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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2018

Los ciberpblicos

Laidi Fernndez de Juan
La Jiribilla


Ms all del derecho a la libre expresin, y de la relativa autonoma de los llamados muros en Facebook, resulta pavoroso el irrespeto que existe en las redes sociales. No es discutible la diferencia de opiniones, ni los criterios divergentes que cada quien tiene y expone a su albedro, pero una especie de cdigo tico (y, por consiguiente, intangible) se viola, y eso s es repudiable. Disfrazados tras pseudnimos, protegidos con nombres falsos, o incluso mostrando la verdadera identidad, existen comentaristas cuyas notas resultan nauseabundas.

El debate, la polmica, el movimiento que genera una noticia, los comentarios tras un anuncio o un simple obituario, cuando se basan en argumentos slidos, son no solo interesantes, sino necesarios. La participacin en las redes demuestra integracin en un mundo que ya se define por va internauta. La comunicacin digital ha demostrado su utilidad: las ventajas de los intercambios intercontinentales son abrumadoras, y no las estoy colocando en tela de juicio. Hablo de la falta de sensibilidad, de la grosera manera en que algunos intentan superar, a base de insultos, de calumnias y de intolerancias, a un supuesto contrincante que quizs no lo sea. Es perfectamente comprensible (y repito, saludable) que no todos estemos de acuerdo en un tema determinado. Es ms, ojal todos los criterios fueran esgrimidos siempre, porque ello demostrara que es falsa la imagen que muchos fuera de Cuba, tienen de nosotros. Quienes nos ven como una masa monoltica, uniforme y complaciente, pueden comprobar de qu forma se moviliza el avispero cuando no coincidimos. Pero insisto en que debe primar eso tan elemental que se conoce como respeto.

Poco a poco, nos percatamos de la existencia de diferentes tipos de pblicos, y vamos escogiendo los sitios digitales de nuestra preferencia, no solo segn los nombres de los colaboradores habituales (escritores, periodistas, cronistas, comentaristas de varias ramas de la vida), sino tambin segn los visitadores, esos seres a veces desconocidos en la esfera pblica, pero sostenedores de una revista, de un blog, de cualquier tipo de publicacin digital. Por muy culto, interesante o famoso que sea el dueo de un blog o el director de una revista, si no genera un pblico especfico, fracasa en el empeo de movilizar opiniones, o de mantener informada a la mayora. As, es fcil comprobar que el blog de Silvio, Segunda Cita (voy a mencionar solo unos pocos, porque ejerzo mi derecho a la eleccin) tiene caractersticas distintivas: Su pblico se lee todas las notas publicadas, hasta el final. Esto, que parece una obviedad, contrasta con la superficialidad de otros sitios, o mejor dicho, con el pblico de otros sitios, que lee el titular del artculo, las tres primeras lneas, y enseguida se manda a correr para opinar. En contra, claro est.

Fuertes polmicas se desatan entre los denominados segundaciteros, pero todas se basan en la consideracin respetuosa, de manera que da gusto entrar en esas pginas, y alimentarse de lo que sucede ahora mismo, y de las diferentes formas de reaccin que se generan.

Cartas desde Cuba, del polmico Fernando Ravsberg es otro ejemplo: El pblico suele ser agresivo, y el propio uruguayo es quien sale, espada en mano, a defender sus planteamientos. Ravsberg, a diferencia de Silvio, no tiene mucha gente que lo apapache, pero con gallarda mantiene su postura contra viento y marea, como puede comprobarse en estos das, a raz de su artculo acerca del libro de Guillermo Rodrguez Rivera recin lanzado, Decirlo todo. Hace meses dej de colaborar con la revista Oncuba, y desde hace semanas, no logro entrar en sus pginas, cuestin que lamento, porque es bien interesante dicha publicacin. Su pblico, en sentido general, y hasta donde pude comprobar, es variopinto: Ni tan concienzudo como el de Segunda Cita, ni tan irreverente como el de Cartas desde Cuba. Ms bien es un punto intermedio. Aprovecho para saludar a quienes seguan mi espacio all, que nunca alcanz categora de Columna, aunque s mantuvo sistematicidad.

Por otra parte, el fenmeno de Facebook llega al clmax de la mescolanza. Cada quien publica en su muro lo que considere de inters: desde el anuncio de la venta de un refrigerador hasta la imagen de la florcita ms reciente que naci en su patio. Hasta ah, no hay ninguna objecin. Pero debajo de ciertas noticias, aparecen comentarios francamente repugnantes. Un ejemplo reciente: Alguien public en su muro que no le pareca adecuado que un recin premiado declarara ser descendiente de una figura famosa, lo cual apunta a un disparate, no lo niego, pero que ms adelante aparezca el comentario debe estar bajo los efectos de la quimioterapia (sic), es lo ms despiadado que he ledo, aunque no lo nico.

Increblemente, frente a anuncios de muertes, vemos muestras de regocijo, fotos de fiestas llevadas a cabo para celebrar dichos fallecimientos, e incluso puras elucubraciones de cmo, por qu y cundo X persona perdi la vida, en lugar de abstenerse de opinar de aquello que no se sabe, o de mostrar una sacrosanta humildad ante el fallecimiento de un ser humano. Abominable, ciertamente. Muchos facebookeros se quejan de que comentaristas inescrupulosos se introducen en sus espacios, para ofender a quien es dueo del dominio del muro. Y les asiste toda la razn a quienes rechazan esa intromisin. Leo, por ejemplo No tolero insultos en mi muro, y muchos de nosotros nos hemos visto en la necesidad de borrar supuestos amigos, en aras de protegernos. Y hemos sido eliminados tambin, como es lgico. Un toma y daca muy interesante. T me borras: yo te elimino, o t me aceptas y yo te admito en mi lista de amistades. Lo cierto es que, ms all de ideologas, de posturas, de preferencias culturales y de gustos, no hay derecho al insulto, a la crueldad, a la burla. Hablando en plata, la decencia peligra.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/los-ciberpublicos



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