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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2005

Sobre la insurreccin de los suburbios en Francia

Samir Amin y Rmy Herrera

Traducido del francs para Rebelin por S. Segu


Tanto en Francia como en el extranjero se ha escrito mucho sobre los acontecimientos que los medios de comunicacin han denominado la "insurreccin de los suburbios" o la "guerrilla urbana", deformndolos parcial o completamente, y que se desarrollaron entre finales de octubre (a raz de la muerte en condiciones poco claras de dos jvenes perseguidos por la polica en Clichy-sous-Bois) y finales de noviembre (tras la decisin del Gobierno Chirac-Villepin-Sarkozy de prorrogar el estado de urgencia por tres meses). El ridculo se alcanz cuando las embajadas de varios pases extranjeros difundieron consignas de seguridad dirigidas a sus nacionales residentes en territorio francs. Francia no est en llamas. Los desordenes slo tuvieron lugar en las ciudades satlite y los barrios suburbiales ms pobres del pas, donde habitan numerosas familias de las capas populares en grandes torres y masas de hormign (y donde raramente se ven turistas u hombres de negocios). Los jvenes que se rebelaron contra el orden establecido la emprendieron contra bienes materiales, incendiando coches (por millares), centros comerciales, comisaras de polica, bancos, etc. no contra las personas, con la excepcin de las fuerzas del orden. Nuestra intencin aqu no es justificar estos actos de violencia gratuita, sobre todo cuando se sabe que afectaron a bienes pblicos (escuelas, transportes pblicos, etc.), sino intentar comprender las razones de esta rebelin. Ya que, an sin aceptar las formas que ha tomado, muchos Franceses comprenden esta explosin y, para decir todo, la esperaban como algo absolutamente ineludible. Sabemos todos que esta sociedad (capitalista) nuestra no ofrece nada a estos jvenes: ni condiciones de alojamiento satisfactorias, ni una educacin que les permita conseguir un empleo estable, ni esperanza de promocin social, ni reconocimiento, ni escucha. La relacin ms tangible de estos jvenes con el Estado (capitalista) consiste en los controles policiales, a veces brutales, siempre intimidatorios y humillantes, basados en el aspecto.

Muchos observadores hicieron or sus voces, con razn, contra la represin, pero lo hicieron limitndose en general a concentrar las crticas sobre el ministro de Interior, en campaa para las elecciones presidenciales de 2007. Es evidente que su dimisin, por s sola, no resolvera los problemas de los suburbios. Las provocaciones de Sarkozy --que pretenda limpiar "con mangueras de agua a presin" las calles de la "inmundicia" que "las contamina"--, se consideraron como insultos --que es lo que son-- por los habitantes de las ciudades satlite, y tambin como una manifestacin de odio contra los pobres. Son las clases populares en su conjunto, todos los que sufren y resisten a la ofensiva destructiva del neoliberalismo, quienes se sintieron aludidos.

Ha habido gentes cuya lectura de estos motines se ha basado en criterios de raza y religin. Ello significa olvidar que esta rebelin plantea bsicamente un problema de clase. Se trata de una rebelin de jvenes de las clases bajas urbanas precarizadas, que estn aprendiendo el significado de la lucha de clases a fuerza de golpes que les asestan los aparatos represivos de Estado: reinstauracin de hecho de la doble pena (prisin + expulsin), justicia expeditiva, juicio en comparecencia inmediata la noche misma de su detencin y condenas a penas desproporcionadas (un ao de prisin por haber incendiado cubos de basura, expulsin de titulares de un permiso de residencia arrestados por la polica, etc.) La represin que se abati sobre estos jvenes es una represin de clase, dirigida contra los pobres, contra ese subproletariado de las ciudades satlite, sin distincin de orgenes. Que muchos de ellos sean de origen extranjero (norteafricanos y subsaharianos sobre todo) no impide ver que el punto en comn de estos rebeldes, tanto si son franceses de origen como si son inmigrantes o extranjeros, es la pobreza. Y eso se traduce, geogrficamente, en un urbanismo que los relega a estas zonas de exclusin.

