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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2018

Aunque el planeta lo sufra
La mxima extraccin posible

Michael T. Klare
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


La militarizacin de la poltica energtica

Introduccin de Tom Engelhardt

Pensemos al presidente Trump y su administracin como una panda de ladrones. Por supuesto, hay un robo evidente: lo que en el fondo pretenden como sucede con la recientemente aprobada ley de reforma tributaria es robar al ciudadano de a pie y regalar un ahorro eterno a los ya pasmosamente ricos entre ellos al propio presidente (posiblemente, hasta 15 millones de dlares por ao) y a su yerno Jared Kusher (tal vez, hasta 12 millones de dlares por ao). Segn la Oficina del Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en ingls), las reservas en metlico ya estn empezando a caer ms rpidamente que lo que se esperaba como consecuencia de la prdida de recaudacin asociada con esta ley, Y las modestas ganancias ofrecidas a los contribuyentes normales para ocultar un vasto aumento de la riqueza del 1 por ciento ms rico desaparecern en los prximos aos veinte, mientras que los recortes impositivos que benefician a las corporaciones sern para siempre. 

Pensemos en esas acciones no como las de un insignificante ladronzuelo sino como un robo fundamental, ya que implican robar a un tiempo futuro para financiar a una plutocracia cada vez ms rica del presente. Donald, en otras palabras, no solo est robndonos a nosotros sino a nuestros hijos y nietos. Y si esto es verdad respecto de su ley impositiva, mucho ms lo es de su poltica energtica, como hoy lo pone en negro sobre blanco Michael Klare, colaborador habitual de TomDispatch. Dada la adiccin del presidente a los combustibles fsiles, su creencia de que liberar a la Gran Energa de todas las restricciones y regulaciones existentes es crucial para la futura dominacin mundial de Estados Unidos Klare nos informa est incrustada en el ncleo de la Estrategia de la Seguridad Nacional recientemente dada a conocer por la administracin. Dicho de otro modo, la explotacin de los combustibles fsiles en Amrica del Norte es oficialmente el meollo de la formulacin de la poltica del presidente Trump y sus generales. 

Esto no solo es una cuestin de robar el futuro dinero de nuestros hijos y nietos; ni siquiera de la contaminacin del medioambiente en el que ellos crecern, como todos los estadounidenses que crecieron en los cincuenta del siglo pasado como Donald Trump (o yo mismo). La cuestin es el robo de todo lo suyo, incluyendo la potencialidad de un entorno que aliment a generacin tras generacin de nios en este planeta durante los miles de aos de historia humana. Si el presidente y su equipo de negacionistas climticos hacen lo suyo, es decir, la versin combustibles fsiles de la dominacin de la energa para gobernar nuestro mundo estadounidense mientras cierran el camino a las energas alternativas, habrn robado el futuro de todos para asegurar la comodidad de unos pocos seres humanos de hoy. Como parte de los que solo se puede considerar un insensato plan para calentar an ms el planeta, la poltica energtica del presidente Trump ser, sin duda alguna, no solo un robo, no solo el mayor deliro de este siglo, sino tambin un terricidio, es decir, la destruccin del propio planeta, un crimen de todos los siglos por venir. Tenga el lector eso en cuenta mientras lee la nota de Klare.

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Cmo piensa Donald Trump utilizar los combustibles fsiles en la lucha por el dominio del mundo

De alguna manera, la nueva poltica energtica de la era Trump es la ms extraa del mundo. Todas las grandes potencias de la historia han tratado de tener a sus rdenes los recursos energticos, no ser esclavos de ellos la fuerza elica, la hulla o el petrleo, para favorecer sus ambiciones hegemnicas. Lo que hace que la variante trumpiana explotacin irrestricta de las reservas de combustibles fsiles de Estados Unidos sea nica tiene que ver con el momento en que se aplica y la probable devastacin que resultar, gracias no solo a la contaminacin estilo aos cincuenta del siglo pasado del aire, el agua y el entorno urbano sino la devastadora ayuda que dar a un planeta cada vez ms recalentado.

