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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2018

A modo de conclusin
Un pas incierto que no cambi

Alberto Acosta, John Cajas-Guijarro
Rebelin

Los autores del libro Una dcada desperdiciada - Las sombras del corresmo, sintetizan algunos puntos de libro en este artculo.


El secreto de la libertad radica en educar a las personas,

mientras que el secreto de la tirana est en mantenerlas ignorantes

Maximilien Robespierre

 

Ecuador no cambi Ni los discursos pronunciados sobre transformacin, ni toda la propaganda oficial pueden ocultar la realidad de que toda una dcada se desperdici. Millonarios recursos, enorme apoyo popular, propuestas, elecciones ganadas, todo se perdi. Nunca dejamos de ser lo que siempre fuimos: una sociedad vulnerable, dependiente, incierta.

As, la dcada corresta no tuvo nada de revolucionaria; ms bien fue una etapa de restauracin conservadora. En vez de identificar y derrumbar las estructuras sociales (econmicas, polticas, culturales, etc.), que limitan la vida de nuestro pueblo, el corresmo las mantuvo intactas. Al contrario, intent usar esas estructuras para modernizar al capitalismo ecuatoriano, mediante un proceso de acumulacin de poder y de reconstruccin hegemnica.

A partir de la figura del caudillo Rafael Correa, el corresmo intent inducir a que la poblacin acepte, vea como normal y -a ratos- hasta apoye, el ascenso del autoritarismo en nombre de una supuesta transformacin (ah est el carcter hegemnico). Sin embargo, en los hechos, no se dio ningn cambio estructural, tal como indicaran las propias palabras de Correa en enero de 2012: bsicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulacin, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero s es nuestra intencin tener una sociedad ms justa y equitativa.

En el intento de hacer mejor las cosas con el mismo modelo, el corresmo no dud en vaciar de contenido y transformar en dispositivos de poder -o simples herramientas de propaganda- a varios conceptos transformadores y utopas (p.ej. izquierda, Buen Vivir, revolucin). Una vez vaciados, dichos conceptos y utopas se volvieron meras ollas encantadas que, siendo llamativas por fuera, por dentro terminaron conteniendo una visin de sociedad acorde a las necesidades de modernizacin capitalista, y que el corresmo intent imponer como normales. Es ms, cualquier visin que se saliera de los cnones correstas termin siendo ridiculizada, atacada y hasta criminalizada. Un ejemplo claro es la connotacin infantil que Correa y su squito quiso darle a la izquierda -y al ecologismo e incluso a los indgenas, que no se alinearon, oponindose a su proyecto modernizador.

Como resultado de ese vaciamiento y degradacin poltica, la dcada se llen de discursos que intentaron pasar por revolucionarios, pero solo formaron parte de una estril parafernalia tecnocrtica. Es ah en donde encontramos a la rimbombante transformacin de la matriz productiva, cuya mera definicin en trminos de sectores estratgicos, provoc el desperdici de aos importantes -por las mismas razones expuestas- para, al final, proponer actividades bajo condiciones tcnica, econmica y hasta ambientalmente inviables. Tal desperdicio de aos implic la prdida de una oportunidad histrica, para aprovechar los enormes recursos econmicos existentes en un momento nico en la vida nacional (alrededor de 247 mil millones de dlares en manos del Estado sin contabilizar los recursos de la seguridad social entre 2007-2016).

Pero; no solo se desperdiciaron aos y recursos, sino que la transformacin de la matriz productiva -incluso en los trminos correstas- se qued en el papel, en los discursos y en la propaganda. Un ejemplo dramtico es el incumplimiento de 10 de las 13 metas propuestas en el objetivo 10 del llamado Plan Nacional del Buen Vivir, precisamente dedicado a la matriz productiva. Al revisar dicho incumplimiento vemos que la dcada desperdiciada dej como herencia:

- Una desindustrializacin relativa de la economa;

- Un comercio exterior reprimarizado, reflejado en una dependencia creciente tanto de las exportaciones como de las importaciones en productos primarios;

- Un empleo inadecuado y desempleo que siempre han afectado a ms de la mitad de las personas que ofrecen su fuerza de trabajo;

- Una productividad y capacitacin laboral estancadas;

- Una distribucin en extremo desigual e intacta de la tierra y del agua;

- Una persistente dificultad en el fomento a la creacin de empresas y, una persistente carga de la intermediacin, especialmente sobre pequeos y medianos productores;