Esta represin de clase, agravada por el odio de raza de unas lites francesas que, autistas y saciadas de dividendos, abruma hoy a los jvenes de los suburbios se explica, entre otras cosas, por un hecho a menudo ocultado. Incluso en la confusin de los enfrentamientos, las luchas de estos jvenes que son tambin pueblo de Francia y en su gran mayora "gente como todo el mundo" son portadoras de una alternativa a la sociedad actual. Esta alternativa no ha sido teorizada, ni conceptualizada, ni siquiera a menudo aclarada, pero se practica y est en fase de aplicacin en la dura realidad de las ciudades satlite, en el infierno de la vida cotidiana: fracaso escolar, discriminacin, desempleo, edificios ruidosos y deteriorados, transportes pblicos deficientes y demasiado costosos, escasez de infraestructuras sociales y culturales, etc. La alternativa de la que son portadores estos jvenes de los barrios populares es la anttesis del proyecto antisocial de la burguesa francesa y las lites europeas, es la inversin simtrica del apartheid urbano-racial-social predicado por la extrema derecha de Le Pen, rencorosa, xenfoba y reaccionaria. Esta alternativa se sita exactamente en el punto opuesto del apartheid mundial querido, desde Estados Unidos, por Bush. La paradoja, y una parte de la dificultad para entender el sentido de estos motines, proviene de que estos jvenes se hallan alienados y son totalmente permeables al modo de vida consumista estadounidense: prendas de vestir, comida, juegos, jergas, referencias culturales, etc., pero, debido a su antirracismo puesto en prctica en las ciudades satlite, rechazan la modalidad de existencia de Estados Unidos, es decir, la violencia de un sistema de segregacin dentro del pas y de guerra fuera de l. No se trata ya de la violencia de grupos de jvenes que incendian coches, sino de la del primer Estado terrorista del mundo, en lucha contra los pobres. Aunque la mayora de estos jvenes amotinados no est politizada, su accin es poltica.

La alternativa que se construye hoy, en primer lugar en estas ciudades suburbiales, y por la cual luchan en primera lnea estos jvenes, junto a sus padres, amigos y vecinos es la de una Francia mestiza, multicolor, abierta al mundo especialmente al Sur, al Tercer Mundo, una Francia fuerte y orgullosa de sus diferencias, cosmopolita y acogedora. Una Francia que no olvida que, en 1789, su Revolucin concedi un acta de diputado a un alemn (Anacharsis Cloots); que la Comuna de Pars cont, en 1871, con representantes polacos (Wrobleski, Dombrowski); y sobre todo que millones de extranjeros dieron su vida para defenderla. Lo que estos jvenes nos recuerdan, hasta en la furia de estos acontecimientos, es que Francia est en pleno mestizaje, que Marianne tiene la piel morena. La evidencia est a la vista: en las clases populares, muchos jvenes y menos jvenes, han tomado ya partido desde hace tiempo. Ms all de las dificultades a que se enfrenta ese proyecto antirracista, en los barrios pobres, campos de batalla sobre los cuales se desarrolla el combate decisivo contra el racismo, amplios sectores populares, incluidas clases medias, ha optado en conciencia, con valor y tolerancia, por aceptarse, vivir y construir juntos, en el respeto del otro. La gran mayora de los jvenes que se alzaron es francesa y no tiene ninguna necesidad de "integrarse" (por otra parte, con quin? ). Exigen ser aceptados y reconocidos por lo que son y lo que hacen: son franceses como los dems, y construyen la Francia de maana: una sociedad de aceptacin del otro, de mestizaje, de confraternizacin de razas y nacionalidades.

