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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2018

Cmo no leer a Gramsci

Juan Dal Maso
La izquierda diario

A propsito de un artculo de Pablo Heller sobre el legado terico y poltico de Antonio Gramsci


Con cierto retraso, tuve hace poco tiempo la oportunidad de leer un artculo de Pablo Heller publicado en la revista En Defensa del Marxismoen noviembre pasado. El texto se propone hacer una lectura crtica del legado terico y poltico del comunista sardo y de paso polemizar con aquellas corrientes trotskistas que ensalzan los aportes de Gramsci, y destacan los puntos de contacto y la convergencia del pensamiento de Gramsci con el de Trotsky y Lenin.

Esta impostacin del tema marca una gran limitacin para la argumentacin que propone el artculo. Heller intenta demostrar por qu Gramsci no tiene nada que aportar, pero lo nico que demuestra es un conocimiento casi nulo de su obra.

A diferencia de lo que dice Heller, no se trata de ensalzar a nadie. Por el contrario, una lectura crtica y reflexiva de las ideas de Gramsci desde el punto de vista del trotskismo, permite rescatar muchos de los temas tratados por aquel (como los del Estado, la crisis orgnica, las revoluciones pasivas, la hegemona) para separarlos de sus interpretaciones socialdemcratas y volver a pensarlos desde el marxismo revolucionario.

Ese trabajo puede realizarse con dos condiciones: un posicionamiento claro desde la teora de la revolucin permanente que supone conocer profundamente el pensamiento de Trotsky, y un estudio serio de la obra de Gramsci. Desde estas premisas hemos realizado desde el PTS y la Fraccin Trotskista una serie de trabajos destinados a pensar convergencias y divergencias entre Trotsky y Gramsci.

Heller, por el contrario, propone renunciar de antemano a este tipo de trabajo. Y su ausencia de cualquier reflexin seria sobre el tema se expresa en que solamente puede exponer puntos de vista que toma prestados de otro lado.

El artculo consiste en una repeticin de algunos argumentos vertidos por Perry Anderson en su clsico trabajo Las antinomias de Antonio Gramsci, texto pionero en la crtica por izquierda a las lecturas reformistas de Gramsci, pero marcado por ciertas debilidades interpretativas, a lo que se suma la caracterstica reivindicacin del catastrofismo propia del Partido Obrero.

Armado con la frmula Anderson + catastrofismo (junto con un eco del Althusser cientificista en algn prrafo) el autor sale al cruce de toda una serie de temas gramscianos que son tratados con suma superficialidad. Veamos.

Gramsci terico del consenso en Occidente?

Renunciando de antemano a cualquier estudio serio sobre Gramsci, Heller se dedica a reproducir acrticamente y empeorndolos los argumentos de Anderson. Destaca que, preguntndose sobre las razones de la derrota del ascenso revolucionario posterior a la guerra y la Revolucin rusa en Europa Occidental, Gramsci estableci una diferencia entre Oriente -donde el Estado era todo- y Occidente- donde la fortaleza de la burguesa se basaba en la sociedad civil-. Dice que esta idea es errnea y sostiene que Bordiga explic que el Estado burgus en Occidente era superior tanto por el consenso como por el mayor poder represivo.

El autor repite un error de interpretacin de Anderson, en el caso del marxista ingls ms justificado por el contexto en que se public su libro, que es el de presentar a Gramsci como un terico del consenso burgus en Occidente, que habra planteado el problema de la relativa fortaleza del rgimen parlamentario pero no ofreci una explicacin convincente del tema. Una lectura atenta de los Cuadernos de la crcel arroja una imagen bastante distinta. La diferencia entre Oriente y Occidente va acompaada de una reflexin sobre los cambios en las formas del poder estatal en la primera posguerra que se sintetiza en la idea del Estado integral, la cual indica que frente a la irrupcin de las masas el Estado avanza sobre las organizaciones privadas, especialmente sindicatos y partidos, que pasan a jugar roles de polica incluso en los regmenes considerados ms democrticos desde el punto de vista burgus. Si se reconoce el peso que esta reflexin tiene en los Cuadernos de la crcel, la imagen de un Gramsci terico del consenso parlamentario queda ampliamente cuestionada, abriendo la posibilidad de una comprensin mayor de sus desarrollos tericos que coinciden a su vez con los anlisis de Trotsky en torno a la estatizacin de los sindicatos, el bonapartismo, la crisis de la democracia parlamentaria, etc.

