Portada :: Europa :: Arde Londres, arde Pars
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2005

Los suburbios franceses y el sujeto revolucionario

Marco Antonio Esteban
Nou Treball


Deca Bakunin que las revoluciones las hacen las gentes con el demonio dentro. Se refera a la rabia y el odio al sistema de los que integran los estratos sociales ms oprimidos. Desde su debate con Marx sobre el sujeto revolucionario, las posiciones continan exactamente igual. En el fondo las diferencias entre ellos giraban en torno al nivel ptimo de opresin para el surgimiento de un grupo social que actuase como motor de la transformacin del sistema. Para Marx, las capas ms bajas de la sociedad -el lumpen- eran ms proclives a la contrarrevolucin que a la revolucin. nicamente el proletariado industrial ocupaba una posicin viable para la generacin de una clase organizada y consciente. Por contra, Bakunin argumentaba que el lumpen y el campesinado constituan los sectores menos expuestos a la influencia de la civilizacin burguesa y, consecuentemente, los ms dotados de los instintos necesarios para la rebelin. Las dos lneas tericas han seguido reclamando el protagonismo de las revoluciones y rebeliones para sus estratos sociales preferidos. Qu segmentos sociales impulsaron las revoluciones mexicana, sovitica, china, cubana y espaola, la insurreccin social de Mayo del 68, las luchas anticoloniales o los levantamientos de las minoras tnicas en Estados Unidos, Sudfrica o Chiapas? No todos los marxistas o postmarxistas han mantenido la perspectiva de Marx en esta discusin. Autores como Marcuse, Negri o Zizek estn ms prximos a la lnea bakuninista, mientras que otros como Gramsci, Althusser o Meiksins han permanecido fieles a la ortodoxia marxista.

En un reciente artculo de New Left Review, Malcolm Bull seala que existen actualmente dos grandes preguntas en el pensamiento de izquierda. La primera es qu tipo de sociedad queremos, y tiene muchas respuestas, tantas como modelos de utopa se han propuesto. La segunda no tiene por el momento respuesta: quin se va a encargar de hacer realidad esa nueva sociedad? La lucha de clases desatada en los suburbios franceses ha reanimado de nuevo el importante debate sobre el sujeto revolucionario. Nada mejor que el fuego para arrojar luz sobre la estructura social del capitalismo global del siglo XXI. Aparece una interesante paradoja en este caso. Por una parte el sujeto revolucionario de los suburbios franceses se parece al propugnado por Bakunin. El capital ya no es capaz de reformar nada ni de contener problema social alguno. No puede volver, ni an con la ayuda de la socialdemocracia y de los recursos coloniales, al keynesianismo del tercer cuarto del siglo XX. El mensaje enviado a los suburbios por parte de la plutocracia gala, el imperio norteamericano, Bush y su banda de gngsters con sus crceles secretas, centros de tortura y campos de concentracin es muy claro: nos tiene sin cuidado la Ilustracin, la Revolucin Francesa y los Derechos Humanos; vuestro destino es la miseria y peridicamente os detendremos, apalearemos y asesinaremos para manteneros a raya y atizar contra vosotros la xenofobia y el rechazo social.

