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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2018

Inmigrantes de la hermana republica
Instrumentalizados por la poltica (I)

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Con el grito de compro cabello reciben a quienes han cruzado la delgada lnea que separa a las hermanas republicas. Es un llamado directo a las mujeres. El cabello, es parte de cada historia personal pero tambin un reflejo social. El cabello dice cosas, sirvi para arrastrar mujeres a la hoguera y al cadalso acusadas de herejes. Los franquistas torturaban castigaban a las mujeres rapndolas. Los paramilitares en Puerto Gaitn tenan bajo su horror a decenas de mujeres raptadas y rapadas, disponibles a sus vejmenes y crueldades (verdadabierta.com 13022011). El ejercito oficial por costumbre o doctrina rapa a los reclutas luego de sus batidas prohibidas legalmente, pero an vigentes. Se rapa a unos y otros para diferenciarlos, para mostrar que el rapado est a su arbitrio, es suyo. En la frontera no se tortura ni rapa el cabello pero queda en diferencia la que vende su cabello.

En un pasaje del holocausto nazi en Ravnensbruck antes de pasar a las mujeres a la ducha las hicieron desnudar y ser observadas por los peluqueros (que eran tiles para engaar creando una falsa confianza en las victimas), pero solo raparon a una y hasta que fue asesinada nunca mas par de llorar. En el mismo campo de concentracin haba otra que estaba muy contenta y le dijo a su compaera: He tenido suerte, me han cortado el pelo pero no la cabeza [1].

El que compra, es tambin un venezolano que compra a voluntad, no lo hace bajo amenaza ni tortura, no rapa ni fuerza y la que acepta vender lo hace por necesidad, con humillacin. El comprador ofrece 20.000 pesos por pulgada de pelo (elespectador.com, 10022018) y sin entender para qu sirve hace su trabajo tambin para comprar comida, como los que venden cigarrillos, agua, minutos a celular, cables, cargadores, pulseras o tarjetas transitorias escaneadas falsificadas, presentadas por el presidente de Colombia para filtrar la entrada de inmigrantes, algunos recibidos casi con honores de estado. Pero el jubilo no es por solidaridad de estado, ni la alegra de tenerlos cerca para sacarlos de su condicin de pobreza o mejorar sus vidas. Ellos llegan y son convertidos en datos simples de una poltica compleja y de verdades contadas a medias, como la de la crisis humanitaria, que no promueve la superacin del sufrimiento, si no la injerencia basada en el derecho humanitario que solo puede aplicarse en tiempo de conflicto armado y atendiendo situaciones especiales de la guerra. Pero en el vecindario no hay guerra, por lo que ni Colombia, ni ningn otro pas, puede convertirse en estado protector (potencia protectora) de los inmigrantes, ni darles trato de refugiados de guerra.

El inters de recibir inmigrantes por ser poltico deja de ser altruista y el bloqueo externo a la economa y al transito de alimentos y medicinas si bien pone en dificultades al rgimen, esencialmente no reduce el sufrimiento y lo humanitario se refiere a mitigar el sufrimiento, sin mediacin ideolgica, racial, tnica, sexual, religiosa o social, del que sufre, sin ningn otro propsito, como el bloqueo que impacta y revictimiza a la gente que padece la escasez de bienes para subsistir en su territorio. Esta situacin deja al descubierto entonces que el propsito aparente de recibir inmigrantes en Colombia anteponiendo un inters ideolgico es convertir el fenmeno migratorio en un problema social de mayor escala y ampliarlo a la Amrica Latina para completar el consenso orientado a deslegitimar el rgimen y legitimar el regreso del antiguo rgimen.

Ofrecer a los inmigrantes lo que se le niega a los propios colombianos en salud, educacin, vivienda, empleo, alimento y bienestar, es cuestionable. Son mas de 8 millones de victimas, el 60% del empleo es informal, la tercera parte de poblacin vive en estado de pobreza y varios miles habitan en las calles abandonados a su suerte y a ellos se sumaran los bienvenidos hermanos, que para los alcaldes y funcionarios del estado son una carga. Los municipios e instituciones no tienen herramientas ni recursos para tratar la situacin que se torna inmanejable y problemtica porque no saben gestionar la inmigracin, adolecen de conocimientos complejos sobre la situacin y no tienen presupuestos para responder adecuadamente, con lo cual reducen la complejidad cultural, social, poltica, econmica, espiritual- a un asunto de polica, cupos escolares, albergues temporales o casas de acogida sin futuro, tratando de tapar la verdad de lo que ocurre mientras salen del cargo.

