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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2018

Cuaderno poscrisis: 5
Combinacin letal: la nueva crisis de la vivienda

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

El problema de la vivienda es estructural en el capitalismo, pero las disputas sobre el control del suelo son anteriores. Toda la historia del feudalismo est atravesada por conflictos sobre el control del suelo, de su producto. Y el nacimiento de la sociedad capitalista se caracteriz por una diversidad de confrontaciones sobre esta cuestin: el cercamiento de tierras comunales, el acortamiento de los periodos de arrendamiento, las desamortizaciones o la colonizacin, constituyen momentos clave en la acumulacin de capital y en la generacin de un proletariado urbano sin capacidad de auto-sostenerse. El conflicto de la vivienda es en gran medida una nueva versin de lo que antes acaeci fundamentalmente en el mundo rural: el control del espacio para satisfacer necesidades humanas bsicas o como elemento de enriquecimiento. Y por eso la cuestin de la vivienda ha sido casi siempre un problema recurrente. Baste recordar las pginas que le dedica Engels para describir la situacin de las viviendas del proletariado de Manchester a mitad del siglo XIX, o las que de Upton Sinclair sobre la clase obrera de Chicago a principios del siglo XX.

Los problemas de la vivienda han acechado de forma recurrente a las clases populares barcelonesas. El barraquismo form parte del panorama de muchos barrios de la ciudad hasta 1989, ao en que se derrocaron los dos ltimos reductos. De la misma forma, la especulacin fue uno de los ejes de la acumulacin capitalista en la fase final del franquismo (fenmeno bien explicado en el libro colectivo "La Barcelona de Porcioles"). La otra cara de la moneda eran las interminables jornadas laborales que permitieron a la clase obrera de la poca acceder a viviendas ms que modestas. Tras la transicin, las oleadas especulativas se han sucedido, slo interrumpidas por la crisis "corta" de 1991-1994 y la "larga" de 2008 a 2015. Y, en estas fases especulativas, el problema de la vivienda fue tan grave, especialmente en la fase final de la burbuja, que generaron respuestas locales a la evidencia del mobbing inmobiliario y el encarecimiento de la vivienda. Con la crisis lleg una versin ms dramtica del problema: los desahucios. Un fenmeno en s mismo cambiante, pues al inicio afectaba a familias hipotecadas que haban dejado de pagar sus cuotas, mientras que posteriormente ha terminado afectando a personas que no pueden pagar el alquiler o a personas que han ocupado viviendas vacas ante la falta de oportunidades legales. Ahora entramos en una tercera fase, sin que las dos anteriores se hayan extinguido: la mera expulsin de personas por el fin del contrato de arrendamiento. Una nueva versin moderna, urbana, de una historia de desposesin que en el mundo rural tiene una larga trayectoria.

Que esto exige una respuesta social contundente es innegable. Que la misma se vaya a producir es ms problemtico. Aunque al menos bullen las iniciativas de respuesta; se multiplican las voces crticas en un amplio espectro, que abarca desde organizaciones cristianas con trayectoria en el tema de la vivienda hasta colectivos de barrio que luchan contra la gentrificacin, pasando por sindicatos, asociaciones vecinales clsicas y, sin duda, con el impulso de las organizaciones que han nacido al calor de los nuevos conflictos (la PAH, la Plataforma contra la Pobreza Energtica, el Sindicat de Llogaters). An no est claro qu capacidad de respuesta colectiva tendr todo este conglomerado. Las notas que siguen tratan simplemente de detectar los espacios del conflicto. Hay tres dinmicas bsicas que explican la situacin: las dinmicas de la especulacin capitalista, la poltica de suelo y vivienda, y las condiciones de renta y trabajo.

