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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-03-2018

El manifiesto: un latido de Marx

Higinio Polo
Mundo obrero


Cuando Karl Marx escribe, junto con Engels, el Manifiesto del Partido Comunista, en el lejano 1848, ni siquiera ha cumplido treinta aos, y su amigo apenas veintisiete. Lo escriben por encargo de la Liga de los Comunistas, el nuevo nombre de la Liga de los Justos, y ninguno poda imaginar que aquel folleto de apenas treinta pginas iba a convertirse en uno de los textos polticos ms influyentes de la historia de la humanidad. Se publica en febrero de 1848 (hace ahora ciento setenta aos, en otro aniversario que se nos acumula al bicentenario de Marx) y conserva su frescura, su actualidad, pese a los vertiginosos cambios en el mundo: el propio Marx escribi, veinticinco aos despus de su publicacin, para la edicin alemana de 1872, que algunos puntos deberan ser retocados debido al desarrollo colosal de la gran industria en los ltimos veinticinco aos. El manifiesto fue un texto de propaganda, sin la profundidad de otras obras tericas de Marx y Engels, pero mantiene su energa, pese a los anuncios de los sepultureros del comunismo, que esparcen el espanto de la resignacin a la explotacin y la injusticia: la sombra de Marx es alargada.

Engels, ms de cuarenta aos despus de su publicacin, escribe que el manifiesto sigue siendo el programa comn de muchos millones de obreros de todos los pases, desde Siberia hasta California, y, ms de un siglo despus de sus palabras, su proclama final nos acompaa y nos refuerza, aunque los altavoces acadmicos y los centros de pensamiento y elaboracin burgueses despachen con suficiencia las ideas del texto de Marx y Engels. Sus aportaciones siguen siendo relevantes: desde la nocin de la historia humana como la historia de la lucha de clases, hasta la propuesta de abolicin de la propiedad burguesa, pasando por el internacionalismo (los obreros no tienen patria), y acabando en un escueto programa que contempla la expropiacin de la propiedad territorial, impuestos progresivos, una banca y medios de transporte en manos del Estado, educacin pblica y gratuita, empresas estatales, as como la obligacin universal de que todos trabajen, aboliendo el trabajo infantil en las fbricas. Hoy, ese afn todava no se ha conseguido: doscientos cincuenta millones de nios trabajan en el mundo, soportando la esclavitud, la trata, el trabajo forzoso por unas monedas, tareas domsticas e incluso el trabajo en las minas, labores peligrosas e insalubres, porque el capitalismo realmente existente en el mundo, dotado de la aureola de modernidad, sigue sometiendo a buena parte de la humanidad a una vida miserable.

Los laboratorios ideolgicos del liberalismo nos vendieron que los dividendos de la paz, tras el desmantelamiento de la Unin Sovitica y de la Europa socialista, traeran una nueva poca de prosperidad, ligada al desarrollo cientfico y tcnico, y que la robotizacin incluso iba a hacer menos necesarios a los trabajadores en las fbricas y empresas: la clase obrera iba a convertirse en un recuerdo del pasado. Ha disminuido, s, la importancia del trabajo obrero mientras aumenta la importancia de la maquinaria, pero nunca ha habido en el mundo tantos millones de obreros industriales, y la prosperidad y la justicia siguen siendo un sueo de desposedos. Olvidadas las mentiras, las ansias frenticas de beneficios de empresarios sin escrpulos, de alma esclavista, han llevado a una reduccin generalizada de los salarios, han martirizado la vida, han convertido el futuro en un pozo negro de desdicha: en Estados Unidos ha pasado a ser un lugar comn la idea de que los jvenes vivirn peor que sus padres, y en Europa, el ataque despiadado a la existencia material de los trabajadores deja a la intemperie a millones. Muchos, ni siquiera pueden alquilar una vivienda, aunque tengan trabajo, y empieza a ser habitual el obrero precario, el trabajador temporal que debe alquilar una habitacin porque ni siquiera puede pagar un pequeo apartamento; se ha convertido en comn el joven que debe vivir en las grietas del sistema, por esa flexibilizacin del trabajo que no es ms que el retorno a la indefensin obrera del pasado, a las dcadas sombras sin sindicatos, a la soledad proletaria ante las imposiciones del patrn. Han impuesto a los trabajadores el miedo al desempleo, a una vida sujeta al temor del maana.