El mes pasado, si el lector prest atencin al parloteo de la elite del poder en el Foro Econmico Mundial de Davos, Suiza, habr odo mucha suficiencia sobre el inmenso progreso realizado en las energas renovables. Mi gobierno ha proyectado una importante campaa, dijo el primer ministro indio Narendra Modi en su discurso. Para 2022, queremos generar 175 gigavatios con energas renovables; en los ltimos tres aos ya hemos conseguido generar 60, es decir, ms o menos un tercio de nuestro objetivo. Otros gobernantes del mundo tambin presumieron de haber logrado acelerar la construccin de instalaciones para utilizar la energa elica y la solar. Solo un personaje importante os expresarse contra la tendencia dominante: el secretario de Energa de Estados Unidos Rick Perry. Nuestro pas, insisti, ha sido bendecido con una sustancial capacidad para brindar a la poblacin mundial una mejor calidad de vida mediante los combustibles fsiles.

Una mejor calidad de vida mediante los combustibles fsiles? En esta cuestin, l y sus colegas de la administracin Trump estn hoy completamente solos en el planeta Tierra. En estos momentos, prcticamente todos los dems pases han optado ya sea participando en el acuerdo climtico de Pars o con iniciativas como la puesta en marcha por India por acelerar la transicin de una economa basada en el carbn a otra fundada en las renovables.

Tal vez esto tenga una explicacin: la deuda que Donald Trump tiene con los intereses de la corporacin de los combustibles fsiles que le ayudaron a hacerse con la presidencia de EEUU. Por ejemplo, piense el lector en la reciente decisin de su secretario del Interior de habilitar gran parte de los litorales marinos del Atlntico y del Pacfico a la perforacin en el mar (un viejo anhelo de la industria del petrleo y el gas natural) o las medidas de su administracin para levantar las restricciones a la explotacin de la hulla en tierras federales (un viejo anhelo de la industria carbonfera). Claramente, ambas medidas son en pago de algo. Aun as, hay mucho ms que sumisin a los barones del crudo y la hulla escondido detrs de la poltica energtica de Trump (y de los dichos de Perry), Desde la perspectiva de la Casa Blanca, Estados Unidos est metido en una importantsima lucha con naciones rivales por el poder en el mundo y, segn se dice, la abundancia de combustibles fsiles le proporciona una ventaja decisiva. Cuantos ms combustibles fsiles produzca y exporte EEUU, tanto mayor ser su estatura en el sistema competitivo mundial; es por esto, precisamente, que la maximizacin de estos rasgos ya se ha convertido en la columna vertebral de la poltica de seguridad nacional del presidente Trump.

El presidente traz su distpica visin del mundo (y la de los generales que l nombr para que se encarguen de lo que alguna vez se conoci como la poltica internacional estadounidense) en un discurso pronunciado un 18 de diciembre en el que anunciaba la publicacin del documento sobre de la nueva Estrategia de la Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en ingls) de la administracin. Nos guste o no, afirm, estamos insertos en una era de competicin. Estados Unidos se enfrenta a regmenes maliciosos como Irn y Corea del Norte y potencias rivales, Rusia y China, que tratan de desafiar la influencia, los valores y la riqueza de EEUU. En un mundo tan competitivo, agreg, nos defenderemos solos; por nuestro pas, lo haremos como nunca lo hemos hecho. Nuestros rivales son fuertes. Son tenaces y comprometidos con el largo plazo. Pero nosotros tambin.

Para Trump y sus generales, estamos en un mundo que tiene que ver muy poco con el que tuvieron que vrselas las dos administraciones anteriores, un mundo en el que era raro que los conflictos entre las grandes potencias fueran el centro de la atencin y la sociedad civil se mantena mayormente al margen de la presiones de las interminables guerras de este pas. Ellos creen que en estos momentos, con la amenaza de aos de lucha por venir, Estados Unidos ya no puede permitirse separar la patria de las zonas de combate en el extranjero. Para tener xito, acab el presidente, debemos integrar todas las dimensiones de nuestra fuerza como nacin y competir con todos los instrumentos de los que dispone nuestro pas.

Es aqu, en la visin trumpiana del mundo, donde se sita la energa.

