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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2018

El mapa de la guerra sin fin

Alberto Piris
Blog el Viejo Can


El Watson Institute de la Brown University (radicada en Providence, RI-EE.UU.) viene desarrollando un proyecto titulado Los costes de la guerra cuyo objetivo es documentar los costes ocultos o no reconocidos oficialmente de las guerras posteriores al 11-S en Irak y en Afganistn, as como la violencia causada en otras partes por la guerra contra el terror. Ha publicado las estimaciones ms extensivas sobre los costes humanos y presupuestarios de EE.UU. en esas guerras.

La geopoltica siempre se ha apoyado en representaciones cartogrficas para proporcionar imgenes que ayuden a entender mejor las circunstancias de los problemas o asuntos que afectan a la comunidad internacional. Como advirti el maestro de gegrafos Yves Lacoste en su ensayo La gographie, a sert, dabord, faire la guerre, en el citado proyecto no poda faltar un mapa que reflejase la visin geogrfica de esos costes de la guerra, que es el que acompaa a este comentario.(Para verlo con ms detalle, pulse aqu).

Lo primero que salta a la vista es que en la guerra de EE.UU. contra el terror estn hoy implicados 76 pases, incluyendo a Espaa. Esta cifra es muy significativa, porque cuando en octubre de 2001 se desencaden la citada guerra solo un pas era el objetivo principal: Afganistn. Y ese pas acababa de sufrir otro largo conflicto en el que EE.UU. haba luchado contra la Unin Sovitica mediante intermediarios, armando y ayudando a los grupos fundamentalistas, incluido el de Bin Laden, para expulsar a los soviticos de Kabul. Grupos que pronto pasaran a encarnar a un enemigo multiforme y en permanente evolucin.

En este mapa, publicado en la pgina web (tomdispatch.com) de Tom Engelhardt (04/01/2018), se revela la enorme amplitud que abarca el esfuerzo estadounidense en las diversas batallas que sostiene contra el terrorismo. Muestra con detalle la situacin de las bases militares desde donde se apoyan las operaciones; las misiones de entrenamiento de las fuerzas antiterroristas de otros pases; el despliegue de las tropas de combate de EE.UU. y los pases desde donde se preparan los ataques de aviacin o mediante drones. En l se han considerado todas las actividades desarrolladas desde 2015 hasta octubre del pasado ao dentro de la guerra contra el terrorismo.

Esta guerra es ya un fenmeno global, cuyo principal teatro de operaciones se extiende desde Filipinas hasta el frica Occidental, aunque tambin llega al continente americano y Australia. Para llevarla a efecto EE.UU. ha arrastrado a este torbellino blico al 39% de todos los Estados del mundo, donde operan fuerzas terrestres (a menudo, de operaciones especiales), areas y drones.

Pero esta extensa actividad blica est pasando desapercibida en gran parte del mundo, incluyendo EE.UU. cuyos ciudadanos la costean con sus impuestos. Salvo la triunfal entrada en Bagdad y el publicitado derribo de la estatua de Sadam, apenas se han conocido noticias dignas de atencin que promovieran el entusiasmo o la repulsa de la opinin pblica.

Sin embargo, durante esa poca se han aniquilado ciudades enteras, decenas de millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y el xodo contina, desestabilizando a los Estados de acogida; los grupos terroristas se han multiplicado y extendido, y desde el punto de vista del ciudadano estadounidense su pas se ha militarizado y los derechos humanos se han deteriorado progresivamente. Ambos efectos empiezan tambin a ser perceptibles en los pases aliados con la consiguiente merma de su calidad democrtica.

Este es el mapa de la guerra sin fin, donde EE.UU. es la vanguardia militarizada, dispersa sobre la superficie terrestre y tan diseminada que hasta el Pentgono tiene dificultades para mantener al da las plantillas de sus numerosas bases.

Adems de esta guerra ya extendida y asentada durante varios aos, no hay que olvidar la posibilidad de otras ya anunciadas desde Washington. Corea del Norte, Irn, Rusia, China son Estados que han sido invocados por altos mandos militares y dirigentes polticos -incluyendo al Presidente- como enemigos potenciales de los que conviene desconfiar y estar prestos a combatir.

La creciente tendencia de Trump a apoyarse en el Pentgono ms que en el Departamento de Estado para las relaciones internacionales hace presagiar la peligrosa continuidad de unas guerras sin frentes establecidos ni enemigos bien definidos.

Artculo publicado originalmente en el blog del autor El viejo can



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