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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2018

Semitica de las buenas nuevas
Albricia en el Pas de sus Maravillas

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin / Instituto de Cultura y Comunicacin


Es el colmo pero pocas cosas producen ms desconfianza que las buenas nuevas. O dicho de otro modo: cuando la limosna es mucha hasta el santo desconfa. Una de las mejores noticias que la humanidad ha recibido, consiste en haber descubierto todas las trapisondas que la clase dominante ide para explotar a la clase trabajadora. Artes ciencias y tcnicasideologas, supercheras y pcimas ordenadas sistemticamente para arrebatarle al pueblo trabajador toda riqueza natural y todo el producto del trabajo. Y como si nada, tal desmantelamiento del capitalismo simplemente no se celebra como se debe.

Las buenas noticias en materia de salud, muchas de ellas autnticas maravillas, no son motivo de festejos populares ni son causa de celebraciones sociales porque terminan siendo razn de amarguras, decepcin y desesperanza cuando no hay salario que alcance a la hora de atacar enfermedades y cuidar a los enfermos. Y as con todo. La proliferacin de conocimientos en materia de produccin y distribucin de fluido elctrico trae apareada la desgracia de sus costos alevosos. Las grandes conquistas en materia de vivienda dejan en la inmensa mayora de las personas desolacin y rabia porque entre crditos, hipotecas y costos de materiales sin hablar de planos o escrituras- es un dolor profundo para cualquiera que intente dar techo a su familia. Por colmo, el hecho mismo de conseguir un trabajo, y mantenerlo, conlleva el fermento de la rabia sistmica que deja, en el cuerpo y en el alma, llagas de impotencia y desamparo toda vez que no hay justicia salarial y s hay sobredosis impositiva, consumismo publicista buitre y maltrato consuetudinario vuelto cultura.

Se descubren, y publicitan, tcnicas y tecnologas para casi todo y, sin embargo, acceder a ellas impone un proceso largo tapizado con trampas mil que van desde la oferta de sucedneos pirata, al precio de originales hasta mercancas genuinas que slo pueden disfrutar poderes adquisitivos muy encumbrados. Tener es poder, dicen. El mundo se ha vuelto un enjambre espeso de mercancas atiborradas en bodegas y en avisos publicitarios en espera de atiborrase en las casas de los que pueden y de los que no pueden comprarlas. Toda la maravilla del ingenio humano, en lo objetivo y en lo subjetivo, est secuestrada por la dictadura del mercado y de esa lgica aberrante es alma mater de la crisis de sobreproduccin capitalista. Las buenas nuevas sobre, por ejemplo, textiles cada da ms ligeros y duraderos; las buenas nuevas sobre materiales educativos y culturales mejor diseados y con soluciones formales de vanguardia; los descubrimientos extraordinarios en tecnologa para las comunicaciones y en ciberntica para redes sociales difcilmente se festejan en los barrios o en las casas de la clase trabajadora. Simplemente no hay cmo pagarlas. Buenas noticias que producen desconfianza.

Algunos anuncian: hambre cero y desatan carestas de lesa humanidad. Algunos anuncian igualdad de oportunidades pero jams igualdad de condiciones. Algunos anuncian grandes inversiones para mayor riqueza pero nunca dicen que ellos se quedarn con todo. Y ocurre en tono de algaraba y triunfalismo que en los pueblos slo genera ms hambre, peores condiciones y ms pobreza. La fiesta entonces slo es para una clase que ms disfruta cuando menos gozan de los beneficios. Para los pueblos desolacin y tristeza. Son albricias en el pas de sus maravillas.

Mayormente cuando hay buenas nuevas, y las oligarquas las celebran, se sabe sin dudar que traern penurias a granel para el pueblo trabajador. Toda vez que celebran las maravillas de la tecnologa para la transportacin terrestre, martima o area la clase trabajadora sabe que no podr subirse ni a los barcos ni a los automviles, ni a los aviones que la burguesa aplaude y disfruta. Es el despojo como cultura del placer para unos cuantos mientras la mayora que, directa o indirectamente, trabaja para producir o financiar las grande maravillas, simplemente mira y anhela, quiz algn da, gozar del producto de su trabajo. Pero siempre con una dosis de resignacin y derrota.

Por eso abunda la desconfianza ante las buenas nuevas. Y todo empeora cuando se sabe que esas albricias salen del producto del trabajo y salen del torrente fiscal desviado siempre en beneficio de los que ms tienen. Las buenas nuevas pesan como un lastre de impotencia y de humillacin porque, bajo el imperio del capitalismo, desplazan a la mayora de los seres humanos que, condenados al despojo, viven a penas con migajas o con limosnas. Las fiestas de los ricos son penurias para los pobres.

Vamos acostumbrndonos a la resignacin y a lo macabro. Ante nuestros ojos las paradojas ms aberrantes se han vuelto cosa cotidiana y todo lo malo nos resulta familiar. Por eso desconfiamos de lo que suene a bueno, honesto, trasparente o legal. Es la anti-poltica victoriosa y sustentada por los anti-valores oligarcas. Es la pachanga del saqueo y la explotacin en un mundo de infortunios plagado con mentiras a metralla: la pos-verdad y la plus mentira elevadas al rango de dictadura de la identidad y del orgullo de clase.

Cuando los surrealistas (1924) descifraron, a su modo, al capitalismo, pusieron a descubierto el espanto descomunal del absurdo convertido en realidad gracias a las ms retorcidas estrategias ideolgicas de la clase dominante. Lo haban hecho los dadastas montados en furia y lo perfeccionaron los surrealistas armados con poesa, entre otras muchas herramientas, para destapar conciencias. A su modo y con sus medios actualizaron las advertencias de Marx sobre la avaricia desbocada de la burguesa que tendra expresiones simblicas no slo en sus instituciones religiosas, judiciales o militares sino en sus baluartes culturales y comunicacionales como armas de guerra ideolgica.

Todo lo ms aberrante del capitalismo se coagul en los campos de batalla ideolgica como una especie de espejos de Alicia donde aquello que parece acercarnos a la emancipacin (econmica, sanitaria, laboral, educativa) termina alejndonos, sin clemencia. Metamorfosis que desfigura toda hipottica buena nueva para la alegra y la degenera en tristeza, rabia y desesperanza. Y eso nunca es una buena nueva.

Fernando Buen Abad Domnguez. Director del Instituto de Cultura y Comunicacin. Universidad Nacional de Lans.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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