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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2018

Guerra social y represion politico-cultural

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Esta estructura social es ideal para la domesticacin, porque en realidad los humanos asumen la jerarqua de dominacin. Los caballos domsticos de una recua siguen al lder humano como seguiran normalmente a la yegua que ocupa el primer lugar. Las manadas o rebaos de ovejas, cabras, vacas y perros ancestrales (lobos) tienen una jerarqua semejante () estos animales sociales se prestan a ir en manada. Dado que son tolerantes con los otros miembros del grupo, pueden ir agrupados; dado que instintivamente siguen a un lder dominante y toman a los humanos por lderes, pueden ser conducidos fcilmente por un pastor o un perro pastor. Los animales gregarios se comportan bien cuando estn encerrados en condiciones de hacinamiento, porque estn acostumbrados a vivir en grupos densamente atestados en la naturaleza 

Jara Diamond: Armas, grmenes y acero. Edit. Cientfico-Tcnica. La Habana Cuba. 2005, pp. 168-169

 

La psicologa burguesa tiene por costumbre en estos casos el querer explicar mediante la psicologa por qu motivos, llamados irracionales, se ha ido a la huelga o se ha robado, lo que conduce siempre a explicaciones reaccionarias. Para la psicologa materialista dialctica la cuestin es exactamente lo contrario: lo que es necesario explicar no es que el hambriento robe o el explotado se declare en huelga, sino por qu la mayora de los hambrientos no roban y por qu la mayora de los explotados no van a la huelga

 

Wilhelm Reich: Psicologa de masas del fascismo. Editorial Ayuso. Madrid 1972., p. 32

 

En la dcada de los ochenta, todas estas tcnicas de guerra psicolgica fueron reunidas en un volumen de la CIA bajo el nombre de Counter Intelligence Study Manual, utilizado principalmente en los conflictos de Amrica Central [] Para reunir informacin sobre una determinada poblacin, los agentes se mezclan entre la gente y asisten a actividades pastorales, fiestas, cumpleaos e incluso velatorios y entierros con el fin de estudiar sus creencias y aspiraciones. Tambin organizan grupos de discusin para medir el apoyo local a las acciones planeadas. El proceso de manipulacin se pone en marcha y los agentes identifican y reclutan a ciudadanos bien situados para que sirvan como modelo de cooperacin, ofrecindoles trabajos inocuos aparentemente importantes. A continuacin, transmiten conceptos difciles o irracionales a travs de eslganes simples [] En los casos en que los intereses de la CIA se oponen de modo irreconciliable a los de la poblacin, el manual sugiere la creacin de una organizacin que acte como tapadera, con una serie de objetivos muy diferentes a sus verdaderas intenciones. Finalmente, todos los esfuerzos por garantizar la conversin deben adaptarse a las tendencias preexistentes de la poblacin seleccionada: Debemos inculcar a la gente toda esta informacin de forma sutil, para que esos sentimientos parezcan haber nacido por s mismos, espontneamente

 

Douglas Rushkoff: Coercin. Por qu hacemos caso a lo que nos dicen. La Liebre de Marzo. Barcelona 2001, pp. 164-165

A comienzos de noviembre de 2017 escrib el articulo La artillera como esencia de Espaa analizando el contexto en el que se intensificaba la represin contra personas y colectivos por su defensa de los derechos elementales, concretos, practicables. Los jvenes de Altsasu cuatro en la calle y tres encarcelados an-, el compaero Boro que tena entonces dos juicios pendientes, y una lista estremecedora e irritantemente larga de personas de bien, encausados o encarceladas. La referencia a la artillera material y moral del Cardenal Cisneros permita visualizar de inmediato la estrecha interaccin entre poltica, economa, violencia y cultura en la historia del nacionalismo espaol desde sus balbuceos. Entonces me centr en el contexto poltico y econmico del Estado para, desde ah, comprender mejor las razones de tanta persecucin, amenazas y castigos a crecientes franjas sociales, devastacin que se ha intensificado en estos meses. Estaban ausentes, como mnimo, otros tres enfoques ms que deban completar mal que bien la crtica del endurecimiento represivo padecemos: la represin poltico-cultural, otros medios de control y dominio ms invisibilizados e imperceptibles, y el contexto internacional.

