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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2018

Derecho a la inseguridad

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Recuerdo que en 2003, tras la invasin de Iraq, el ejrcito estadounidense puso nombre a la operacin militar de desmantelamiento y saqueo de la administracin del rgimen baazista: Adam Smith. Nombre elocuente que maltrataba una vez ms al moralista escocs, pero que desnudaba las intenciones de las fuerzas ocupantes. Cuando al entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, se le hizo notar el coste en corrupcin y muertos de la mencionada operacin, contest con fervor mstico: la libertad va siempre acompaada de inseguridad y de riesgos. En su imprescindible La doctrina del shock, Naomi Klein desarroll en detalle las consecuencia de esta relacin neoliberal entre la libertad (de las empresas) y el trauma endmico de las sociedades sobre las que esa libertad, muchas veces armada de tanques y misiles, se proyecta.

La libertad se dice de muchas maneras, como el Ser en Aristteles, y la seguridad tambin. Cada vez que ceimos la jurisdiccin de la libertad al mercado, la democracia se debilita y, debilitada, la seguridad se identifica con el control -policial o legal- de la poblacin. El modelo rumsfeldiano es la verdad impdica de la normalidad con tapujos de nuestras sociedades neoliberales. El caso de Espaa es ejemplar. La libertad de los mercados -con el desmantelamiento del Estado del bienestar- se ha acompaado de una poltica securitaria que desplaza la atencin lejos de los riesgos asociados a las medidas econmicas para convertir al gobierno en garante de la seguridad ciudadana, amenazada por el terrorismo, la delincuencia y ahora el separatismo. Electoralmente, lo hemos visto, es una operacin rentable.

Ahora bien, lo cierto es que Rumsfeld tena razn. Hay un conflicto entre libertad y seguridad. La explotacin electoralista -y econmica- de la percepcin de la inseguridad como problema social, no debera hacernos olvidar que, en el mbito de los derechos civiles, la libertad es, en efecto, inseparable no ya de una cierta inseguridad sino del derecho a la inseguridad. Ese derecho a la inseguridad se llama -s- libertad de expresin. La expresin, cuando es libre, vuelve inseguros los discursos y a los receptores; e inseguros tambin a los gobernantes. As debe ser. Esa inseguridad es la garanta del funcionamiento transparente y soberano de las instituciones democrticas; y de las libertades ciudadanas en general, base de la combinacin de Democracia y Estado de Derecho que constituye nuestro nico pararrayos -al mismo tiempo- contra la libertad criminal del delincuente y contra las libres tormentas del mercado.

La pregunta es: qu riesgos queremos correr? Y en qu lugar? Yo no quiero que mis hijos corran riesgos en las calles; no quiero que corran riesgos en los hospitales ni en el trabajo; no quiero que corran el riesgo de quedarse sin vivienda o sin trabajo. Pero quiero que corran el riesgo de hacer o mirar una fotografa; de pintar o contemplar un cuadro; de componer o escuchar una cancin; de escribir o leer una novela, un artculo, incluso un panfleto; quiero que corran el riesgo de exponerse a lo que no se debe decir, lo que no se debe mirar, lo que no se debe escuchar, lo que no se debe leer. Quiero que sean inseguros y generen inseguridad. El gobierno debe garantizar ese derecho a la inseguridad (e incluso a la infelicidad) de la misma manera que debe garantizar el derecho a una vivienda segura, un trabajo seguro o una sanidad segura; es decir a las condiciones materiales de la seguridad (y la felicidad).

En marzo de 2015 el PP aprob una ley llamada de Seguridad Ciudadana, familiarmente conocida como Ley Mordaza, que ni el PSOE ni Cs tienen ninguna prisa en derogar. Denunciada por Amnista Internacional, la ONU y Periodistas sin Fronteras, entre otras organizaciones defensoras de los derechos civiles, vino a unirse a otros instrumentos legales elaborados -contra la excepcionalidad vasca- durante los ltimos treinta aos; y tambin ahora, frente a la excepcionalidad catalana, a una interpretacin torticera y para-jurdica del cdigo penal. Todos los avances democrticos de las ltimas cuatro dcadas se han alcanzado en realidad contra este marco gelatinoso que hoy, ante la dbil o nula resistencia del PSOE y Cs y en una UE cada vez menos exigente, se derrite un poquito ms.

En los ltimos das hemos visto condenar a ms de tres aos de crcel a un rapero por injurias al rey, secuestrar un libro por orden judicial y retirar la exposicin del artista Santiago Sierra de ARCO por utilizar la expresin presos polticos en relacin con Oriol Junqueras, el dirigente de ERC actualmente en prisin. Nos podr parece ms o menos agresivo u ofensivo el rap de Valtonyc, mejor o peor fundamentada la investigacin de Faria y ms o menos discutible la caracterizacin de presos polticos para describir la situacin de los consejeros del ex-gobierno cataln. Pero mucho ms peligrosa que la incomodidad que puedan generar esta manifestaciones culturales es su persecucin y prohibicin. Prohibir el derecho a la inseguridad, tambin llamado libertad de expresin, genera mucha ms, y no menos, inseguridad institucional, jurdica y democrtica. En cuanto al encarcelamiento de Junqueras y sus compaeros -o la bsqueda de refugio en Suiza de Anna Gabriel, llamada a declarar por el juez- no se trata de respaldar el procs o de aprobar las estrategias de sus dirigentes sino de protestar contra la evidente judicializacin de un proyecto poltico que nunca ha estado asociado al ejercicio de la violencia y que, cualquiera que sea nuestra opinin al respecto, no puede perseguirse jams como un delito de rebelin sin convertirnos a todos en potenciales rebeldes. Nos sentimos as ms seguros los espaoles y los catalanes?

Una vieta del inolvidable Forges (cunto nos va a echar de menos!) representaba a Blasito elevando al cielo un arrebatado alegato a favor de la libertad de expresin: Ninguna ley mordaza podr amordazar la libertad. Cuando su compaero, admirado, le preguntaba de quin era esa frase, Blasito responda: es de cajn. Ya no es tan de cajn. Empieza a ser ms bien de cajn lo contrario, y no slo en la tradicional derecha liberticida: la libertad de expresin, periodstica, musical o artstica (el derecho a la inseguridad y a correr riesgos en determinados lugares y -por as decirlo- a ciertas horas y en ciertos formatos) empieza a ser cuestionado o relativizado incluso por los que slo pueden ser vctimas de este cuestionamiento.

El neoliberalismo ha vinculado la libertad (de mercado) a la seguridad (policial). El destropopulismo ha entendido muy bien, frente a esta ecuacin, que a los ciudadanos europeos, ms que la libertad, les importa la seguridad de la vivienda, del trabajo, de la familia, de la salud. Eso es algo que no debera olvidar la izquierda. Como no debera olvidar que la nica manera de oponerse al mismo tiempo al neoliberalismo y a sus alternativas populistas-elitistas es la de vincular la seguridad de la vida material al derecho a la inseguridad -y a la fragilidad- que llamamos tambin libertad de expresin y, en general, Derecho y Democracia.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2018/02/26/santiago-alba-rico-derecho-a-la-inseguridad/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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