Dominacin energtica

Desde el inicio de su presidencia, Donald Trump dej bien en claro que en EEUU la barata y abundante energa derivada de los combustibles fsiles iba a ser el factor crucial de su enfoque de movilizacin total para la competicin global. En su punto de vista y el de sus consejeros, se trata del elemento decisivo esencial para asegurar la vitalidad econmica de la nacin, su fuerza militar y su peso geopoltico, sea cual sea el dao que se pueda ocasionar a la vida de los estadounidenses, al medioambiente de la Tierra o incluso al futuro de la vida humana en este planeta. Hoy, la explotacin y la utilizacin poltica de los combustibles fsiles se sita en el corazn mismo de la definicin trumpiana de la seguridad nacional, como la reciente publicacin de la NSS lo pone con meridiana claridad.

El acceso a las fuentes nacionales de energas limpias, factibles y confiables asegura un Estados Unidos prspero, seguro y potente durante las prximas dcadas, plantea. la liberacin de esas abundantes fuentes de energa hulla, gas natural y nuclear estimula la economa y construye los cimientos de un futuro crecimiento.

Entonces, los cierto es que aunque en las palabras el documento menciona el papel de las energas renovables, nadie se tomara eso demasiado en serio si, por ejemplo, se tiene en cuenta la reciente decisin presidencial de gravar con altos aranceles la importacin de paneles fotovoltaicos, una medida que probablemente paralice la industria de las instalaciones solares. Lo que en el fondo realmente le interesa a Trump son esas reservas nacionales de combustibles fsiles. Solo utilizndolos para obtener supremaca o lo que l anuncia con bombos y platillos, no solo en cuanto a la independencia energtica sino la total dominacin energtica, Estados Unidos puede evitar el quedar en deuda con algunas potencias extranjeras y de ese modo proteger su soberana. Es por eso que l celebra un da s y el otro tambin el xito de la revolucin de los combustibles no convencionales, el empleo de la tecnologa del fracking para extraer el crudo y el gas natural profundamente encerrados en las formaciones shale. Tal como l lo ve, la explotacin al mximo de estos yacimientos hace que EEUU sea mucho menos dependiente de la importacin de combustibles.

Adems, la posibilidad de suministrar combustibles fsiles a otros pases ser una ventaja geopoltica, una realidad dolorosamente clara en los primeros aos de este siglo cuando Rusia aprovech su condicin de principal proveedor de gas natural a Ucrania, Bielorusia y otras antiguas repblicas socialistas para conseguir que le hicieran concesiones polticas. Donald Trump aprendi esa leccin y la incorpor en sus planes estratgicos.

Nuestro pas ha sido bendecido con una energa extraordinariamente abundante, declar el pasado junio en un Encuentro para liberar la energa de Estados Unidos. Somos uno de los principales productores de petrleo del mundo y el nmero 1 de gas natural. Con estos increbles recursos, mi administracin no solo buscar la independencia energtica que EEUU ha estado anhelando durante tanto tiempo sino la dominacin en el campo de la energa. Y seremos exportadores... Seremos preponderantes. Exportaremos la energa estadounidense a todo el mundo.

Lograr la dominacin energtica

En cuestin de energa, qu significa en la prctica una posicin dominante? Para el presidente Trump y sus adlteres, significa sobre todo quitar todo freno a las posibilidades que brinda la abundancia energtica mediante la eliminacin de todas las limitaciones que regulan la explotacin de las reservas nacionales de combustibles fsiles. Despus de todo, Estados Unidos posee algunos de los mayores yacimientos de crudo, huya y gas natural del mundo; con la aplicacin de todas las maravillas tecnolgicas a su disposicin puede extraer al mximo esas reservas para aumentar la potencia del pas*.

La verdad es que en nuestro pas contamos con un suministro virtualmente ilimitado de energa, declar el presidente en junio del ao pasado. Todo lo que impeda su explotacin cuando l entr en el Despacho Oval, insista, eran las normas medioambientales impuestas por la administracin Obama. No debemos tener obstculos. Desde el mismo primer da en mi cargo, he estado tomando medidas a buen ritmo para suprimir esas normas y eliminar las barreras que dificultan la produccin de la energa nacional. Despus mencion su autorizacin para la construccin de los oleoductos de Keystone XL y Dakota Access, la cancelacin de una moratoria en el arrendamiento de tierras federales para la minera de la hulla, la revocacin de la medida de la administracin Obama cuyo objetivo era impedir la emisin de metano en la extraccin de gas natural en tierras federales y la reduccin presupuestaria del plan Energas Limpias del anterior presidente, que (de haber sido puesto en marcha) habra exigido una drstica reduccin de la utilizacin del carbn mineral. Y, con la reciente autorizacin de perforar en la prstina costa norte de Alaska en el rtico, la cuestin es no parar jams.