Las tres citas que encabezan este texto corresponden a un trabajo que escrib para un debate en julio de 2008 La desobediencia como necesidad- a libre disposicin en Internet que, con sus limitaciones especficas, por ejemplo no se profundiza en la decisiva teora del fetichismo, al manos sirve ahora para ofrecer algunas ideas sobre otros medios de opresin que sufrimos y de lo que apenas o en absoluto somos conscientes. Los colectivos y personas a los que dedico este texto son perseguidos precisamente por su desobediencia prctica por cuanto la desobediencia es necesidad prioritaria para la humanizacin.

Por qu hablar de represin poltico-cultural? Antes de responder veamos algunas cosas sin extendernos por obvia a la represin poltico-cultural que golpea a Catalunya: la televisin autonmica vasca censura una noticia sobre el libro La va vasca, de Iaki Egaa; la Diputacin de Araba censura una exposicin sobre los jvenes de Altsasu; en Bilbo la polica entra Ipar Haizea, local de la juventud digna, un sindicatos policial pide que se vuelvan a usar las pelotas de goma, y la consultora empresarial PwC propone acabar con el sindicalismo vasco para multiplicar los beneficios patronales. La ley Mordaza golpea con decenas de multas que ascienden ya a 30.000 euros a la Murcia rebelde que defiende la integridad de un barrio popular. En Valladolid se detiene a tres mujeres por pegar carteles sobre la huelga del 8 de Marzo. El bnker insiste en poner letra cristiana al himno militar espaol; se reactiva la fascista formacin del espritu nacional, y mediante el ataque a la lengua catalana se prepara el ataca al euskara, galego Jueces, fiscales, intelectuales y comisarios de arte pierden los nervios cuando se les recuerda que existen presos y presas polticas censurando la obra Presos Polticos de Santiago Sierra. Se enjuicia a msicos y tuiteros, con las condenas a Valtonyc y Pablo Hsel, por ahora En abril Boro tendr su segundo juicio: en el primero ha sido condenado a ao y medios; y en mayo se iniciar el juicio contra Indar Gorri, grupo de seguidores de un club de futbol.

Las prcticas perseguidas tienen innegables contenidos polticos, como toda cultura en s misma. Pero, De qu cultura hablamos? Es la misma cultura la loada en Babelia que es una oficina de ventas de la industria cultural del Grupo Prisa, o la desarrollada en La Haine, lugar de la praxis de Boro? Es la misma cultura la del sindicalismo combativo que piensa y habla en lengua vasca que la cultura internacional burguesa de PwC que propone liquidar ese sindicalismo? Samir Amin dijo que la cultura es el modo como se organiza la utilizacin de los valores de uso. Si la sociedad organiza horizontalmente la utilizacin colectiva de los valores de uso porque se basa en relaciones de propiedad comunal, etc., entonces la cultura creada primar esos valores sociales; pero s es la verticalidad autoritaria basada en la propiedad privada la que lo hace, entonces la cultura reforzar el autoritarismo vertical, una de las caractersticas de la industria de la cultura que fabrica mercancas ideolgicas. Naturalmente, entre ambos extremos existen casi infinitas combinaciones dependiendo de mltiples situaciones y momentos histricos.