A ms del incumplimiento del objetivo 10, hay muchos otros indicios de que en la dcada no hubo cambios estructurales en la economa ecuatoriana, destacndose:

- La composicin del empleo y la produccin entre ramas de actividad, que prcticamente no ha cambiado;

- La existencia de una tecnificacin estancada reflejada, por ejemplo, en la baja inversin en maquinaria, la cual no creci al mismo ritmo que la dems inversin;

- La elevada y persistente dependencia a importar medios de produccin, provocando un dficit permanente en el balance comercial no petrolero, y una salida de dlares estructural que solo es evitable con una verdadera sustitucin de importaciones (que tampoco se dio);

Tambin, la ausencia de transformaciones se hace visible en la falsa promesa corresta de profundizar el extractivismo con el objetivo de superarlo. En vez de superarse, el extractivismo exacerbado, condena al pas cada vez ms a una modalidad de acumulacin primario-exportadora, dependiente de los vaivenes del mercado mundial. Y, es precisamente ese el rumbo que el corresmo traz para la economa y la sociedad ecuatorianas: los extractivismos, como bien hemos aprendido de la historia dentro y fuera de nuestro pas, y como bien se ha ratificado en esta dcada desperdiciada, se caracterizan por tener economas rentistas, sociedades plagadas de prcticas clientelares y, por cierto, regmenes autoritarios.

Un ejemplo del camino extractivista trazado por el corresmo es el sector petrolero, el cual registra tendencias graves como la ampliacin de la frontera petrolera -incluyendo la explotacin del ITT (cuya rentabilidad podra reemplazarse con una mayor carga tributaria a los grandes grupos econmicos del pas)-, as como la entrega de los campos maduros al capital transnacional. Otro ejemplo es la imposicin a sangre y fuego del extractivismo minero, provocando no solo degradacin ambiental, sino tambin graves costos sociales. Otros extractivismos se han exacerbado, por ejemplo, en el sector agrcola a travs de los agronegocios (peor con el ingreso de semillas transgnicas al pas, en contra del mandato constitucional). Y todo esto, de nuevo, en favor de grandes capitales sobre todo transnacionales.

A la par que el capitalismo extractivista se ha exacerbado, tambin lo han hecho varias de sus patologas, particularmente la corrupcin, un mal recurrente en nuestra sociedad y que se enquist en la dcada desperdiciada. Basta mencionar el fracaso en la supuesta repotenciacin de la Refinera de Esmeraldas, la no-construccin de la Refinera del Pacfico, e incluso casos de corrupcin protagonizados por Petrobras, as como por las llamadas preventas petroleras negociadas especialmente con China.

Pero la corrupcin no se qued en los extractivismos, sino que se extendi a la tan promocionada inversin en infraestructura pblica: obras incumplidas, retrasos y/o sobrecostos se volvieron parte de las obras correstas. Aqu, podemos mencionar el caso de los proyectos hidroelctricos emblemticos, muchos de los cuales quedaron inconclusos al terminar el gobierno de Correa, suscitando millonarios incrementos de precio, generando una importante presin en trminos de endeudamiento externo y hasta -a pesar de no haber concluidos todos- ya han provocado una sobre oferta de electricidad. Todo esto refleja la ausencia de una planificacin estratgica para el sector elctrico. Situacin similar se dio en la construccin de carreteras, aeropuertos, edificios pblicos, etc. En muchos de estos casos el papel de empresas corruptas y corruptoras -como Odebrecht- ha sido protagnico.

A ms del extractivismo y la rampante corrupcin (que nunca dej de carcomer las frgiles instituciones democrticas del pas), la sombra de la no-transformacin tambin oscurece a los supuestos grandes triunfos de la revolucin ciudadana, en educacin, salud y seguridad social, los cuales no resisten un anlisis serio.

Sobre educacin, a pesar del incremento del gasto pblico en el sector, no se cumpli el mnimo constitucional. Pero eso es lo de menos comparado con la reforma educativa corresta, la cual intent imponer un esquema colonizador, golpeando especialmente a la educacin intercultural bilinge. Dicha reforma se hizo en el marco de un disciplinamiento social acorde a una restauracin conservadora, que no tuvo recelo en ahogar protestas estudiantiles con violencia y castigos desmedidos. Tambin la reforma replic mezquinas lgicas de competencia mercantiles, por ejemplo, en el ingreso universitario (que termin reduciendo la tasa de matriculacin); adems de fomentar la elitizacin y el despilfarro reflejados -emblemticamente- en nuevas universidades como Yachay (que no se salv de la corrupcin). En definitiva, la educacin no mejor, aun cuando existan los recursos para transformar al sistema educativo ya existente.