La doble faz del discurso de bienvenida y el odio a la acogida

La invitacin a pasar la frontera se escribe con maysculas en titulares de primera pagina en la gran prensa que hace tiempo tom partido y sabe completar con sesgo y morbo noticioso los odios que llevan a que cada colombiano se duela mas del dolor de la hermana republica que del dolor propio. Despus del titular que les da la bienvenida, la letra chica llama a la repulsin y discriminacin con reiterados mensajes como que los inmigrantes han desbordado los crecimientos de indigencia, delincuencia y prostitucin (elespectador.com/ 10022016) y que por lo tanto se enviarn 3 mil soldados y el SMAD para vigilar el espacio publico, controlarlos y regularizar la prostitucin (Para qu tropas en tal volumen cuando lo humanitario se supera con agua, comida, medicinas, techo?).

Otros anuncios reviven el mensaje nazi utilizado para aislar los ghetos titulando que son portadores de enfermedades de trasmisin sexual (sfilis, gonorrea y VIH,caracol.com.co, 09082017), portadores de cuatro virus ( arbovirus mayaro, oropuche, encefalitis equina del nilo occidental y la encefalitis equina, portafolio.co, 10082017), tuberculosis (52 casos), malaria (882 pacientes) leismaniasis (21 casos), hepatitis A (18), hepatitis B, C y D (10 casos) (canal1.com.co, 13012018).

Socialmente las voces oscuras de la crueldad esparcen el rumor de que los inmigrantes son sucios y defecan y copulan en publico, se toman parques y terminales de buses y piden limosna. Judicialmente el fiscal pone su cuota de escarnio cuando seala que 1869 venezolanos han sido capturados en flagrancia. Los amos de la guerra tratan de crearles vnculos -reales o imaginados con a guerrillas y atentados- para impulsar sobre ellos mas controles y repugnancia. Los peridicos locales titulan asesinatos, atracos y hasta afeamiento de las ciudades, por la llegada de olas de inmigrantes que vienen en la miseria. Restaurantes, lavaderos de autos, pequeos negocios y familias aprovechan la sobreoferta de trabajo y por caridad o accin humanitaria los ponen a trabajar a precio de venezolanos (mitad de sueldo o menos para hacer de todo).

Las mafias y contrabandistas cuyo nica poltica es la trampa y sus negocios entran en bonanza, organizan a la manera de chulos y coyotes caravanas de viajes ilegales para pasarlos al otro lado y ofertan gasolina o comida (trada de all donde escasea) y convierten la necesidad de muchas mujeres en prostitucin y la de los jvenes en delito, porque para los inmigrantes lo urgente es sobrevivir y acomodarse a lo que sea en democracia o sin ella.

En todo caso ni todos los inmigrantes estn contra el gobierno, ni todos en su favor. Cada uno tiene su propia historia y juntos son testimonio de un pueblo ajeno en tierra hermana pero extraa y que a medida que se estabilizan y comprendan lo que ocurre, tendern a compartir un vecindario en cordones de miseria, en calles con dueos o ir juntos de un lado a otro sin poltica. La realidad de los inmigrantes en estado de precariedad aqu y all, no concuerda con el discurso proclamado por la amalgama de intereses polticos y econmicos del gobierno, la ultraderecha de Uribe y Pastrana, del encomendero Almagro de la OEA, del Grupo de Lima, de Rajoy de Espaa, de Trump y del Clero.

Colombia a la luz del DIH esta impedida para defender los intereses propios de cualquiera de las partes en el conflicto, porque all gobierno-oposicin no estn en guerra, no hay una fuerza beligerante alzada en armas, hay una fuerza poltica y es por lo menos condenable el llamado a dar un golpe de estado y a derrocar al gobierno en nombre de la democracia y porque adicionalmente el llamado constituye un acto de guerra contrario a las disposiciones de las Naciones Unidas y de la misma OEA.


Nota

[1] Anise Postal Vinay, Vivir, Errata Nature, Madrid, 2016, p 40. Relato autobiogrfico de una sobreviviente del exterminio nazi.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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