Estrechamente ligado con esas medidas ha sido el repudio presidencial de los acuerdos climticos de Pars porque segn la visin trumpiana tambin esos acuerdos eran un obstculo en sus proyectos de quitar todo freno a la energa estadounidense en la bsqueda del poder internacional. Mediante el retiro de los acuerdos pretenda estar protegiendo la soberana de Estados Unidos e iniciando, al mismo tiempo, el camino hacia una nueva forma de dominacin energtica de mbito mundial. Tenemos mucha ms [energa] que lo que nunca cremos posible, afirm. Estamos en una posicin realmente determinante. Y sabis qu? No vamos a permitir que otro pas nos quite la soberana y nos diga qu debemos hacer y cmo debemos hacerlo. Esto no va a pasar.

No importa que los acuerdos de Pars de ningn modo limiten la soberana de EEUU. Solo obliga a que sus signatarios en estos momentos, todos los pases de la Tierra excepto Estados Unidos dicten medidas para reducir sus emisiones de gases de invernadero con el objetivo de impedir que la temperatura global aumente ms de 2 C respecto del nivel preindustrial (los cientficos creen que este es el mayor incremento que el planeta puede absorber sin que se produzcan impactos verdaderamente catastrficos como un aumento del nivel del mar de tres metros). En tiempos de Obama, en el marco de su proyecto para alcanzar esta meta. Estados Unidos prometi, entre otras cosas, poner en marcha el Plan de Energa Limpias (CBP, por sus siglas en ingls) para reducir el consumo de hulla, Esto, por supuesto representaba un inaceptable impedimento para la poltica trumpiana de extraer todo lo extrable.

El ltimo paso de la estrategia presidencial para convertir a este pas en un exportador importante implica facilitar el transporte de los combustibles fsiles a las zonas portuarias para su embarque hacia el extranjero. De este modo, l tambin transformar al gobierno en el mayor vendedor de esos combustibles (como ya lo es, por ejemplo, de las armas que produce EEUU). Para hacerlo, activar la aprobacin de permisos de exportacin de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en ingls) e incluso de algn nuevo tipo de plantas de generacin de electricidad de baja emisin alimentadas con carbn mineral. El departamento del Tesoro, revel Trump en aquel encuentro de junio, se ocupar de financiar las centrales elctricas de alta eficiencia alimentadas con hulla que se construyan en el extranjero. Adems, sostuvo que los ucranianos nos han dicho que necesitan millones y millones de toneladas [de carbn mineral] ahora mismo. Hay muchos otros lugares en los que tambin lo necesitan. Y nosotros queremos vendrselo, y a cualquiera que lo necesite en todo el mundo. Tambin anunci la aprobacin de cada vez ms exportacin de LNG desde una nueva instalacin en Lake Charles, Louisiana, y la construccin de un nuevo oleoducto hacia Mxico para aumentar ms an la exportacin de energa estadounidense; el oleoducto pasar debajo del (de momento, solo proyectado) muro.

Por lo general, esas acciones en materia energtica han sido vistas como parte de una agenda a favor de la industria y en contra de los ambientalistas; ciertamente, lo son. No obstante, cada una de ellas es un aspecto ms de una estrategia cada vez ms militarizada de insertar la energa nacional en una lucha pica al menos en la mente del presidente y sus consejeros para conseguir que Estados Unidos se asegure la dominacin del mundo..

Hacia dnde apunta todo esto

Durante su primer ao en la presidencia, Tump ha conseguido muchos de sus objetivos de mxima extraccin de combustibles fsiles. En estos momentos, con todos ellos excepcionalmente incluidos en la estrategia de la seguridad nacional de nuestro pas, tenemos un conocimiento ms claro de lo que est ocurriendo. Ante todo, junto con el aumento del presupuesto para las fuerzas armadas de Estados Unidos (y la modernizacin del arsenal nuclear del pas), Donald Trump y sus generales han convertido a los combustibles fsiles en un ingrediente decisivo del crecimiento de nuestra seguridad nacional. En ese sentido, convertirn en obstculo contra el inters nacional y muy literalmente la seguridad nacional de EEUU, cualquier cosa (o cualquier grupo) que se oponga a la extraccin y explotacin del petrleo, el carbn mineral y el gas natural.

