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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2018

Jorge Elicer Gaitn (1903-1948)
La sociedad de control en los das del odio

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


Es que para admirar se necesita grandeza y, por eso,

al verdadero creador no lo reconocen sus contemporneos, sino la posteridad

o, al menos, esa especie de posteridad contempornea que es el extranjero.

ERNESTO SBATO

 

El pueblo est separado por el odio en fracciones irreconciliables. De dnde proviene ese odio?

Es un artificio creado por los especuladores de la fe pblica y del trabajo humano.

Cmo puede odiarse el pueblo entre s, si todos padecen la misma hambre y la misma desolacin?

Pero conviene a los fines de los explotadores este odio, del cual se ren, porque mientras ustedes se matan por la pasin poltica, ellos constituyen compaas, reparten dividendos y se apoderan de la tierra.

JOS ANTONIO OSORIO L. EN EL DA DEL ODIO


Lo que me irrita y me incapacita para llevar una existencia poltica

no es la aversin a la violencia sino la aversin al poder. El poder,

en tanto puede permitirse convertir la violencia en ritual, consigue que

esta aparezca como la razonable. Mi repugnancia ante la violencia

razonable del poder es inconmensurable. Concibo a casi todos

los poderosos como hombres informes y faltos de vida.

PETER HANDKE

 

No habiendo podido fortificar la justicia,

se ha justificado la fuerza.

BLAISE PASCAL

 

La finalidad de la neolengua no era aumentar,

sino disminuir el rea del pensamiento,

objetivo que poda conseguirse reduciendo

el nmero de palabras al mnimo indispensable.

GEORGE ORWELL

 

A Jorge Elicer Gaitn (1903-1948)** in memoriam

 

Presentacin Gaitn & El da del odio

Debido a la psima edicin de una versin anterior de este ensayo (algo que como su nombre lo indica nunca termina), en la revista Al Margen, me veo obligado a precisar desde qu ptica veo el gnero. Pues bien, hoy no hay para m mejor definicin, sobre lo que significa el ensayo libre, personal, en su concepto ms contemporneo, que la aportada por Pedro Aulln del Haro en la revista Educacin Esttica No 2 2006-07, de la U. N. (pp. 63-64), revista dedicada a la obra de Theodor Adorno: El discurso del ensayo, y subsiguientemente la entidad constitutiva del gnero mismo, slo es definible mediante la habilitacin de una nueva categora, la de libre discurso reflexivo. La condicin del discurso reflexivo del ensayo habr de consistir en la libre operacin reflexiva, esto es, la operacin articulada libremente por el juicio. En todo ello se produce la indeterminacin filosfica del tipo de juicio y la contemplacin de un horizonte que oscila desde la sensacin y la impresin hasta la opinin y el juicio lgico. Por tanto, el libre discurso reflexivo del ensayo es fundamentalmente el discurso sinttico de la pluralidad discursiva unificada por la consideracin crtica de la libre singularidad del sujeto. El ensayo posee, por otra parte, la muy libre posibilidad de tratar acerca de todo aquello susceptible de ser tomado por objeto conveniente o interesante de la reflexin, incluyendo privilegiadamente ah toda la literatura misma, el arte y los productos culturales. La libertad del ensayo es atinente, pues, tanto a su organizacin discursiva y textual como al horizonte de la eleccin temtica. Es de advertir que el ensayo no niega el arte ni la ciencia; es ambas cosas, que conviven en l con especial propensin integradora al tiempo que necesariamente imperfectas e inacabadas o en mero grado de tendencia. Por ello el gnero del ensayo se muestra como forma polidrica, sntesis cambiante, diramos, para un libre intento utpico del conocimiento originalmente perfecto por medio de la imperfeccin de lo indeterminado.

Si retomsemos la distincin de Schiller de los gneros poticos como modos del sentimiento y aadisemos la de los gneros cientficos como modos de la razn, pudirase considerar el gnero del ensayo en tanto que realizacin de un proyecto de sntesis superador de la escisin histrica del espritu reflejada en la poesa, como discurso reflexivo en cuanto modo sinttico del sentimiento y la razn. El ensayo, entonces, accedera a ser interpretado como el modo de la simultaneidad, el encuentro de la tendencia esttica y la tendencia teortica mediante la libre operacin reflexiva (1), concluye Pedro Aulln del Haro, doctor en filosofa y letras, catedrtico de Teora de la Literatura y Literatura Comparada en la U. de Alicante y director de la coleccin Verbum Mayor.

En segundo lugar, debo decir que es lamentable pero, antes de que se haga tarde, hay que decir las cosas, antes de que otros, con menos buena intencin, las diga por nosotros En tiempos oscuros, hay que buscar la claridad para poder avanzar y slo se puede dar claridad si se es claro. Aqu recuerdo, al vuelo, al gran Jos Mart: Un hombre que oculta lo que piensa o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado.

En tercer lugar y ya para terminar, es decir, para empezar, aparte de a mis hijos, Santiago y Valentina, quiero dedicar este trabajo al pintor, grabador y maestro Juan Antonio Roda, quien tena muy claro, refirindose a las reuniones con las familias de cada uno de sus cinco hijos, que la vida es ms fuerte que la vida de cada uno y por momentos se reconoca pesimista por sabedor de la condicin humana, de sus ansias de poder, de su afn insaciable de riquezas (2); a Marthica y a Mara del Rosario, sin cuya colaboracin no estara aqu. A Cristina de la Torre, por su conmovedor respaldo en mi desafo a los desafueros del poder, representados en la triste figura de un general que slo con su deceso dejar de mentirle al pas como minti a la muerte de Camilo Torres al decir, en 2008, que le haba entregado el cadver al hermano de ste, Fernando, aprovechando que ya haba muerto; como minti al hablar de Jorge E. Gaitn, culpndolo de generar con su pasin el da del odio, los hechos del 9 de abril, y de arengar a las masas para que atentaran contra El Tiempo, El Espectador, El SigloEs decir, el general (en su poca le decan Violencia Tovar y la voz del pueblo es soy ateo) ha tenido la pretensin de falsear la historia, queriendo poner al perseguido de perseguidor, cuando es al revs como se ver en este libre discurso reflexivo. Y ahora, al grano siguiendo la idea de Adorno o, para evitar suspicacias, del seor Adorno: El pensamiento tiene su profundidad en la profundidad con que penetra en la cosa, y no en lo profundamente que la reduzca a otra cosa

Cuando se le debera admirar, a Gaitn se le acusa y persigue no por ser el hombre que invent un pueblo, como con irona dice A. Caballero (ningn aristcrata se siente cerca al pueblo), sino por la sentencia siguiente del propio Gaitn, en la que su nico e involuntario error fue haber hecho nfasis en la salvacin del pueblo a travs de la poltica, medida sana pero pervertida por los polticos: He dicho que la ms alta misin de un hombre, la ms elevada, la ms desprendida, es intervenir en la poltica yo he invitado el pueblo a intervenir en la poltica, y creo precisamente que la salvacin de este pas reside en que todos los hombres intervengan en la poltica. (1947). Y ya se sabe que a los polticos colombianos no les ha interesado nunca la salvacin del pas, sino el sometimiento del pueblo paralelo al intemporal estado de sus bolsillos llenos.

Como dice Herbert Braun, autor de Mataron a Gaitn (reeditado por Aguilar, 2008); cito de la edicin de Norma, 1998, p. 125: A los liberales y a los conservadores les era posible estar de acuerdo ideolgicamente pero discrepar emocionalmente, con lo cual mantenan la farsa del partidismo. Y agrega: Tal vez, les deca Gaitn, por ese camino encontremos la explicacin de por qu liberales y conservadores dirigentes tienen las mismas ideas, practican los mismos sistemas, aun cuando su denominacin sea distinta y distintos sean los odios que los llevan a la controversia. Cmo es posible, se preguntaba, que la poltica se haya convertido simplemente en una cuestin de temperamento? Para l [Gaitn] la respuesta radicaba en la economa, que estaba alterando las relaciones entre la poltica y las clases sociales. Aade Braun: El capitalismo lo haba transformado todo. Aunque los partidos eran multiclasistas en su estructura, ambos estaban al servicio de la irrupcin de nuevos elementos capitalistas (Gaitn). La poltica, conclua Gaitn desde la perspectiva de la Unir, se ha vuelto una defensa de los intereses capitalistas y latifundistas. Lo dicho: poder y codicia, nica razn de ser de polticos corruptos y oportunistas...

El propsito de este ensayo es centrarse en El da del odio sobre cinco asuntos bsicos: la sociedad de control a la que Osorio, de forma implcita, alude reiteradamente en su texto; una visin sobre el pensamiento poltico de Gaitn visto a la luz del suyo propio, en primer lugar, y de otros, en segundo trmino; una referencia al problema de la tierra, es decir, el problema medular de cualquier pas en toda poca y en todo lugar, tratado tambin por Osorio en su novela El da del odio, como se puede colegir del epgrafe ya citado; breve referencia a algo ms que una hiptesis: Gaitn, vctima del oportunismo bipartidista; por ltimo, la relacin conflictiva entre lenguaje y Poder, en la que este, en su violencia razonable, repugnantemente razonable, parece conducir a aquel de nuevo a la pobreza.

El da del odio, obra de madurez, fue publicada primero en Argentina (Lpez Negri, 1952), a cuatro aos de asesinado Gaitn, y mucho despus en Colombia por Carlos Valencia, 1979, y luego por El ncora, 1998. La tardanza sugiere algo oscuro detrs del hecho: un asunto poltico (invisibilizar la obra); un caso de envidia (ocultar su contenido); otro de ignorancia (para qu darlo a conocer). Tambin, sugiere que para admirar se necesita grandeza pues ante los seres verdaderamente grandes no nos sentimos inferiores sino misteriosamente afines. Lo que no entienden los editores que, por otro lado, casi siempre se creen superiores a los autores y a las obras que de ellos publican. Como si la coyuntura de tomar los textos les otorgara facultades para deshacerse de lo incmodo, rehacer lo que para ellos es polticamente incorrecto, invisibilizar lo inconveniente o, por el contrario, hacer ms visibles las debilidades de dichos textos para tranquilizar al aparato hegemnico, contribuyendo de paso al aletargamiento, de por s preocupante, de la conciencia colectiva.

