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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2018

Supremaca cultural del reino de Espaa, el futuro inmediato que nos viene

Ibon Cabo Itoiz
Rebelin


En los ltimos das hemos vivido nuevas fases expansivas en torno a la supremaca cultural del reino de Espaa en torno a tres elementos tericamente culturales, el himno, la bandera y el idioma. En este ciclo expansivo de la supremaca cultural espaola, podemos incluir tambin las continuas alusiones a las necesarias polticas de freno a la inmigracin, del control de las ayudas sociales y las habituales arengas en torno a los llamados privilegios vasco navarros. Cabe ante esta situacin (nada nueva por otra parte), detenerse y analizar con tranquilidad el ciclo de supremaca cultural poltica al que nos quiere arrastrar el aparato conservador del estado y sus portavoces mediticos.

En la dialctica que se establece entre lo comn y lo poltico, la duda es quin fue ante s el huevo o la gallina. Suponemos que lo cultural es el germen de lo poltico y la base sobre la que se articulan las relaciones de poder y de construccin del imaginario colectivo. Por extensin, las instituciones deberan ser la consecuencia derivada de este imaginario colectivo, trenzado durante siglos por una diversidad infinitesimal fundamentada en las personas y su contexto social. Sin embargo, la realidad comunicativa y la evolucin democrtica del voto nos indica justo lo contrario: es el contexto el que est definiendo en los ltimos tiempos la relacin de las personas con respecto a las instituciones y la interpretacin que de su labor realizan stas.

As pues, surgen derivadas de un contexto poltico convulso, determinadas opciones que impulsadas por discursos grande elocuentes (como el de Felipe VI en torno a Catalunya), tratan de establecer una relacin de superioridad moral y tica en torno a un sentimiento y unos elementos culturales, sorprendentemente (en teora), postergados por aquellos que provenientes de la periferia espaola, pretenden humillar y menos preciar los valores de todos-as, los valores comunes, los valores espaoles.

El problema surge cuando se intenta por la puerta de atrs hacer ver que estos valores comunes son muestra de generosidad y consenso y no, como verdaderamente son, representaciones claras de una ilusin borbnica nacida en la ilustracin en torno a la supremaca cultural del reino espaol. Deca Mario Onaindia1, que el padre de John Hume le dijo una vez, las banderas no se comen a la vez que deca que el marco del abandono de la violencia en Irlanda est ligado a la existencia misma de la Unin Europea donde todos sus ciudadanos tendran dos nacionalidades, la europea y la del estado en origen. Es decir, si bien segn Mario, ex militante de ETA, EE y PSOE, existen valores comunes que engloban a todos y pueden llevar a decisiones histricas, la dicotoma est ligada indisolublemente a una relacin bilateral entre el marco histrico y el nuevo imaginario institucional.

Esto nos lleva al punto de origen en torno a la elaboracin del nuevo marco institucional espaol: la constitucin de 1978. Un marco superior que daba por cerrado, a travs del estado de las autonomas el conflicto histrico multi cultural de las naciones sin estado. En el caso del marco vasco, adems, le otorgaba el concierto como herramienta fundamentada en los derechos histricos, que pretenda, sin disimulo, cerrar las viejas heridas en torno a los decretos de nueva planta y el carlismo.

Por todo ello sabemos, que los privilegios vasco navarros no fueron un marco de concesin, ni mucho menos de consenso, sino una consecuencia histrica de la relacin entre las lites de estos territorios y las del resto del estado, incluida la familia real. Adems, la constitucin haca hincapi en preservar el marco cultural y regional (idioma, himnos, banderas) propio, para con ello hacer olvidar el periplo franquista donde todos ellos fueron interpretados bajo la supremaca cultural centralista, adornada con algunos elementos regionales por aquello de la diversidad del viejo reino.

As pues, los privilegios no lo eran tanto y si eran un acuerdo de renovacin foral para encontrar la paz en torno a un nuevo reino. Ni que decir tiene, que en el plano estrictamente econmico, esos privilegios nunca existieron y fueron simplemente un producto de una crisis social y econmica insuperable para el gobierno de un joven andaluz supremacista: Felipe Gonzlez Marquez.

Llegados a este punto, el actual tridente PP-Ciudadanos-Borbones, tan solo pretenden volver al punto anterior al acuerdo, estableciendo, de facto a travs del discurso y del 155, que estas concesiones fueron demasiado lejos y que los valores comnmente aceptados por los ciudadanos espaoles estn siendo postergados bajo las tericas imposiciones culturales de las naciones sin estado perifricas. Los ataques a la lengua propia de cada regin, cultura, costumbres o incluso formas de ser, a lo que si esta comnmente aceptado all (en el centro), ser sin duda el modus operantis habitual en los prximos meses, ya que est en juego volver al supremacismo ilustrado castellano o seguir anclados en la diversidad. El concierto, el cupo, la lengua, las polticas de inmigracinson tan solo herramientas para seguir siendo autnomos ante el eje conservador que pretende romper el pacto constitucional y volver a la Espaa de los Borbones.

Como consecuencia de esto, las prximas reformas de las instituciones no sern progresistas ni fundamentadas en la diversidad, lo sern por el contrario, supremacistas y basadas en un pensamiento anterior: Espaa una y grande. La respuesta ante est,o ser tambin como lo fue antao pero cambiando el sujeto: el hambre, una y grande durante el gobierno del PP-Ciudadanos y ms grande an mientras los borbones han reinado.

Ante esta gran envolvente, solo nos queda hacernos fuertes en aquello que nos une y resistir bajo el marco de grandes acuerdos de pas el envite que nos viene del frio continente, pues el eje conservador tiene a su favor, la historia, donde siempre los vascos y navarros hemos salido perdiendo por nuestra dbil unin interna ante los envites exteriores y sobre todo los grupos de poder. Recordemos que el poder y el control de los medios es de ellos-as. A nosotros solo nos queda tratar de no jugar a mximos y saber lo que est en juego. En Catalunya ya nos han enseado el camino. Toca trazar el nuestro incluyendo a todos aquellos compaeros que hayan sido agredidos por este tridente. Toca recuperar la ilusin.

Toca volver a movilizarse si queremos sobre vivir. Si queremos seguir siendo nosotros-as mismos. Los usos y costumbres ya no llevan a la reforma institucional y al control ciudadano, sino a la imposicin de un modelo cultural paracaidista, centralista y sobre todo bien aconsejado por los poderes que imponen al unsono recortes y asimilacin cultural. Esta en nuestra mano.

Nota:

1 https://elpais.com/diario/1998/10/17/internacional/908575207_850215.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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