En otras palabras, la expansin de la industria de los combustibles fsiles y su exportacin se ha transformado en un aspecto importante de la poltica exterior y la poltica de seguridad de Estados Unidos. Por supuesto, esa expansin y la exportacin asociada a ella implican un ingreso econmico y aseguran algunos puestos de trabajo pero, desde el punto de vista del presidente, tambin potencian el perfil geopoltico del pas ya que animan a los amigos y socios en el extranjero a confiar cada vez ms en nosotros para resolver sus necesidades de energa en lugar de mirar hacia Rusia o Irn. Como abastecedor cada vez ms importante de recursos, tecnologas y servicios relacionados con la energa en el mundo, declara la NSS sin una pizca de irona, Estados Unidos ayudar a que sus aliados y socios sean cada vez ms fuertes frente a quienes utilizan la energa para coaccionar.

En tanto la administracin Trump avance en todo esto, sin duda ser fundamental la construccin y el mantenimiento de infraestructura ligada a la energa oleoductos, gasoductos y ferrocarriles que aseguren el transporte del crudo, el gas natural y la hulla desde el interior del pas a las instalaciones de procesamiento y las de exportacin en los puertos. Debido a que muchas de las grandes ciudades y centros poblados de la nacin estn en las costas del Atlntico, el Pacfico o el golfo de Mxico y a que durante mucho tiempo el pas ha dependido de la importacin de buena parte del petrleo que consuma, un sector importante de la superestructura petrolera existente refineras, instalaciones de gas natural licuado, estaciones de bombeo y dems ya est localizado a lo largo de las costas mencionadas. Aun as, gran parte del suministro de energa que Trump pretende explotar los yacimientos no convencionales de Texas y North Dakota, las reservas de hulla de Nebraska est situada en el interior del pas. Para que su estrategia tenga xito, esas zonas deben ser conectadas ms eficazmente con las instalaciones portuarias mediante una formidable red de nuevos oleoductos y otras infraestructuras de transporte. Todo esto costar enormes sumas de dinero y propiciar grandes conflictos con los ambientalistas, los pueblos nativos, los agricultores, los propietarios y otras personas cuyas tierras y formas de vida sern degradadas gravemente cuando esas instalaciones empiecen a construirse; sin duda, todos ellos se resistirn.

Para Trump, el camino que tiene ante l es claro: hacer lo que haga falta para construir la infraestructura necesaria para entregar esos combustibles fsiles en el extranjero. No es sorprendente, entonces, que la Estrategia de la Seguridad Nacional declare: Racionalizaremos el proceso de aprobacin de las regulaciones federales referidas a la infraestructura energtica desde los oleoductos a las terminales de exportacin para el embarque de contenedores. Seguramente, esto provocar numerosos conflictos con grupos ambientalistas y otros habitantes de lo que Naomi Klein (autora de Esto lo cambia todo) llama Blockadia** lugares como la reserva de pueblos originarios de Standing Rock en North Dakota, donde miles de sioux y sus seguidores acamparon el ao pasado en un finalmente fracasado intento de detener la construccin del oleoducto Dakota Access. Dada la insistencia de la administracin en vincular la produccin de combustibles con la seguridad de Estados Unidos, imaginamos que los intentos de manifestarse contra ella tropezarn con un spero trato por parte de las agencias federales encargadas de hacer cumplir la ley.