Los otros temas propuestos son: los primeros pasos de Osorio en la literatura; un intento por desentraar el carcter de novela social y poltica (no panfletaria), antes que histrica, de tesis o tratado de sociografa de El da del odio; la importancia de esta como parte de la literatura que ha superado el umbral de la esttica de la violencia visceral; la lucha del propio Osorio, al margen de su vida personal y de sus posibles o probables sesgos o errores polticos, contra la injusticia, desde la apariencia inofensiva de la escritura; todo ello dentro del marco de ese panptico del que habl el economista (no filsofo) y seguidor (pues su verdadero creador es Helvetius) de la doctrina del utilitarismo, el ingls Jeremy Bentham, y en el que hoy se encuentra la sociedad globalizada por el pensamiento nico, que se pretende oponer al pensamiento complejo. Visin total o, peor, vigilancia total que deviene del paso de la sociedad disciplinaria, llamada as por Foucault, a la sociedad de control, trmino propuesto por el poeta beatnick Burroughs y an ms a ese nuevo tipo de poder, engaosamente sutil, que el mismo Foucault denomin bio-poder, un sofisticado, por falso, sistema de control ante el cual los conceptos tradicionales de autoridad evidencian su incapacidad para criticar y, peor an, para entender. En vez de reprimir, en apariencia, este nuevo poder realza la vida, exalta el nacionalismo, pregona la seguridad democrtica y para ello declara a toda disensin u oposicin, terrorista. Mientras tanto, el verdadero terrorismo anda suelto por ah y a la vista (ciega) de todo el mundo y con su callada complacencia. En otras palabras, el sistema asume la posicin que el cineasta Miguel Littn, vctima del totalitarismo por el pinochetismo (es lo mismo), ha expresado de forma siempre viva: El alcohol, la religin, las sonrisas, la ley y la gentileza son parte de las herramientas que posee el sistema para disciplinar y dominar a los hombres. Y tambin a las mujeres

Una aclaracin en torno a Helvetius y Bentham: como ya se dijo Helvetius es el real creador de la doctrina utilitarista. l pensaba que la moral privada y las instituciones pblicas deben buscar siempre aquello que suponga la mayor felicidad para el mayor nmero de ciudadanos (cuando los hay); que todos los hombres estn dotados de un vigor intelectual y de un poder de atencin suficientes para poder llegar al nivel de los ms ilustres; y que la causa de que los talentos sean tan desiguales es siempre el efecto de la diferencia de situacin en que la suerte los ha colocado, es decir, diferentes ambientes, recursos econmicos, educacin e instruccin, etc.; mientras que para su seguidor, Bentham, torpe seguidor, por dems el utilitarismo era la base para emprender la sociedad auto vigilada y feliz: slo lo de la auto vigilancia se le cumpli y no por l ni por su panptico, precisamente, sino por Orwell, quien en 1984 prefigur la vigilancia total a travs del Big Brother, inoculada en los seres humanos a manera de supositorio mediante los llamados realitys. En 1789 se hizo famoso por su obra Introduccin a los principios de la moral y la legislacin, en la que dijo que felicidad era igual a placer; que mediante una especie de clculo matemtico-moral de los placeres y las penas, se podra llegar a decir qu era una accin buena o mala. Afirm tambin, si los valores se basaban en los placeres y las penas, las teoras de los derechos naturales y de la ley natural no eran vlidas. John Stuart Mill modific algunos de los principios de Bentham, excepto, cmo no, su mtodo para calcular las cantidades de felicidad o qu es una accin buena o mala y por qu. Adems, no debe olvidarse al neurofisilogo Rodolfo Llins cuando dice: Lo del bien y el mal son pendejadas nuestras. Todo lo que el hombre hace lo hace por conveniencia.

Osorio Lizarazo y su gateo literario

Debe advertirse, Osorio dio sus primeros pasos literarios en el periodismo, antes de llegar a convertirse en uno de los escritores y cronistas ms importantes del Siglo XX, al lado de Luis Tejada, Hernando Tllez y (el clasista) Germn Arciniegas, entre otros. En efecto, tras huir de la casa paterna al terminar su bachillerato en San Bartolom, trabaj cuatro aos como minero en Caldas y recolector de caf en Quindo para luego regresar a Bogot, donde aprendi el periodismo, como reprter de polica, cuenta Tllez mismo. Ms tarde fue autor de comentarios ligeros y un muy vivaz editorialista poltico. Se le recuerda por su carcter frgil, una existencia combativa, un vigor intelectual poco comn e dem acidez crtica de todo cuanto en la intolerable farsa social lo hera directamente o contravena sus ideas y creencias, su nocin de justicia, su cdigo del honor, su concepto de la equidad, sus propsitos, sus adoraciones y sus abominaciones.

Relata Tllez que durante muchos aos Osorio pase su esqueltica figura, su inteligencia y su mefistoflica sonrisa, por las salas de redaccin de los peridicos bogotanos y luego de la Costa: fue fundador de El Heraldo, de Barranquilla, en 1933. Y aqu viene un aspecto determinante en su evolucin literaria: se cuenta que por su origen humilde y pobre fue acercndose, poco a poco, a la tragedia cotidiana de los humillados y ofendidos con una simpata y compasin tales que sus crnicas del crimen y del asesinato, del hurto y del robo, de la mendicidad y de la prostitucin, as como del melodrama de la picaresca bogotana, adquiran bajo su pluma no s qu acento vindicativo y, al mismo tiempo, una firme pulsacin literaria en la cual poda descubrirse ya la vocacin del novelista. De semejante caldo de cultivo surgieron crnicas como las de La cara de la miseria (1926) y novelas como La casa de vecindad (1930), El criminal (1937) Hombres sin presente (1938) El da del odio (1952) y El camino en la sombra (Premio Esso 1963), obras en las que Osorio dej su impronta vital transmutada en literatura sobre lo que tambin es la ciudad: los grupos (humanos) que se han clasificado por s mismos o que han sido clasificados por las leyes que defienden a la sociedad. Lo mismo que todos los miserables y que todos los vagos. Y esa ciudad, tragicmica, ofrece siempre nuevos aspectos, ya pintorescos, ya lastimosos, por los cuales Osorio dijo que haba redo y llorado, aadiendo: He visto que todos esos exponentes de la miseria tienen el dolor risueo de los clowns.

Despus de su periplo, non sancto, por Buenos Aires, Santiago y Santo Domingo, donde estuvo dedicado a escribir tal vez por algo ms que un salario a favor de las dictaduras de Pern y Trujillo, regres a Colombia en 1960 para, quizs, tratar de exorcizar sus culpas en la que sera su ltima novela, an indita, Barco a la deriva . Ya antes, en su libro de crnicas, como en las novelas precitadas, Osorio haba intentado exorcizar tambin sus demonios, temores y deseos. Por eso tal vez tenga razn Unamuno cuando deca que toda novela, cuando es viva, es autobiogrfica; o, si se prefiere, que la autoconfesin es el sucedneo perfecto de la creatividad; o que todo personaje de ficcin es de algn modo un alter ego del autor; aspectos aplicables a las novelas precitadas.

La mejor de sus novelas? Quizs

Si se compara El da del odio con las novelas que la preceden en este anlisis, se podr ver que en todas hay un trasfondo social y poltico muy fuerte. As, en La casa de vecindad , a travs del relato, en primera persona, de un tipgrafo que es desplazado de su trabajo por la llegada del linotipo al pas, Osorio relata las vicisitudes de aqul frente al abandono de la pareja, el desempleo, el hambre, el fracaso, en medio de la pobreza. Incluyendo la dificultad para conseguir los ocho pesos mensuales del arriendo, o sea, el drama que significa vivir pensando en lo material para a su vez irse arruinando en lo espiritual. Tambin es el relato de la tentacin, ante la adversidad, por degradarse mediante el robo, la prostitucin o la mendicidad, en la ciudad devoradora, en la vorgine citadina. O sea, un contenido intrnsecamente social y poltico, como en Hombres sin presente (Novela de empleados pblicos) , en la que (casi 50 aos antes de que Rojas Herazo lo hiciera en Celia se pudre ) , Osorio describe la vida de esos oscuros funcionarios que ayudan a construir un pas, pero de los cuales nadie se acuerda salvo para la recriminacin o el dicterio. Aunque, por contraste, constituyan el principal flagelo de esa entelequia llamada democracia : la burocracia, el bolsillo roto que alimenta a la impunidad, sobre todo en aquellos pases sostenidos por lo ilcito. Y no se ha hecho especificacin alguna que permita a la seguridad democrtica de hoy realizar persecuciones gratuitas por desacato o por terrorismo.

Como le ocurre al personaje central de Hombres sin presente, Csar Albarrn, quien de acuerdo con Osorio no es un personaje novelesco sino una especie de mecanismo en gris y smbolo y concrecin de la clase media, perseguida e inerme. Albarrn, quien encarna la monotona y el absurdo de la vida domstica cotidiana, ve pasar el tiempo obligado por tradicin a llevar adelante una vida artificial que constituye una perenne simulacin en medio de la rutina burocrtica. La novela representa, en cierto modo, el tono gris del tiempo uniforme equivalente al tono uniforme del hombre gris que, a la manera del Balder de Arlt, vive esperando en su intrascendencia que un suceso extraordinario se produzca. Esto en medio de dificultades, dudas e incertidumbre, lo que en algn momento, por causa de la debilidad que genera la aventura cotidiana de vivir en un medio hostil e injusto que no se comparte pero del que hay que aceptar sus imposiciones, le har decir: Mi propsito es evidenciar de qu manera busqu el conocimiento a travs de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompa hora tras hora . De seguro, Albarrn hubiera suscrito las palabras de Balder pues ambos son parte de ese engranaje melanclico de la rutina, juguetes rabiosos en manos de poderes extraos, fichas inconscientes de un juego implacable y mortal llamado sociedad de control . Sus vidas no les pertenecen; sus destinos estn en manos ajenas; sus fracasos son ineluctables.

De El da del odio se han dicho muchas cosas sobre las cuales se puede dudar, toda vez que en ellas aflora el carcter irreflexivo, si no la ignorancia o el atrevimiento. De dicha novela y de la obra de Osorio se ha dicho que desconocen los experimentos tcnicos, formales y estilsticos de la novela europea y americana, no slo gringa, ms cercanos a su tiempo; tienen una visin pesimista e irremediable; abundan en significaciones y digresiones intiles; tienden a la gratuidad y al facilismo; traslucen una mscara individual y social de amargura, detrs de la cual se encuentra el propio rostro biogrfico y de poca del autor; le tiran la puerta en las narices a cualquier posible intromisin de la fantasa; estn ancladas en tercos andamiajes composicionales de verismo fotogrfico y fidelidad documental (acusacin de los mismos socilogos y antroplogos que han tomado su obra como objeto de estudio: a quienes el propio Osorio acusa y denuncia por contribuir a disfrazar la horrenda hipocresa de la sociedad, p. 84); adoptan el registro discursivo tpico del desahogo personal, de la queja social o de la invectiva poltica; demuestran la paradoja de un autor que denota mucha insistencia pero poca consistencia pues insiste en novelar a la Bogot de entre los aos 20 y 50, en su anhelo de crear una novelstica nacional , pero deja apenas un esbozo de la cartografa total: que sus novelas son al cabo malogradas o fallidas.

https://www.youtube.com/watch?v=WYgY6RkOlBc Hipocresa Rubn Blades, con letra: 4:52

Novelas malogradas o fallidas, para dicha crtica sesgada, salvo, cmo no, La casa de vecindad , una obra casi perfecta , segn Tllez; El hombre bajo la tierra (hay un filme de Santiago Garca, Bajo la tierra , 1968) que entraba en el territorio de lo excelente , y El da del odio , el mejor de sus libros y la mejor de sus novelas . Le sobra, es cierto, el alegato sociolgico hecho por cuenta del autor y como a espaldas de los personajes . (...) Jams haba escrito Osorio con tanto dominio intelectual del tema ni jams logrado tampoco realizar una estructura novelesca tan completa como la de El da del odio , sostiene Tllez en un artculo parte del libro Novelas y crnicas , de Osorio L., con seleccin e introduccin de Santiago Mutis D. (3) , uno de los pocos textos que emprende la defensa de la obra del autor bogotano pero que, para algn sector de la crtica, no logra trasponer el umbral que separa al comentario del anlisis textual (4) . Al margen de ello, he ah un documento clave para conocer sus novelas, crnicas, crticas a su obra y bibliografa sobre esta ltima: en la que El da del odio es quizs la mejor de sus novelas al lado, eso s, de El criminal.

