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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2018

La reaparicin de Berlusconi en poltica muestra que Italia todava lucha contra su pasado fascista

Sabrina Gasparrini
El diario/The Guardian

El exprimer ministro est sacando provecho del cinismo que ha echado races durante dcadas de desconexin entre ciudadanos e instituciones


Muchos observadores internacionales estn perplejos por el regreso de Silvio Berlusconi a la primera lnea de la poltica italiana. Con 81 aos, no apto como candidato tras una sentencia judicial de 2013, est bastante ocupado haciendo campaa por su partido Forza Italia en la recta final de las elecciones del prximo 4 de marzo.

La verdad, no me sorprende nada.

Berlusconi no es el nico poltico de mi pas que intenta regresar a la poltica a pesar de haber perdido toda su credibilidad hace tiempo. Roberto Formigoni, el expresidente de la regin de Lombarda, sentenciado a seis aos de prisin por corrupcin en 2016 y a la espera de sentencias en otros juicios, es otro ejemplo. Es como si los italianos ya lo hubieran visto todo antes, pero no les importase.

Para entender por qu, hay que mirar nuestra historia. Italia no se unific hasta 1861. Al da siguiente, el poltico e intelectual Massimo d'Azeglio dijo la famosa frase: "Hemos hecho Italia, ahora hemos de hacer a los italianos". A lo que se refera era a los desafos de crear una identidad nacional basada en unos principios similares a los que nacieron durante la Revolucin Francesa. Nadie prest atencin a su aviso.

En el periodo ms oscuro de nuestra historia, el rgimen de Mussolini trat de forzar a la gente a amar a su pas definido por la ideologa totalitaria y asesina. El delirio militar de Italia junto a los nazis finalmente destruy nuestras ciudades y cre una situacin de pobreza masiva. Pero puede que eso no fuese lo peor de todo. A pesar de que los esfuerzos de reconstruccin dieron paso al llamado "milagro econmico italiano", los efectos psicolgicos del fascismo resultaron ser devastadores.

Los italianos heredaron de la guerra un sentimiento colectivo de vergenza que, por desgracia, se olvid rpidamente. La vergenza naci por haber permitido el exterminio de sus compatriotas judos y por haber asesinado a Mussolini y a su amante en vez de haber hecho que los dos respondieran ante un tribunal.

La guerra tambin nos transmiti un sentimiento de inferioridad hacia las naciones victoriosas y el sentimiento perpetuo de fracaso. Esto en parte explica por qu muchos italianos se ofenden rpidamente cuando, por ejemplo, la Comisin Europea seala el estado de nuestras finanzas pblicas, o cuando Francia no nos presta tanta atencin como a Alemania. Pasa lo mismo cuando los medios internacionales nos describen con estereotipos y rara vez nos preguntamos: es posible que hayamos contribuido a esto nosotros mismos?

No aprovechamos el periodo de posguerra

La era de posguerra nos ofreci una oportunidad democrtica. Se supona que la nueva repblica deba permitir y alentar la participacin ciudadana en la vida poltica. La libertad de expresin y la libertad de reunin deberan haber allanado el camino a un floreciente debate ciudadano. Pero la historia no siempre funciona de esta manera.

Durante las siguientes dcadas algunas de ellas bastante turbulentas los partidos polticos se desviaron de su declarada misin constitucional de permitir a los ciudadanos a "contribuir de una forma democrtica a la expresin poltica nacional". En vez de esto, formaron un bloque compacto dentro de lo que llamamos la ' partitocracia', donde el poder reside en los partidos polticos y no en los ciudadanos.

De este modo se extendi un sistema cancergeno, que se fue infiltrando en muchos mbitos: en la economa, en las finanzas, en los medios de comunicacin y en el sistema judicial. Este sistema encontr un aliado perfecto en la frmula proporcional de nuestro sistema electoral, cimiento de la inestabilidad gubernamental. Como resultado, los italianos se han acostumbrado a votar sin tener ni idea de lo que va a pasar.

El inters de la gente en la poltica se desvaneci. La fatiga, por no decir la exasperacin, empeor en los ltimos aos por culpa de la crisis econmica. En 1991 se produjo un punto crtico, tres aos antes de que Berlusconi se convirtiese en primer ministro. En una de las ltimas manifestaciones de gran entusiasmo poltico, el pas llev a cabo un referndum en el que se pregunt a los votantes si deseaban enterrar el sistema proporcional en las elecciones del Senado. Ms del 95% dijo que s a este cambio, a favor de un sistema de mayoras.

Lo que pas despus qued sellado en mi memoria como mi primera gran decepcin poltica. Se aprob una ley que no respetaba la eleccin que los votantes haban hecho. En su lugar, se introdujo un mecanismo electoral hbrido que no haca nada por solventar el problema de la inestabilidad poltica. Fue humillante para la soberana popular.

Hoy, lo ms preocupante es el aumento del racismo contra los inmigrantes. Hemos llegado a un punto en el que incluso la gente con formacin est de acuerdo con la retrica difundida tanto por la derecha como por el Movimiento 5 Estrellas. Ha quedado demostrada la capacidad del M5S para difundir noticias falsas, incluso a travs de vnculos con webs de propaganda conectadas con Rusia. Pero lo que sobre todo ha conseguido es instaurar una nueva marca de cinismo en nuestra poltica y reavivar una mentalidad fascista.

Ms de 75 aos despus, el encanto de la extrema derecha sobrevive en algunos sectores de la sociedad. Despus de los horrores de la guerra, nadie se atreva a expresar ideas fascistas pero, pasado un tiempo, parece que la gente lo ha olvidado. Los polticos comenzaron a expresas ideas llenas de odio y puntos de vista intolerantes, sin vergenza alguna.

Hace un ao, el lder de la Liga Norte Matteo Salvini, pidi "una limpieza masiva de Italia, calle por calle, barrio por barrio, plaza por plaza, mediante el uso de la fuerza si fuese necesario". Este mes, un activista de extrema derecha que una vez milit en ese partido abri fuego contra migrantes en la ciudad de Macerata.

Cmo detener esta espiral? Creo que la solucin para mi pas radica en la esperanza de que un da emerjan los Estados Unidos de Europa. Es verdad que el apoyo a la UE ha cado en Italia. Pero las reglas comunes europeas son lo que previenen que Italia vire ms hacia el populismo y que se erosionen los principios democrticos. Ser parte de la UE acta como una armadura contra nuestros peores instintos.

Italia carece de instituciones que sean crebles a los ojos de sus ciudadanos. La corrupcin y el clientelismo abundan. Nuestra deuda nacional ha crecido hasta alcanzar un 131% de nuestro PIB durante dcadas de mal uso de los fondos pblicos y de mala gobernanza. Sin un proyecto poltico real en el que los ciudadanos se conviertan en actores, y no en espectadores cansados, no conseguiremos salir de este lo.

Sabrina Gasparrini es la secretaria general de la Federacin Italiana de Derechos Humanos.

Traducido por Cristina Armunia Berges

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/regreso-Berlusconi-Italia-fascista_0_744376268.html



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