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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2018

La lucha de los pescadores de Amuay contra el gigante petrolero venezolano

Kirk Semple
New York Times


Pescando en la baha de Amuay. La refinera ms grande de Venezuela ha vertido contaminantes al agua, lo que pone en riesgo el sustento de las familias en el rea. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Con las sandalias enterradas en la arena y su infatigable optimismo, el pescador de edad avanzada mir hacia el agua y sopes su larga y perdida batalla.

A sus pies estaba la baha Amuay y la frtil fuente de pescado que sustentaba: eso era por lo que peleaba. Lejos, en la costa opuesta, ms all de las olas que levanta el viento, se sita su adversario: la imponente planta petrolera paraestatal y su maquinaria fallida.

La empresa odia a este seor, dijo el pescador, Esteban Snchez, al tiempo que su ndice calloso apuntaba hacia su pecho. Pero no me importa. Continuar denuncindolos.

Por generaciones, los pescadores de Amuay han pescado pargo (tambin conocido como huachinango), macarela (caballa), sardinas, almejas y cangrejos de estas aguas para alimentar a sus familias y venderlos a mayoristas que llevan sus productos a los mercados y restaurantes de otros lugares.

Sin embargo, la planta, parte de un gran complejo de refineras en Venezuela, ha arrojado ocasionalmente contaminantes a la baha y a las aguas adyacentes del mar Caribe, por lo que amenaza el sustento de familias que viven en esta pequea y pobre comunidad de varios miles de habitantes en la costa noroeste del pas.

Con cada derrame una veintena durante las ltimas tres dcadas, dicen los residentes los pescadores se han visto obligados a poner en pausa su trabajo mientras las manchas de contaminantes convirtieron la superficie del agua en un caleidoscopio brillante txico que envenen a los peces y el agua corriente, elimin los manglares y ensuci las playas del pueblo.

Es muy poco lo que los pescadores y sus familias pueden hacer; como si estuviera atrapada en el peor de los matrimonios forzados, la poblacin est atada a la refinera por la baha que comparten.

El suceso ms reciente se dio cuando un tanque de almacenamiento se inund por las fuertes lluvias en octubre pasado y tir miles de galones de desperdicios de la refinera hacia la baha. Peces sin vida llegaron a las orillas de Amuay; decenas de pelcanos murieron. Los pescadores que trabajaban en la baha no pudieron pescar ah durante ms de un mes, lo que los dej en una situacin econmica precaria en medio de la creciente inflacin y una economa nacional en picada.

Los habitantes del pueblo dijeron que la empresa, Petrleos de Venezuela (PDVSA), mand empleados para revisar los daos, pero no comenz con la limpieza ni indemniz a los pescadores por la prdida de das de pesca. PDVSA no respondi a nuestra solicitud de comentarios. Algunos ahora temen que tales derrames se puedan convertir en algo ms comn. El complejo de la refinera, la piedra angular de la industria petrolera de Venezuela, ha cado en un abandono severo que ha ocasionado recortes en las operaciones, despidos masivos y aumento de accidentes.

Es como una bomba en la puerta de tu casa, dijo Francisco Snchez, un pescador y primo de Esteban Snchez.

El pueblo con sus rudimentarias casas de concreto de un piso, cuatro iglesias, una escuela y un centro comunitario se extiende a lo largo de caminos parcialmente pavimentados en una pequea pennsula entre la baha y el mar. La vida siempre ha sido dura en este lugar, pero ahora lo es ms en medio del declive econmico de la nacin.

Al igual que el resto de la poblacin desfavorecida del pas, la voluntad comunitaria para protestar parece haber aminorado debido al colapso econmico de Venezuela, y la mayora parece resignarse estos das a sufrir en silencio por las humillaciones de PDVSA.

Excepto por Esteban Snchez, de 70 aos, un nativo de Amuay que, como muchas generaciones anteriores a l, ha pescado toda su vida en las aguas que circundan la baha. Conforme otras voces de protesta se disipan, l ha mantenido la suya a todo volumen.

Expresa una opinin matizada sobre la refinera: respeta su importancia econmica para la nacin, pero critica su conducta.

T sabes que este es un desarrollo que beneficia al pas y no somos egostas, dijo. Lo que no nos gusta es que nos consideren inferiores, como si furamos una garrapata en un perro.

Snchez comenz su cruzada ambientalista en 1996, cuando levant su primera denuncia formal ante las autoridades venezolanas despus de una serie de derrames en la baha.

En ese momento, dijo, el grupo de presin de pescadores de Amuay estaba ms unido, con dos asociaciones de pesca que representaban a varios cientos de pescadores del pueblo. l era presidente de una, la Asociacin de Pescadores Artesanales de la Baha de Amuay; la otra asociacin representaba a pescadores que trabajaban principalmente en el mar Caribe.