Trnsito: El dolor sin risa del clown

Para poder comprender lo anterior, vale la pena conocer el contenido de El da del odio , motivo de este anlisis. Se trata en ella del viaje inicitico, a la vez viacrucis, de una empleada domstica llamada Trnsito, proveniente de Lenguazaque, al oeste de Villapinzn, C/marca, norte de Suesca y este de Cucunub. La referencia al espacio es fundamental por cuanto alude tanto al lugar de origen, al que se anhela regresar ( leit motiv que lleva a una idea terrible: cmo desandar lo andado?), como al lugar de destino, del que no se podr salir. Destino que por ello se puede antojar fatdico o trgico pero que en realidad hace parte de esa trama en la que ciertas criaturas sucumben sin haber hecho otra cosa que mostrar su inocencia, ignorancia, desvalimiento. Narrador (Cap. XV): No es que sobre la adolescencia de Trnsito se acumulara el infortunio con una saa excepcional. Trnsito no era sino la sntesis de un dolor humano hostilizado por todas las fuerzas morales y materiales que sostienen y estructuran la organizacin social y aseguran la tranquilidad de quienes puedan pagarla (186) . Trnsito trabaja en una casa de empleados clase media, barrio Alfonso Lpez. La casera, Alicia, la acoge al principio; le explota luego su fidelidad y sumisin; finalmente, la echa sin atenuantes por el hurto de una cadena que no cometi. Trnsito se desplaza hacia el centro de Bogot; en medio del hambre y de la incertidumbre busca un hotel; aparece un polica... pero un polica es un polica (al menos en la novela) y en consecuencia acta: entonces viola a Trnsito; ms tarde, otro la lleva a la inspeccin para que, tras inventarle un prontuario le cuelguen el Carn de Sanidad , el cual decreta su prostitucin; luego, se degrada an ms; finalmente, como (no) es natural, muere. Y as, sin ambages, se ha perdido para la posteridad una vida condenada de antemano a la desidia, simplemente porque la inocencia perdida jams se puede recuperar. Mxime si se ha sido vctima de la violencia razonable del Poder, a la cual, por ms que se intente justificar, debe rechazarse siempre, por repugnante e intolerable.

La errancia de Trnsito es intensa pero fugaz y al revs. Cae en los calabozos de la polica; duerme en las faldas ocultas de Monserrate con indigentes innombrados; alterna en las chicheras de la Perseverancia; comparte con individuos de toda pelambre, especialmente de baja estofa; es expulsada una y otra vez de casas y casuchas de mala reputacin; sobrevive en medio de una humanidad cada vez ms envilecida por el alcohol y el vicio, vapuleada por la miseria, defraudada por los polticos que, previamente, tantas promesas le han hecho y tantas tristezas le han dejado: La verdad es que todos los que detentan el poder sienten un hondo desprecio por todo lo que prometen, por todo lo que han jurado, se afirma en el filme En busca de Ricardo III (1996), de Al Pacino . La novela termina con el estallido del 9 de abril, cuando la turba enfurecida desciende de los sectores aledaos a Monserrate y Guadalupe o trepa por las cloacas del San Francisco y del San Agustn. En medio del saqueo, la destruccin y el incendio en un espacio donde ahora slo cabe el odio, Trnsito se precipita con su amante a la expropiacin, a la venganza, a la procacidad. En ese sentido, ambos beben un whisky jams soado y comen manjares nunca ingeridos. Enceguecida por ese amor insatisfecho que viene a ser el odio, Trnsito cree ser depositaria de todas las humillaciones y ofensas que desde siempre se han cernido sobre las campesinas llegadas a las ciudades. Entonces, siente ya no el ansia de morir sino la sed de matar a quien encarna la causa primigenia de todas sus desventuras y sobre quien previamente ha lanzado duras imprecaciones, producto de la desolacin: -Ah! Gran guaricha mi seora Alicia! Hast onde m hizo cir! ( Hasta dnde me hizo caer! 209 ). Luego dir: Ah! Malaya toparme pu aqu con mi seora Alicia pa ver cmo tiene las tripas por dentro (233).

Como en el mejor jazz, el tema es lo de menos en El da del odio . Lo importante no es el qu de la msica o de los sucesos sino cmo se interpretan. Y la muerte de Gaitn, que desencadena el da del odio , es prueba de tal afirmacin. As, al finalizar el penltimo captulo de la novela se hace una sntesis acerada e implacable sobre, por ejemplo, los desafueros del poder encarnados por la polica; la necesidad de realizar una limpieza social (221-24) para poder mostrar una ciudad digna de la Conferencia Panamericana; limpieza ya referida en el Cap. XII: Alguna vez las urgencias del espacio impondran el rescate de la barriada y entonces los maleantes y los indeseables seran eliminados como piojos: y la obra de limpieza no tendra un objeto de dignificacin humana sino un fin de exterminio (155) . Y como pasa ahora, en la novela de Osorio se alude a la ilimitada autonoma de los funcionarios para juzgar la peligrosidad de los malhechores , en muchos casos personas inermes que no han cometido delito alguno . Y la sociedad de control se hace presente en la novela despus de los presagios de la catstrofe patentes en un ambiente parecido al de las seales de percusin en las selvas africanas. As, en el captulo final, de una intensidad literaria inusitada, se narra que entre los breales y caadas del centro-oriente bogotano se ocultaban aquellos vagabundos que lograron eludir la intensidad de la persecucin policial desarrollada con motivo de la asamblea internacional . Pero es que cual si se tratara de la Bogot de Pealosa o de Mockus o de Garzn: La ciudad quera ufanarse de su opulencia, como los nuevos ricos, y construa su prestigio y su fausto sobre una caudalosa falsa y sobre un deliberado encubrimiento (221) , sentencia el narrador de El da del odio.

Desde todos los puntos de la ciudad convergieron las pasiones en aquel da del odio desencadenado por el crimen de Gaitn. En medio de una sociedad que (como la de hoy) confiaba ms que nada en los efectos represivos del terror sembrado por conducto de las armas oficiales, surgen las metforas que representan tales nimos exacerbados: fue el cataclismo plutnico ; las llamas empezaron a lamer el cielo nuboso; las vibraciones convocadoras arrancaban a los proscritos de sus escondites, sbitamente sedientos de sangre (227) . Y antes de la orga final de alcohol y comida, sangre y muerte, inslitos presagios impregnaban el ambiente y el aire mismo anunciaba la catstrofe . En medio de la dominacin impuesta por la locura, los policas recordaron algo que deberan considerar los de ahora: que tambin eran pueblo y que haban sido sacados de los ms bajos estratos, para ser amaestrados contra los suyos como viles perros de presa (229) . Entonces, deciden dejar sus fusiles y sus insignias en manos del que los quisiera.

En medio de esta barahnda, Trnsito y su amante, el Alacrn, claman un odio inexorable contra todo y contra todos. ste vocifera no sin razn: Tos tienen qu tragar y nosotros ni an una aguapanela. No es pa matar ms de un guache de estos de l alta? , mientras aqulla, vctima del furor homicida, lanza un metafsico aullido, trmulo y estentreo, contra ese extrao y espantoso monstruo que le impide subsistir: Muera! Muera! , grita con toda su ltima e impotente potencia. Pero como, a diferencia del cine, en la vida no hay finales felices (pues la muerte es la muerte de estos), es Trnsito la que muere. Y lo peor de todo es que ella, exponente de la miseria, carece de la risa del clown . Para ella slo hay el inefable dolor del payaso que aparenta rer para no llorar pues se le ha secado el llanto, acabado la risa. Porque en esta sociedad excluyente, que da tristeza y sobre todo asco, ella sabe que a nadie le puede importar su pobre existencia

https://www.youtube.com/watch?v=W-h1qriuAuo Cambalache, autor, letra, msica Enrique Santos Discpolo: 3:04

El da del odio: Novela subversiva

Si se considera que El da del odio de todas maneras asume el espacio como habla y su tono est basado en el lenguaje conversacional, que lo hace vivo y presente, ya se tiene que ir pensando en la sustancia poltica de su narrativa, antes que histrica, sociogrfica o de tesis, como sostiene algn crtico (5) , particularmente en cuanto toca al enfrentamiento entre el lenguaje y el Poder establecido. En efecto, el lenguaje hablado y ms que eso jergal de la vida cotidiana, salpicado de dificultad, inconformidad e irreverencia, le confiere de entrada a la novela un carcter cuando menos potencialmente subversivo, desde la perspectiva interna del relato, lo que en s mismo implica poltico . Comprendiendo subversin como la versin debajo de la establecida, pero no ilegal, sino que no desea ser oda por aqullos a quienes no les conviene o a quienes, por obvias razones, hay que escamotersela para evitar la persecucin oficial. Comprendiendo subversin sin tintes peyorativos ni penales como s la entienden ciertos estados o gobiernos que ven en su rgimen implantado el nico posible y justo. Y como para cada gobierno hay un nico orden posible, cualquier otro que se desee implantar es irregular, sospechoso o virtualmente atentatorio para el statu quo.

La potencialidad subversiva se manifiesta desde el comienzo: La Cachetada le advierte a Trnsito que no podr librarse jams de las mil manos (terrible metfora del panptico de Bentham: 55 y 72) de la polica, en cualquier momento dispuestas a capturarla. Asunto que se refuerza luego, cuando se dice que todos sus movimientos eran vigilados, porque se consideraban sospechosos . Por si quedan dudas, cabe citar en este punto el horror de Trnsito ante la amenaza incierta pero indudable de la jaura (81), por autoridad, que la acosa sin remedio: Por todas partes vea gente al acecho de su paso, zarpas tendidas que se alargaban para desgarrar sus carnes, muecas horribles que se burlaban de su terror, como si se hubiese extraviado para siempre en una selva poblada de monstruos. El crtico Robert Sims, seala que la novela, por ser dominio de la diversidad de lenguajes, voces, discursos, por su propia naturaleza, se presenta como un gnero subversivo frente a la historia: que, se agrega, slo parece tener una voz, la del Poder: omnmodo, prepotente e irreflexivo.

El habla jergal, con fuerte acento campesino de Trnsito Hernndez, el Alacrn (alias Tedulo Peralta), Manueseda (alias Alfredo Pineda), El Asoliao, El Inacio, La Cachetada, Catalina, Vaselina, doa Eduviges, Forge Olmos, la seorita Julia y dems personajes que pueblan la fauna humana y esto dicho con estricto rigor documental, ajeno a sesgo alguno: Osorio recurre, entre otras, a la figura retrica de la personificacin al revs, es decir, no personifica a los animales sino que animaliza a las personas dotan al texto de un lenguaje que sin reparo posible es vida, accin, tiempo presente. De esta manera, se va forjando un relato de carencia, marginalidad, exclusin, a todas luces poltico. Poltico en cuanto a lo que afecta a los ciudadanos de un pas; a la libertad de que debe disponer cada uno de ellos para examinar el tema segn sus propios pensamientos e intereses; a la inalienable posibilidad personal de armonizar los conceptos de poltica terica y prctica que permitan la aplicacin de un modelo si no correcto al menos distinto del establecido.