II

La especulacin sobre el suelo y la vivienda tiene larga tradicin, y ahora se concentra en las grandes ciudades globales donde fluyen todo tipo de capitales y generan oleadas de revalorizacin del suelo. El espacio no es un activo homogneo, y el problema de la renta del suelo ha preocupado desde el principio a tericos de la economa. Las ciudades globales, las de ms xito, tienen diversos factores de atraccin diferentes al resto de urbes. En primer lugar, muchas de ellas son ciudades tursticas, y el turismo necesita espacio de alojamiento que compite con el residencial. No hace falta explicarlo mucho, pues cualquiera que viva en una ciudad global conoce la presin por expandir las plazas hoteleras y los apartamentos tursticos. No deja de ser paradjico que la proliferacin de estos ltimos, lejos de generar una gentrificacin de los barrios, lo que provocan es una degradacin de la vida social tanto porque prolifera un tipo de turista que busca la juerga como porque sustituye el comercio tradicional por comercios y bares especializados.

En segundo lugar, las ciudades globales tambin atraen asalariados de las empresas punteras (diseadores, informticos, etc.), con mayor poder adquisitivo y dispuestos a ocupar los espacios urbansticamente ms atractivos de la ciudad. Parte del negocio de la rehabilitacin de alto standing, o el surgimiento de nuevos barrios en antiguas zonas industriales (como ocurre en Barcelona en parte del frente martimo de la ciudad), obedece a esta dinmica, y es all donde se produce una palpable gentrificacin. Y, por ltimo, pero no menos importante, nos encontramos ante la proliferacin de inversores que consideran que la inversin en edificios es una actividad no slo rentable, sino menos incierta que la inversin industrial: los edificios son ms verstiles que cualquier otra inversin productiva, y la posibilidad de comprar y vender a corto plazo es mayor, entre otras cosas porque no se requiere un conocimiento especializado como el que se exige para desarrollar cualquier otro tipo de negocio. De hecho, casi todos los grandes empresarios acaban dedicando parte de los beneficios de sus empresas en inversiones inmobiliarias, como muestra el caso ejemplar de Amancio Ortega, el principal propietario de Inditex.

Que a corto plazo la mera especulacin constituye un negocio lo muestra el caso de las Socimis, empresas de inversin inmobiliaria que cotizan en bolsa, que llevan dos o tres aos con beneficios muy superiores a los alquileres que perciben, beneficios contables que generan la revalorizacin de sus activos. Y que practican una poltica de "rotacin de activos", es decir, de compras y ventas orientada a "realizar" parte de esta revalorizacin especulativa. Seguramente, en algn momento este proceso volver a estallar, pero en el entretiempo ya se han obtenido suculentos beneficios, y ya se ver quien paga finalmente el pato del fin de los buenos tiempos. En este caso, esta oleada especulativa provoca tanto un aumento de las rentas de la propiedad que afecta especialmente a comercios y restauracin como puede provocar un cierto vaciamiento de los centros urbanos, debido a la proliferacin de viviendas de lujo que entran en esta subasta especulativa sin que tengan un ndice muy elevado de ocupacin. Un especulador rico puede en muchos casos permitirse tener durante un tiempo una propiedad que slo ocupa temporalmente, y que espera revender al cabo de cierto tiempo.

La salida de la crisis (o, al menos, de la recesin) se ha producido en todas partes con una elevada inyeccin monetaria por parte de los bancos centrales. Las dificultades de liquidez que constrien a la mayora de la gente no afectan ni a las grandes empresas ni al entramado de intermediarios financieros que estn en la base de estos procesos especulativos. Y conecta las polticas de salida de la crisis con el nuevo auge inmobiliario, que se detecta en ciudades globales como Barcelona y Madrid.

III

La segunda pata es indudablemente la poltica de suelo y vivienda que desarrolla el pas. La etapa neoliberal ha experimentado un largo ciclo de liberalizacin de la vivienda que ha agudizado los problemas de la poltica franquista de vivienda. Sucesivas desregulaciones del mercado de alquileres; recalificaciones urbansticas por doquier; privatizacin del suelo pblico; ausencia de una poltica seria de vivienda pblica; tratamiento fiscal favorable a la especulacin; alta proteccin pblica del sector financiero privado; son algunos de los pilares que han generado los sucesivos problemas de vivienda, y que han afectado a gran parte de la poblacin. El estallido de la burbuja financiera pareci augurar un cambio de rumbo, pero en la prctica se han traducido en una nueva oleada de medidas que han agravado la situacin: la nueva ley de arrendamientos de 2013, la legalizacin de las Socimis, el tratamiento de la crisis bancaria permitiendo traspasar (directamente o va Sareb) los activos inmobiliarios "txicos" de manos de los bancos a verdaderos fondos-buitre internacionales, los cambios en la ley de costas, y los recortes en inversin pblica. Medidas que, lejos de cambiar el modelo, se han diseado para posibilitar un nuevo auge especulativo y para salvar las cuentas del sistema financiero.

