. Las corruptas autoridades centrales de Bangui nunca tuvieron en la agenda poltica las zonas ms remotas, que quedaron a merced de los acontecimientos. Por un lado, la ausencia del Estado y, por el otro, las incursiones de grupos paramilitares extranjeros como el Ejrcito de Resistencia del Seor (LRA), del criminal ugands Joseph Kony, que secuestr y alist a miles de menores, acabaron con este pas, que no por casualidad es el ltimo en el ranking mundial del ndice de Desarrollo Humano.

"Tomamos las armas -dice el coronel Mahamoud Voungaba, de 37 aos, jefe de la Polica de Frontera de Bria- porque no tenamos otra opcin. Aqu en Bria el Estado nunca estuvo presente y nos volvi vulnerables a las incursiones del LRA, que cometi atrocidades indecibles.

Tenamos que defender a nuestras familias, y por eso nos armamos lo mejor que pudimos. Lamentablemente, tambin hubo conflictos entre musulmanes y cristianos, pero como se puede ver hoy en la ciudad todo funciona sin problemas", dice.

La versin del coronel Voungaba es una verdad a medias. En Bria, una pequea ciudad en el centro-este de la RCA, todo est aparentemente tranquilo, pero lo que se respira es un clima de fuerte tensin.

Aqu en 2016 estall un feroz conflicto entre las milicias Slka (en lengua sango significa "alianza") y las milicias Anti-Balaka (Anti-AK47 o Anti-Kalashnikov), de religin cristiana.

Sigue habiendo violencia, de baja intensidad, todos los das, a pesar de la presencia masiva en el terreno de la MINUSCA (la Misin de Estabilizacin Multidimensional e Integrada de las Naciones Unidas en la Repblica Centroafricana).

Los hechos de Bria son una pista de lo que sucedi en Bangui a finales de 2012, cuando comenz una guerra civil tras el golpe que condujo a la cada del presidente Franois Boziz. Los que los destituyeron fueron los Slka, que pusieron en el poder a Michel Djotodia, uno de sus hombres, y desencadenaron la furia de los Anti-Balaka.

Ambas facciones son culpables de crmenes escalofriantes, que van desde la violacin hasta el asesinato de nios, pasando por casos de canibalismo. Parece que la intervencin primero de las tropas de la Unin Africana (UA) y luego de la ONU sirvi de poco.

La Presidencia de Djotodia tuvo una corta vida, al igual que los mandatos de sus sucesores. A finales de 2016 se registr una fase de calma relativa, cuando el ex primer ministro Faustin Archange Touadra fue elegido presidente.

Sin embargo, las promesas hechas por Touadra en relacin con una mayor presencia de las autoridades estatales en todo el pas fueron ignoradas y la violencia volvi a manifestarse, especialmente en las regiones del centro-este.

"Los horrores cometidos por los Slka y los Anti-Balaka en la RCA -revela un comerciante que pide permanecer en el anonimato- son hijos de una poltica marchitada, que se convirti por completo en gangrena. Los grupos de autodefensa nacieron por una razn muy vlida: defender a los familiares, los cultivos y las granjas.

Pero, seala, el hambre es un animal feo, afecta, provoca odios que no existan unos aos antes. Las filas de los Slka y los Anti-Balaka se engrosaron debido al reclutamiento de menores, que no pueden ir a la escuela porque las escuelas son casi inexistentes, y todo esto en Bria es evidente".

La situacin en Bria es una de las ms crticas del pas. Actualmente esta pequea rea urbana alberga a ms de 73 mil desplazados, la mayora de los cuales provienen justamente de Bria. Viven en los campos diseminados por la ciudad, pero tienen sus casas a unos cientos de metros de distancia.

Casi todos cristianos, estos desplazados son vctimas de todo tipo de abusos por parte de los Slka y de los Anti-Balaka, esos mismos milicianos que aseguran administrar la seguridad de su propia gente dentro de los campamentos.