Si la educacin no se transform, en la salud y la seguridad social la cuestin no es mejor. El gasto pblico en salud tampoco cumpli el mnimo constitucional, adems que en los ltimos aos de la dcada se verific un grave estancamiento en ambientes fsicos como salas de operaciones y de cuidados intensivos, camas hospitalarias, etc., as como problemas en el abastecimiento de medicinas. Eso s, los grandes grupos farmacuticos y hospitalarios privados, terminaron siendo grandes ganadores de la inversin y gasto pblico. Por su parte, la seguridad social -en particular, los fondos de salud y pensiones- estara quebrada, incluso luego de haber beneficiado millonariamente a clnicas privadas; y, lo que es ms grave, el Estado se neg a aceptar la deuda con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. A esta grave situacin se suma la persistencia de problemas de salud pblica como la desnutricin infantil, la cual tuvo una nfima reduccin de 25,8% a 23,9% entre 2006-2014.

Ni siquiera la tan promocionada recuperacin del Estado como rector, ejecutor, y hasta motor de la economa, puede tomarse como ejemplo de transformacin. Un caso dramtico son las empresas pblicas, las cuales presentan muchas costuras rotas como la quiebra luego de dcadas de funcionamiento (p.ej. TAME) o el cierre a pesar de tener un gran potencial (p.ej. ENFARMA, que pudo ayudar a sustituir la importacin de medicamentos, sirviendo como base potente para una poltica de salud ms soberana). De hecho, al final del corresmo, volvi la vieja prctica neoliberal del festn privatizador: ventas de empresas como el ingenio AZTRA o cementeras en condiciones ms que ventajosas para los capitales privados; entrega de los cuatro puertos ms grandes del pas al capital transnacional; propuestas de ventas agresivas de otras muchas empresas pblicas incluyendo algunos proyectos hidroelctricos construidos en el corresmo.

A pesar del retorno de varias prcticas neoliberales, cabe indicar que tambin hay algunos matices respecto a la recuperacin del Estado. Por ejemplo, en la dcada se instrumentaron mltiples reformas en trminos tributarios, supuestamente alegando la bsqueda de una mayor justicia tributaria. En dichas reformas, diferentes a la prctica neoliberal, el Estado adquiri ms fuerza en la obtencin de recursos va impuestos. Sin embargo, incluso dicha prctica -que termin siendo una de las bases de financiamiento de un Estado ms grande y autoritario- no contribuy a una redistribucin de la riqueza. Es ms, varias reformas terminaron siendo inofensivas y hasta beneficiosas para varios grandes grupos econmicos (como la reduccin del impuesto a la renta de 25 a 22%). Tales acciones -matizadas con enfrentamientos entre el gobierno y grupos econmicos particulares- han terminado siendo meras formas de aumentar los ingresos estatales sin afectar los intereses de los principales dueos del poder econmico del pas. Estas, y otras acciones, hacen pensar que en muchos casos el corresmo instituy un Estado til a los intereses de capitales privados, sin siquiera afectar la reproduccin del capitalismo rentista nacional.

El saldo de toda esta no-transformacin, preocupante en extremo, aparece bajo la forma de un despilfarro brutal que sumara -al menos- 12 mil millones de dlares, equivalentes al 44,7% de toda la deuda externa pblica adquirida por el corresmo hasta diciembre de 2016. Pero la dcada desperdicia del corresmo dej otro saldo igualmente grave: la no-transformacin, ha creado las condiciones para que el pas viva una de las crisis econmicas ms graves de sus ltimos aos, una crisis estructural en donde hasta el endeudamiento ha crecido agresivamente (tal como en pocas anteriores).