La privatizacin del conocimiento social empez con la propiedad patriarcal al expropiar el hombre el saber producido por las mujeres; se desarroll con la opresin tno-nacional al expoliar el conocimiento de los pueblos oprimidos y no solo sus riqueza, siendo emblemtica la fallida orden romana de mantener con vida a Arqumedes en la Siracusa del siglo III para exprimirle su saber; se reforz en las sociedades tributarias en las que los encargos reales, religiosos y de las castas comerciantes adornaban paredes y fretros, y escriban loas maravillosas; se impuso en la Grecia de Tales de Mileto en el siglo VII cuando se enriqueca con sus conocimientos, y ms tarde cuando Platn denunciaba la venta del conocimiento. En el siglo I Cicern explicaba que el saber es propiedad privada. Con el retroceso del dinero y del valor de cambio en la Alta Edad Media europea casi se paraliza la mercantilizacin del pensamiento, incluso en el siglo XIV Petrarca criticaba a quienes usaban los libros como mercanca pero a comienzos del siglo XV ya se patentaba la tecnologa de la construccin naval. Desde entonces y hasta ahora el capitalismo hace lo imposible por aplastar todas las resistencias populares contra la mercantilizacin de la vida y del conocimiento.

En el trasfondo de esta expropiacin privatizadora del potencial creativo del valor de uso cuando es administrado colectivamente, est la explotacin de la fuerza global de trabajo de la mujer en cuanto muy especial y nico instrumento de produccin. La creciente oposicin global del sistema patriarcado-burgus Trump quiere liquidar el derecho de aborto- a la emancipacin de la mujer trabajadora y a la huelga del prximo 8 de marzo ejemplarizan la lucha de clases en su forma ms bsica para mantener la muy alta tasa media de beneficio que obtiene el capitalismo con esta explotacin. Facebook ha censurado la imagen de una venus paleoltica, de hace 30.000 aos, con la excusa de combatir la pornografa. Adems de un ataque a la ciencia y al arte, es un ataque a la emancipacin de la mujer por cuanto las venus paleolticas refuerzan la certidumbre de que el poder patriarcal ni es eterno ni es natural y no est genticamente anclado en la humanidad, sino que es resultado de adversas y desastrosas derrotas. Por otro lado, la obstinacin del nacionalismo espaol dentro de la progresa e izquierda estatal ha quedado tambin al descubierto en las divisiones entre grupos feministas para organizar la Huelga del 8 de marzo, mujeres de las naciones oprimidas con conciencia de serlo han sido acusadas de querer politizar el feminismo al defender elementales derechos reprimidos por el nacionalismo espaol.

Se trata de una lucha de clases multifactica en sus formas pero que nos remite a la contradiccin bsica: Cmo discernir el potencial emancipador de la cultura como valor de uso o de la cultura como valor de cambio? Muy en sntesis: es la praxis poltica que una u otra puede impulsar. Por ejemplo y sin ms precisiones ahora: el valor de uso del libro Faria de Nacho Carretero sobre la narcopoltica, secuestrado por una denuncia personal siguiendo una prctica inquisitorial profundamente anclada en la cultura dominante espaola; o del libro Patria de Fernando Aramburu, aplaudido a rabiar por el nacionalismo espaol y bendecido por todos sus poderes. Ambos tienen un valor de uso poltico-cultural innegable que, si se investiga bien, puede descubrir una conexin sustantiva en el uso de la droga ilegal como arma de destruccin psicofsica de la militancia poltica no solo en Euskal Herria, aunque cada libro puede tratar esta problemtica desde y para visiones contrarias, o incluso ocultarla.

A nada que nos desintoxiquemos de la ideologa burguesa y de su concepto de cultura como mercanca con un valor de cambio y eficacia alienante y fetichista, descubrimos que estos y otros ataques tienen como objetivo impedir, cada uno en su rea de influencia, que desarrollen el potencial emancipador inherente a la cultura como el modo que tienen las mujeres trabajadoras, los pueblos y las clases explotadas para organizar la utilizacin de los valores de uso. Una de sus expresiones ms brillantes y potentes es la creacin de redes de locales, espacios de autoorganizacin, medios de debate e investigacin crtica, recuperacin de las asambleas y consejos Uno de los objetivos de la represin poltico-cultural es el de impedir que vuelva a generarse una situacin de crisis de legitimidad del poder espaol como la vivida en 2001 desactivada con la victoria electoral de Zapatero en 2004; como la reactivada de nuevo entre 2010 y 2012 con huelgas, movilizaciones, mareas, etc., desactivada con las promesas institucionalistas de Podemos y el colaboracionismo de CCOO y UGT; como la nueva reactivacin en ascenso desde verano de 2014 y que tuvo una de las primeras muestras de su gravedad en la abdicacin del rey impuesto por la dictadura franquista.

La ley Mordaza de 2015 tena la finalidad de derrotar este nuevo ascenso de las luchas, pero no lo logr porque desde finales de 2016 y sobre todo desde verano de 2017 las movilizaciones obreras, populares y sociales han vuelto a la calle, como lo reconoce la CEOE. Las protestas para lograr un aumento de las pensiones, que en Euskal Herria movilizan a miles de personas, son otra muestra de la nueva oleada movilizadora. Ahora Ciudadanos propone que la polica pueda entrar en los centros sociales liberados sin orden judicial, y el gobierno espaol afirma que necesita 20.800 policas y guardia civiles ms, sobre todo en las naciones catalana y vasca, con un aumento sustancial de sus salarios.

El desinfle terico y tico de la izquierda occidental en los ltimos decenios se confirma tambin en el abandono de un concepto clave: el de guerra social, que en la actualidad tiene en la guerra poltico-cultural uno de sus frentes decisivos. Ahora a lo mximo que llegan las quejas de la izquierda es al dficit democrtico. Pero la guerra social existe: solamente en su frente laboral, el de la explotacin de la fuerza de trabajo, cada semana de 2017 el terrorismo patronal ha matado a doce trabajadoras y trabajadores en el Estado. El trabajo ha sufrido 618 bajas mortales en 2017 sin contar los miles de heridos y enfermos fsica y psquicamente en la explotacin domstica, la precariedad laboral, la economa sumergida. Una expresin fundamental de la guerra social en su base histrica es la sobreexplotacin de la mujer trabajadora, y sus asesinatos y violaciones.

La estrategia del PP, apoyada en sus objetivos centrales por Ciudadanos y el PSOE, y no combatida con radicalidad por Podemos, es una estrategia de guerra social clsica y descarada en lo relativo a la liquidacin de libertades y derechos pblicos, sociales y nacionales, y encubierta en lo relativo a minar paulatinamente la conciencia de las clases y naciones explotadas, y al desgaste de la vida, cuando no a su muerte. Una moda intelectual recurre a la expresin de necropoltica como la fase ms destructora de la biopoltica con lo que se diluye las contradicciones y responsabilidades del capitalismo: lo que existe en realidad es una violencia represiva poltico-cultural que forma parte de la guerra social. La izquierda revolucionaria debe recuperar los conceptos radicales que son los nicos que explican cmo romper las cadenas radicales.

En el artculo La artillera como esencia de Espaa, del 5 de noviembre de 2017, expuse algunos pocos datos sobre la situacin interna del Estado que, en su conjunto, servan para explicar el porqu del endurecimiento represivo que entonces se agudizaba. Ahora conviene que veamos cmo el contexto mundial presiona al Estado en, al menos, cinco problemas permanentes, que le obligan a extender e intensificar la guerra social y poltico-cultural en defensa de Espaa como marco de acumulacin de capital. Los resumimos:

Uno, la persistencia de sentimientos y culturas nacionales no espaolas cuya expresin ms palpable ahora mismo es el Principat Catal pero que en caso de la lengua y cultura se extiende con ms o menos fuerza por los Pasos Catalans, por mucho que el nacionalismo espaol lleve aos intentando negar lo evidente y destruir las memorias colectivas de estos territorios. Pero tambin est activos los volcanes lingstico-culturales vasco y galego, esa identidad andaluza que da signos de despertarse, la persistencia a pesar de siglos de alienacin de otras identidades desprestigiadas como dialectos regionales

