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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2018

Matar o no matar

Leandro Andrini
Rebelin


Ser o no ser, esa es la cuestin. Cul es ms digna accin del nimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia? []

Hamlet (acto tercero, escena primera).

William Shakespeare

 

El veredicto de Theodor Adorno sobre la imposibilidad de la poesa despus de Auschwitz, nos conduce inmediatamente a la imposibilidad de la dramaturgia despus de Shakespeare. Hamlet como obra cumbre de lo existencial, la vida, la muerte, la cordura, el delirio, la accin, la inaccin. Ser o no ser. Principio del tercero excluido, en una insinuante dialctica del devenir humano en todas sus pasiones. La inauguracin del magistral soliloquio nos interpelar para siempre: Cul es ms digna accin del nimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia?.

En este tiempo, al leer (o re-escribir) sufrir los tiros penetrantes no podemos abstraernos a las lgicas de las ticas-estticas del refinado Adorno. Pensamos en Patricia Bullrich, lejana tan lejana a Adorno estrechndose con los gendarmes que balearon a los nios de una murga en un barrio marginado de la ciudad de Buenos Aires. Pensamos en Rafael Nahuel, muerto por la espalda, a tiros, y pensamos en el caso del asesino Chocobar y el asesinado Kukoc, Chocobar matando porque hay que matar, y la doctrina Macri-Bullrich-Pea, dando la orden detrs del blindex, sentando la falsa jurisprudencia, quienes de la demagogia punitiva hacen el llano sendero del lugar comn sobre la invalidez de la vida de todx quien no posea, de todxs quienes no posean siquiera el mismo pensamiento.

El imperio no se disolvi: tiene otros nombres ms impersonales. Pero todava dicta la ley. Todava mata, escribe Andrs Rivera en la magna Hay que Matar. Y Rivera, que sabe, pone la geografa de su novela en El Sur del Sur, all donde la Patagonia parece no ser de nadie, salvo en el pequeo detalle que es de unos pocos, sin nombre, as llamados por Rivera, La Compaa.

Segn Rivera, no se roba a los ricos, deca [el comisario] Bill Farrel. Y haba una sonrisa en los ojos de Bill Farrel. No. A los ricos, no. Ese Bill Farrel autoridad. La ley instantneamente constituida. Bill Farrel, el tirador ms certero de El Sur del Sur. Bill Farrel, dueo de una provisin inagotable de whisky proveniente de los dominios de SMB.

Ellos llegaron una noche cualquiera de agosto, a los gritos premonitoriamente dice Rivera. Y a los gritos, tiraron a ciegas contra la oscuridad de la noche de agosto. Y Rivera nos recuerda, en 1982, el futuro, que es el pasado. Y la fra correntada del Chubut manteniendo esttico a flote el cuerpo de un hombre fundido en la lucha que Rivera, que sabe, cont en Hay que Matar.

Y cuando Byron Roberts sucedi a Bill Farrel, aquel supo, alguna vez, que la ley, la justicia, el whisky que tomaba, con discrecin, noche a noche, las balas de su revlver de gatillo dcil, las pagaba el gobierno. Y era ese un gobierno de hombres grandilocuentes, que haban recibido lecciones de buenas maneras, que pagaba La Compaa. Y La Compaa tambin pagaba los votos necesarios para que ningn hereje, o ninguna hereja, quebrase la perpetuacin del disfrutable negocio que era El Sur del Sur.

Y en El Sur del Sur, los Lewis, los Benetton hacen a La Compaa en estos tiempos que son los de la letana incesante desde que el espaol abraz la cruz en El Sur del Sur. Y as como Byron Roberts, comisario, no era dueo de una casa, ni de una legua de tierra, ni de una majada de ovejas, los gendarmes que en nombre de la paz de Benetton corrieron a los mapuches hasta que crucen el ro, para que bufones Bufanos insistan con la farsa de la RAM, no son dueos ni de las horas del tiempo de su cuerpo puesto a la custodia de los millones de otros (y es posible que siquiera tengan un triste perro), pero ante la orden Hay que Matar, matan, por los millones de La Compaa.

Residentes provisorios, en el mercado de la carne, saben como Rivera y como saben Seu Jorge, Marcelo Yuca y Wilson Capellette, en la fuerza de la voz de Elza Soares o de Pedro Aznar que la carne ms barata del mercado es la carne negra, y este pas va poniendo a todo el pas negro, para que seamos todos carne de mercado, la barata carne del mercado, puestos a caminar disciplinadamente porque nada nos salvar del orificio en la espalda de carne negra contra carne negra. Ni el oficio del justo juez que procese al asesino que ya nos mat, ese con placa y licencia para matar, condecorado por la copia filibustera de Bill Farrel que es Patricia Bullrich, en la risa canalla/demaggica del presidente Macri, en la foto, en la defensa de la ofensa a la vida, en el mensaje atroz y atrozmente asesino, que se cuela. Y aparece el payaso siniestro y perverso de Jaime Durn Barba para, desde el telrico sentido, instalar el debate sobre la pena de muerte (pas pionero si los hay en abolirla). El payaso no cree en la pena de muerte, la rechaza, pero impone el tema y se horroriza porque lo ligan a la pena de muerte.

Estos ladrones off-shore no se conforman slo con robar y no pagar los impuestos: Hay que Matar.

Estaban all, en El Sur del Sur, no fortuitos, no erigidos por las angustias de un aspirante a bolichero los almacenes propiedades de La Compaa. Vendan de todo en los almacenes, hasta vendan polacas. Eran los dueos de El Sur del Sur.

Y el payaso siniestro y perverso, que se desgaita pronunciando que aborrece la pena de muerte, dice, en la perversidad del cinismo payasesco que lo caracteriza, que si los gendarmes slo pueden disparar cuando los delincuentes estn de frente, tendrn que huir en desbandada si usan ametralladoras con espejos retrovisores, dndoles siempre la espalda. El orificio por la espalda justificado, en la ley instantnea, en el cambio de doctrina sin cambiar el derecho, que impone esa copia mala, burlesca, de Bill Farrel que es ministra de accin en defensa de todo aquel que atente contra la vida. Hay que superar la sensacin de que los gendarmes son culpables de cualquier cosa dice el payaso. Apenas si son culpables de una nica cosa: de obedecer a asesinxs que dan la orden de que Hay que Matar detrs del blindex. Son carne negra, fcil de morir, fcil de olvidar la muerte de carne negra, en el presuroso indicativo de viajar a la represin; eran cuarenta y tres que nadie recuerda, que tuvieron el triste privilegio o destino si esa cosa cifrada existiera, de obedecer la orden funesta de una funcionaria alucinada, y de un pequeo hombre que gobierna en el norte como en El Sur del Sur, y les teme a las mujeres. A las mujeres negras, cuando las mujeres negras se rebelan y dicen que la carne negra no es carne de mercado, y ponen sus manos de pueblo en el pueblo, para que la carne negra sea un pleno goce humano.

Las mujeres fueron, naturalmente, esclavas del hombre, por miserable que el hombre fuese. No hay noticia que este hbito haya sido desterrado donde sea que el hombre viva.

Hay que Matar. Andrs Rivera.



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