Los resultados econmicos saltan a la vista, pues la crisis ha adquirido una innegable multidimensionalidad: estancamiento-cada del ingreso presente (PIB) y futuro (inversin); deterioro laboral, con el estancamiento-cada del empleo adecuado, de los ingresos salariales y hasta de las horas de trabajo, sobre todo en empresas pequeas donde los trabajadores autnomos, jornaleros y peones -comnmente informales- son los ms afectados; un fuerte dficit fiscal a pesar de que el corresmo cont con los mayores ingresos de la historia republicana, dficit que no foment crecimiento; endeudamiento pblico externo agresivo, repitiendo las viejas taras del pasado: contratacin de deuda para pagar deuda en procesos carentes de transparencia, por ejemplo, junto con el retorno al redil del Fondo Monetario Internacional; una deuda pblica interna que tambin se acelera, sacrificando el futuro de la seguridad social de las clases trabajadoras; una deuda oculta entre preventas petroleras, facilidades de liquidez, crdito a la banca pblica y dems, que incluso habra debilitado la capacidad de las reservas internacionales de cubrir las reservas de la banca privada. A estas dimensiones se agregan los inicios de un posible proceso deflacionario, as como de una potencial enfermedad holandesa (con los matices propios de una economa dolarizada).

Todo este contexto de crisis, reiteremos, ha sido causado por la falta de transformaciones estructurales y el desperdicio de toda una dcada. Shocks externos como la cada del precio del petrleo, la apreciacin del dlar o el encarecimiento del crdito externo, solo develaron la no-transformacin. Apenas fueron susurros recordndonos que nuestra sociedad no alcanz ningn milagro, sino que sigue siendo lo que siempre fue, una sociedad incierta y en crisis, con una lgica de acumulacin primario-exportadora tpica del capitalismo perifrico y dependiente.

Ante semejante realidad, una pregunta parece inevitable: por qu no se dio la tan ansiada e indispensable transformacin? Esto nos remite necesariamente al tema del poder. Al cabo de diez aos de corresmo, siguen vigentes grandes grupos econmicos capaces de impedir cualquier transformacin y que, en la dcada corresta, lucraron millonariamente a la par que se beneficiaron de una mnima carga tributaria. Tales grupos mantuvieron -y mantienen- una influencia y hasta una representacin directa en el poder poltico; mantienen un excesivo poder en las diferentes actividades econmicas, sobre todo en la manufactura: poder sustentado en la elevada -e intacta- concentracin que mantienen tanto en el control de los mercados como del capital (con casos que superan el 70% de participacin), as con elevados mrgenes de utilidad (con casos de utilidades que llegan a bordear el 90% en relacin al patrimonio); algunos grupos consolidaron su poder al aumentar su influencia tanto en el mbito del capital productivo, como del comercial y del bancario (p.ej. grupo Eljuri). Y quiz lo ms cuestionable: han sido capaces de lucrar incluso en aos de crisis, gracias a la permisividad y hasta complicidad del gobierno.

Junto con el poder, la incertidumbre propia de la economa ecuatoriana, tambin asoma como otra posible razn para explicar la no-transformacin, frente a lo cual, al parecer, el corresmo careci de propuestas estrategias reales, que se plasmen en polticas y propuestas de transformacin, por una ignorancia de la real dinmica estructural de la economa del pas, ignorancia que muy posiblemente se combin con una enorme prepotencia de ciertas tecnocracias que -embriagadas de poder- desconocan y no hicieron esfuerzos por comprender las ricas experiencias regionales en este campo. As, es obvio que no hubo condiciones para desarrollar propuestas y acciones orientadas a superar la modalidad de acumulacin primario-exportadora, a desmontar la heterogeneidad estructural de la economa ecuatoriana, a reducir -al menos- las estructuras y los controles oligoplicos en los mercados, a superar la fuerte informalidad existente en nuestro pas, fortaleciendo efectivamente la economa popular y solidaria.

Dentro de esa incertidumbre, un aspecto clave es la dolarizacin. Tal esquema monetario se mantuvo por inercia, mientras el corresmo fortaleca sus rasgos caudillescos, desperdiciando un tiempo valioso para introducir cambios y herramientas que nos habran permitido recuperar espacios de soberana monetaria y cambiaria, como el dinero electrnico. Espacios que habran sido en extremo tiles para aplicar polticas contra-cclicas frente a la crisis, aunque tambin vulnerables ms an con el manejo econmico irresponsable, propio del corresmo (vulnerabilidad inherente a toda sociedad con soberana monetaria, y que se resuelve no desde la tecnocracia sino desde la poltica y la distribucin del poder monetario).