Frente a este problema irresoluble el Estado slo tiene tres alternativas: una, el palo, como el que ahora sufre Catalunya y a otra escala en el resto de la nacin espaola; otra, la zanahoria, una reforma tmida y tramposa que beneficie a los de siempre: por ejemplo, la rpida fortuna de la Monarqua; y por ltimo, el palo y la zanahoria, al estilo de los pactos con la burguesa vasca, en los sta se queda la zanahoria, y los palos los sufre el pueblo trabajador. Las tres exigen que se refuerce el nacionalismo espaol como cemento ideolgico que cohesione la acumulacin de capital bajo la figura de la Monarqua.

Dos, el atraso cientfico, educativo, en la productividad del trabajo, etctera, que, junto a otras debilidades permanentes, hacen que sea muy insegura la recuperacin actual basada en la sobreexplotacin, en la relativa baratura del crudo, en las ayudas de Bruselas, en el turismo y, resumiendo, en la misma lgica endgena de las fases de siete o diez aos de crisis peridicas que tienden a la reactivacin por la simple destruccin previa de fuerzas productivas obsoletas, deficitarias. El Informe sobre la ciencia y la tecnologa en Espaa de finales de este enero es demoledor: la inversin no financiera en I+D ha retrocedido al nivel de 1999, mientras que se agranda la distancia con respecto a las grandes economas internacionales: ahora se invierte el 1,19% pero media de la UE en I+D+i es del 2%. Desde 2008 se ha reducido a la mitad el nmero de empresas espaolas que declaran invertir en I+D, y la media de inversin estatal en tecnociencia es la mitad que la de la Unin Europea. Para alcanzar la media de la OCDE en inversin tecnocientfica la economa espaola debera triplicar su inversin actual, y duplicarla para alcanzar a la UE.

La desidia por la ciencia que ha tenido siempre el bloque de clases dominante es la causa de que slo el 6% del estudiantado adquiera la suficiente comprensin lectora, frente al 11% de la UE y el 12% de la OCDE. El drstico recorte en las becas estudiantiles impuesto por el PP en el ltimo lustro y el impulso a la educacin privada, generalmente catlica, empeora la crisis educativa. Tal hndicap se entiende tambin por la opcin del capital espaol hacia el cemento, el turismo, los servicios y la energa, en detrimento de la industria desde, al menos, el desarrollismo franquista: Ms del 70% de la riqueza acumulada en el Estado espaol desde la mitad del siglo XX es debida a la economa del ladrillo.

El retroceso del capitalismo espaol en la produccin tecnocientfica mundial exige adems de inversiones masivas sostenidas durante aos, tambin el desarrollo de otro sistema educativo capaz de crear una fuerza de trabajo en reciclaje permanente. El peso muerto pero polticamente rentable de la industria educativa catlica, uno de los anclajes centrales del nacionalismo espaol, dificulta sobremanera que la dbil burguesa laica se atreva a impulsar una educacin tecnocientfica que ms temprano que tarde genera dudas crticas. Por tanto, al Estado le es perentorio el control ideolgico de la educacin centralizado desde el nacionalismo espaol.

Tres, sin embargo la omnipresencia de la industria cultural internacionalizada y su poder de penetracin entre la poblacin joven tiende a debilitar el cada vez ms desprestigiado nacional-catolicismo y sus valores tradicionales. La industria cultural tiene para la juventud ofertas especiales de consumo ideolgico y normativo alienantes, machistas y violentos, pero difciles de rebatir para el autoritarismo dogmtico. La impotencia de la Iglesia es patente: sus tensione en la burocracia, los escndalos por su mentirosa doble moral de castidad dogmtica y abusos y violaciones sexuales, su desprecio hacia el empobrecimiento social imparable y su egosmo por apropiarse de bienes comunes y acumular riqueza, su cruzada permanente en defensa de Espaa y de la Monarqua, semejante medievalismo solo puede defender sus intereses apretando las clavijas autoritarias, o pactando un aggiornamento con la dbil burguesa laica muy inquieta tambin por la degradacin moral generada por las pautas hiperviolentas de las mercancas culturales fabricadas para la juventud.