Se trata de una situacin perversa, porque se ha creado todo un entramado legal e institucional que favorece la proliferacin de los movimientos especulativos que he intentado describir. Perversa porque el drama se concreta a escala local y afecta especialmente a los "Ayuntamientos del cambio" (especialmente en Barcelona y Madrid), que tratan de revertir una situacin enquistada y se tienen que enfrentar no slo a los destrozos de la crisis, sino tambin a los embates de la nueva especulacin en un contexto de ausencia de suelo pblico, lo que dificulta desarrollar una agresiva poltica de vivienda.

IV

La tercera pata del problema est en el mundo laboral y el reparto de la renta. La crisis hipotecaria fue en gran medida generada por el hundimiento del empleo. Antes de 2008 la gente estaba endeudada, pero pagaba sus cuotas semanales (por ejemplo, entre la poblacin de reciente inmigracin era habitual que el alquiler de habitaciones a compatriotas permitiera pagar la hipoteca, algo que se cort cuando el propietario y sus allegados perdieron el empleo). Con el paro esto fue imposible. Con los nuevos empleos de bajos salarios tambin. Por ejemplo, la serie de la Encuesta de Condiciones de Vida que publica en I.N.E. muestra que desde 2012 las rentas salariales medias y los ingresos de los parados estn a la baja. Y ya sabemos que las medias esconden una enorme dispersin salarial, y que los que han cado de verdad son los salarios histricamente ms bajos. Y tambin lo ha hecho el nivel de cobertura social.

Con niveles de ingresos tan bajos es difcil el acceso a la vivienda privada. Es imposible no slo la compra, sino obtener las garantas de un alquiler decente. Puede, incluso, que haya una conexin entre la cada de algunos ingresos salariales y el incremento de algunos alquileres, pues la cada de los primeros (para hoteles o comercios) se convierte en un mecanismo compensador del aumento de los costes de alquileres.

V

Los problemas de la vivienda reflejan, por tanto, la combinacin de tres perversas dinmicas. Ninguna de ellas es inevitable, aunque todas tienen soluciones difciles de aplicar en el actual contexto social. Pero se trata de soluciones que tienen su punto nodal en la poltica. No slo en el marco estricto de la poltica de vivienda, sino tambin en los dos mbitos restantes.

Los movimientos especulativos globales son potentes, pero se pueden amainar con polticas impositivas que dificulten la obtencin de plusvalas a corto plazo (fijando niveles expropiatorios a los beneficios de tenencia corta, o aplicando tasas especiales para propietarios no residentes. En definitiva, creando desincentivos a una actividad que genera suculentos beneficios privados a costa de generar un altsimo coste social.

El control de los alquileres es otro de los campos de confrontacin. Los economistas liberales argumentan que controlar los alquileres acaba por vaciar el mercado. Se trata de un argumento falaz. Es una cuestin de grado. No resulta entendible que un nivel de alquileres que garantice unos ingresos que cubran costos y den un margen moderado de rendimiento no vaya a resultar viable, como ocurre en otros pases europeos.

Y, sin duda, es necesaria una nueva poltica de vivienda pblica, as como cambios en las polticas laborales y de rentas para combatir el empobrecimiento que afecta a sectores importantes de la poblacin. En suma, iniciativas que combatan el problema desde sus diversos ngulos. Una respuesta que exige una movilizacin persistente y tenaz para romper el crculo perverso que conduce a mucha gente a un laberinto sin aparente salida.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-166/notas/combinacion-letal-la-nueva-crisis-de-la-vivienda



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