Todo ello, transferible a los personajes que pueblan el universo literario de El da del odio si se tiene en cuenta que la novela se abre con una violacin de derechos humanos, asunto preocupante en Colombia mientras subsista la guerra; contina con alusiones permanentes a la sociedad de control: Ora tendrs encima a la polica, le suelta de sopetn La Cachetada a Trnsito no sin antes lanzarle un laconismo inexorable: Se acab tu vida!; ms tarde, tras ser registrada en el Dispensario, alguien le dice sin titubeos: Tiene que venir todos los jueves al examen. Y cuidado con perder la tarjeta del registro, aunque, claro, ya antes, para sosiego de la decente y sumisa sociedad, se ha dicho: El orden estaba defendido slidamente contra las mujeres perdidas como Trnsito , lo que a su vez significa: orden es la palabra preferida en el diccionario de la tirana, como se puede colegir desde que Trnsito es registrada en el Dispensario de Mujeres Pblicas; y termina con una magistral recreacin de los sucesos del 9 de abril, en la que aflora la sensibilidad del cronista periodstico, converso literato, que no oculta para nada su ideologa. Antes bien, la coloca por encima del aspecto historicista, como quien sabe dnde est su objetivo. Y este no es otro que despertar las conciencias dormidas de un pueblo sometido, vilipendiado y cuyos habitantes han sido convertidos en objetos, pues ya han dejado de ser sujetos, de la historia: No conceban una modificacin en sus vidas atemorizadas. Jams tuvieron oportunidad de concebir algo distinto. Probablemente en la hora decisiva seran hroes, pero entre tanto eran unos pobres objetos pasivos (147-48).

Como se puede notar, un discurso fundamentalmente poltico en el que el aspecto histrico, aunque no irrelevante dado el rigor documental, permanece en segundo plano. Para que no quepan dudas, valdra la pena volver sobre el trmino novela, segn la crtica (6). As podr dilucidarse a cul tipo pertenece El da del odio... Novela, en su acepcin primigenia, es aquella obra literaria extensa y en prosa en la que se describen sucesos imaginarios o reales, caracteres, costumbres, situaciones, etc. Significa tambin ficcin o mentira , en sentido figurado. A un nivel ms elevado, la novela , como funcin literaria, se identifica desde los griegos con la pica: as, los poemas picos la IIada y la Odisea se acercan al concepto actual de novela porque muestran claramente el carcter de los personajes, sin descuidar el aspecto de la narracin ni el ambiente que da vida a la historia. No es posible establecer lmites entre novela y pica pues todos los caracteres de esta pueden aparecer en aquella.

La novela, hoy, se distingue por haber tomado nuevos desarrollos, enfoques, direcciones y por hacer uso casi exclusivo de la prosa como forma. Aun as, habra que decir, con Rojas Herazo, que la novela es indefinible: furia, por las limitaciones que atenazan y asustan a quien escribe; vehculo inter-comunicante de las mltiples soledades humanas; herramienta de la compasin; una nueva propuesta religiosa (no institucionalizada), en tanto quiere que el hombre alcance la redencin de todo error con que, aupado al absurdo, se ha obstaculizado a s mismo. Por eso, hoy, el gnero ms ambicioso y candente, ms liberador y menos definible, por razones sencillas y a la vez complejas: la abundancia de concursos, la demanda inconsciente de la industria, el incremento en la basurilla que se publica da a da. Hoy, cualquier cosa es novela tres ejemplos, para qu atiborrarlos de ttulos y de nombres, diran mis hijos: La virgen de los sicarios, Rosario Tijeras, M(a)lodrama.

Se dice, no hay novela sin historia y justo es reconocerlo. Pero el proceso de la una es distinto al de la otra pues mientras la segunda procede por representacin fiel (en lo ideal, ya que usualmente se manipula) unida a una interpretacin, la primera lo hace por hiptesis: a determinadas condiciones, ciertos resultados o viceversa. La historia, por comprensiva y amplia que sea, por ms avidez de conocimiento que haya en su bsqueda, no puede permitirse las dudas ni las ambigedades de la ficcin. Y Osorio no se aparta nunca de unas y otras pues conoce muy bien aquellos senderos que se bifurcan y reconoce que la historia opera por adicin: a hechos ya sucedidos, suma otros nuevos que no desmienten a los anteriores sino que los complementan. La ficcin, en cambio, vive en el asombro permanente ante el acoso de las sorpresas. Lo que se est escribiendo puede ser distinto al voltear la pgina o distinto al filo del tiempo con la relectura, como sugiere el otro autor de El Quijote, Pierre Menard. La novela cuenta lo histrico de acuerdo con sus propias leyes, otorga a la historia y a la imaginacin una jerarqua similar dentro de la narracin y se resiste a los dogmas del poder, subrayando que no hay dogma ni puede haberlo pues el rostro cambiante de la verdad impide que lo haya.

Por eso no deja de resultar extrao que el carcter en apariencia verista de la obra de Osorio le impida a los crticos ver lo que en ella hay de imaginacin, tambin en cuanto al hecho poltico que es vivir en comunidad: recrear la vida no de personajes clebres sino annimos, en torno al 9/abril; ofrecer una mirada crtica no oficial sobre eventos paralelos, como la IX Conf. Panamericana; realizar tan portentosa sntesis sobre el ideario de Gaitn (140-45); presentar la cada final de Trnsito con tal dramatismo e intensidad, implica de por s imaginacin. Esta y el lenguaje, dos cosas indispensables a la novela y a la sociedad y presentes en El da del odio. Obra en la que el discurso histrico est supeditado a la expedicin literaria, ajena a los condicionamientos que los hechos dictan a la historia, pues ellos no afectan a la imaginacin ni al lenguaje, tampoco a lo que este tiene de aventura. Ya se dijo, se trata del viaje inicitico de un ser annimo que no tiene que ver con el Poder, asunto carsimo a la Historia, escrita consuetudinariamente por los poderosos, esos hombres informes y faltos de vida. Si bien es novela sobre el 9/abril, no sobre Gaitn, lo relevante es la tragedia de aquellos desafortunados que siempre reclaman justicia sin obtenerla jams.

https://www.youtube.com/watch?v=ByvabeuGpLA Eddie Palmieri & Ismael Quintana Justicia: 5:57

La actitud humana y literaria de Osorio no es otra que la de amar al pueblo sobre todas las cosas , en una abierta parodia bblica que tcitamente habla de su compromiso social y poltico al margen de eventuales fardos panfletarios o de tendenciosos libelos literarios lo que de paso anula la tesis segn la cual desconoca los experimentos de las novelas europea y gringa: por un lado, entre sus afectos mayores estaban Dostoievski y Gorki; por otro, las suyas, de corte social y realista, evidencian elementos que caracterizan las de los ms clebres novelistas gringos; tambin, al margen de condicionamientos a la Historia, la Sociologa o la Psicologa, aunque sus novelas tenga no poco de estas ciencias. Novela histrica, sociogrfica o de tesis? Ya se dijo por qu no histrica. Tampoco sociogrfica, sino social, en cuanto preocupacin por los Otros. Y de tesis, menos: el inters de Osorio no era graduarse ni participar en algn concurso, sino reflejar la sociedad de su tiempo sin argucias, con carcter. Simplemente, novela en tanto obra enigmtica, no dogmtica como s lo es la poltica si se halla al margen del tratamiento artstico; en fin, novela poltica como denuncia en la lucha contra el conformismo y lo que ha sido rebajado por la desidia, la injusticia, el odio (reverso del miedo). Insisto en que ningn libro est libre de matiz poltico, deca George Orwell, autor de 1984 , texto que Osorio debi conocer y en el que se habla de los Dos Minutos del Odio (anagrama de odo, smbolo de vigilancia), y a travs de la Polica del Pensamiento (a la que el crimental , el crimen mental, esencial, no se le poda ocultar mucho tiempo), de la sociedad de control retomada en El da del odio con pasin y vitalidad sin caer en lo escandaloso ni, mucho menos, en lo visceral. sorio

El rechazo a la esttica de la violencia visceral

Aqu ya se siente la importancia de El da del odio como parte de la literatura que supera la esttica de la violencia visceral. La jerga oral campesina es perfectamente asimilable. El narrador emplea un correcto espaol y cuando es necesario que los personajes hablen, los hace or en su expresin verncula , nativa, autntica. De traducirlos al castellano puro, habran sido desvirtuados por su autor. Y es que cargar a los personajes de mala retrica sera como echarle pintura a una casa en piedra. Las limitaciones del idioma acadmico los habra hecho trastabillar, negndoles a la vez su portentoso aliento de verdad humana. La radicalizacin del lenguaje regional oral debe verse como virtud y no como debilidad: he ah, de nuevo, el discurso que con la estrategia de la mscara (tan cara a la novela afro americana) se camufla para que no sea detectado ni mucho menos intervenido. Igual el presentar personajes crebles, activos, vivos, a pesar de las presiones adversas y ajenas a su condicin de seres libres. O el mostrar una narracin gil e intensa, sin concesiones a un presunto intelectualismo que hubiera echado a pique su argumento como novela literaria.

En El da del odio los protagonistas son seres del comn, olvidados por el Poder central, lo que evidencia que la misin del novelista, de acuerdo con Schopenhauer, es hacer interesantes los pequeos y no relatar grandes hechos, y ponerlos en evidencia. As, Trnsito es presentada como aquella adolescente cuya vida haba sido elemental y plana, matizada por primitivas emociones de temor o de jbilo y quien desde que estuvo en edad de servir, a los 15 aos , fue conducida por su madre a la ciudad para colocarla en alguna casa. As, en el texto, el aspecto humano salta a la vista y asalta a los sentidos con su estilo directo, la descripcin de personajes, el tratamiento de situaciones y la creacin de atmsferas en las que tensin e intensidad, cobran una alta cuota de expresin en la literatura nacional, tan dada a poner el adorno sobre el sentido, la pedantera sobre la inteligencia, la ancdota sobre el proceso, la furia panfletaria sobre la fidelidad a s mismo, este el nico compromiso del verdadero artista (7).

Marea de ratas, La casa grande y El da del odio constituyen, en Colombia, tres de los aciertos literarios ms sorprendentes, dramticos y conmovedores en el camino hacia la superacin de la esttica de la violencia visceral. Lo que lleva a su vez a superar los conflictos por va del dilogo, el entendimiento, la tolerancia, para que se pueda abrigar la vieja utopa camusiana de un universalismo compatible con las diferencias; se oponga sin titubeos el pensamiento complejo a la estulticia del pensamiento nico, dictado por un neoliberalismo globalizado; y quede claro que la nica manera de acabar la guerra es liquidar los medios que posibilitan su existencia, para que haya una vida digna, con vivienda, salud y educacin y menos cuarteles, presidios, cementerios. Por subvertir el cmo de los sucesos mediante un discurso literario que instaura la polifona textual, puede decirse, las ya citadas no son novelas histricas sino literarias , en tanto transcreacin de mitos y de textos preexistentes, recreacin de eventos sucedidos o no, cambiados o apcrifos, que permiten darle mayor solidez a su verdad literaria (8) . Adems, la objetividad histrica es el sucedneo de una quimera (lo que no niega a la historia su posible cuota de verdad ) y con mayor frecuencia la versin histrica deviene ms apcrifa que la literaria y esta, por el contrario, ms verosmil que la histrica.