Adems, la construccin de esas instalaciones costarn mucho dinero; por eso es esperable que el presidente Trump incluya la construccin de oleoductos en la ley de modernizacin de las infraestructuras que enve al Congreso, asegurndose as que los dlares del contribuyente financien el esfuerzo. Ciertamente, la inclusin de la construccin de oleoductos y otros equipamientos del rubro energtico en cualquier futura iniciativa vinculada con las infraestructuras es ya un objetivo principal de los influyentes grupos como el Instituto Estadounidense del Petrleo (API, por sus siglas en ingls) y la Cmara de Comercio de EEUU (USCC, por sus siglas en ingls). La reconstruccin de carreteras y puentes est muy bien, dijo Thomas Donohue, presidente de la Cmara de Comercio, pero ... tambin estamos viviendo un resurgimiento energtico y todava no tenemos la infraestructura de lo sustente. Como resultado de ello, agreg, debemos construir los oleoductos necesarios para poner en el mercado nuestros abundantes recursos. Dada la influencia que esos intereses corporativos tienen en la Casa Blanca y los legisladores republicanos, es razonable suponer que cualquier ley sobre la revitalizacin de la infraestructura estar, al menos en parte, centrado en la energa.

Y no olvidemos que para el presidente Trump, con su visin del mundo rigurosamente ligada a los combustibles fsiles, esto no es ms que el comienzo. Las cuestiones que podran ser vistas por otras personas como ambientales o inclusos conservacionistas del territorio sern vistas por l y su gente como otros tantos obstculos para la seguridad y la grandeza de la nacin. Asimismo, frente a lo que sin duda ser una serie de potenciales desastres medioambientales sin precedentes, quienes se oponen al proyecto presidencial debern cuestionar su visin del mundo y el papel que los combustibles fsiles desempearn en ella.

La venta de ms combustibles fsiles a compradores del extranjero, mientras se intenta ahogar el desarrollo de las energas renovables (cediendo, de ese modo, a otros pases esos sectores de la economa que crean puestos genuinos de trabajo) puede ser bueno para los gigantes corporativos del petrleo y la hulla, pero no har amigos de Estados Unidos fuera de sus fronteras en un momento en el que el cambio climtico est pasando a ser una preocupacin cada da ms grande para muchas personas en todo el mundo. Con prolongadas sequas, con tormentas y huracanes cada vez ms fuertes y con letales olas de calor afectando a regiones cada vez ms amplias del globo, con el nivel del mar aumentando sin cesar y con condiciones climticas extremas convirtindose en lo normal, la necesidad de contener el cambio climtico no hace ms que crecer, como lo hace tambin la de energas renovables.

Donald Trump y su administracin de negacionistas del cambio climtico estn literalmete viviendo en un siglo equivocado. Es posible que militarizar la poltica energtica e instalar los combustibles fsiles en el centro de la poltica de la seguridad nacional en los tiempos que corren sea atrayente para ellos, pero es un enfoque obviamente condenado a la desgracia. Es, de hecho, la definicin de lo anticuado.

Desgraciadamente, dadas las circunstancias del planeta Tierra en este momento, tambin amenaza ser una desgracia para todos nosotros. Cuanto ms escrutamos el futuro, tanto ms probable se puede prever que el liderazgo mundial recaiga sobre las espaldas de quienes puedan asegurar con efectividad y eficiencia el empleo de las energas renovables, no de las de quienes aportan los combustibles fsiles que envenenan el entorno y la atmsfera. Siendo as, nadie que aspire a ser una autoridad mundial debera decir en Davos ni en cualquier otro sitio que estamos bendecidos con una sustancial capacidad para brindar a la poblacin mundial una mejor calidad de vida mediante los combustibles fsiles.

* Coincidentemente, mientras traduca esta nota (19FEB2018), el peridico espaol Pblico sac una nota en la que informaba de que EEUU haba conseguido ser el primer productor de crudo del mundo (http://www.publico.es/internacional/internacional-eeuu-asume-vitola-primer-productor-crudo-mundo.html). (N. del T.)

** Francisco Valds Perezgazca describe ese pas llamado Blockadia en http://www.milenio.com/firmas/francisco_valdes_perezgasga/Blockadia_18_423137690.html. (N. del T.)

Michael T. Klare, colaborador habitual de TomDispatch, es profesor de Paz y Seguridad Mundial en el Instituto Hampshire y autor de 14 libros, entre ellos el ms reciente The Race for Whats Left. Una versin cinematogrfica documental de su libro Blood and Oil est disponible en Media Education

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176384/tomgram%3A_michael_klare%2C_militarizing_america%27s_energy_policy/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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