Veamos una afirmacin de Gramsci en tal sentido:

Parece que el nico camino para buscar el origen de la decadencia de los regmenes parlamentarios es ste, o sea investigar en la sociedad civil; y ciertamente que en este camino no se puede dejar de estudiar el fenmeno sindical; pero una vez ms, no el fenmeno sindical entendido en su sentido elemental de asociacionismo de todos los grupos sociales y para cualquier fin, sino aquel tpico por excelencia, o sea de los elementos sociales de nueva formacin, que anteriormente no tenan vela en este entierro y que por el solo hecho de unirse modifican la estructura poltica de la sociedad. Habra que investigar cmo ha sucedido que los viejos sindicalistas sorelianos (o casi) en cierto punto se hayan convertido simplemente en asociacionistas o unionistas en general. Quiz el germen de esta decadencia estaba en el mismo Sorel; o sea en un cierto fetichismo sindical o economista (C15 47, redactado en mayo del 33) [1].

El catastrofismo o la incomprensin de la crisis orgnica

El segundo argumento es made in PO: buscando combatir el economicismo y el ultraizquierdismo, Gramsci habra identificado la poltica de ofensiva permanente con la idea del derrumbe del capitalismo, terminando por desconocer el carcter dislocador del sistema que tienen las crisis capitalistas. La expresin ms clara de esto sera la categora de crisis orgnica que Heller nos invita a abandonar y que segn l se define por una expresin vaga tal como lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Aqu la falta de sutileza juega una mala pasada al autor. La categora de crisis orgnica, no supone que la crisis no tenga potencial revolucionario, por el contrario, supone una dislocacin de la autoridad del Estado y de los partidos, en la que la crisis econmica se articula como crisis social y poltica. El alerta de Gramsci simplemente consiste en que la crisis por s misma no es sinnimo de situacin revolucionaria y mucho menos de revolucin triunfante. En suma, la crisis como tal no reemplaza la accin del partido que es en definitiva el elemento decisivo de toda situacin.

Veamos cmo define Gramsci la crisis orgnica:

En cierto punto de su vida histrica los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales, o sea que los partidos tradicionales en aquella determinada forma organizativa, con aquellos determinados hombres que los constituyen, los representan y los dirigen no son ya reconocidos como su expresin por su clase o fraccin de clase. Cuando estas crisis tienen lugar, la situacin inmediata se vuelve delicada y peligrosa, porque el campo queda abierto a soluciones de fuerza, a la actividad de potencias oscuras representadas por los hombres providenciales o carismticos Cmo se crean estas situaciones de oposicin entre representantes y representados, que del terreno de los partidos (organizaciones de partido en sentido estricto, campo electoral-parlamentario, organizacin periodstica) se refleja en todo el organismo estatal, reforzando la posicin relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de la alta finanza, de la Iglesia y en general de todos los organismos relativamente independientes de las fluctuaciones de la opinin pblica? En cada pas el proceso es distinto, si bien el contenido es el mismo. Y el contenido es la crisis de hegemona de la clase dirigente, que se produce ya sea porque la clase dirigente ha fracasado en alguna gran empresa poltica para la que ha solicitado o impuesto con la fuerza el consenso de las grandes masas (como la guerra) o porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeoburgueses intelectuales) han pasado de golpe de la pasividad poltica a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su conjunto no orgnico constituyen una revolucin. Se habla de crisis de autoridad y esto precisamente es la crisis de hegemona, o crisis del Estado en su conjunto. (C13 23, redactado entre mayo de 1932 y primeros meses de 1934).

La categora de crisis orgnica presenta una relacin simultnea pero discontinua entre crisis econmica y revolucin. Por eso, Gramsci destaca la posibilidad de salidas bonapartistas o cesaristas frente a las crisis de la autoridad estatal. Pero precisamente esa relacin discontinua es la que impulsa a los marxistas a desarrollar una poltica, tendiente a que la crisis orgnica se desarrolle como situacin revolucionaria con acciones histricas independientes de las masas. En ese sentido seala Gramsci que:

Se puede excluir que, por s mismas, las crisis econmicas inmediatas produzcan efectos fundamentales; solo pueden crear un terreno ms favorable a la difusin de ciertos modos de pensar, de plantear y resolver las cuestiones que implican todo el desarrollo ulterior de la vida estatal. (C13 17, escrito entre mayo de 1932 y primeros meses de 1934).