Aunque se trata de una novela sobre el 9/abril, en El da del odio Osorio realiza una portentosa sntesis del pensamiento poltico del caudillo liberal, lo mismo que un somero anlisis sobre el problema de la tierra, punto fundamental de su programa dentro de la Unin Nacional Izquierdista Revolucionario, UNIR, cuya sigla es la denominacin precisa para una perdurable campaa, como la que en Per liderara Ral Haya de la Torre: Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA, y a la que sin duda se remiti Gaitn para crear su movimiento. El APRA, a grandes rasgos, defenda una poltica indgena-americanista, antiimperialista y reformista. La UNIR, sera el arma ideolgica de Gaitn para intentar demoler el imperio de la injusticia y de la mentira. Para demostrar que, efectivamente, como lo expres en su tesis de grado Las ideas socialistas en Colombia , en el pas de entonces (como en el de hoy) haba un problema social que liberales y conservadores, los convivialistas , negaban sin vergenza ante el pas. Su programa poltico y econmico se basaba en los mismos proyectos de ley y de reforma que en 1934 le rechaz el Congreso, en buena parte por las oscuras maniobras de Olaya H., quien por un lado respaldaba las iniciativas de Gaitn y por otro las frustraba, igual que Lpez P. () As, ste, lo llev a la Alcalda de Bogot, para ponerle una trampa, y luego lo presion para que renunciara; aqul, lo envi a Amrica Central como emisario del Gobierno y luego de los xitos recogidos por Gaitn no para l sino para el partido, Olaya los capitaliz no para el partido sino para l En fin, cuando Gaitn present a la Cmara y a la Asamblea de C/marca el punto fundamental de su programa unirista, el problema de la tierra, sus proyectos de ley fueron rechazados y archivados, bsicamente a causa de la confabulacin bipartidista.

Gaitn, ms con sensibilidad socialista que socialista en s, pero jams fascista, como an se rumora y lo desmiente Osorio en su biografa del lder, pensaba que la tierra debe ser de quien la trabaja; el latifundio improductivo es un crimen contra la economa y contra la sociedad; slo el capital ganado con el trabajo es justo y el enriquecimiento con la especulacin y con la explotacin de los hombres es ilcito y criminal. Los obreros deben intervenir en la reglamentacin de la produccin y en la administracin de las fbricas. No hay diferencia entre el capital y el trabajo para la conformacin del sistema econmico, porque ninguno de los dos puede marchar sin el otro. El Estado tiene el deber de intervenir en la direccin de la economa, cuyo proceso no puede entregarse a su fuerza intrnseca, porque engendra el monopolio y la opresin por los ms hbiles y ms audaces. La funcin electoral no puede seguir siendo una farsa o un engao o un negocio, que ejecutan sagaces electoreros y encumbra a gente inmoral o irresponsable, sino la ms perfecta y sincera manifestacin de la democracia, que consiste en que slo sean elegidos los ms dignos y los ms capaces. (2003: 161) Ideas, muchas de ellas, retomadas (sin crdito) por Lpez (175).

Ahora, un breve relato sobre Gaitn y su pensamiento a partir de El da del odio basndose en lo que el tribuno le dira al pueblo sobre su miseria, la prdida de la dignidad, el odio: Ustedes tienen la culpa de su miseria. Ustedes han renunciado cobardemente a su condicin humana. Se han dejado arrebatar por los potentados, por los defraudadores, por los enriquecidos, lo ms precioso que tiene un hombre: su propia dignidad. Ustedes han sido convertidos en despojos por esa codicia insaciable que se vanagloria en los salones y en los clubes, se acrecienta en la bolsa, obtiene en los bancos inmensas ganancias arrancadas a los trabajadores, se ha organizado en contubernio con polticos y politiqueros en una poderosa oligarqua para explotar a la patria, y es exclusivista y feroz. Pero esta usurpacin toca a su fin, porque ustedes se disponen a restaurar la moral pisoteada por los vividores y a reivindicar la democracia explotada por los traficantes.

Y le dira tambin: Ustedes son las vctimas de la organizacin social que hicieron los de arriba para aplastar a los de abajo. Ustedes trabajan y sufren y otros les arrebatan el fruto de su trabajo, les tiran unas migajas, y gozan y se regocijan. Para ustedes no se hace el progreso, ni trabaja la ciencia, ni florece la civilizacin. Para ustedes, la oligarqua poltico- econmica ha organizado las chicheras como suprema compensacin de su sacrificio. Y tambin: El pueblo est separado por el odio en fracciones irreconciliables. De dnde proviene ese odio? Es un artificio creado por los especuladores de la fe pblica y del trabajo humano. Cmo puede odiarse el pueblo entre s, si todos padecen la misma hambre y la misma desolacin? Pero conviene a los fines de los explotadores este odio, del cual se ren, porque mientras ustedes se matan por la pasin poltica, ellos constituyen compaas [o venden las nacionales podra agregarse], reparten dividendos y se apoderan de la tierra.

El hecho de que su programa poltico se haya desvirtuado y pervertido con el tiempo, debe achacarse, en primer lugar y bsicamente a ciertos personajes de la poltica nacional, enemigos, ms que de Gaitn, del pueblo colombiano: Enrique Santos Montejo, Calibn (anagrama de Canbal), Germn Arciniegas, Juan Lozano y Lozano, Carlos Lleras Restrepo, Enrique Olaya Herrera, Alfonso Lpez Pumarejo, Gabriel Turbay. Calibn , en primer lugar, desde El Tiempo se encarg de atacar todo proyecto gaitanista y lo hizo con una de las ms arteras armas: la calumnia. As, lo acus de traicionar al partido en beneficio del socialismo; luego, en junio de 1932, lo atac por hacer recaer todos los males del pueblo en los liberales y, ms significativamente, por tratar de invertir la pirmide social; ms tarde, lo seal de dejarse llevar por su temperamento excesivamente fogoso, carcter inadecuado para todo un alcalde de Bogot (Braun: 134). G. Arciniegas, quien atacaba a la UNIR como movimiento de derecha, para crear confusin, lo descalificaba no por razones profesionales, sino a partir del clasismo y el racismo: Desde el propio momento en que Gaitn comienza su discurso inicia una gimnasia constante, se recoge y se estira, hunde el pecho, maneja las manos como si fueran atados de nervios, frunce la frente, afila la nariz, poniendo en esto tanto rigor que se le soplan las venas del cuello y a los treinta minutos de hablar ya est baado de sudor, el cabello se le empapa, se le entrapa el cuello de la camisa Hasta ah un inofensivo y agudo ejemplo de observacin; sigue Arciniegas, con una perversa y no tan inconsciente asociacin hitlerista: y materialmente puede decirse que salpica. Habla dos, tres horas, en un crescendo wagneriano. Hacia el final, revuelve contra la frente, con furia, los cabellos que el sudor tiene pegados en haces; la garganta se le inflama, le abre el cuelo de la camisa, le afloja el nudo de la corbata Se dir que es exageracin, pero he visto a Gaitn echar espumilla por la boca, espumilla que le forma dos menudos copos en los rinconcillos que forman los extremos de los labios. Juan Lozano criticaba a Gaitn tambin por cuestiones personales: primero lo fustig por preferir desviarse por los caminos speros (127) y aada que su vanidad era impertinente porque en Bogot no haba lugar para las emociones. La ciudad, ha perdonado ya a Gaitn su talento, su voluntad, sus triunfos. Mucho tiempo tardar todava en perdonarle sus autgrafos, los italicismos [sic] de su lenguaje, sus camisas de intenso azul marino.

Hasta aqu los ejemplos y las ancdotas. En cuanto a Lleras Restrepo, Olaya Herrera, Lpez Pumarejo, Gabriel Turbay, quizs baste decir que son los artfices de un trabajo oscuro, paciente y constante que culminar en uno de los ms execrables casos de crimen represivo de que se tenga noticia en el pas, slo comparable al que se dio en torno a la figura de Camilo Torres Restrepo. Crimen represivo es una figura de la criminalstica que hace parte de la ley penal en varios pases de Europa y no opera en Colombia: consiste en que a fuerza de cerrarle los canales de movilidad, de expresin y de opinin a una persona se le lleve a la desesperacin o al suicidio o, en fin, se le convierta en vctima (no oficial) del sistema.

Creo, con certeza, que Jorge Elicer y Camilo fueron las dos mejores opciones polticas que hasta ahora tuvo la historia de Colombia y que el bipartidismo, la Iglesia Catlica, las Fuerzas Armadas y los comunistas se encargaron de cercenarle al pueblo colombiano, ms por accin que por omisin. Tambin, que este es el nico tipo de candidatos que un pas se merece realmente, y desde luego nuestros hijos, no los que a diario venden los medios y los encargados del merchandising poltico; creo, por ltimo, mi padre tena razn respecto al verdadero talante poltico de Gaitn: el que se encargaron de desvirtuar, pervertir, traicionar, siniestros personajes de la vida poltica, religiosa y militar, envidiosos, se reitera, no slo de Gaitn sino, ante todo, del pueblo colombiano. El bipartidismo logr confundir a la opinin en torno a la figura de aqul y por ello es el principal responsable de lo que Osorio llam el da del odio , el que al filo del tiempo se ha convertido en los das del odio. As, pues, no es aventurado ahora esgrimir algo que es ms que una hiptesis, una certeza: liberales y conservadores, mataron a Gaitn (lo que, claro, no exime a la Iglesia, a los militares, a los comunistas, de su responsabilidad) pero ese abstracto mataron se puede lcitamente modificar para decir que el bipartidismo mat a Gaitn. Enseguida, podra agregarse algo que ni los ms conspicuos analistas del crimen se han atrevido a decir, pese a las evidencias, ms que en forma de smbolo aparente: el 9/abril/1948, al chivo expiatorio Juan Roa Sierra, le fueron halladas en su vestido dos corbatas en vez de una: una roja, otra azul; una azul, otra roja/ Adivina, adivinador, qu significa/, en este caso, el color. Dos colores que/, en este caso, no son dos; son un solo color/ Adivina, adivinador Ahora, urge decirlo: se habla de smbolo aparente, porque el asesino siempre se confiesa (10)

Eplogo: Arte y poltica

Tras lo dicho sobre El da del odio, se puede estar de acuerdo con que la obra de Osorio abunda en significaciones y digresiones estriles, tiende a la gratuidad y al facilismo, trasluce una mscara individual y social de amargura, detrs de la cual se encuentra el propio rostro del autor, es depositaria de un pesimismo irremediable? Saramago: La peor percepcin del mundo que pueda tener cada uno de ustedes, siempre ser mejor que la ma. No que la de Osorio, quien al pesimismo del final opone la fuerza vital y amorosa del epgrafe de la novela. Se puede aceptar que su obra le cierra la puerta a la fantasa, est anclada en el verismo fotogrfico y la fidelidad documental, es puro desahogo personal, queja social o diatriba poltica? No se puede estar de acuerdo ni aceptar lo inaceptable, porque tras la apariencia inofensiva de su escritura se esconde la nuez de la narrativa til a una sociedad en la que sus miembros son torturados emocional y fsicamente, perseguidos sin misericordia y muchas veces siendo inocentes (127), condenados sin haber sido siquiera juzgados, por el simple aserto jurdico de que la falta es siempre indudable , como con irona seala Kafka . Los sospechosos de siempre son conducidos del panptico externo, la calle, al interno, la crcel, bajo la presuncin de terrorismo. Raro vocablo que el capitalismo y su pensamiento nico esgrime hoy arguyendo la muerte de la historia, la ideologa, la filosofa: menos, claro, su muerte, la de un sistema-serpiente que an no se convence de estar mordindose la cola, con los dientes del consumo, la competitividad, el xito: valores supremos de un pattico american way of death, ya no life