En este escenario, la parte ms oprimida y esclavizada de la poblacin hace or su voz como siempre lo ha hecho en la historia: recurriendo a los medios que tiene a su alcance para expresar su protesta. Como no puede responder a sus opresores con sus mismas armas -no puede bombardearles, dispararles o encarcelarles- quema coches y rompe lunas. Buena parte de las clases medias y altas y sus sicarios intelectuales, que fieles a su tradicin no dudaran ni por un segundo en asesinar a la mayora del pueblo ante un ataque a su propiedad privada, se rasgan las vestiduras ante el comportamiento violento y aparentemente irracional de la chusma. Tambin algunos anlisis de izquierda caen en este discurso polticamente correcto, racista y pedante: como los chavales de los suburbios no se expresan con referencias a Marx y Rousseau, deducen que carecen de racionalidad, objetivo poltico o pensamiento utpico. Es previsible que muchos intelectuales y acadmicos radicales piensen as. Su alejamiento del mundo fsico y mental de los estratos populares es tan exagerado que necesitaran largos aos de prctica para acercarse a la comprensin de la opresin que tiene cualquier chaval del banlieue. Quin tiene mayor conciencia de clase, el afiliado al sindicato tradicional que vota a favor de la constitucin europea o el muchacho que se enfrenta a la polica racista en el suburbio? Qu comportamiento es ms progresista, quemar coches como protesta o esperar pacfica y eternamente a que las instituciones de la democracia liberal solucionen la situacin de pobreza y ostracismo de millones de personas? O es que alguien a estas alturas piensa seriamente que sin ejercer violencia las muchedumbres de las periferias recibiran la ms mnima atencin por parte de los gobiernos terroristas y de las clases acomodadas fascistas?

Por otra parte los grupos sociales alzados en Paris son bsicamente los mismos que hicieron la revolucin francesa, en los mismos barrios y calles. Son ms parecidos a las clases trabajadoras de finales del XIX que a la turba salvaje descrita por los medios de comunicacin de los oligarcas. Con la diferencia de que ahora en Pars y en otras capitales no slo la nobleza mira a esas clases trabajadoras con asco, sino la burguesa liberal, ahora plenamente conservadora, la socialdemocracia, hoy totalmente liberal, y hasta las cpulas con coche oficial y despacho de no pocas organizaciones de izquierda, en la actualidad completamente socialdemcratas. Todos acusan a la plebe que se rebela de carecer de reivindicaciones y organizacin. Son obviamente incapaces de entender que la lucha del esclavo por liberarse de su esclavitud no requiere justificacin adicional alguna. La falta de reivindicaciones estticamente aceptables para los privilegiados deriva precisamente de la absoluta transparencia y justicia de los motivos para la revuelta.

Hoy en da la clase trabajadora se estructura en tres grandes estratos sociolgicos. El primer nivel est integrados por la aristocracia del trabajo: funcionarios del sector pblico y empleados o autnomos asentados del sector privado. El segundo nivel lo compone la gran masa de precarios, compuesta por empleados y autnomos sin derechos laborales en las esferas pblica y privada. Trabajan en condiciones lamentables a cambio de sobras rodas y de un completo desprecio. Luchan por no caer en el tercer nivel, el de los marginados, desempleados, incapacitados e inmigrantes, cuya vida es superflua para el sistema. El nico trato que reciben del resto de la sociedad son patadas e insultos. Entre el segundo y el tercer nivel existe una gran rotacin y permeabilidad. El primer nivel se encuentra, junto a sus sindicatos y partidos tradicionales, totalmente desconectado de los otros dos. Por eso una propuesta terica como la multitud de Negri, una especie de proletariado global surgido como contrapartida dialctica de la creacin de un imperio global, est completamente desencaminada. Por mucho que nos empeemos en buscar la unidad perdida del proletariado, la realidad es que, lejos de reconstituirse en la forma de un nuevo sujeto revolucionario global, en las ltimas dcadas se ha fracturado todava ms. Para levantar de nuevo la bandera del socialismo desde las simas abisales por las que se ha despeado, debemos comenzar por analizar la realidad tal como es, no como nos gustara que fuera.

En mi opinin, es necesaria una sntesis entre las dos posiciones clsicas del debate sobre el sujeto revolucionario, la de Marx y la de Bakunin. Sin la ira, la rabia y la furia de las capas ms sojuzgadas, sin su mayor comprensin de la opresin y la naturaleza brutal del orden social, sin su voluntad de destruccin del sistema actuando como motor de la revuelta, no habr revolucin. Tampoco la habr sin la mayor organizacin de las dems clases trabajadoras, sus sindicatos, sus partidos y su capacidad de tomar el control de los principales centros de poder del sistema. Ambos sujetos revolucionarios son necesarios y deberan aprender a respetarse ms.

[email protected]


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter