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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-03-2018

Acostumbrarse no es la solucin
A propsito de la prensa en Cuba

Mara Antonia Borroto Trujillo
Cuba Posible


No le digas a mi madre que soy periodista. La pobre cree que trabajo como pianista en un prostbulo. La frase se las trae, verdad? Es tan pero tan amarga El catedrtico Enrique de Aguinaga la cita para ilustrar cmo ha sido percibido el periodismo en Espaa. No conozco en Cuba ningn enunciado igual de despectivo, ms bien aunque no resumido en expresiones tan sonoras esta profesin ha gozado de bastante prestigio entre nosotros.

Pero me pregunto si en la actualidad sigue siendo as. Y no tengo a la mano ninguna certeza, ms bien un manojo de interrogantes. Una me martilla desde hace varios das: tenemos alguna idea, incluso, de cmo se perciben a s mismos los periodistas cubanos? Cmo se sienten? Me dirn que ahora, en el proceso asambleario de la UPEC, tal cuestin debe salir a flote, mas no me parece posible por varias razones, en las que no creo necesario detenerme.

Intentar saber a ciencia cierta cmo se perciben y cmo se sienten nuestros periodistas implica varios supuestos. Lo primero, la ausencia de investigaciones verdaderamente serias al respecto. Pero no nos sintamos tan mal por no tenerlas. Varios estudiosos refieren la ausencia de tales inventarios en el mbito latinoamericano. Es solo de un tiempo a esta parte que se han hecho algunas indagaciones. Y para mi sorpresa lo que crea una percepcin bastante personal, es bastante generalizada.

Para mi asombro y mi malestar, aado, pues no es nada agradable saber que los periodistas latinoamericanos oscilan entre el agotamiento y la fascinacin la genial expresin es de Jess Arroyave e Iscar Blanco, de la Universidad del Norte, en Barranquilla, Colombia. Pero lo aseguran no solo ellos: una exhaustiva tesis doctoral, de Mara Jos Ufarte Ruiz, de la Universidad de Sevilla, plantea un cuadro bastante complejo.

Estos y otros estudios comienzan por reconocer la dificultad de las indagaciones a fondo. Los propios periodistas son reacios a semejantes bsquedas, les cuesta trabajo participar en grupos de discusin principal tcnica empleada en las pesquisas e incluso, les resulta incmodo conversar, fuera de un crculo de ntimos, de determinados malestares. Ello podra suponer intuyen los investigadores el reconocimiento de frustraciones, la certeza de haber elegido mal la profesin o el que es tal vez uno de los ms terribles sentimientos en el mundo de hoy: sentirse un perdedor.

Pero, curiosamente, cuando los periodistas acceden como fue en ambos estudios se traza un cuadro bastante vvido. En lo personal me admir saber que an confan en su rol social, en el hecho de que, desde la prensa, se pueda contribuir al bien comn, y la tranquilidad que les brinda saberse partcipes, desde una posicin privilegiada, en el mejoramiento social. He ah parte de las causas del encantamiento que todava ejerce el periodismo.

Sin embargo, los entrevistados tambin reconocen su precarizacin, las largas jornadas, el estrs agobiante, los problemas nutricionales, las dificultades para la vida familiar e, incluso, el envejecimiento prematuro. Y entre las causas de estrs se encuentran el ritmo demandado por el trabajo diario, las cuestiones tcnicas reacias a su control y muy demandantes, pues exigen continuamente el desarrollo de nuevas competencias, las presiones polticas y, per saecula saeculorum, los salarios, bajsimos al ser comparados con los devengados por otros profesionales. Hasta una de sus virtudes se torna espeluznante amenaza: las demandas sociales y la propia naturaleza del trabajo hacen del miedo a equivocarse una de las causas de la tensin.

Ya se sabe: los periodistas publican sus errores. Y es terrible saberlo, tanto que al principio puede ser paralizante. Esa fue mi experiencia, lo confieso, y estoy segura que la de muchos colegas. Pero tambin es una verdad y as lo afirmaba uno de los periodistas encuestados, que uno se acostumbra al trabajo y al mal pago.

No creo que el panorama en Cuba sea muy diferente. Es cierto que ciertas presiones generadas por las dinmicas de la sociedad de mercado no existen en Cuba. Y los restantes tems? Uno puede apreciarlos incluso en los estudiantes. En tercer ao de la especialidad, si bien muchos mantienen el entusiasmo, ya hablan de ciertas realidades con una amargura sorprendente para esas edades. Tambin me parece no tengo a la mano ningn estudio, reitero que ha dejado de ser la profesin soada e idealizada por los alumnos de preuniversitario, al menos no de la manera que lo era hace ms de 20 aos, momento en que me toc elegir carrera. Claro, nada existe en una suerte de vaco o burbuja: esos ms de 20 aos son los mismos en los que muchas cosas han cambiado en Cuba, aunque ciertas demandas de los profesionales de la prensa se han mantenido inalterables. A ellas se suman otras nuevas, es cierto, pero hay una suerte de ncleo que permanece inamovible desde que yo era estudiante.

