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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2018

En Israel crece un racismo cercano al del nazismo incipiente

Zeev Sternhell
Le Monde

En una columna para Le Monde, el historiador israel especialista en fascismo se embarca en una comparacin entre el destino de las personas judas antes de la guerra y el de las palestinas de hoy.


A veces intento imaginar como trataramos de explicar nuestra poca al historiador que vivir dentro de 50 o 100 aos. Se preguntar sin duda en qu momento se empez a entender que Israel, ese pas que se constituy como Estado durante la guerra de independencia de 1948, fundado sobre las ruinas del judasmo europeo y al precio de la sangre de 1% de su poblacin −entre ellos miles de combatientes sobrevivientes del Genocidio (Shoah)−, se transform en un monstruo  para la poblacin no juda bajo su dominacin? Cundo exactamente los israeles −por lo menos en parte− entendieron que su crueldad hacia las personas no judas bajo su dominacin en los territorios ocupados, su determinacin de romper las esperanzas de libertad y de independencia del pueblo palestino, o su rechazo a dar asilo a los refugiados africanos, empez a quebrantar la legitimidad moral de su existencia nacional?

La respuesta −dir tal vez el historiador− se encuentra en su germen, en las ideas y acciones de dos importantes diputados de la mayora: Miki Zohar (Likud) y Bezalel Smotrich (Hogar Judo), fieles representantes de la poltica gubernamental, recientemente propulsados al primer plano. Pero an ms importante es el hecho de que esta misma ideologa se encuentra en la base de las propuestas de ley llamadas fundamentales, es decir constitucionales, que la ministra de Justicia, Ayelet Shaked −con el asentimiento entusiasta  del primer ministro Benyamin Netanyahu− se propone hacer adoptar rpidamente por el Knesset (Parlamento).

Shaked, nmero dos del partido de la derecha religiosa nacionalista, adems de su nacionalismo extremo, representa perfectamente una ideologa poltica segn la cual una victoria electoral justifica el control de todos los rganos del Estado y de la vida social, desde la administracin a la justicia, pasando por la cultura. En el espritu de esa derecha, la democracia liberal es un infantilismo. Se concibe fcilmente el significado de ese enfoque para un pas de tradicin britnica que no posee Constitucin escrita, slo reglas de comportamiento y un armado legislativo que puede ser cambiado con una mayora simple.

El elemento ms importante de esta nueva jurisprudencia es una legislacin llamada ley sobre el Estado-nacin: se trata de un acto constitucional nacionalista duro, del que el nacionalismo integrista de otros tiempos como el de Charles Maurras no hubiera renegado, que la seora Le Pen hoy no se atrevera a proponer, y que el nacionalismo autoritario y xenfobo polaco y hngaro acogeran con satisfaccin. Se trata de judos que olvidan que su suerte, desde la Revolucin Francesa, est ligada al liberalismo y a los derechos humanos, y que al mismo tiempo generan un nacionalismo en el que se reconocen fcilmente los ms duros chovinistas de Europa.

La impotencia de la izquierda

En efecto, esta ley tiene como objetivo abiertamente declarado someter los valores universales de la Ilustracin, del liberalismo y de los derechos humanos a los valores particularistas del nacionalismo judo. Obligar al Tribunal Supremo −al que Shaket, de todos modos, hace lo posible por reducirle las prerrogativas y hacer aicos el tradicional carcter liberal, sustituyendo en la medida de lo posible todos los jueces que se jubilan con juristas prximos a ella− a emitir veredictos siempre conformes a la letra y al espritu de la nueva legislacin. Pero la ministra va todava ms lejos: acaba de declarar que los derechos humanos tendrn que sacrificarse ante la necesidad de asegurar una mayora juda. Pero ningn peligro acecha dicha mayora en Israel, donde el 80% de la poblacin es juda; por lo tanto, se trata de preparar a la opinin pblica para una situacin nueva, que se producir en caso de anexin de los territorios palestinos ocupados (como desea el partido de la ministra): la poblacin no juda quedar sin derecho a voto.

Gracias a la impotencia de la izquierda, esta legislacin servir como primer clavo en el atad del antiguo Israel, aquel del que slo quedar la declaracin de independencia como una pieza de museo, para recordar a las generaciones futuras lo que nuestro pas hubiera podido ser si nuestra sociedad no se hubiera descompuesto moralmente tras medio siglo de ocupacin, colonizacin y apartheid en los territorios conquistados en 1967, y ahora ocupados por unos 300.000 colonos. Hoy, la izquierda ya no es capaz de enfrentar a un nacionalismo que, en su versin europea, mucho ms extrema que la nuestra, casi consigui aniquilar a los judos de Europa. Es por eso que conviene que insistamos en leer −en Israel y en todo el mundo judo− las dos entrevistas realizadas por Ravit Hecht para Haaretz (3/12/2016 y 28/10/2017) a Smoritch y Zohar. Se ve cmo crece ante nuestros ojos, no un simple fascismo local, sino un racismo cercano al nazismo en su etapa inicial.

Como cualquier ideologa, el racismo alemn tambin haba evolucionado, y en su origen slo atac los derechos humanos y cvicos de la poblacin juda. Es posible que sin la Segunda Guerra Mundial, el problema judo se hubiera traducido en una migracin voluntaria de las poblacin juda de los territorios bajo control alemn. Despus de todo, prcticamente todos los judos y judas de Alemania y Austria pudieron salir a tiempo. No se descarta que, para algunos miembros de la derecha, la misma suerte podra presentarse para la poblacin palestina. Slo habra que esperar la ocasin oportuna; una guerra buena, por ejemplo, acompaada de una revolucin en Jordania, la cual permitira expulsar hacia el este a la mayor parte de los habitantes de Cisjordania ocupada.
 

El espectro del apartheid

Los Smotrich y los Zohar, digmoslo, no quieren atacar fsicamente a la poblacin palestina, por supuesto si stas acepta sin resistir la hegemona juda. Simplemente se niegan a reconocer sus derechos humanos, su derecho a la libertad y a la independencia. En la misma lnea, ya en caso de anexin oficial de los territorios ocupados, ellos y sus partidos polticos anuncian sin complejo que negarn a la poblacin palestina la nacionalidad israel, y por supuesto el derecho a voto. En cuanto a la mayora hoy en el poder, las y los palestinos estn condenados al estatuto de poblacin ocupada para la eternidad.

La razn es simple y claramente enunciada: los rabes no son judos, por eso no tienen derecho a pretender la propiedad de cualquier parte de la tierra prometida al pueblo judo. Para Smotrich, Shaked y Zohar, un judo de Brooklyn, que tal vez jams ha pisado esta tierra, es su legtimo dueo; pero el rabe, que naci en ella −al igual que sus antepasados antes que l− es un extranjero cuya presencia nicamente es aceptada por la buena voluntad y humanidad de los judos. El palestino, nos dice Zohar, no tiene derecho a la autodeterminacin porque no es dueo del suelo. Lo quiero aqu como residente, y eso porque soy honesto: naci aqu, vive aqu, no le dir que se vaya. Lamento decirlo pero [los palestinos] sufren una deficiencia esencial: no nacieron judos.

Lo que significa que, incluso si los palestinos deciden convertirse (al judasmo), dejarse crecer los aladares y estudiar la Tor y el Talmud, no les servira de nada. No ms que a los sudaneses y eritreos y a sus hijos, que son israeles en todos los aspectos lengua, cultura, socializacin. Era lo mismo con los nazis. Despus vino el apartheid que, segn la mayora de los pensadores de la derecha, podra, con algunas condiciones, aplicarse tambin a los rabes que son ciudadanos israeles desde la fundacin del Estado. Para nuestra desgracia, muchos de aquellos que tienen vergenza de esos representantes electos y odian sus ideas, por muchas razones seguirn votando por la derecha.


Publicado en Le Monde el 18 de febrero de 2018. Traduccin: Laurent Cohen Medina (editada por Mara Landi)

Zeev Sternhell, Historiador, miembro de la Academia Israel de Ciencias y Letras, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusaln, especialista en historia del fascismo.



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