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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2018

Resea de la pelcula Los archivos del Pentgono de Steven Spielberg
Lecciones de una pelcula

Gervasio Snchez
La Marea

Sent una sensacin de gran orfandad cuando sal de ver Los archivos del Pentgono. Pens en lo difcil que es encontrar experiencias parecidas en el periodismo espaol.


Desde hace dos semanas animo a todos los periodistas con los que me encuentro a que vayan a verLos Archivos de Pentgono, la ltima gran pelcula de Steven Spielberg. Es una pelcula dinmica, precisa y emocionante que muestra meticulosamente aquellos das de junio de 1971 en los que la democracia estadounidense y su primera enmienda estuvieron en serio peligro de ser enterradas por culpa de un gobierno obsesionado por encubrir las mentiras de varias administraciones de Estados Unidos sobre la guerra de Vietnam.

Creo que cualquier persona que ame el oficio de contar, el periodismo con maysculas, vibrar con las magnficas interpretaciones de Meryl Streep (en el papel de Katherine Graham, editora de The Washington Post), Tom Hanks (como su director, Ben Bradlee) y de decenas de grandes actores secundarios. Aunque tambin les recalco que es prcticamente imposible encontrar nada de lo que vean en la gran pantalla reflejado en la prensa espaola actual y, si me apuran, en la prensa de las ltimas dcadas.

Mi experiencia con la pelcula fue agridulce. Me estremec con muchas de sus escenas, consegu escribir a oscuras algunas frases en trozos de papel que guardaba en la cartera, sent el pulso del periodismo como el primer borrador de la historia, tal como dice uno de los personajes. Me emocion al escuchar a un director decirle a su editora: Katherine, no te metas en lo mo. Me son a puetazo encima de la mesa esta frase tantas veces pisoteada: La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes. Y me pareci sublime el dilogo entre Robert MacNamara y la editora Graham cuando esta le recalca: He venido a pedirte consejo, no permiso.

Pero sent una sensacin de gran orfandad cuando sal del cine. Pens en lo difcil que es encontrar experiencias parecidas en el periodismo espaol. Record el servilismo y la falta de agallas de muchos responsables periodsticos cuando se trata de garantizar el derecho de los ciudadanos a conocer los entresijos del poder. Recapacit sobre las mentiras burdas con las que polticos y empresarios engrasan el funcionamiento de la maquinaria poderosa que les mantienen en el poder y domestican a la prensa a golpe de cheque. Comed que los medios de comunicacin prefieren muchas veces acomodarse a la lumbre de los gobernantes que a los derechos de los gobernados.

Hay una escena sublime en la pelcula tan real como la vida misma porque parece que ocurri exactamente como se explica. Poco despus de las tres de la tarde del 18 de junio de 1971, Ben Bradlee recibi una llamada de William H. Rehnquist, ayudante del fiscal general de Estados Unidos, que posteriormente sera presidente del Tribunal Supremo. El director del peridico, que estaba acompaado por varios redactores jefes y la editora Graham, escuch un largo monlogo a travs del telfono que conclua, despus de recordar algn apndice de la Ley de Espionaje, con las siguientes palabras: Por consiguiente, les solicito respetuosamente que no publiquen nueva informacin de este carcter y que me notifiquen que han hecho los trmites pertinentes para devolver esos documentos al Departamento de Defensa.

Me temblaban los brazos y los pies. La acusacin de espionaje no cuadraba con la visin que tena de m mismo, y todos sabamos que el titulo 18 (de la Ley de Espionaje) presagiaba problemas. Era el Cdigo Criminal. Pero con todo el aplomo que pude reunir dije: Estoy seguro que entender que, respetuosamente, debemos rehusar. Dijo algo de que lo comprenda y colgamos, cuenta el propio Bradlee en sus memorias, La vida de un periodista, de obligatoria lectura.

Periodistas valientes que se la juegan a pesar de que la espada de Damocles amenaza por cortarles el cuello periodstica y judicialmente hablando. Periodistas valientes, apoyados por una editora que no se deja avasallar o confundir por polticos amigos de toda la vida, que se atreven a enfrentarse a amenazas terribles.