Sin embargo, ms o menos hace una dcada, su asociacin sufri un cisma, pues la mayora de los miembros la dejaron para unirse a dos nuevos grupos de pescadores, que eran parte de un plan del entonces presidente Hugo Chvez para crear un sistema de consejos comunitarios que supervisaran el desarrollo local de proyectos. El gobierno abastece de botes, motores y redes a los dos consejos de pesca.

Snchez mantuvo su asociacin a flote, incluso cuando se qued fuera del flujo de recursos del gobierno, porque le ofreca una plataforma independiente desde donde poda levantarse contra PDVSA.

No obstante, cada vez se vio ms como un actor solitario. El gobierno, arguye, compr la sumisin de los dos consejos de pescadores con equipo a pesar de que PDVSA continu sin atender los problemas subyacentes en la planta que causaban la contaminacin.

La gente se qued callada, coincidi Adrian Cosi, de 47 aos, miembro de uno de los dos consejos de pescadores y antiguo miembro de la asociacin de Snchez. El pescador nunca dice las cosas como debe decirlas.

A pesar de todo, otros residentes dicen que respetan la visin decidida de Snchez, pero que ellos han escogido sus batallas con ms cuidado. Algunos incluso lo acusan de exagerar el impacto ambiental para hacer ms ruido y llamar ms la atencin sobre s mismo.

Su primo, Francisco, de 57 aos, quien es el vocero de uno de los consejos de pescadores, dijo que Esteban era la punta de lanza de los esfuerzos del pueblo para proteger el medioambiente.

Sin embargo, tambin sugiri que su primo a veces lleva sus acciones demasiado lejos.

Es un luchador social, pero a veces es momento de dejar todo atrs, dijo, antes de expresar su apoyo a la administracin del presidente Nicols Maduro y la ayuda que le ha dado a su consejo.

Elio Coromoto Reyes Cuauro, de 67 aos, un profesor universitario jubilado y propietario de un pequeo hotel en Amuay, dijo que la lucha por la justicia ha sufrido las consecuencias de la divisin poltica entre los pescadores. Si fueran ms unidos, explic, podran acumular ms beneficios para el pueblo por parte de PDVSA, incluyendo las tan necesitadas mejoras en los servicios pblicos como caminos, escuelas y electricidad.

Si la gente no lucha hombro a hombro, no tiene la suficiente fuerza y no puede alcanzar objetivos comunes, dijo.

Los archivos de la lucha de veintin aos de Snchez estn guardados con descuido en dos portafolios en la pequea casa color verde y amarillo de cemento donde vive con su esposa, a 90 metros de la baha.

Por esto PDVSA no me quiere, declar una maana reciente, con una sonrisa traviesa, mientras tomaba uno de los portafolios y comenzaba a pasar con fuerza montones de documentos doblados por la punta y arrugados: demandas formales, papeles legales, recortes de peridicos, fotografas. Los esparci sobre la mesa de vidrio, que se llen rpidamente; despus tom el otro portafolios y vaci su contenido ms de lo mismo en un sof.

Hay mucho material de Esteban Snchez, dijo, separando los montones. Con todo este material, Esteban Snchez ser escuchado en el extranjero. Entre sus documentos estaba un certificado que la Embajada de Canad le otorg en 2013 como reconocimiento a su defensa del medioambiente y los derechos humanos.

Esa maana tena puesto un pantaln de rayas muchas tallas ms grande, amarrado con un cinturn, y una camisa muy gastada. Estaba planeando presionar con su ltima denuncia en la oficina del fiscal general del estado en Coro, la capital del estado de Falcn. Estos viajes no son nada frecuentes, pues normalmente le toman un da completo de viaje en transporte pblico y representan un enorme porcentaje de su ingreso mensual.

En Coro, un asistente del fiscal de distrito invit a Snchez a tomar asiento y explicar su asunto. En la computadora del abogado sonaba msica pop.

Snchez habl sobre el derrame de octubre y cit las violaciones a los estatutos, adems de relatar la larga historia de negligencia de PDVSA respecto de Amuay. Nos sentimos humillados, pero soy un hombre paciente, dijo.

Mientras el pescador hablaba, el abogado tecleaba en su telfono, que de vez en cuando emita distintos tipos de pitidos, como si estuviera jugando un videojuego. Casi no despeg la vista de la pantalla.

Ms tarde, Snchez pareca satisfecho. El fiscal le haba dado mucho ms tiempo del normal. Nos fue bien, dijo animado.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2018/02/26/pescadores-amuay-pdvsa/

 


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