Estamos muy lejos del tpico de una Francia racista, en curso de fascitizacin bajo el efecto de las tesis de Le Pen. Heredero de la Francia de la vergenza, de Vichy a la OAS, de la Francia de esta Europa "indefendible" como deca Aim Csaire, el Front National renaci a principios de la dcada de 1980, de la mano de un Mitterrand deseoso de romper la influencia del Partido Comunista Francs. El Frente Nacional creci sobre el abono nauseabundo de la historia de la burguesa francesa, la de la esclavitud, la colonizacin, la colaboracin con el nazismo, el imperialismo. Le Pen consigui pudrir lo que el neoliberalismo haban empobrecido. Y la victoria contra l en 2002, gracias tambin a esa juventud abigarrada de los suburbios, que supo asimismo movilizarse y decir "no" en mayo al referndum sobre la Constitucin Europea, fueron decisivas para la defensa de los valores de la Repblica y de lo que 1789 tuvo de universal. El peso poltico del FN no se debe a un supuesto racismo del pueblo de Francia, sino ms bien a la reaccin de las fracciones extremistas de la burguesa nacional ante la opcin antiapartheid adoptada y ya practicada por los jvenes de los barrios populares. Y queda an mucho camino por recorrer antes de que nuestras lites acepten abrir el debate sobre lo que ellas hicieron sufrir a los pueblos de Francia y el mundo anteriormente: de la esclavitud a las guerras coloniales, del colaboracionismo de Ptain en Francia a los apoyos a las dictaduras neofascistas del Sur. Tanto camino hay an para que se abra el debate sobre lo que nuestras burguesas, dirigentes transnacionales y altos responsables del Estado, hacen a Francia y del mundo: mantenimiento de zonas enteras del pueblo en el desempleo y la pobreza, saqueo imperialista del Sur por sus empresas y su Estado. Son estos jvenes de los barrios que hacen frente a Le Pen y a sus sustitutos de la derecha "moderada" por medio de los cuales gobierna por delegacin. Son estas ciudades satlite las que ms sufren los innumerables desastres sociales causados por la poltica neoliberal impuesta al pueblo francs desde el principio de los aos ochenta por esta alternancia sin alternativa de la derecha tradicional y el Partido Socialista.

Pero Francia es un pas democrtico, puesto que su Presidente fue elegido por el pueblo. Hasta por un 82%! Y ahora un 70% de los franceses afirman hoy no tener confianza en l! Votaron contra Le Pen, y Chirac aprovech para seguir con ms de lo mismo: cada vez ms neoliberalismo. No se trata de minimizar aqu la importancia del voto. Pero si para la mayora de los Franceses la democracia representa darse un paseo, un domingo al ao, hasta la mesa electoral para hacer cola (en silencio), asentir con la cabeza al or su nombre (en silencio), deslizar un sobre en la urna (en silencio) y volver a casa (en silencio), entonces es bien poca cosa. Cuando una minora impone una poltica antisocial a la mayora, no es democracia. Votar para que slo cambie lo necesario para que nada cambie, no es democracia. La cohabitacin de la antigua derecha (tradicional) y la nueva derecha (PS), la una ms neoliberal y atlantista que la otra, no es democracia. Es el "poder fuera del pueblo, sin el pueblo, contra el pueblo"; el capitalismo moderno, neoliberal; el poder de las finanzas; es decir, una "democracia de accionistas". Votamos el 29 de mayo y dijimos "no" a la sumisin atlantista de las lites europeas, votamos "no" a la constitucionalizacin del neoliberalismo en Europa, un no de clase, un no de esperanza. Y ganamos. Se oy nuestra voz? No. Todos ellos fueron derrotados, democrticamente; todos siguen en sus sitios, democrticamente? Cmo se espera que los jvenes de las clases populares crean en esta ficcin de democracia, puenteados, sin estar representados por nadie y pudiendo contar slo con ellos mismos?