Una vez se lea El da del odio podr sentirse el placer que reconforta saber que hace menos de un siglo hubo un hombre, un escritor, que se atrevi a desafiar la potencialidad fascista que se esconde en la entraa del capitalismo. Y que a travs de su obra dej plasmada la impronta de inconformismo, rebelda e insatisfaccin frente a sociedades que aprueban y justifican plenamente el Poder. El que al sentirse totalmente justificado y aprobado no puede resistir la tentacin del fascismo, como sostena Buuel. Lo vergonzoso es que a tantos aos de haberse publicado, sus alegatos sigan teniendo vigencia, sus denuncias continen siendo ocultadas u olvidadas, sus pginas ciegas a incautos lectores estupefactos frente a la televisin e Internet, vigilados por la estulticia de un big brother pirateado del disco duro de Orwell y vctimas de la incitacin al voyerismo o de consentidas intromisiones en la vida privada, so pretexto de estar haciendo inofensivos reality-shows , variantes de un panptico que Bentham jams imagin.

Gran Hermano que seguir vigilando la intimidad, mientras por fuera, en la realidad, el panptico de Bentham, ya lograda la auto vigilancia mutua pero eso s lejos de una pretendida felicidad , contina desatando la furia de un Estado con un lenguaje cada vez ms precario e incapaz de controlar su antigua serenidad cuando sus arbitrariedades y desafueros, trasladados a Cdigos esos s de mala reputacin, son desacatados por los habitantes de un pas escindido por un orden y una ley que se pretenden universales a base de temores inoculados, amenazas y castigos; por los habitantes de una ciudad sumida en los das del odio a causa de irresponsables gobernantes que nada hacen para remediar la actual situacin. Ser que esperan que muera el ltimo infeliz, para no tener que mirar nunca ms el repugnante espectculo ofrecido a sus haraganes ojos burocrticos? Porque no se olvide que el pueblo (107), estos seres doblegados por la ley , son la fuerza latente, el podero cataclsmico que ha realizado las ms trascendentales transformaciones de la historia : de ah potencial novela subversiva, en tanto presenta la posibilidad, siempre latente, de una sublevacin popular. Pero que no muera, eso s, como debiera, el monstruo del terrorismo que ciertos presidenzuelos echaron a andar bajo la gida de la venganza personal, la guerra injustificada, el odio indiferenciado. Odio condenado a no dormir bajo la mesa de ningn colombiano, hasta tanto un tomo de voluntad poltica logre desintegrar los prejuicios, la intolerancia y el miedo frente al Otro y se ponga fin a la guerra por todos los medios que sean necesarios con los que sirven para crearla, como decan Papini y Malcolm X... ste, vctima de un magnicidio jams reconocido por ese Estado para el que la guerra es el mejor negocio. Estado que, en general, sigue teniendo el monopolio de la injusticia, cuya principal fuente es la impunidad, cuyo principal alimento sigue siendo el silencio.

De manera que hasta tanto el Tirano y los tristes poderosos que secundan a tal Estado no reconozcan su mezquindad y su ignominia, permite inferir El da del odio , los tambores ancestrales y presentes seguirn reclamando justicia... por los ofendidos y desafortunados, escindidos y humillados, desposedos y desplazados. Y todos estos, esforzndose en desarrollar el lenguaje vivo, para contrarrestar los efectos perversos, nocivos y devastadores del pobre lenguaje del Poder. El que elimina a aquellos, en muchos casos, sin tener que mandarlos a matar: slo con mandarlos a callar, que es como Y recurdese aqu a Lyotard cuando sostiene que al matar a un semejante, no se mata a un animal de la especie homo sapiens sino a la comunidad humana presente en l como capacidad y promesa que, en el hombre, se expresan, en lo fundamental, a travs del lenguaje, el que se enriquece en la diversidad y en la diferencia, al margen y en contra de los condicionamientos del Poder. Pues el lenguaje incondicionado hace un pas de seres libres que, cada vez que lo quieran, pueden acudir a la imaginacin, a la memoria y al deseo La aspiracin mxima de todo hombre que se presuma libre es el gobierno de s mismo. Recurdese, adems, que las normas gramaticales no pueden ser impuestas y que el lenguaje es un fenmeno complejo en el que participan pueblo, universidad, periodismo, ciencia, cortes; as, nadie en particular puede regirlo, siendo el resultado de fuerzas que actan anrquica y simultneamente, es decir, al margen de la influencia directa del Poder. Hecho que ahora parece estar revirtindose pues el Poder, a travs de la fuerza, no de la justicia, lleva al mundo hacia una neolengua cada vez ms procaz y precaria ante lo cual slo cabe la resistencia.

A modo de conclusin

Este ensayo, Gaitn y Osorio Lizarazo: Los das del odio en la sociedad de control, fue escrito para ser presentado dentro del marco del I Coloquio Internacional Literatura, Revolucin, Industria Cultural y Biopoltica, organizado por UFES, en Vitria, Brasil, y concebido como un libre discurso reflexivo en cuanto modo sinttico del sentimiento y de la razn, aunque por causa del golpe de Estado de Drcula Temer y de su camarilla/pandilla criminal, la de Srgio Moro, Eduardo Cunha, Gilmar Mendes y CIA (que aqu no es Compaa, ni, claro, en ninguna otra parte, jejeje), an no ha podido realizarse. En tiempos oscuros hay que buscar la claridad para poder avanzar. La poltica no es slo una cuestin de temperamento: la respuesta radica en la economa, que ha alterado las relaciones entre poltica y clases sociales. La poltica se ha vuelto una defensa de los intereses latifundistas, capitalistas y, ante todo, empresariales de la mano con la manipulacin de los medios masivos. Los editores de la Industria Cultural (IC) se creen superiores a los autores y a las obras que de ellos publican: el hecho coyuntural de tomarlas no les otorga facultades para deshacerse de lo incmodo, rechazar lo polticamente incorrecto, invisibilizar lo inconveniente o, al contrario, hacer ms visibles las debilidades de dichas obras para tranquilizar al aparato hegemnico, para contribuir al aletargamiento de la conciencia colectiva. El da del odio, obra de madurez, fue publicada primero en Argentina (Lpez Negri, 1952), a cuatro aos de asesinado Gaitn, y mucho despus en Colombia: por Carlos Valencia, en 1979 y por El ncora, en 1998: su tardanza sugiere algo oscuro detrs del hecho: un asunto poltico, invisibilizar la obra; uno de envidia, ocultar su contenido; otro de ignorancia, para qu darlo a conocer. Lo que de paso habla tanto de la precariedad del Estado frente a la cultura como de la precariedad de la IC. En sus novelas, Osorio intent exorcizar sus demonios, temores y deseos y en todas ellas hay un trasfondo socio-poltico muy fuerte. Por eso, quizs toda novela, cuando es viva, es autobiogrfica (Unamuno); o, si se prefiere, la autoconfesin es el sucedneo perfecto de la creatividad; o todo personaje de ficcin es de algn modo un alter ego del autor. Todo lo que se dice en contra de su obra, desde la IC oficial, desde el canon de la literatura nacional, va dirigido a desprestigiar a los escritores que, como Osorio, no son fcilmente clasificables por polticamente incorrectos, por destapar para la mayora la hipocresa de una minora que insiste en regir los destinos de los dems, por no cohonestar el anmalo statu quo.

Novelas malogradas o fallidas, para dicha crtica sesgada, salvo, cmo no, El da del odio, el mejor de sus libros y la mejor de sus novelas. Le sobra, es cierto, el alegato sociolgico hecho por cuenta del autor y como a espaldas de los personajes. (...) Jams haba escrito Osorio con tanto dominio intelectual del tema ni jams logrado tampoco realizar una estructura novelesca tan completa como la de El da del odio, como sostiene el crtico Hernando Tllez. Para poder comprender esto, hay que conocer el contenido de la obra. Se trata del viaje inicitico/va crucis, de una empleada, Trnsito, proveniente de Lenguazaque, al oeste de Villapinzn, Cundinamarca, norte de Suesca y este de Cucunub. La referencia al espacio es fundamental por cuanto alude tanto al lugar de origen, al que se anhela regresar (leitmotiv que lleva a una idea terrible: cmo desandar lo andado?), como al lugar de destino, del que no podr salir. Destino que, por ello, se puede antojar fatdico pero que, en realidad, hace parte de esa trama en la que ciertas criaturas sucumben sin haber hecho otra cosa que mostrar su inocencia/ignorancia/desvalimiento. Como en el mejor jazz, el tema es lo de menos en El da del odio. Lo importante no es el qu de la msica o de los sucesos sino cmo se interpretan. Y la muerte de Gaitn, que desencadena el da del odio, es prueba de ello. As, al finalizar el captulo XVII de la novela se hace una sntesis acerada e implacable sobre los desafueros del poder encarnados por la polica; la necesidad de realizar una limpieza social para poder mostrar una ciudad digna de la Conferencia Panamericana; la ilimitada autonoma de los funcionarios para juzgar la peligrosidad de los malhechores, en muchos casos personas inermes que no han cometido delito alguno.

Como, a diferencia del cine, en la vida no hay finales felices pues la muerte es la muerte de ellos, es Trnsito la que muere. Ella, exponente de la miseria, carece de la risa del clown. Para ella slo hay el inefable dolor del payaso que aparenta rer para no llorar, porque en esta sociedad excluyente, sabe que a nadie le puede importar su pobre existencia. El da del odio asume el espacio como habla y su tono est basado en el lenguaje conversacional, que lo hace vivo y presente, lo que lleva a pensar en la sustancia poltica de su narrativa, antes que histrica, sociogrfica o de tesis, particularmente respecto al choque entre el lenguaje y el Poder establecido. El lenguaje hablado y ms que eso jergal de la vida cotidiana, salpicado de dificultad, inconformidad e irreverencia, le confiere a la novela un carcter potencialmente subversivo, desde la perspectiva interna del relato, lo que en s mismo implica poltico. El habla jergal, con fuerte acento campesino de los protagonistas y dems personajes que pueblan la fauna humana, dotan al texto de un lenguaje que sin reparo posible es vida, accin, tiempo presente. Osorio recurre a la figura retrica de la personificacin al revs, es decir, no personifica a los animales sino que animaliza a las personas. As, se va forjando un relato de carencia, marginalidad, exclusin, poltico. Poltico en cuanto a lo que afecta a los ciudadanos de un pas; a la libertad de que debe disponer cada uno de ellos para examinar el tema segn sus propios pensamientos e intereses; a la inalienable posibilidad personal de armonizar los conceptos de poltica terica y prctica que permitan la aplicacin de un modelo si no correcto al menos distinto del establecido. Recurdese aqu a Emma Goldman, quien deca: La libertad no descender al pueblo, el pueblo debe alzarse a la libertad. El da del odio es una magistral recreacin del 9 de abril, en la que aflora la sensibilidad del cronista, converso literato, que no oculta su ideologa: antes bien, la coloca por encima del aspecto historicista, como quien conoce su objetivo: despertar las conciencias dormidas de un pueblo oprimido, cuyos habitantes han sido convertidos en objetos pues ya han dejado de ser sujetos de la historia. Un discurso fundamentalmente poltico/revolucionario en el que el aspecto histrico, aunque no irrelevante, permanece en segundo plano: la historia no prevalece en ningn momento sobre la literatura sino que esta domina a aquella. La novela cuenta lo histrico de acuerdo con sus propias leyes, otorga a la historia y a la imaginacin una jerarqua similar dentro de la narracin y se resiste a los dogmas del poder, subrayando que no hay dogma ni puede haberlo pues el rostro cambiante de la verdad impide que lo haya. Si bien El da del odio es sobre el 9 de abril, no sobre Gaitn, lo relevante es la tragedia de aquellos desafortunados que reclaman siempre justicia, sin obtenerla jams. La actitud humana y literaria de Osorio, amar al pueblo sobre todas las cosas, en una abierta parodia bblica, tcitamente habla de su compromiso social y poltico al margen de eventuales fardos panfletarios. Novela histrica, sociogrfica o de tesis? Ya se dijo por qu no histrica ni sociogrfica, sino social, en cuanto preocupacin por los dems. Y de tesis?: el inters de Osorio era reflejar la sociedad de su tiempo sin argucias, con carcter. Simplemente, novela en tanto obra enigmtica, no dogmtica como s lo es la poltica si se halla al margen del tratamiento artstico; en sntesis, novela poltica/revolucionaria como denuncia en la lucha contra el conformismo y lo que ha sido rebajado por la desidia, la injusticia, el odio.

El da del odio hace parte de la literatura que super la esttica de la violencia visceral. La jerga oral campesina es perfectamente asimilable. El narrador emplea un correcto espaol y cuando es necesario que los personajes hablen, los hace or en su expresin verncula, autntica. El aspecto humano salta a la vista y asalta a los sentidos con su estilo directo, la descripcin de personajes, el tratamiento de situaciones y la creacin de atmsferas en las que tensin e intensidad, cobran una alta cuota de expresin en la literatura colombiana, tan dada a poner el adorno sobre el sentido, la pedantera sobre la inteligencia, la ancdota sobre el proceso, la furia panfletaria sobre la fidelidad a s mismo. En El da del odio Osorio realiza una portentosa sntesis del pensamiento poltico del caudillo liberal Jorge E. Gaitn, lo mismo que un somero anlisis sobre el problema de la tierra, problema medular en todo momento y en todo lugar para la convivencia pacfica entre los pueblos. La UNIR, sera el arma ideolgica de Gaitn para intentar demoler el imperio de la injusticia, la mentira, el engao. Para demostrar que, como lo expres en su tesis de grado Las ideas socialistas en Colombia, en el pas de entonces, como en el de hoy, haba un problema social que liberales y conservadores, los convivialistas, negaban sin vergenza ante el pas.

Y aqu cabe sealar que la expresin haba un problema social fue lo que determin la participacin de los EE.UU en el asesinato de Gaitn. Tras los sucesos del 9 de abril el ciudadano gringo y agente de la CIA John Meckpless Spiritto declar ante el Procurador de la poca, es decir, el Ordez de hoy, que l haba venido a Colombia con la misin exclusiva de eliminar a Gaitn, pero el asunto fue no slo desestimado sino disuelto en los anales de la investigacin. Y el Absolvedor de entonces, Ricardo Jordn Jimnez, fue premiado despus con el cargo de Registrador Nacional, cargo desde el cual el 19/abr/1970 declar ganador de las elecciones no a quien haba ganado, el general y ex presidente Gustavo Rojas Pinilla, sino a quien ahora era un perdedor que triunfaba, Misael Pastrana Borrero. Despus se dijo que Gurropn haba recibido un soborno similar al que se recibi por la entrega de Panam en 1903, por cuenta del borracho Jos Manuel Marroqun, soborno del cual, adems, el Gobierno colombiano slo recibi la mitad: la otra se esfum.

Gaitn, ms con sensibilidad socialista que socialista en s, pero jams fascista, pensaba que la tierra debe ser de y para quien la trabaja; el latifundio improductivo es un crimen contra la economa y la sociedad; slo el capital ganado con el trabajo es justo y el enriquecimiento con la especulacin y con la explotacin es ilcito y criminal. Los obreros deben intervenir en la reglamentacin de la produccin y en la administracin de las fbricas. No hay diferencia entre el capital y el trabajo para poder conformar el sistema econmico, porque ninguno de los dos puede marchar sin el otro. El Estado tiene el deber de intervenir en la direccin de la economa, cuyo proceso no puede entregarse a su fuerza intrnseca porque engendra el monopolio y la opresin por los ms hbiles y ms audaces. La funcin electoral no puede seguir siendo una farsa, engao o negocio que ejecutan sagaces electoreros y encumbra a gente inmoral/irresponsable sino la ms perfecta y sincera expresin de democracia, que consiste en que slo sean elegidos los ms dignos y capaces. Jorge E. Gaitn y Camilo Torres fueron las dos mejores opciones polticas que hasta ahora tuvo la historia de Colombia y que el bipartidismo, la Iglesia Catlica, las FF.AA y los comunistas se encargaron de cercenarle al pueblo, ms por accin que por omisin. El bipartidismo logr confundir a la opinin en torno a la figura de Gaitn y por ello es el principal responsable de lo que Osorio llam el da del odio, el que al filo del tiempo se ha convertido en los das del odio. As, pues, no es aventurado ahora esgrimir algo que es, ms que una hiptesis, una certeza: liberales y conservadores, mataron a Gaitn (lo que, claro, no exime a los dems de su responsabilidad) pero ese abstracto mataron se puede lcitamente modificar para decir que el bipartidismo mat a Gaitn, con ayuda de EE.UU.

Una vez se lea El da del odio podr sentirse el placer que reconforta saber que hace menos de un siglo hubo un hombre, escritor, que se atrevi a desafiar la potencialidad fascista que se esconde en la entraa del capitalismo. Y que en su obra plasm la impronta de inconformismo, rebelda e insatisfaccin frente a sociedades que aprueban y justifican plenamente el Poder. El que al sentirse totalmente justificado y aprobado no puede resistir la tentacin del fascismo. Lo vergonzoso es que a tantos aos de su publicacin, sus alegatos sigan teniendo vigencia, sus denuncias continen siendo ocultadas u olvidadas, sus pginas ciegas a incautos lectores estupefactos frente a la TV e Internet, vigilados por la estulticia de un big brother pirateado del disco duro de Orwell y vctimas de la incitacin al voyerismo o de consentidas intromisiones en la vida privada, so pretexto de estar haciendo inofensivos reality-shows, variantes de un panptico que Bentham jams imagin.

Hasta tanto el Tirano y los tristes poderosos que secundan a tal Estado no reconozcan su mezquindad e ignominia, permite inferir El da del odio, los tambores ancestrales y presentes seguirn reclamando justicia por los ofendidos y desafortunados, escindidos y humillados, desposedos y desplazados: y todos estos esforzndose en desarrollar el lenguaje vivo, para contrarrestar los efectos perversos, nocivos y devastadores del pobre lenguaje del Poder. El que elimina a aquellos, sin tener que mandarlos a matar: slo con mandarlos a callar, que es como m Recurdese a Lyotard cuando sostiene que al matar a un semejante, no se mata a un animal de la especie homo sapiens sino a la comunidad humana presente en l como capacidad y promesa que, en el hombre, se expresan a travs del lenguaje, el que se enriquece en la diversidad y en la diferencia, al margen y en contra de los condicionamientos del Poder. Pues el lenguaje incondicionado hace un pas de seres libres que, cada vez que lo quieran, pueden acudir a la imaginacin, a la memoria y al deseo: la aspiracin mxima de todo hombre que se presuma libre es el gobierno de s mismo. Las normas gramaticales no pueden ser impuestas y el lenguaje es un fenmeno complejo en el que participan pueblo, universidad, periodismo, ciencia, cortes; as, nadie en particular puede regirlo, siendo el resultado de fuerzas que actan anrquica y simultneamente, es decir, al margen de la influencia directa y perniciosa del Poder.

Una proposicin biopoltica va Foucault: desarrollar una tica individual en la que cada ser humano lleve su vida de tal forma que los dems no puedan sentir por ella ms que respeto, tolerancia y admiracin. El resto es desembocar en las distintas formas, polticas o religiosas estatales, de la sacralizacin policiva o de la sociedad de control: tan certeramente mostrada en El da del odio a travs de una soberbia mezcla de literatura e historia y de arte y poltica. De un relato directo, sincero, eficaz, mediante el cual Osorio recuerda a Orwell una vez ms: La opinin de que el arte no debe tener nada que ver con la poltica ya es, en s misma, una actitud poltica. Para terminar, El da del odio constituye una acendrada sntesis sobre literatura, revolucin, industria cultural y biopoltica, como se ha podido verificar a lo largo de este texto en el cual se reitera que es el pueblo el que debe alzarse a la libertad, toda vez que esta jams descender al pueblo por va de los polticos. As que prohibido olvidar, como nos recuerda siempre ese ambiguo ser poltico R. Blades.

https://www.youtube.com/watch?v=7rYIw96wJ10 Prohibido olvidar, Rubn Blades: 4:55

P. S. u Oracin Final (expresin que no tiene nada que ver con la religin, ya no el opio sino la cocana del pueblo, en tanto generadora de violencia una vez institucionalizada): El ms hermoso y perfecto de los mandamientos, al cual he procurado ceir los actos de mi vida, es ste: amar al pueblo sobre todas las cosas. Y no amarlo con intencin utilitarista, para especular con su fe ni para exigirle recompensas. Amarlo sincera y profundamente, aun cuando se obstine en crucificar a sus apstoles y en exaltar a quienes le humillan o le engaan. Amarlo intensa y deliberadamente, aunque lleve en las manos las piedras con que ha de lapidarnos, porque es el pueblo, porque es el resumen del hombre escarnecido, despojado, laborioso y puro; porque es el constructor de toda riqueza y el autor de todo progreso; cuyos frutos acaparan unos cuantos privilegiados, los cuales le mantienen hundido en la abyeccin, aplastado por la miseria, cubierto de llagas, vctima de la injusticia y del egosmo social. Y amarlo especialmente porque siempre, en el fondo de su corazn, se agita una fuerza prodigiosa de odio vindicativo, cuya explosin har al fin encender antorchas de justicia y de reivindicacin capaces de iluminar al mundo.

Bajo la inspiracin de ese inmarcesible mandamiento de amar se ha escrito esta novela.

https://www.youtube.com/watch?v=ONMdHbtgcNM Bill Evans solo piano Peace Piece: 6:43

Como siempre, dedico este trabajo a mis hijos, Santiago & Valentina, sin cuya leccin, compaa y respaldo anmico no hubiera sido posible escribirlo. Tambin, a mis padres, Luis Jorge y Cecilia, no a su memoria, por justos, liberales y ticos.

