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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-03-2018

Al-Ghouta a travs de cuatro pares de ojos

Elias Khoury
Al-Quds al-Arabi


Razan Zaitouneh, Samira Khalil, Wael Hammada y Nazem Hamadi, dos mujeres y dos hombres secuestrados el 9 de diciembre de 2013 en el Centro de Documentacin de Violaciones, en la ciudad de Duma, en la damascena Ghouta oriental, donde trabajaban como activistas en la revolucin siria.

En aquellos das, Duma estaba sometida a la autoridad del Ejrcito del Islam, una milicia fundamentalista, estrechamente relacionada con el Reino de Arabia Saud. Hace cinco aos que se perdi su rastro. Todos los intentos de buscarlos o de saber qu ha sido de ellos han fracasado.

La desaparicin forzosa de esos cuatro luchadores demcratas y laicos fue un indicio simblico del funesto destino al que estaba abocado el pueblo sirio en esta terrible masacre en la que participan partes internacionales y regionales, pero de la que es el principal responsable el rgimen desptico que ha decidido destruir, y matar y abusar de su pueblo, por negarse a adorarlo y decidir rebelarse contra la dictadura.

En Al-Ghouta oriental, estamos presenciando hoy un nuevo captulo de la matanza cuyos responsables se jactan de perpetrar. Bashar al-Asad y sus aclitos bailan embriagados al son del ruido de los barriles que rompen en pedazos los cuerpos de los nios. Putin y sus soldados elevan muros para proteger a los asesinos porque son parte en el crimen. Por su parte, el eje de la resistencia, liderado por Irn, afila feliz los cuchillos, a la espera de una nueva matanza.

Finalmente, el atroz americano se contenta con los restos de los cuerpos del pueblo sirio porque le asfaltan el camino hacia Jerusaln, ahora que ha decidido trasladar su embajada a la ciudad ocupada, el da del septuagsimo aniversario de la Nakba; los rabes del petrleo se lanzan al regazo de Israel pidiendo proteccin; y el nuevo otomano solo se preocupa de la guerra contra los kurdos.

Frente a esto, la poblacin de Al-Ghouta muere bajo los escombros, con la desesperacin tpica de la vctima. Sus lgrimas se han convertido en sangre y sus gritos plantean un reto a esta historia que se ha convertido en un matadero.

Que el camino a Jerusaln pasa por las ciudades y pueblos sirios no era una mentira como algunos pensaban. S, nuestras ciudades destruidas fueron el camino a Jerusaln, pero los de la resistencia mintieron un poquito [1]. Dijeron que la destruccin y erradicacin de su pueblo a manos de Bashar al-Asad y sus aliados constitua el camino de los rabes y palestinos a Jerusaln, sabiendo que lo contrario era lo correcto: el asesinato del sueo democrtico y la insistencia en hacer a los pueblos esclavos es el camino de los sionistas y los estadounidenses a Jerusaln, un camino asfaltado por los asesinos con la sangre del pueblo sirio.

Veo la Al-Ghouta sacrificada a travs de los ojos de nuestros cuatro compaeros, que fueron las primeras vctimas. Los veo en la oscuridad de la desaparicin, temblando de enfado y pena. Miro sus palabras que cubren los cuerpos de los nios de Al-Ghouta para protegerlos de la desintegracin. Rozo sus dedos amputados por la represin, cuando intentaban escribir una palabra que anunciara el derecho y la verdad en mitad de la mentira.

Los veo en su oscuridad, iluminada por la voluntad de libertad, mientras ven el golpe del tiempo con una sonrisa de tristeza y se lamentan por sus estpidos captores, que pensaron que podran robarla la revolucin a sus dueos. Despus veo en sus manos un pao con el que borran los restos de las palabras de quienes se plegaron al liderazgo de la revolucin y a quienes los errores y pecados de dicho liderazgo condujeron a los acantilados de los agresores. Los veo sacudindose por los reyes del queroseno y el gas que quisieron aprovechar la revolucin prostituyndola y terminaron como ecos plidos del proyecto sionista.

Pero tambin sienten nuseas y vergenza ante un discurso que se dice antiimperialista y se convierte en un instrumento para dividir pueblos religiosa y confesionalmente, un instrumento que ya intentaron utilizar los colonos a lo largo de su historia, pero hoy vemos cmo esos colonos se sorprenden por la capacidad de los radicales de la resistencia, y su otra cara, representada por los takfires, para hacer realidad lo que la cultura del orientalismo y los lderes del ejrcito de ocupacin, fueron incapaces de lograr con semejante ingenio durante todo un siglo.

Imagino cuatro pares de ojos escudriando el horror del despotismo ocupante desde hace cinco dcadas de mano de un oficial golpista, que aplac su sed con la sangre libanesa y palestina como entrenamiento previo al inicio de la matanza de Hama de 1982. Un despotismo que convirti en una gran crcel en cuyo centro estaba la temible crcel de Tadmor, antes de entregar el poder a su hijo, el oftalmlogo, que entendi que deba destruirla entera y entregarla a las potencias coloniales antes de enviar al infierno a cuatro pares de ojos cuyos espejos rotos reflejaban todo el dolor sirio y rabe. Ojos que ven en la oscuridad alumbrados por el amor y la voluntad aquello que nuestros ojos, contaminados por la muerte, no son capaces de ver.

Recurrimos a sus ojos para que la oscuridad no nos invada y vemos, tras toda esta destruccin, la perseverancia de un gran pueblo, cuyo dolor dibuja el camino a la resistencia contra los estpidos dictadores, racistas y sectarios, que se alzaron a comienzos de este nuevo siglo.
Esos ojos son el horizonte de la vida a pesar de la muerte.

Razan, Samira, Wael y Nazem estn en el lugar que el poeta Mohammed El Fitory imagina mientras describe la ejecucin del secretario del Partido Comunista sudans Abdel Khaliq Mahjub, a manos del dictador Yaafar al-Numeiri la maana del jueves 28 de julio de 1971 en la crcel de Cooper.

Abd al-Khaliq qued fuera del tiempo tras su ejecucin en la horca, pero su corazn lata con amor:

Me mataron y mi asesino me neg.
Lo siento fro en mi hombro.
Quin soy yo
sino un hombre fuera del tiempo?
Cada vez que deforman una nacin,
digo: Mi corazn est sobre mi patria.

Nota

[1] Se refiere a unas declaraciones de Hasan Nasrallah, lder de Hezbollah en Lbano, en julio de 2015, en las que dijo que el camino a Jerusaln pasaba por Damasco.

Fuente original: http://traduccionsiria.blogspot.com.es/2018/02/al-ghouta-traves-de-cuatro-pares-de-ojos.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+TraduccionesDeLaRevolucinSiria+(Traducciones+de+la+revoluci%C3%B3n+siria)


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