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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2018

Todos unidos volveremos

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


Ntidamente recortado frente a un gobierno que para bien o mal se afirma en su mix de gradualismo neoliberal, polticas sociales y demagogia punitiva, el peronismo vacila ante un interrogante que haba permanecido cerrado desde el alfonsinismo: su resurreccin es inevitable? Es un ave fnix que renacer siempre o un da sus cenizas se apagarn, como se apagaron las de otras experiencias populistas del siglo pasado, digamos como el varguismo brasilero, el APRA peruano o el MNR boliviano? La decisin de un conjunto de dirigentes provenientes del kirchnerismo, el massismo, el randazzismo y los peronismos del interior de reunirse para un primer gesto de unidad confirma la gravedad de la crisis. Pero, alcanza? Y qu posibilidades hay de que se transforme en una alternativa poltica al macrismo?

La situacin es crtica. Si la derrota de Daniel Scioli y Anbal Fernndez en las elecciones de 2015 fue una primera seal, la cada en las legislativas del ao pasado asumi la forma de una catstrofe. Perdieron todos: perdi el kirchnerismo, nada menos que con la figura de Cristina y contra Esteban Bullrich (como escribi Sol Prieto, el mejor candidato opositor perdi contra el peor candidato oficialista); perdieron tambin las opciones neo-K de Agustn Rossi y Jorge Capitanich, perdi la hiptesis colaboracionista de Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey y perdi, por ltimo, la entente contra-natura de Sergio Massa y Margarita Stolbizer (Massa perdi en Tigre). Como las pocas excepciones (Tucumn, San Juan, San Luis) carecen de proyeccin nacional, el escenario es trgico: si finalmente se produce la dichosa unidad, que como recuerda Nicols Tereschuk es un concepto caro a la tradicin peronista (1), ser la unidad de los derrotados. 

Puede ser tambin una oportunidad, claro. No hace falta remontarse a la posguerra europea para aprender que los desastres suelen marcar el origen de muchos cambios histricos. En la Argentina de los 80, despus de la inesperada derrota en manos de Ral Alfonsn, el peronismo inici un revulsivo proceso de reconversin que le permiti sacudirse los componentes fascistoides que todava albergaba, transformarse en un partido ms moderno y presentable y ofrecer, finalmente, una alternativa a la sociedad: la Renovacin fue una articulacin precaria de un conjunto de dirigentes que tenan poco que ver entre s, salvo la conciencia de que para recuperar el poder haba que desplazar de la conduccin a los sindicalistas, reemplazarlos por polticos, y mantenerse unidos (2). Como la vida es una moneda, el emergente no fue la tibia socialdemocracia herbvora de Antonio Cafiero sino el candidato negro, Carlos Menem, el menos renovador de los renovadores.

Podr el peronismo encarar hoy un proceso similar al que atraves en los 80? Aunque la horizontalidad de los perdedores facilita el dilogo y la necesidad acicatea, hay varios obstculos por delante, ninguno insalvable pero todos maysculos. 

Enumermoslos. 

El primero es el permetro. El renacimiento peronista depende de la posibilidad de construir un espacio capaz de contener a todas, absolutamente a todas las ramas partidarias dispersas. Para ello es necesario que nadie disponga de poder de veto sobre los dems, porque todos tienen buenas razones para excluir a otro, ni se asuma a priori como el lder, lo que a su vez supone revisar el lugar del kirchnerismo: si por un lado las elecciones del ao pasado demostraron que conserva su peso en importantes sectores de la sociedad y que su presencia en cualquier armado es imprescindible, por otro carece de la fuerza necesaria para orientar el conjunto: es la parte de un todo. En otras palabras, la unidad del peronismo exige la renuncia de Cristina a su conduccin.  

La segunda cuestin es programtica. Aunque la idea de las elecciones como una fra compulsa entre plataformas de gestin no deja de ser una fantasa, y aunque tiene razn Jaime Durn Barba cuando dice que las campaas giran cada vez ms en torno a las emociones y los miedos y menos alrededor de las argumentaciones racionales, una propuesta electoral potente exige sino coherencia al menos una consistencia mnima que permita transmitir cierta verosimilitud: el peronismo deber procesar las contradicciones recientes por ejemplo entre los que votaron el acuerdo con los fondos buitre y los que lo rechazaron como una claudicacin cipaya y pensar el modo de enfrentar las actuales por ejemplo entre los que consideran a Carlos Zannini y Julio De Vido presos polticos y los que no. 