Otra cuestin totalmente opuesta es qu deben hacer las izquierdas del Estado frente al poder alienador de la industria cultural, problema mucho ms grave para las izquierdas de las naciones oprimidas por el simple hecho de carecer de Estado y adems y sobre todo sufrir la represin poltico-cultural espaola.

Cuatro, la necesidad de fortalecer el ejrcito tal como estn haciendo las grandes potencias imperialistas, con un compromiso de aumentar un 80% el gasto militar para 2024. Los EEUU, Gran Bretaa, Alemania, Japn, el Estado francs el rearme, que es intenso y generalizado, responde a la agudizacin de las contradicciones mundiales: las dos grandes depresiones del capitalismo provocaron dos guerras mundiales, las crisis graves entre esas depresiones han provocado guerras locales e incluso han rozado situaciones al borde de los conflictos atmicos que los EEUU estuvieron a punto de desencadenas en Corea de 1950-1953, en Cuba en 1962, la guerra de Vietnam en 1972, la guerra del Yon Kipur 1973, evitados por la intervencin de la URSS.

Las diferencias y oposiciones interimperialistas encrespadas desde la Gran Crisis de 2007 obligan al euroimperialismo a incrementar sus fuerzas militares, tambin bajo las nuevas presiones de la Alianza Euroasitica. La guerra comercial iniciada por Obama y que Trump ha exacerbado se inscribe en esta confrontacin al alza. El Estado espaol necesita por tanto militarizarse ms an para responder a las exigencias europeas y norteamericanas, aparte de su militarizacin policial interna, como hemos visto. De nuevo, la burguesa espaola debe adoctrinar en su nacionalismo a la joven carne de can desde su primera infancia para que aumente el nmero de profesionales de las armas, o corre el riesgo de enfrentarse a otro rechazo juvenil del servicio militar si es que quiere restableces su obligatoriedad.

Y cinco el potencial crtico de los nuevos medios de comunicacin que se manifest ya en 2001, 2010-2012 y claramente desde 2016 en adelante a pesar de la trituradora represiva que es la ley Mordaza de 2015, aumenta la desazn del capital. Por suerte para el Estado espaol, encuentra una eficaz ayuda legitimadora en la involucin autoritaria que recorre al imperialismo: los ataques a la libertad de Internet se endurecern conforme se multipliquen las tensiones mundiales. El capital sabe que ese potencial crtico no radica en los medios en s, sino en las organizaciones, grupos, asambleas, sindicatos, partidos que les dan vida, sostienen e impulsan. La represin poltico-cultural ataca a la unidad prctica formada por las militancias y los medios: es esta dialctica la que asusta al Estado y el capitalismo en su conjunto y por eso endurece su guerra social.

Las cinco dinmicas muy resumidamente analizadas sirven para explicar por qu la represin poltico-cultural en concreto y la guerra social en general, intensificadas en los ltimos tiempos no responden slo a causas endgenas al Estado espaol, sino tambin a las presiones mundiales. Es importante comprenderlo as porque si nos limitsemos exclusivamente al Estado caeramos muy fcilmente en la creencia de que podra acabarse con la represin mediante reformas parlamentarias dejando intactas las contradicciones del modo de produccin capitalista. Esta creencia irracional surgi en el socialismo utpico reformista y reaparece una y otra vez con nuevos ropajes, y no conduce sino a fracasos reiterados.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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