En Bria hace aos que no se ven hombres de las fuerzas regulares centroafricanas (FACA), y lo mismo pasa con los agentes de la Polica Nacional. El orden pblico lo mantienen los Slka, a su manera.

El Frente Popular para el Renacimiento de la Repblica Centroafricana (FPRC), uno de los 15 grupos que conforman la alianza Slka, se hizo cargo tanto de la Gendarmera como de la Polica. Solo los miembros ms ancianos llevan uniforme, robados en casernas abandonadas, mientras que los ms jvenes se tienen que conformar con ropa civil y una vieja escopeta.

"Qu otra solucin hay? -se pregunta el general Baba Hessein, de 38 aos, jefe de la Gendarmera y de la Polica de Bria-. Organizar nuestras fuerzas policiales era lo nico que se poda hacer. El Estado se olvid de nosotros, tenamos que protegernos. Nos ocupamos de la seguridad de nuestra poblacin, sin hacer distinciones entre musulmanes y cristianos.

Afirma que su posicin no es religiosa. Hay personas que dicen que la posicin de los Slka es religiosa, a favor del Islam, pero no es as para nada. Estamos por la Repblica Centroafricana. Luchamos por los intereses de todos y lo haremos hasta que el estado nos enve a una representacin estable".

El general Baba se niega a explicar que la ciudad es una tierra de nadie. Los Slka se mueven a su antojo por las calles de Bria, saqueando sin tener que vrselas con la ley, ya que ellos mismos son la ley.

Los Anti-Balaka no ponen un pie fuera del campamento por temor a represalias y el contingente de la ONU solo interviene cuando es testigo presencial de un estallido de violencia.

El grupo Slka ms temido por su brutalidad es apodado 'chadiano', precisamente porque algunos de sus componentes provienen de Chad. Cuando un civil, musulmn o cristiano, ve de lejos a los "chadianos", inmediatamente cambia de camino.

Pero los Slka no se limitan a la gestin del orden pblico. Tambin las comunicaciones, la electricidad, el gas y la educacin estn en sus manos. Las escuelas en particular estn en condiciones desastrosas.

El instituto pblico de primaria de Nydjama, al que asisten principalmente los hijos de familias musulmanas, tiene apenas cuatro maestros para un total de dos mil estudiantes. Ningn maestro con sueldo pblico quiere poner un pie en Bria. An ms extrema es la situacin escolar en los campamentos, donde las escuelas ni siquiera existen.

La nica oficina pblica presente en la ciudad es la del Prefecto, una autoridad que no tiene ningn poder real y que intenta, a menudo en vano, actuar como intermediario entre el Estado central y las milicias.

"Mi trabajo en Bria -explica el prefecto Evariste Thierry Binguinendji, quien asumi el cargo hace apenas dos meses- consiste en sentar en una mesa por la paz a todas las facciones de la ciudad, tanto a los Slka como a los Anti-Balaka.

Resume que es por razones econmicas y no por voluntad poltica que el gobierno central no consigue imponerse en lugares difciles como Bria, pero puedo asegurar que mis colaboradores y yo estamos haciendo todo lo posible para que las milicias abandonen las armas".

La religin tiene poco o nada que ver con la crisis centroafricana, cosa que en cambio intentan difundir los peridicos locales cercanos a una u otra faccin. El pas es un escenario hostil para gente pobre e ignorantes, producto de un conflicto causado por la avaricia de polticos sin escrpulos y de episodios cclicos de inhumanidad.

Las cifras de la ONU hablan por s solas: ms de un milln de personas entre desplazados internos y refugiados en pases vecinos; ms de dos millones de personas, es decir, la mitad de la poblacin del pas, que necesitan asistencia alimentaria.

El descontento por la Minusca y Sangari (el controvertido contingente militar francs), ambos de gatillo fcil en manifestaciones aunque sean pacifistas, est por las nubes. La posibilidad de nuevas olas de violencia iguales, si no superiores, a las de 2013 se est volviendo cada vez ms real.

Fuente:http://www.notimex.gob.mx/reportaje/796



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