Si se asla la cuestin de la crisis orgnica de las reflexiones gramscianas sobre las relaciones de fuerzas (sociales, polticas y militares) lo nico que se consigue es lo mismo que Heller: no entender nada, mientras se vocifera que la crisis pondr al PO a la cabeza de las masas.

Batalla desigual contra la filosofa

Tropezando una y otra vez en territorio hostil, el autor llega a un apartado sobre objetividad y subjetividad, en el que directamente se hunde en un pantano de lugares comunes, haciendo afirmaciones que podran ser conmovedoras si no fueran totalmente inconsistentes:

El autor de Cuadernos en la crcel recoge el punto de vista de los fundadores del socialismo y, ms prximos a sus contemporneos, los de Lenin y el terico marxista hngaro Georg Lukcs (1885-1971), quienes destacaron el papel activo del sujeto. La historia la hacen los hombres, aunque no en forma arbitraria sino de acuerdo con las condiciones materiales que heredan y en las cuales les toca actuar. El rescate de la subjetividad no se hace en detrimento ni a expensas de la objetividad. Sin embargo, a diferencia del equilibrio que tienen otros exponentes del marxismo, en este punto Gramsci se desbarranca [] El materialismo vulgar termina por suprimir el papel activo del sujeto en general en la construccin de la vida social, al sostener que el hombre se limita a reflejar y registrar una realidad que se procesa independientemente de su voluntad Pero Gramsci -y la corriente historicista de la que l forma parte y que tiene sus mejores exponentes en el joven Lukcs y en el alemn Karl Korsch (1886-1961)- tienden a caer en una unilateralidad opuesta: terminan por identificar conocimiento en general con ideologa, y niegan as representacin objetiva (cientfica) de lo real. [] Segn Gramsci, en definitiva, toda objetividad puede ser identificada (sin mediaciones) con la subjetividad humana. Su rechazo al positivismo materialista adquiere as un sesgo idealista.

En estos prrafos (que hemos recortado un poco por piedad) la cantidad de errores es casi la misma que la cantidad de palabras. En primer lugar, Gramsci menciona dos veces a Lukcs en todos los Cuadernos de la crcel, y es objeto de crtica, por lo cual difcilmente se lo puede considerar inspiracin de Gramsci. En segundo lugar, que Gramsci realice una valoracin positiva de la ideologa no implica en modo alguno que esto niegue la comprensin cientfica de la realidad. Por este motivo, Gramsci sostiene que la posicin de Engels sobre que la materialidad del mundo est probada por el largo desarrollo de las ciencias naturales contiene la concepcin correcta sobre el problema de la objetividad. Por ltimo, es directamente disparatado afirmar que para Gramsci toda objetividad puede ser identificada con la subjetividad humana sin mediaciones. De hecho establece mediaciones tales como la produccin material, el lenguaje, la poltica, la ideologa, la filosofa y la ciencia. Para no hacer an ms largo este artculo, invitamos a Heller a buscar estos trminos en el ndice por argumento de la edicin Gerratana.

Guerra de posicin y guerra de desgaste: de quin habla la fbula?

Luego de su desdichado combate filosfico, Heller retoma la cuestin de Estado y sociedad civil, en los trminos planteados en Las antinomias de Antonio Gramsci, para presentar a Gramsci como quien abri el camino a Togliatti primero y al eurocomunismo despus.

Desconociendo totalmente trabajos como los de Gianni Francioni y otros que hicieron observaciones slidas sobre determinados problemas filolgicos de la obra de Anderson, se limita a tomar como comprobada e infalible la lectura del marxista ingls, la cual tiene algunos problemas: en primer lugar, establece una sucesin de tres modelos (primaca de la sociedad civil, relacin equilibrada, identificacin de Estado y sociedad civil) para comprender la relacin entre Estado y sociedad civil en Occidente que no se corresponde con la cronologa de redaccin de las notas. En segundo lugar, criticando el supuesto segundo modelo Anderson sostiene una idea del Estado como detentador exclusivo de la violencia que mal podra avenirse con el uso de la violencia contra-revolucionaria paraestatal utilizada por la burguesa en gran escala durante distintos momentos del siglo XX, en especial durante el perodo de entreguerras, en el que escribe Gramsci. Esto guarda relacin con el tercer problema que es su desconocimiento de los alcances de la cuestin del Estado integral, a la que hicimos referencia al comienzo de este artculo.