As, desde el 8 de noviembre de 2005, en las "zonas sensibles", para los rebeldes (a veces menores), es el estado de urgencia; rgimen de excepcin que, "en caso de peligro inminente resultante de ataques graves al orden pblico " libera a las autoridades administrativas (los prefectos) del principio de legalidad que regula normalmente su actividad, mediante la ampliacin de sus poderes en forma de: prohibicin de circular, arresto domiciliario de las personas cuya actividad resulte peligrosa para el orden pblico (sin la "creacin de campos donde se mantendran detenidas las personas"), cierre de salas de espectculos y de comercios de venta de bebidas, prohibicin de reunirse con miras a causar o mantener el desorden, registros a domicilio da y noche, controles de prensa, publicaciones, radios y cines, competencia de los tribunales militares en los casos de delitos de derecho comn, etc. Es decir, una ley represiva a la que los "demcratas" que nos gobiernan slo recurrieron contra los argelinos (1955) o los canacos de Nueva Caledonia (1985). En la metrpolis, no lo hicieron ni en 1968. Alcaldes de derechas que imponen en sus municipios el toque de queda a partir del atardecer (como ha hecho en Raincy ric Rault, ex ministro UMP de la ciudad). A excepcin de algunos cargos elegidos socialistas que se declaraban francamente satisfechos de las medidas adoptadas por el Gobierno, la izquierda en su conjunto conden esta escalada de la represin: Partido Comunista, Liga Comunista Revolucionaria, Verdes, Federacin sindical unitaria, MRAP, Liga por los Derechos Humanos, Sindicato de la Magistratura, Comit de personas sin domicilio fijo, Asociacin de trabajadores magrebes de Francia, Centro de Estudios e Iniciativas de Solidaridad internacional, etc. etc. Las reacciones del Partido Socialista, en cambio, han sido por lo menos mesuradas: el primer secretario del PS, Franois Hollande, declar que "la aplicacin de la ley de 1955 debe limitarse en el tiempo y en el espacio" y que su prrroga era "un mal smbolo". En noviembre de 2001, su esposa, Sgolne Royal, entonces viceministra de la Familia y la Infancia del gobierno Jospin, ofuscada por la validacin por el Consejo de Estado de un orden municipal toque de queda ya haba dicho: "el trmino toque de queda es inadmisible es un trmino belicoso". Jean-Marc Ayrault, presidente del Grupo Socialista de la Asamblea nacional, por su parte, se gan los favores de un hemiciclo mayoritariamente de derechas declarando: "en tales circunstancias, las formaciones democrticas deben saber concebir un pacto de no agresin".

No es menos cierto que muchos jvenes de suburbios, y de toda Francia, se hallan hoy completamente desvinculados de las luchas de emancipacin del movimiento obrero francs y de la memoria de su historia. La escuela no les ensea esta materia y menos an las luchas de los pueblos del Sur, y tampoco lo hacen los partidos y los sindicatos de izquierdas. Pero lo que es seguramente ms grave an, es que muchos militantes progresistas ignoran casi todo de la historia y de la actualidad de las resistencias de las ciudades satlite y la inmigracin en Francia. Ahora bien, estos dispersos movimientos asociativos, molestos, en ebullicin, son la expresin autoorganizada de las poblaciones de los barrios populares, franceses y extranjeros pobres mezclados que avanzan codo con codo para una transformacin progresista de la sociedad. Estas luchas surgen sin cesar de las ciudades satlite, alimentadas por la dificultad de las condiciones de vida y (de falta) de trabajo, estallando despus de cada "atropello" policial. Estas luchas se esfuerzan en organizarse, estructurarse, unirse, debilitadas por las ofensivas de recuperacin, instrumentacin y desvo de sus energas. En Francia, la historia de las luchas de los habitantes de las ciudades satlite se solapa aunque sin encubrirlaa la de los inmigrantes. Hunde sus races, a partir del desencadenamiento de la crisis de los aos setenta, en los combates llevados por los inmigrantes de la "primera generacin" venidos del Sur, que se organizaron en grupos autnomos con el fin de defender sus derechos e intereses en el lugar de trabajo o residencia (toile nord-africaine, Mouvement des Travailleurs arabes, Maison des Travailleurs immigrs, etc.) Desde el principio de la dcada de 1970, las huelgas del hambre de los "indocumentados" (contra la Ley Marcelin) produjeron varias decenas de millares de regularizaciones. A pesar de una dura represin, en 1976, las huelgas de alquileres de los trabajadores de los hogares Sonacotra, en protesta contra unas condiciones de alojamiento lamentables, luego las de familias enteras en "ciudades de trnsito", permitieron arrancar nuevos alojamientos.