** Correo electrnico enviado al autor por la seora Gloria Gaitn Jaramillo, el da 9/ene/2013, 1:54 p.m., en el que aclara el ao de nacimiento de Jorge Elicer Gaitn, entre otros delicados asuntos.

Estimado Luis Carlos,

Mi pap naci en 1903. Los que afirman que naci en el siglo XIX lo hacen con base en unos datos apcrifos y en un documento deliberadamente adulterado. El centenario de su nacimiento fue en 2003 cuando lvaro Uribe cerr el Centro Gaitn y entreg la Casa-Museo a manos de Moiss Wasserman, informante del Mossad, a fin de adelantar la campaa sistemtica (en compaa de Herbert Braun no es una casualidad que fuera en la Casa de Nario donde lanzaron la segunda edicin, perversa y malintencionada de ese malintencionado uribista) para cumplir con la sentencia de sepultar la memoria de mi padre, mostrndole a la opinin pblica que lo MATARON, est muerto y enterrado. Es una tarea que haban emprendido soterradamente pero que Luis Carlos Restrepo lanz abiertamente con la publicacin de su ensayo La Sangre de Gaitn, que fue acogida por lvaro Uribe incorporndola sistemtica y deliberadamente a la poltica de seguridad democrtica, bajo el principio de que hay que enterrar la memoria del lder popular para que cese la guerra... Ha sido tan dura y fuerte esa campaa que fue imposible conmemorar el centenario de su natalicio en el ao 2003 y yo jur que, ms temprano que tarde, hara una celebracin de esa fecha, que debe sustituir al 9 de abril. Pero la guerrilla, en La Habana, no atendi mi pedido y respondieron como contesta la gente que siente que detenta poder: con el silencio. De tal manera que no podr llevar su ensayo, que an no he ledo (lo har esta noche). El ttulo, como comprender, no me gusta, ya que me enardece que al 9 de abril lo llamen el bogotazo o el da del odio, cuando en realidad fue una fecha en que el pueblo, en forma heroica, intent tomarse el poder al precio de su vida. Esa fecha debera llamarse "da del pueblo heroico". Ya le escribir cuando haya ledo su ensayo. Reciba mi cordial saludo, Gloria Gaitn

Respuesta a Gloria Gaitn Jaramillo, del 9/ene/2013, 10:15 p.m.

Estimada Gloria: Muchas gracias por todas sus aclaraciones, que de inmediato incorporar a mi ensayo. Ya conoca por usted, los avatares ajenos por los que ha pasado su querido padre. Estoy de acuerdo con lo que dice sobre Wasserman, el hipcrita de Tico Braun, el Dr. Tortura Restrepo y su apcrifo texto La sangre de Gaitn, sobre el enano energmeno... Lamento lo que me cuenta acerca de las dificultades para celebrar el natalicio y ahora los 110 aos del Caudillo, la actitud displicente de quien se siente poderoso porque no lo es y, lo que es de momento triste para m, el no poder llevar mi ensayo a La Habana. Por mi lado, seguir intentndolo. En cuanto al ttulo, por un lado responde al de la novela de Osorio, base de mi trabajo, y por otro, est implcita la irona sobre quienes, como Violencia Tovar, an creen que fue Gaitn el inspirador de el da del odio, que yo, por va de los polticos, transformo en los das del odio. Y no estoy intentando justificarme: el ensayo es suficientemente explcito en lo que plantea, como Usted sabr inferirlo. En algn lugar del mismo, podr encontrar alusiones al Da del Pueblo Heroico del que Usted, con mucha razn, habla. Muchas gracias de antemano por leer mi ensayo.

Reciba un cordial saludo,

Luis Carlos Muoz Sarmiento

(Texto indito de la conferencia presentada en la Biblioteca Nacional y grabada para el Archivo de la Palabra, el 10/sept/2003, en el marco de la XVIII FILBO, el 28/abr/2005 y, de nuevo, en la Biblioteca Nacional, el 14/abr/2008)

NOTAS:

(1) Pedro Aulln de Haro en revista Educacin Esttica No 2 2006-07, U. N. (pp. 63-64), dedicada a la obra de Theodor Adorno .

(2) Ma. C. Laverde, Nmadas No 15, oct./01, p. 208.

(3) Eso sostuvo en el Foro de la U. Javeriana, tras el estreno del documental Gaitn, el Bogotazo, la historia de una ilusin , de Mauricio Acosta, con guin del dramaturgo e historiador Carlos Jos Reyes. Cuando a travs del micrfono de Caracol el autor de este ensayo desafi al Gral. Valencia Tovar a decir la verdad por haber mentido doblemente a los colombianos, guard sepulcral silencio.

(4) Osorio L., Jos A. Novelas y crnicas . Biblioteca Bsica Colombiana. Inst. Col. de Cultura (Colcultura), Bogot, 1978, 709 pp.

(5) Vlez Upegui, Mauricio. Novelas y no-velaciones. Editorial U. Eafit, Medelln, 1999, p. 86. Por su parte, Carlos Snchez L., en Memoria Impresa (Volumen 2, pp. 137-47), Editorial Magisterio / Editorial U. de Antioquia (1998) , sostiene: en 1977, Cobo Borda ubic la obra de Osorio Lizarazo dentro de lo que l llam, muy a lo Octavio Paz, la tradicin de la pobreza nacional (de la que el mismo Cobo, por supuesto, debe hacer parte) y Santiago Mutis le dedic un pobre prlogo que al menos tena la buena intencin de recoger los pocos y pequeos comentarios que haba suscitado el trabajo de Osorio durante cuarenta aos. (p. 145)

(6) Vlez Upegui, Mauricio. Obra citada.

(7) Dos cosas fundamentales unen a los escritores modernos en torno a la novela: la imaginacin y el lenguaje. Imaginacin desbordante por un lado y lenguaje vivo que se opone al acadmico y al del Poder por el otro. As se otorga realidad a la parte no escrita del mundo o a la escrita de una forma deliberadamente manipulada y manipuladora. Estos escritores son conscientes de que la palabra no dicha por ellos, el lenguaje no utilizado por ellos, sern dichos y utilizados por otros o sepultados para siempre en el silencio o en el olvido. Y no se olvide que el olvido es en gran parte la causa del rencor: de ah la importancia de la memoria, as como de todo lo que tenga que ver con ella.

(8) Tarkovski, Andrei. Esculpir en el tiempo . Ediciones Rialp, Madrid, 2005, 273 pp.: 59 a 76.

(9) Posada Carb, Eduardo. Boletn Cultural BLAA, Vol. XXXV * No 48 * 1998 (Novela e Historia).

(10) Caballero, Antonio. El hombre que invent un pueblo en El saqueo de una ilusin El 9 de abril: 50 aos despus . Ediciones Revista Nmero, Bogot, 2002, 214 pp. El saqueo de una ilusin El 9 de abril: 50 aos despus . Ediciones Revista Nmero, Bogot, 2002, 214 pp . La cita aqu es de la p. 77: Y por eso lo mataron, fuera quien fuera su asesino material: ese insignificante Roa Sierra cuyo cadver descuartizado llevaba dos corbatas al cuello: una conservadora, la otra liberal.

Bibliografa:

Braun, Herbert. Mataron a Gaitn Vida pblica y violencia urbana en Colombia . Bogot, Norma, 2004, 440 pp.

Caballero, Antonio. El hombre que invent un pueblo en El saqueo de una ilusin El 9 de abril: 50 aos despus . Bogot, Ediciones Revista Nmero, 2002, 214 pp.

Memoria Impresa. Antologa del magazn Dominical de El Espectador. Volumen 2. Snchez Lozano, Carlos. La aventura de un gaitanista: J. A. Osorio Lizarazo , pp. 137-147 .

Osorio Lizarazo, Jos Antonio. El da del odio , El ncora Editores, Bogot, 2000, 239 pp: todas las citas son de esta edicin; Gaitn. Vida, muerte y permanente presencia . El ncora Editores, Bogot, 2003, 313 pginas.

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Periodista, INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. N. (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y Dir. Cine-Club Andrs Caicedo. Colaborador de El Magazn de EE. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). XXIV FILBO: Invitado por MinCultura a presentar el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas (MinCultura, 2011), en Pabelln Colsubsidio (13/may/11). Invitado al V Congreso Int. de REIAL, Nahuatzn, Michoacn, Mxico, con Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia (22-25/oct/12). Invitado por El Teatrito, de Mrida, Yucatn, para hablar de Burgess-Kubrick y Una naranja mecnica (27/oct/12). Invitado por Le Monde Diplomatique y Desde Abajo a entrevistar a Ignacio Ramonet (Dir. LMD, Espaa), Retrospectivas: Un recorrido por el Cine Latinoamericano http://www.youtube.com/user/periodicodesdeabajo?feature=results_main (5.XI.12). Invitado al II Congreso Int. de REIAL, Cap. Colombia, Izquierdas, Movimientos Sociales y Cultura Poltica en Colombia, con el ensayo AP: Matar, un acto excluido de nuestras vidas, U. N., Bogot, 6-8/nov/2013. Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al I Congreso Int. Modernismo y marxismo en poca de Pos-autonoma Literaria, ponente y miembro del Comit Cientfico (27-28/nov/2014). Invitado a la XXXIV Semana Int. de la Cultura Bolivariana con la charla-audicin El Jazz y su influencia en la literatura: arte que no entiende de mezquindades, CI G. L. Valencia, Duitama (28/may-1/jun/2015). Invitado al III Festival Int. LIT con el Taller Cine & Literatura, Duitama (15-22/may/2016). Invitado al XIV Parlamento Int. de Escritores de Cartagena con Jack London: tres historias distintas y un solo relato verdadero (24-27/ago/2016). Invitado a la 36 Semana Int. de la Cultura Bolivariana con Los Blues. Msica y memoria del pueblo y para el pueblo y Leonard Cohen: Como un pjaro en un cable, Duitama (21/jul/2017). Invitado al Encuentro de Escritores en Lorica, Crdoba, con La casa grande: estamos derrotados? (10-12/ago/2017). Invitado al II Encuentro Int. de Escritores Aguachica tiene la palabra (25/28/oct/2017) Invitado por Desde Abajo a entrevistar a Yuri Buenaventura (11/nov/2017) https://www.youtube.com/watch?v=I8ev47G9qxw Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central: Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contracartula de Los bigotes del silencio y otros cuentos (2008), de M. Valenzuela (Xpress, 2008) y de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos fue lanzado en la XXX FILBO (7/may/2017), Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo (Pijao Editores). Mencin (una de cinco) por su trabajo MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (5/feb/2018). Hoy, autor, traductor y, con LES, coautor de ensayos para Rebelin. 

http://www.elespectador.com/noticias/cultura/libros/bogota-no-mataban-nadie-mucho-menos-un-politico-gaitan-articulo-660050

https://www.las2orillas.co/el-cura-que-beatificaran-decia-que-mi-papa-habia-que-matarlo-para-que-se-fuera-al-infierno-gloria-gaitan/

https://www.las2orillas.co/la-cia-presidente-mariano-ospina-perez-planearon-asesinato-padre-jorge-eliecer-gaitan/ 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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