Una editora de un diario en situacin econmica crtica que est intentando salvar su negocio con una ampliacin de capital y que confa en su director, al que le da un cheque en blanco, en contra de la opinin de sus abogados, casi todos ellos partidarios de plegarse a las presiones polticas y judiciales. Una editora capaz de sobrevivir en un mundo dominado por hombres, de enfrentarse a sus carencias con desparpajo, de atreverse a jugarse su fortuna por defender los principios, una editora que tiene mucho que perder si todo se va al traste, que tiene ms que perder que cualquiera de sus subordinados.

Siempre quise ser parte de una pequea rebelin, dice uno de los protagonistas de la pelcula. Una oda a los periodistas que vigilan a los poderosos en detrimento de aquellos trenzados al calor del poder. Una oda a la pica en contraposicin a los que se pliegan a guiones preestablecidos que suelen cambiar en funcin de los intereses empresariales y comerciales.

En los ltimos tiempos algunos prohombres del periodismo espaol se han mostrado preocupados ante la creciente influencia de las redes sociales e intentan desacreditar todo lo que circula sin el control de los grandes grupos mediticos. Tambin se han sentido molestos por la aparicin de nuevas formaciones polticas, ellos que se subordinaron a los partidos tradicionales. Utilizan su poder y mucho papel para dar lecciones.

Se permiten el lujo de hablar de manipulacin informativa desde sus poltronas como si ese cncer del periodismo, existente desde los tiempos inmemoriales, se hubiese descubierto hace algo ms de una dcada con la creacin de Facebook o Twitter. Se quejan (el cinismo no tiene lmites) del dao que las noticias falsas estn haciendo a las instituciones, olvidando que ellos tambin fueron promotores de manipulaciones obscenas y frenaron investigaciones periodsticas en funcin de sus negocios mediticos o de sus conveniencias a la hora de entender el negocio periodstico.

Son los mismos que han mantenido relaciones preferenciales con partidos mayoritarios (nacionales y autonmicos) sin investigar sus vergenzas durante aos y dcadas. Los mismos que han blanqueado la imagen de presidentes y expresidentes con entrevistas pactadas sin preguntas comprometidas a cambio de favores prestados.

El periodismo muere en todos aquellos que durante aos han silenciado los impdicos negocios de sus patrones. La valenta, la independencia, la autocrtica y la excelencia han brillado por su ausencia en muchos puestos claves. Pero tambin en los comits de redaccin y de empresa. Han callado jefes y soldados. Colaboradores exquisitos y maltratados.

El buen periodismo permite mejorar la salud informativa de los ciudadanos mientras que el mal periodismo destruye su capacidad crtica. Los periodistas hemos perdido el prestigio por culpa de las vinculaciones vergonzosas con los poderes fcticos. Existe un cierto regusto en presentarse como periodistas independientes (tambin ocurre en la poltica y en la empresa) despus de abandonar alguno de los buques insignias o de ser sustituidos en los puestos de responsabilidad. La falta de memoria estimula a las personas ms tramposas a blanquear sus currculos. Pero las manchetas no mienten aunque pasen dcadas.

Relegar o pisotear una investigacin cuando se tiene un puesto de responsabilidad es infringir el cdigo deontolgico. Es insultar a los ciudadanos. Es agraviar un derecho constitucional. No hay excusa que valga ni hecho diferencial y me temo que la prensa espaola, en general, se ha visto afectada por comportamientos similares a lo largo de las ltimas cuatro dcadas.

Vaya a ver Los Archivos del Pentgono. Djese seducir por su demoledor mensaje: el periodismo por encima de cualquier otra razn, aunque sea de Estado o perjudicial econmicamente. Pregntese por lo que usted hubiera hecho de encontrarse en un puesto similar. Pregntese por lo que su empresa le hubiera dejado hacer. Piense en silencio. Pregntele a su conciencia. Vibre con el espectculo cinematogrfico. Ame el periodismo, al menos mientras le proteja la oscuridad de la sala. Intente no deprimirse.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/02/19/lecciones-una-pelicula/



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