Estas luchas se reforzaron en la dcada de 1980, ante los efectos sociales devastadores del neoliberalismo y el ascenso del Frente Nacional, con la aparicin de los movimientos de jvenes de las ciudades satlite y de la inmigracin de la "segunda generacin". En 1982, una serie de agresiones de carcter racista y de atropellos policiales caus la creacin, entre otras cosas, de la Association Gutenberg, en Nanterre, que contribuy a coordinar las acciones de resistencia contra el racismo y las discriminaciones y a la autoorganizacin de las luchas de los habitantes de los barrios populares. Estos ltimos se movilizaron poco a poco en torno a una multitud de asociaciones e iniciativas, sobre todo en las regiones de Pars y Lyon. Fue el caso, despus, de las confrontaciones entre jvenes y fuerzas de orden en Minguettes (Vnissieux) y el llamamiento "Polica y justicia iguales para todos", de una serie de asociaciones de barrios: Zaama dBanlieue, en Lyon; Lignes paralllles, en Vaulx-en-Velin; o, en los suburbios parisienses, Wahid Association y el Collectif des Mres des victimes de crimes racistes et scuritaires. El ao 1983 es un momento de inflexin: las asociaciones de Minguettes (SOS Avenir, en particular) lanzan la iniciativa de una gran marcha pacfica "en favor de la igualdad de derechos y contra el racismo", que sale en octubre de Lyon y llega a Pars en diciembre, y rene a ms de 100.000 personas. Para sorpresa de todos, el impacto de esta marcha fue enorme, con su parte positiva, como la instauracin de la "tarjeta de residencia de 10 aos", y negativa, muy especialmente la puesta en marcha por el Partido Socialista de la mquina de recuperacin electoral de los movimientos de las ciudades satlite, y en primer lugar de los jvenes beurs. La ilustracin ms acabada de esta manipulacin de las demandas de los jvenes fue el nacimiento de la asociacin SOS Racisme en diciembre de 1984. Nacida en los salones del Elseo, se benefici de medios materiales considerables, adems de los apoyos de Matignon (Fabius), la Juventud Socialista, los medios de comunicacin (Libration, Le Matin), intelectuales y publicitarios mediticos, etc. Seguirn, en este espritu, la creacin de France Plus (1985), las subvenciones a Radio Beur y a la Amicale des Algriens, la moda de la "ciudadana" en torno a Mmoire Fertile (1987), y la promocin de lo que podramos llamar una beurgeoisie. [3]

La brecha segua ensanchndose irremediablemente entre las asociaciones institucionalizadas (organizaciones de izquierda, antirracistas, catlicas, etc.) y los movimientos de las ciudades satlite que operaban sobre el terreno. Entre stos, el Collectif Jeunes, creado a finales de 1983, se dio a conocer en la regin parisiense por sus acciones de choque: ocupaciones (hipermercados, peridicos, un coloquio organizado por el MRAP y el PS, entre otras), ruedas de prensa (en los locales de la Prefectura de polica de Pars), manifestaciones de solidaridad con los obreros inmigrantes despedidos en conflicto con patronal y sindicatos (en las fbricas de automviles Talbot, en Poissy, y Renault, en Flins) que fue la ruptura definitiva con el PS y el antirracismo de saln. Los distintos movimientos seguan estando sin embargo aislados, enclavados en sus zonas respectivas, divididos entre s. En las Jornadas nacionales de jvenes de las ciudades satlite y la inmigracin, en junio de 1984, en Bron no fue posible alcanzar la unidad. Demasiados conflictos dividan la dinmica global. Uno de los puntos de divergencia entre las asociaciones era su posicin con relacin a la defensa de los jvenes, franceses o extranjeros, con antecedentes penales, lo que constitua, por ejemplo, una parte del trabajo de Convergence 84, surgida del Collectif Jeunes de Pars, o de Jeunes rabes de Lyon et banlieues (JALB) en Lyon, movilizados ya en 1985 contra proyecto de Ley Pasqua.