La tercera cuestin: los condicionamientos institucionales derivados del rgimen poltico, que tiende a premiar al oficialismo y castigar a la oposicin. La reforma constitucional del 94 acort el mandato presidencial a cuatro aos, habilit la reeleccin y sincroniz en un mismo ao las elecciones presidenciales y las de gobernadores, que tambin tienen perodos de cuatro aos y en general pueden aspirar a un segundo mandato consecutivo. Como los jefes provinciales pueden adelantar los comicios en sus distritos y como la afirmacin territorial es condicin para cualquier aventura posterior, los caciques peronistas seguramente optarn por desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales para garantizar su supervivencia (3). Salvo aqullos que, como Urtubey, ya van por su segundo perodo, el resto tiene pocos incentivos para apostar a un nebuloso armado nacional, y probablemente ya se haya resignado a convivir cuatro aos ms con Macri, cuya asistencia, por otra parte, necesitan. En contraste, la estrategia del gobierno es simple: unificar las elecciones bonaerenses y porteas con las nacionales y apostar al tro Macri-Vidal-Rodrguez Larreta.

El cuarto desafo es el del liderazgo. El peronismo carece hoy de un conductor claro, como en su momento fueron Pern, Menem y los Kirchner, y ninguno de los dirigentes ms relevantes parece capaz de encarnarlo. Quin ser entonces el candidato? Ms all de las mil combinaciones que se ensayan en otras tantas mesas de arena, el hecho de que ningn dirigente aparezca como favorito crea las condiciones para que el postulante surja de unas PASO civilizadas (otro desafo) entre dos o tres frmulas. En esta hiptesis, el candidato final no sera una figura rutilante sino el emergente de un camino de reunificacin, el resultado de un proceso virtuoso; por eso todava no sabemos su nombre, como en su momento ocurri con Menem y Kirchner, dos sorpresas. La alternativa a esta apuesta paciente es la bsqueda de una figura extrapartidaria ultrapopular, la hiptesis Tinelli, pero parece improbable, porque resulta ajena a la tradicin peronista y porque la sociedad argentina no es proclive a votar outsiders (uno de los pocos vicios que no tenemos).

Pero incluso si los planetas se alinearan y este proceso avanza, el peronismo enfrenta un desafo sociolgico, que es el ms importante porque no tiene solucin (no al menos en el corto plazo, cuando estamos todos vivos): el de la heterogeneizacin de su base social. En efecto, la destruccin del tejido industrial y la mutacin del mundo del trabajo vienen produciendo desde hace ya un par de dcadas una fragmentacin del universo popular que, a grandes rasgos, hoy se divide entre los desocupados, los trabajadores informales y los trabajadores formales (el moyanismo social, cuya emigracin primero al massismo y luego al PRO produjo el quiebre de la coalicin kirchnerista y su derrota). Como demuestran investigaciones recientes (4), estos modos diferentes de insercin laboral generan posiciones, visiones del mundo y hasta ideologas distintas, que profundizan la distancia incluso entre quienes viven medianera de por medio; la distancia entre el trabajador cuya vida, aun con un salario bajo, sigue organizada por el trabajo, pautada por la semana laboral y protegida por un sindicato, y el que se ve obligado a rebuscrselas con las changas y los planes. Esto genera a su vez demandas distintas entre los sobrevivientes de la Argentina salarial que reclaman por el impuesto a las ganancias y la obra social y los hundidos del siglo XXI, que piden el socorro del Estado. Y agudiza los odios: como recuerda Juan Carlos Torre (5), el uso de los estigmas es tanto ms probable cuanto ms prximas estn las poblaciones al contraste social o cultural: el vago de mierda como expresin de una fractura social dolorosa.

Durante su larga dcada en el poder, el kirchnerismo logr suturar esta herida abierta en el campo popular mediante la accin enrgica del Estado y el talento de su liderazgo. Sucedida la derrota, la fractura reemerge, ms ardiente que nunca. Por eso el proceso de recuperacin del peronismo, si finalmente se produce, debe contemplar la realidad de este universo social astillado, que es justamente lo que entendi el macrismo con su estrategia de sumar al voto natural de clase media una parte del electorado del conurbano. Pero entender la astucia del adversario y aprender de l no significa imitarlo: el ltimo desafo peronista consiste, entonces, en evitar la tentacin de copiar al macrismo, de intentar crear, como se esucha a veces, un PRO peronista o, ms inslito an, un PRO de izquierda. Sumido en su crisis ms grave desde la vuelta de la democracia, el peronismo debe recorrer un camino propio y original para recuperar el poder, porque tiene recursos para hacerlo y porque es la razn de su vida.

Notas:

1.Unidos es una palabra clave para el peronismo. Se llam as la revista que pens cmo deba o poda ser el peronismo de la transicin democrtica. Los peronistas no se piensan juntos. Se piensan unidos, en www.artepolitica.com

2. Germn Basso, La renovacin peronista en cuestin: una aproximacin a la experiencia del peronismo durante la dcada del 80, en Antteses, Vol. 4, N 8, 2011.

3. Julio Burdman, La oposicin imposible, en www.anfibia.com

4. Rodrigo Zarazaga y Lucas Ronconi (comps.), Conurbano infinito, Siglo XXI Editores, 2017.

5. Juan Carlos Torre, Los hurfanos de la poltica de partidos revisited, en www.panamarevista.com

Fuente: http://www.eldiplo.org/225-el-futuro-del-peronismo/todos-unidos-volveremos



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