Heller termina el artculo equiparando, previsiblemente, la estrategia de desgaste kautskiana y la guerra de posicin postulada por Gramsci. Aqu cabe sealar que si bien ambas guardan ciertas similitudes superficiales (largo aliento, acumulacin de relacin de fuerzas, rechazo del ataque frontal), en el caso de Gramsci hay dos diferencias muy importantes. La primera, que en el comunista sardo la guerra de posicin no se trata de nada ms que parlamentarismo como criticaba Rosa Luxemburgo la formulacin de Kautsky y la segunda, que las relaciones de fuerzas militares juegan un papel central en la concepcin de Gramsci. Un tratamiento profundo del tema excede el espacio de estas lneas, pero la guerra de posicin, en el contexto de los otros temas a los que hicimos referencia (Estado integral, sindicatos y partidos como policas, crisis orgnica), supone una suerte de movilizacin total que permita la derrota del adversario ms que la vulgaridad codificada por Heller como una batalla escalonada y de ms largo aliento para ocupar espacios progresivamente.

Naturalmente, que Gramsci haya concebido esta idea como algo alternativo a una supuesta teora del ataque frontal atribuida errneamente a Trotsky, contribuy a la oposicin entre sus posiciones y las del fundador del Ejrcito Rojo. A esto se suma que el enfoque de Gramsci plantea una dificultad evidente en aquellos momentos en que postula la guerra de posicin casi como absolutamente predominante: en la guerra civil no puede existir un posicionalismo absoluto, porque a diferencia de la guerra entre Estados, no se puede evitar el combate por la decisin mediante un compromiso. La idea de Gramsci, mucho ms cercana a la guerra partisana que a una insurreccin clsica, no deja de tener el defecto de que al asignar a la guerra de maniobra un carcter subordinado, podra quedar como un esquema preconcebido en el que la forma de la guerra est por encima de la guerra misma. Pero sigue bastante lejos de la estrategia de desgaste kautskiana que en definitiva no es ninguna estrategia, sino el arte de evitar los combates mientras se realizan campaas electorales o sindicalismo (prctica para nada desconocida por la organizacin a la que pertenece el autor del artculo en cuestin, dicho sea de paso).

Triste, solitario y final

Lejos de cualquier lectura atenta sobre estos problemas, nuestro autor concluye su poco feliz incursin en territorios gramscianos del siguiente modo:

Las nociones tericas del marxista italiano, sus inconsistencias, sus frmulas vagas y contradictorias, su confusin, podran tener el atenuante -como lo destacan algunos autores- de su reclusin en la crcel, pero en el caso de la izquierda actual que se identifica y reivindica sus premisas, es una seal de un desbarranque poltico y estratgico.

En sntesis, luego de demostrar un conocimiento de tercera mano sobre la teora de Gramsci, comprando ingenuamente la versin de Gramsci que sostienen los propios socialdemcratas, el autor llega, despus de un recorrido tan fcil para l como tortuoso para quienes leen, al objetivo real del artculo: denunciar un supuesto desbarranque poltico y estratgico de los trotskistas interesados en un conocimiento profundo de las ideas de Gramsci, para utilizarlas crticamente como parte de un pensamiento poltico prctico.

Esta conclusin de Heller me parece la mejor parte de todo el artculo. Nos recuerda, sin dudas involuntariamente, que la ignorancia no es un instrumento de la revolucin.

 

Nota:

[1] Todas las citas de los Cuadernos de la crcel han sido tomadas de Quaderni del carcere, Edizione critica dellIstituto Gramsci a cura di Valentino Gerratana, Torino, Einaudi, 2001, cotejando las traducciones con las de la versin en espaol de Cuadernos de la Crcel, Ediciones Era, Mxico D.F., 1984. Asimismo incluimos la fecha aproximada de la redaccin de las notas, siguiendo la datacin de Francioni, Gianni, LOfficina Gramsciana, ipotesi sulla struttura dei Quaderni del carcere, Napoli, Bibliopolis, 1984.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/como-no-leer-a-gramsci/



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