Oficiando de enterradores del movimiento comunista, los portavoces del capital recuerdan el colapso de la Unin Sovitica (aunque ocultan la traicin del bosque de Belavezha, y el golpe de Estado de Yeltsin en 1993), insisten en la desaparicin de la clase obrera, lanzan interesadas profecas sobre el fin de la lucha de clases. La desaparicin de la Unin Sovitica y de los pases socialistas europeos marc el inicio de la revancha sobre los trabajadores, el comienzo de la liquidacin de muchas conquistas y derechos, un nuevo programa de dominacin imperialista. El lenguaje falsario del capitalismo se disfraza ahora de economa colaborativa, de flexibilidad laboral, de nuevas formas de trabajo, pero sus mentiras apenas esconden la vieja jerga de la explotacin humana. Pagando salarios miserables, forzando a la transfusin de los escasos recursos de las familias hacia los patrones del sistema por la va de las hipotecas, del aumento de impuestos, de la reduccin de garantas sociales, de las privatizaciones parciales de la sanidad y la enseanza, adems de la especulacin desenfrenada de todo tipo de necesidades sociales, el vampiro capitalista profundiza en el ataque a los sindicatos, a su capacidad para negociar, imponiendo salarios que estn en el lmite de la subsistencia, como si estuvisemos en las sucias fbricas victorianas del siglo XIX.

Mientras se reducen los salarios en buena parte de los pases capitalistas, y el sistema acta sin freno, especulando con la vida y los recursos del planeta, poniendo en riesgo el futuro, los trabajadores parecen perdidos en la spera y solitaria modernidad, atrapados en espejismos nacionalistas y en efmeras organizaciones vagamente progresistas, como si no necesitsemos impugnar de raz el capitalismo. Sin embargo, los trabajadores precisan de sindicatos fuertes, necesitan partidos comunistas, porque generando crisis tras crisis, el capitalismo lleva en sus entraas la explotacin y la infamia, la destruccin, aunque no podamos celebrarlo porque una de las hiptesis de futuro es que se destruya a s mismo, aniquilando tambin la vida en el planeta.

Aunque el manifiesto comunista pecase de optimismo sin prever la capacidad de supervivencia del capitalismo, sigue teniendo una evidente actualidad; pese a que los mecanismos de explotacin capitalista se han sofisticado y los instrumentos de dominacin han hecho creer a legiones de trabajadores que su lugar est con quienes les explotan, las pginas de Marx y Engels siguen siendo imprescindibles. Hoy, adems, aadimos a las propuestas del manifiesto la cuestin central del feminismo, y el riesgo de quiebra ecolgica, desde una perspectiva ms planetaria, ya no centrada en Europa como en los aos de Marx. Si el movimiento comunista, la lucha por el socialismo, ha sufrido dolorosas derrotas, no es menos cierto que el capitalismo no slo sigue mostrndose incapaz de asegurar un porvenir digno para la humanidad sino que amenaza con destruir el planeta. Porque todos los derechos de los trabajadores, todas las conquistas democrticas, todos los logros en el camino de la igualdad de las mujeres, nacieron de la lucha obrera, donde las mujeres desempearon un papel fundamental, con frecuencia olvidado; nacieron del impulso de la revolucin bolchevique, de la fortaleza conseguida tras la victoria sobre el fascismo en 1945, que trajo tambin el fin de la ignominia colonialista.

Doscientos aos despus del nacimiento de Marx, y ciento setenta del Manifiesto Comunista, sabemos que esas pginas pusieron en el centro de todas las miradas la evidencia de la explotacin, marcaron un impulso por la justicia que est en el origen de los cambios en el mundo contemporneo, sealaron una sorprendente previsin para prever la evolucin del capitalismo, y para combatir la apata de quienes, en palabras de Brecht, viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo se resignan. Ah est el manifiesto, en cada gesto digno, en cada rebelda. Por eso, sin duda, Gabriel Pri, comunista francs fusilado por los nazis, recordaba, en la vspera de su asesinato, las palabras de Paul Vaillant-Couturier: el comunismo es la juventud del mundo.

Fuente: Mundo obrero, febrero 2018.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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