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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2018

Privacidad, en aras del derecho al silencio
La intimidad en la crcel del capitalismo

Jos Antonio Mrida Donoso
Rebelin


En estos neoliberales das, la exhibicin de los sentimientos y la privacidad son moneda de cambio para el mejor postor. Si antes, aunque solo fuera en apariencia, el derecho a la intimidad pareca ofrecer alternativas a quien no era esclavo de los medios de comunicacin de masas, ahora nadie est a salvo de ver cmo se subasta su vida. La realidad que envuelve esta circunstancia, como tiende a ocurrir, es compleja. Por una parte los Estados nos han convencido de que tenemos que escoger entre el derecho a la privacidad e intimidad y la seguridad. Por otra, nos hemos acostumbrado a navegar en el mar de la trivialidad y, guiados por el timn de los prejuicios, abordamos barcos ajenos sin preocuparnos por los posibles nufragos. Incentivados por la violencia y la banalizacin de la vida social, ansiamos el morbo y, como manifestacin del mal gusto, parece resultarnos atractiva cualquier cosa desagradable, por muy cruel que sea, siempre que se vincule a los dems. Se trata de la conocida prctica en la que todo vale total de juzgar a los dems, un hbito demasiado comn en personas frustradas. Y de frustraciones, la estructura capitalista que subyace en nuestras narrativas personales es toda una experta. La competitividad neoliberal ha superado el mbito de la economa para alcanzar cualquier aspecto de la vida actual. Desde la educacin, los contravalores de un deporte competitivo sin cooperacin y los mass media se promulga un individualismo acrrimo. Ya no se trata de ganar al contrario, sino de aplastarlo. La colaboracin entre iguales por un bien comn se ha convertido en el perverso aforismo cuanto peor para uno, mejor para todos o como dijo el ilustre cmico: Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para m el suyo beneficio poltico. (Nota aclararatoria: querido lector, si todava sigue sin saber quin es dicho sujeto, no se asuste, algunos tampoco dicen reconocerlo, a pesar de firmar como M. Rajoy).

Ms all del galimatas que supone la retrica de nuestro Churchill particular, que no es cosa menor, lo cierto es que la tendencia obsesiva o atraccin por lo malsano en los dems, no deja de evidenciar cierto componente patolgico que anida en la sociedad. Realidad que dice bastante de nuestros avances ticos y morales. Lgicamente, conforme a los postulados de los rectores del sistema, el juego de competitividad unvoco se aprende ya en los primeros aos con el fin de que la otredad devenga en adversaria. Confinado a enemigo, la existencia de este comienza a preocuparnos solo desde el morbo, el nctar de las vidas vacas. En nuestra alienacin generamos una satisfaccin por la invasin de la intimidad, usada e instrumentalizada, cuando no generada por las empresas mediticas que, centradas en conseguir audiencia y bajo un paraguas de informacin desinformacin- sensacionalista, acaban por silenciar las verdaderas noticias que permiten cuestionar y cuestionarse.

As, conscientes de la patologa que padece la sociedad, los medios utilizan la intimidad del otro en pos de una mayor audiencia. Igual que a sus espectadores, poco les importa lo que pueda pensar el afectado, su familia o seres queridos. Todo con tal de entretener! De esta suerte, bajo la losa del morbo, el ruido acrtico se cuela en nuestras vidas. La prensa amarrilla, rosa y blanca se equiparan, copan los medios y anulan cualquier intento de publicaciones independientes que pretendan generar verdadera reflexin social. As las cosas, no es de extraar que Jean-Franois Revel -el que fuera filsofo y polemista poltico, escritor, periodista y miembro de la Academia francesa- apuntara que la televisin hoy en da los mass media- era la violacin de las multitudes.

Como es lgico, para acabar con esta lacra es necesario tomar medidas estructurales, a saber:

- Institucionales: Ms all del deber ser y de las disquisiciones respecto del rol que los medios de comunicacin deben tomar en una sociedad, su funcin como informadores y formadores y la deontologa meditica se encuentran empeados exclusivamente en la tarea de entretener.

- Educativas: Los colegios, siempre ideologizados y politizados, suponen un espacio social privilegiado para generar una reflexin y una puesta en prctica de nuevos modelos que disten de la estructura cultural cimentada en el individualismo neoliberal.

- Personales: Cabe atender a la responsabilidad personal y evitar consumir medios en los que se juega con la pornografa emocional y biogrfica. Ciertamente, cuando los avances de uno se yerguen sobre el peso de los otros, es lgico que el siguiente paso se dirija hacia sus territorios interiores. De igual modo, mientras se potencia el morbo y la exhibicin de la intimidad, en aparente paradoja las tijeras de la censura se ensaan con la voz que incomoda. La dramatizacin con la que se comercia la informacin en los mass media no solo constituye el dietario de lo que tiene que consumir el espectador sino que obvia los problemas estructurales -esto es el conocimiento- e incita a su contrario, el desconocimiento. De esta suerte, bajo el mrbido espectculo centrado en la vida de unos pocos, se promulga informacin narctica. El Cuarto Poder se puede presentar entonces como un patio de amigotes de nula catadura moral, para los que los problemas sociales, motivos, causas y consecuencias dejan de ser rentables frente al morbo, el nuevo leitmotiv de los informativos vidos de audiencia. Una tendencia perversa, la del efectismo, el clickbait cotidiano, que en ltima instancia nos incita a mercantilizar y cosificar a las personas.

Comencemos pues a concienciarnos y concienciar, educarnos y educar en la utilizacin - que no consumo- responsable de los medios, sin uso y abuso de la intimidad de las personas, para que el derecho a la vida privada no se pierda en la maraa contaminada de una tica, cada vez ms entrecruzada y enredada en la privacidad de los dems. De lo contrario, a tenor de cmo se vende y compra la informacin, tan solo nos queda conformarnos con valorar el silencio gratificante que subyace en los recovecos de nuestra identidad desconocida e insignificante y esperar a que no sea pronto cuando pase a ser un espacio ms que invadir y juzgar.

 

Jos Antonio Mrida Donoso, profesor doctor, historiador y fillogo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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