En los aos noventa tuvo lugar un nuevo desarrollo de las asociaciones y los comits de barrios, algo ms organizados, autnomamente, sobre la base de reivindicaciones sociales y polticas, especialmente en los suburbios de Pars (Les Mureaux, Nanterre, Mantes-la-Jolie, Goussainville, Vitry-sur-Seine) y de Lyon (Vnissieux, Vaulx-en-Velin). En Pars, se constituy un colectivo interurbano, Rsistance des Banlieues, con el fin de ayudar a los habitantes en sus relaciones con la polica, la justicia, la administracin de los bloques de viviendas sociales, etc. Con el respaldo de ex miembros del Collectif Jeunes, una nueva generacin de militantes de las clases populares surgi de las ciudades satlite y de la inmigracin y se organiz. Uno de los grupos ms activos es el Comit National contre la Double Peine (CNDP), creado en 1990 en Mnilmontant (20 arrondissement de Pars). Mediante la ocupacin de locales (de SOS Racisme, prefecturas, aeropuertos), huelgas de hambre y manifestaciones de apoyo a jvenes en precario condenados, condujeron a un cuestionamiento de una ley represiva e injusta (Ley Sapin de diciembre de 1991). En Lyon, despus de los motines de Vaulx-en-Velin (1989-90) tras nuevos atropellos, se form un comit contra las violencias policiales y la manipulacin informativa en el barrio Agora del Mas-du-Taureau. Su radicalidad militante condujo a una larga serie de conflictos entre esta asociacin y los poderes locales (prefecto, alcalde, Fondo de accin social, centros sociales), y tambin una aproximacin con el CNDP y las fracciones de movimientos ms antiguos, parisienses (Gutenberg) y lioneses (Lignes Parallles, JALB). Las Jornadas nacionales de los suburbios, en 1992, confirman esta convergencia de las dos asociaciones (y la ruptura con el JALB, satelizado, no sin problemas, por los Verdes). De la misma manera que haban hecho irrupcin, juntos, en un coloquio sobre la ciudad ("Banlieue 89") organizado en Bron por el PS y presidido por el presidente Mitterrand, sus militantes emprenden, codo con codo, una serie de acciones de solidaridad en los barrios: servicios jurdicos permanentes y asistencia de abogados, apoyos escolares y ayudas en la bsqueda de empleo, etc. En las elecciones municipales de 1995, Agora y otras asociaciones se unen para presentar una lista local, "Le Choix vaudais", que se consigui cerca del 20% de los votos en Mas-du-Taureau, siguiendo el ejemplo de Jeunes Objectif Bron (1989).

El Mouvement de l'immigration et des banlieues (MIB), surgido tras una convencin nacional de jvenes celebrada en la bolsa de trabajo de Saint-Denis, en mayo de 1995, es el producto de esta historia de luchas de las ciudades satlite. Prosigue la bsqueda, ya iniciada antes, de la autonomizacin y la participacin de los habitantes de los barrios populares, intentando instaurar la relacin de fuerzas menos desfavorable posible. El MIB analiza tambin los mtodos de resistencia a la enajenacin capitalista, a fin de intentar emancipar a los jvenes de sus relaciones de odio-deseo ante la sociedad de consumo. Los objetivos declarados del MIB consisten en sostener y reunir a los protagonistas de la lucha en las ciudades satlite (contra la discriminacin, las agresiones racistas, la violencia policial, la doble pena, las expulsiones de extranjeros, en favor del alojamiento, el empleo, el respeto de la libertad de culto, el control de su futuro por las propias poblaciones, etc.), pero tambin en formular una estrategia de accin y representacin polticas. De ah el esfuerzo para devolver la memoria de las luchas de las ciudades satlite y de los inmigrantes, y para contextualizar sistemticamente los problemas concretos en el contexto de las relaciones de fuerza internacionales (explicacin de los agravamientos sucesivos de la represin despus de la guerra del Golfo en 1991, en el momento de la Intifada, luego en el marco de la "lucha contra el terrorismo" despus de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y de nuevo despus de la invasin de Irak en 2003).

Evidentemente, las propuestas deben formularse de manera suficientemente amplia para que permita su articulacin con las pretensiones de otros movimientos sociales en lucha, aparecidos tambin en los aos noventa, a saber: la Association Droit au Logement (DAL), creada en 1990 con ocasin de la ocupacin de inmuebles por familias expulsadas, en la Place de la Runin en el 20 arrondissement de Pars; el Comit des Sans-Logis (CDSL), creado en 1993 para ayudar a las personas en estado de gran precariedad y a los pobres muy aislados; la asociacin Droits Devant! (Dd!!), creada en diciembre de 1994; Agir contre le chmage! (AC!) ; el Groupe d'Intervention et de Soutien aux Immigrs (GISTI); el llamamiento Appel des "Sans", lanzado del 20 de diciembre de 1995, entre las grandes huelgas obreras contra el neoliberalismo; el Mouvement national des Chmeurs et des Prcaires; la Association pour l'Emploi, l'Insertion et la Solidarit (APEIS), etc. Hacer converger las demandas de todos estos movimientos diferentes no es fcil, pero existen muchos puntos de convergencia; por ejemplo, el empleo. En las ciudades satlite, muchos jvenes, aun teniendo sus papeles en regla, no encuentran trabajo formal la tasa de desempleo es superior al 20% entre los jvenes y de alrededor de un 50% entre los de origen africano, lo que se explica, entre otras cosas, por la persistencia de una discriminacin difusa y multiforme--; sus peticiones de empleo se dejan de lado por provenir de un grupo social sobre el que los empresarios proyectan sus prejuicios negativos, y tambin porque en el mercado laboral, en Francia como en los otros pases capitalistas del Norte, la oferta de trabajo clandestino se abastece permanentemente, segn convenga a los empresarios de la confeccin, la hostelera-restauracin o la construccin, por flujos de inmigracin clandestina prcticamente constantes desde la implantacin del neoliberalismo. As, los jvenes "con tarjeta" (de identidad francesa o estancia) y los jvenes "indocumentados" estn en una situacin de competencia en la bsqueda de empleo, para mayor beneficio de los capitalistas. La represin, que slo muy raramente afecta a stos, se abate en cambio sobre los trabajadores clandestinos, amenazados por decretos de expulsin, encerrados en centros de retencin, expulsados por la fuerza del pas e incluso colocados ellos mismos en competencia con nuevos trabajadores clandestinos trados por las redes organizadas por el capital.

Es ya hora de que la izquierda francesa manifieste su solidaridad con este subproletariado sobreexplotado, con estos jvenes precarizados de las ciudades satlite. Si bien este petit peuple de las ciudades satlite no constituye, ciertamente, la totalidad de su base social, sin l la izquierda no ser nunca ms verdaderamente popular. Lo que est en juego en esta solidaridad con las reivindicaciones de los jvenes de los suburbios consiste en la articulacin de las luchas tradicionales de los trabajadores franceses sean franceses de origen, nacidos de la inmigracin o extranjeros con las de las otras fracciones de las clases populares: precarios, parados, indocumentados, personas sin hogar, sin derechos. Hay seguramente en ello, para la izquierda francesa y para todos los progresistas, una oportunidad histrica de reconstruir en la modernidad unas posiciones de clase claras, un espritu revolucionario y un internacionalismo de los pueblos. Seramos bastante romnticos y un tanto ingenuos si creyramos que se renen ya hoy las condiciones objetivas y subjetivas de una transformacin radical e inmediata de la sociedad francesa. No se trata de sugerir que estos jvenes sean el relevo del proletariado sin fuelle de los centros capitalistas, o los reflejos de las periferias de un Sur en ebullicin. No se trata tampoco de negar que muchos de estos jvenes aspiran simplemente a acceder a la sociedad de consumo y a subir en la escala social de la sociedad capitalista. No se trata de ocultar el hecho de que algunos de ellos no tienen otro objetivo que la destruccin, devolver golpe por golpe a esta sociedad inicua y represiva que los excluye. No se trata de idealizar las pretensiones que llevan a estos motines estas formas de violencia, por otra parte casi siempre dirigidos contra los propios habitantes de las ciudades satlite. Pero aunque estos jvenes en rebelda no formen partidos, aunque sigan suscitando mucha desconfianza y una cierta inquietud en el resto del pas, la izquierda debe ver en ellos a unos aliados para la necesaria transformacin progresista, social y democrtica de Francia, y no solamente una reserva de votos para las prximas elecciones.

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Samir Amin es presidente del Forum du Tiers Monde y del Forum Mondial des Alternatives

Rmy Herrera es investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) y docente en la Universidad de Pars 1 Panthon-Sorbonne

[3] Juego de palabras, a partir de beur (persona de origen magreb, francs hijo de padres magrebes) y bourgeoisie burguesa.



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