De hecho, el mantenimiento de la dolarizacin, a toda costa y ms an en medio de un contexto de crisis, de una potencial deflacin y de una posible enfermedad holandesa, puede tener un gravsimo costo social. En definitiva, la incertidumbre -incluso monetaria-, junto con la no-transformacin, son grandes -y graves- herencias econmicas de la dcada desperdiciada

Es triste mirarnos en el espejo del tiempo, luego de toda una dcada, y casi reconocer al viejo pas de siempre, o incluso a un pas ms incierto. Mientras el corresmo cantaba y festejaba a la revolucin, lo que realmente hizo fue usar su nombre como pretexto para saciar su hambre de dinero y poder, siempre subalterno y dependiente del poder de grandes grupos que prcticamente son dueos de la vida econmica -y poltica- del pas, subalterno tambin de las demandas de los grandes capitales transnacionales a travs de una insercin sumisa en el mercado mundial. No solo se perdieron millones de dlares entre el derroche, la corrupcin y la falsa transformacin, se perdi un tiempo valioso y nico, en el que el pueblo ecuatoriano so con el cambio.

Pero quiz ms penoso que la nostalgia e indignacin por el pasado, es el futuro inmediato que deja como herencia la dcada desperdiciada. Por si la crisis, la incertidumbre y la no-transformacin no fueran suficientes, nuestro pas podra sufrir el resultante ciclo poltico de la economa, el cual: el efecto monumento, que impuls el corresmo con su derroche, podra terminar siendo funerario para su sucesor, tal como en otras etapas de nuestra historia.

Semejante situacin crea el escenario perfecto para que tecncratas, como aquellos del Fondo Monetario Internacional, regresen al pas con sus recetas y programas de ajuste estructural. Se han creado las condiciones para que el neoliberalismo emerja de entre los muertos, siempre recordando que fue el propio corresmo el que le dej las puertas abiertas y dio los primeros pasos en ese camino de retorno. Se ha traicionado la confianza de un pueblo, traicin que deja un espacio poltico enorme para que economistas -o ms bien oportunistas, como dira Carlos Portela- convenzan, a ese mismo pueblo, de la necesidad de aplicar programas anticrisis, en contra de s mismo. Es una situacin en donde una vieja derecha resucita, mientras que la izquierda, capaz de enfrentar los embates neoliberales, ha quedado terriblemente golpeada y hasta deslegitimada. Todo resultado de una dcada desperdiciada en donde la poltica fall, y los monstruos ya han dado sus primeras pisadas.

Aunque el escenario no es alentador, recodemos que la historia la escribimos los propios seres humanos, siempre limitados, pero jams condenados por el pasado. Como dijo Marcel Proust, es hora de ir en busca del tiempo perdido. No podemos tolerar ms que un grupo de farsantes, sumidos en la falsedad y la falta de un anlisis profundo, se roben la esperanza. No podemos aceptar ms que nuestra sociedad viva en la incertidumbre, lo cual para muchos implica el desconocer si maana o despus, tendrn un pan en su boca o en la boca de sus seres queridos.

Por ello, una vez que hemos comprendido que el corresmo desperdici una dcada, nos surge una tarea urgente e histrica: reconstruir nuestro propio destino, un destino que ya no dependa de los vaivenes de la acumulacin capitalista. Es hora de develar todas aquellas estructuras que nos limitan, y que debemos derrumbar si queremos ser verdaderamente libres en lo poltico, en lo econmico y en todas las dems dimensiones humanas. Dicha libertad no es la libertad del mercado, no es la libertad de los dueos del poder, es la libertad de una vida en plenitud para todos y todas.

Es crucial una reflexin estructural de nuestro pas, una reflexin que reconozca la degradacin poltica que nos dej la dcada desperdiciada, que acepte que la crisis en estas condiciones la pagan los ms dbiles, que devele la podredumbre en la que se cimienta la deuda externa, que se atreva a cuestionar los extractivismos, que no le tenga miedo a confrontar la corrupcin tanto del poder poltico como del capital, que devele los nombres de los dueos de ese poder y los cuestione. Una reflexin estructural que aporte luz, a las sombras que nos dej la dcada corresta.

Pero esa es, apenas, una tarea auxiliar hacia el verdadero objetivo: la gran transformacin. Una transformacin que, en pocas de crisis, es an ms urgente. Una transformacin hacia una nueva sociedad realmente democrtica, realmente equitativa, realmente justa. Una transformacin en donde no sean las clases populares -y la Naturaleza- las que sacien la sed del capital en crisis, sino que sea el capital el sacrificado por el bienestar popular. Esa gran transformacin necesita iluminarse de una reflexin profunda, desde la cual podamos volver a dar sentido a la palabra revolucin.-

 

Nota: los autores agradecemos a Jrgen Schuldt y Francisco Rhon por sus valiosos comentarios, sugerencias y aportes para la realizacin de este libro.


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