Al periodista cubano tambin se le pide incondicionalidad, aunque no con la empresa (como en otros lares), tambin debe cumplir horarios interminables y debe dedicar al cultivo de sus relaciones con las fuentes parte de su poco tiempo libre. Tiene el estrs del cierre y de las coberturas, entre otros muchos. Tal vez se sienta como en una cuerda floja, porque no solo publica sus errores, sino que estos, sbitamente, pueden ser interpretados de muy enrevesadas maneras. Puede pasar que no se trate siquiera de un error, sino de algo no percibido de igual forma por los decisores, quienes muchos lo han dicho antes que yo casi nunca tienen formacin periodstica, ni suelen discutir ideas: desde posiciones de poder imponen prioridades y dicterios.

Ser citado para una reunin por algo que uno ha publicado Vamos, mis colegas saben a qu me refiero. Como saben que no siempre el ambiente en los medios condiciona la armona de eso tambin dan cuentas los estudios mencionados. Los periodistas cubanos tambin reconoceran, estoy segura, que se alimentan a deshora y muchas veces mal, y que conciliar la vida profesional con la hogarea es acaso el ms desconcertante de los retos.

Porque es una profesin que se erige y se elige en forma de vida, que ocupa casi todas las energas vitales, que implica una devocin casi sacerdotal Todo esto ha sido idealizado por los propios periodistas, quienes con sus anecdotarios han creado muchos mitos, entre ellos ese de la bohemia como un rasgo consustancial.

En ella se basan muchos al elegir la carrera, o en el compromiso cvico, o en las perspectivas de un trabajo para nada rutinario, con una estimulante dosis de adrenalina. Tambin suelen sentir en el periodismo un camino para el ejercicio de las letras, o que permite el contacto con personas importantes, y, tambin, ejercer poder s, porque es una posicin de poder e implica estar cerca del poder. Una estudiante me confes algo que nunca haba percibido de manera tan brutal: sus motivos fueron, nada ms y nada menos, ser famosa.

Habra que ver las opiniones a los cinco aos de ejercicio, a los 10, a los 20 Y no solo eso. Por qu muchas veces los ms avezados periodistas recomiendan a los ms jvenes elegir otro camino? Cun satisfechos estn estamos con nuestras vidas? Qu enfermedades son las ms recurrentes entre nosotros? Qu huellas va dejando en nuestra salud el estrs sostenido? Adase que somos, por lo regular, inveterados tomadores de caf, no siempre trabajamos con las mejores condiciones de iluminacin y confort pienso en la altura del monitor, del teclado y del mouse, y en la posibilidad de acomodar esa tan maltratada columna vertebral en una silla cmoda, por no hablar del riesgo de accidentes. Pero, insisto, qu sabemos de esto? Es que, como deca el colega, nos hemos acostumbrado al trabajo y al mal pago?

Hablando de pago: tal vez lo ms lacerante en Cuba y ello es vlido no solo para los periodistas sea la crisis moral a la que conduce el hecho, el simple hecho, de no disponer de un salario con el cual satisfacer las necesidades vitales. Pero en el caso de los periodistas, el asunto se ha repetido una y otra vez adquiere dimensiones maysculas.

Como la adquiere la crisis misma del periodismo a escala global, y las situaciones de las que tambin otros han hablado antes y mejor que atentan contra el periodismo en Cuba. El propio hecho de que apenas se discuta sobre la ley de prensa es muy mala seal. Y no creo que en ella debamos condensar todas nuestras esperanzas, pues la prensa es una expresin ms del pas.

Acostumbrarnos no es la solucin, no puede serlo. Puedo imaginar el gesto cansino de ese periodista, citado en el estudio, el mismo que veo en algunos colegas, tal vez el que yo tambin tuve. No sent alegra alguna al dejar el batn en otras manos. Tal vez hasta lo dej caer. A saber. Lo cierto es que conformarnos no puede ser la solucin, y que sera justo, muy justo, que en nuestros debates y en nuestros estudios acadmicos nos planteemos algunas de las interrogantes que, desde mi experiencia humana, o sea, limitadsima he querido poner sobre el tapete. Y que sumemos otras y las hagamos dialogar con los aspectos que, fundamentalmente en los documentos del pasado congreso de la UPEC y tambin en medios alternativos, varios colegas han planteado. Sera una manera de querernos un poquito, de abrazarnos esta fe en lo mejor del ser humano que, estoy segura, nos hizo a casi todos elegir esta desafiante profesin

Bibliografa consultada:

Arroyave, Jess e Iscar Blanco: Cmo perciben los periodistas su profesin: entre el agotamiento y la fascinacin., en Investigacin & Desarrollo, vol. 13, nm. 2, 2005, pp. 364-389, Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=26813207

Ufarte Ruiz, Mara Jos: El periodista acosado: entre la precariedad laboral y el mobbing. Un estudio de caso: La precariedad de los periodistas almerienses en la prensa escrita. Tesis de doctorado. Universidad de Sevilla. Disponible en http://fondosdigitales.us.es Tesis Doctorales y en https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/15433

Fuente: http://cubaposible.com/acostumbrarse-no-la-solucion-proposito-la-prensa-cuba/



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