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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-03-2018

Brasil tras los pasos de Mxico

Ral Zibechi
La Jornada


El gobierno de Michel  Temer entreg la seguridad de Ro de Janeiro a las fuerzas armadas, el pasado 16 de febrero. Desde los cuerpos policiales hasta los bomberos y las crceles, pasaron a ser gestionados por los militares. La excusa, como siempre, es la violencia y el narcotrfico; que existen y son enormemente peligrosos para la poblacin.

Ro es una de las ciudades ms violentas del mundo. En 2017 hubo 6 mil 731 muertos y 16 tiroteos diarios con un saldo mnimo de dos personas muertas en cada uno, casi siempre negros. De las 50 ciudades ms violentas del mundo, 19 son brasileas y 43 latinoamericanas (goo.gl/CvnFQU). En paralelo, Brasil est entre los 10 pases ms desiguales del mundo, algunos de ellos tambin los ms violentos, como Hait, Colombia, Honduras, Panam y Mxico (goo.gl/XPKd7Y).

En el caso de Ro de Janeiro, la actuacin de los uniformados tiene una caracterstica especial: se focaliza en las favelas, o sea va en contra de la poblacin pobre, negra y joven. En las 750 favelas de Ro donde viven 1.5 de los 6 millones de habitantes de la ciudad. Los militares se colocan en las salidas y fotografan a todas las personas, les piden documentos y confirman su identidad. Nunca se haba hecho este tipo de control de forma tan masiva y tan especfica.

No es la primera vez que los militares se encargan del orden pblico en Brasil. En Ro los militares intervinieron 11 veces en el ao anterior, en el contexto de las misiones Garanta de Ley y Orden (GLO), una legislacin que se aplic en grandes actividades como las visitas el Papa y el Mundial de Futbol. Desde 2008, en 14 ocasiones asumieron funciones de polica. Sin embargo, ahora se trata de una ocupacin militar que abarca todo el estado.

Muchos analistas han enfatizado que la intervencin est destinada al fracaso, ya que las anteriores, aun siendo puntuales, no consiguieron gran cosa. Agregan el fracaso de las Unidades de Polica Pacificadora (UPP), que en su momento fueron glorificadas como la gran solucin al problema de la inseguridad, ya que se instalaban en las propias favelas, como una polica de cercana.

En paralelo, los analistas recuerdan que la guerra contra las drogas en Mxico es un fracaso estrepitoso, que por ahora se ha saldado con ms de 200 mil muertos y 30 mil desaparecidos, mientras el narcotrfico est lejos de haber sido derrotado y se ha fortalecido.

Sin embargo, creo que habra que sealar que estas lecturas son parciales, porque en realidad estas intervenciones son sumamente exitosas para alcanzar los objetivos no confesables de las clases dominantes y sus gobiernos: el control y exterminio de la poblacin potencialmente rebelde o no integrable. Esta es la razn que mueve a militarizar pases enteros en Amrica Latina, sin tocar la desigualdad, que es la causa de fondo de la violencia.

Pienso que hay cuatro razones que avalan la impresin de que estamos ante intervenciones sumamente exitosas, en Brasil, pero tambin en Centroamrica, Mxico y Colombia, por poner los casos ms evidentes.

La primera es que la militarizacin de la seguridad consigue blindar al Estado como garante de los intereses del 1 por ciento ms rico, de las grandes multinacionales, de los aparatos estatales armados y de los gobiernos. Cabe preguntarse porqu es necesario, en este periodo de la historia, blindar a esos sectores. La respuesta: porque dos terceras partes de la poblacin est a la intemperie, sin derechos sociales, a expensas de la acumulacin por despojo/cuarta guerra mundial.

El sistema no le da nada a las mayoras negras (51 por ciento en Brasil), indgenas y mestizas. Slo pobreza y psimos servicios de salud, educacin y transporte. No les ofrece empleo digno ni remuneraciones adecuadas, las empuja al subempleo y la mal llamada informalidad. A largo plazo, una poblacin que no recibe nada o casi nada del sistema, est llamada a rebelarse. Por eso militarizan, tarea que estn cumpliendo exitosamente, por ahora.

La segunda es que la militarizacin a escala macro se complementa con un control cada vez ms refinado, que apela a las nuevas tecnologas para vigilar desde cerca y desde adentro a las comunidades que considera peligrosas. No puede ser casualidad que en todos los pases son los ms pobres, o sea los que pueden desestabilizar al sistema, los que estn siendo controlados de modo ms implacable.

Apenas un ejemplo. Cuando donaron lminas para las viviendas en Chiapas, se cuidaron de pintarlas para que desde arriba pudieran identificar a las familias no zapatistas. Las polticas sociales que ensalzan los progresistas, forman parte de esos modos de control que en los hechos funcionan como mtodos de contrasubversin.

La tercera cuestin es que el doble control, macro y micro, general y singular, est atenazando a las sociedades en todo el mundo. En Europa son multas o crcel a quienes se salen del libreto. En Amrica Latina es muerte y desaparicin para quienes se rebelan o, sencillamente, a los que denuncian y se movilizan. Ya no se reprime slo a los que se levantan en armas, como en los aos 60 y 70, sino a toda la poblacin.

Esta mutacin de los modos de control, aislando y sujetando a los que pueden llegar a ser rebeldes, o no obedientes, es uno de los cambios ms notables que est aplicando el sistema en este periodo de caos, que puede terminar con el capitalismo y la dominacin del 1 por ciento.

La cuarta son preguntas. Qu quiere decir gobernar cuando estamos ante formas de control que slo aceptan votar cada cuatro, cinco o seis aos? Qu utilidad tiene poner todo el empeo poltico en las urnas si hacen fraude y lo consolidan con los militares en la calle, como sucede en Honduras? No digo que no haya que votar. Me pregunto para qu.

Se trata de seguir reflexionando nuestras estrategias. El Estado es una hidra monstruosa al servicio del 1 por ciento. Eso no va a cambiar si nosotros llegramos al timn de mando, porque en el tope de la pirmide seguirn los mismos, con todo el poder para desalojarnos cuando lo estimen conveniente.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/03/02/opinion/016a2pol



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