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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2018

El arte y sus derechos: entre la censura y lo comercial

Joan Ramos Toledano
Mientras tanto


I

Desgraciadamente, el tema del copyright (derechos de autor, propiedad intelectual) slo aparece en el debate pblico muy de vez en cuando, y normalmente por noticias como las que se pueden leer este mes: La Guardia Civil bloquea 23 webs relacionadas con la descarga de pelculas. Desgraciadamente porque se echa en falta que se d la misma importancia a otros aspectos, estrechamente vinculados a los derechos de autor, como la posibilidad de los creadores de vivir de sus obras o, como mnimo, de recibir mayor cantidad de los ingresos generados por stas.

Tambin se echa en falta una mayor proteccin de los autores y creadores frente a otros mbitos, como el de la censura. Durante este mes hemos asistido a tres situaciones un tanto surrealistas que muestran lo necesario de una mayor proteccin de la figura del artista en nuestro pas. Se trata del secuestro judicialdel libro Faria. Historias e indiscreciones del narcotrfico en Galicia, publicado en Libros del K.O, 2015, escrito por el periodista Nacho Carretero; la retirada por parte de IFEMA (Instituto Ferial de Madrid) de la exposicin sobre presos polticos de Santiago Sierra en ARCO (Feria de Arte Contemporneo de Madrid), al parecer porque contena imgenes (pixeladas, por cierto) de Oriol Junqueras, Jordi Snchez y Jordi Cuixart; y, finalmente, la confirmacin por parte del Tribunal Supremo de la condena al rapero mallorqun Valtonyc (Jos Miguel Arenas Beltrn) a tres aos y medio de prisin por el contenido de sus canciones.

En estos tres casos, los motivos de la intervencin estatal han sido distintos, aunque con un denominador comn: la decisin se toma estrictamente por el contenido de las obras. En el caso de Faria, el secuestro judicial del libro responde a la peticin del exalcalde de O Grove (Pontevedra), que aparece mencionado dos veces en el libro (una de ellas en una nota al pie). Ciertamente, podra ser que una referencia a una persona en un libro daara su derecho al honor, por lo que existen mecanismos legales para remediarlo. De hecho, en las facultades de derecho se acostumbra a poner el derecho al honor como uno de los lmites al derecho de la libertad de expresin. No existen, sin embargo, unas lneas claras que delimiten ambos derechos, por lo que suele ser el juez o tribunal el que deba ponderarlos. En este caso, sin embargo, el libro llevaba publicado desde 2015, por lo que el secuestro judicial parece una medida ingenua y desproporcionada, que ha tenido precisamente el efecto contrario. Faria ha sido el libro ms vendido en Amazon tras la decisin judicial, y su precio ha llegado a los 300 por ejemplar en el mercado de segunda mano.

El caso del rapero Valtonyc parece todava ms grave, pues se trata de una condena a prisin (sin opcin de conmutacin de la pena) por el contenido de las letras de sus canciones. En concreto, la condena responde a los delitos de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la corona y amenazas no condicionales. Este tipo de sentencias slo puede entenderse como un claro retroceso del mbito de la libertad de expresin en Espaa, con una figura penal tan arcaica como las injurias a la Corona (penada con hasta dos aos de prisin) y con una interpretacin judicial digna de pases pseudo-democrticos. No parece casualidad que los delitos por enaltecimiento del terrorismo se hayan quintuplicado desde el final de la lucha armada de ETA; casualmente este crecimiento se ha dado con el actual Gobierno central. Es cierto que algunas de las letras de las canciones de Valtonyc son de mal gusto, su relevancia artstica es cuestionable (por algunos, para otros tal vez no) y pueden resultar hirientes, desproporcionadas y amenazantes. Pero este tipo de expresiones ocurren a diario en las redes sociales, dirigidas tanto a representantes polticos (de derechas o de izquierdas, independentistas o no), a colectivos concretos (LGTBI, determinadas etnias, vctimas de atentados terroristas), a periodistas o a cualquier persona que participe en estas redes. La respuesta, a mi entender, debe ser de rechazo y condena social, independientemente del objetivo al que se dirijan. Pero el derecho penal, y la privacin de libertad concretamente, debe reservarse para otro tipo de actuaciones. De lo contrario, la normalizacin de este tipo de sentencias nos aboca a una situacin peligrosa, en la que la mera expresin (incluso la artstica) puede ser objeto de condena penal, de crcel. Adems, y como ha ocurrido con el libro Faria, el resultado ha sido opuesto a lo pretendido: el rapero ha logrado una gran popularidad y le han ofrecido cantar en mltiples salas de conciertos y festivales musicales.

Finalmente, el caso de IFEMA y ARCO, aunque con consecuencias ms leves (la retirada de la obra de la exposicin), parece tambin grave por el origen de la decisin. Tanto en el caso de Faria como en la condena a Valtonyc, la decisin la ha tomado un rgano judicial, lo que garantiza ciertos derechos y respeto a un procedimiento regulado previamente, as como el derecho a la defensa por parte del acusado. En el caso de ARCO la censura ha sido ejercida por un rgano eminentemente poltico-comercial (IFEMA est formada por una representacin compartida entre la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y la Cmara de Comercio; en menor medida, tambin por la Fundacin Montemadrid). La presidencia de IFEMA es rotatoria, y este ao le corresponde a la Comunidad de Madrid. De las tres entidades principales que dirigen el organismo, slo el Ayuntamiento de Madrid mostr su disconformidad inmediata con la medida. El problema en este caso es que resulta fcil intuir que el desencadenante de la censura ha sido la inclusin de Oriol Junqueras, Jordi Snchez y Jordi Cuixart en la exposicin. Se trata, en este sentido, de la censura en sentido estricto, del estilo de pases en el que la disidencia poltica (o su representacin y difusin) no est permitida. Cmo puede justificarse la retirada de esta obra, cuando hay cantidad de peridicos, polticos y ciudadanos que consideran y denominan presos polticos a estas tres personas? Y, peor an, cmo puede justificarse esta medida con la existencia de libertad de expresin o de libertad artstica?

Resulta obvio que el respeto a estas expresiones (Faria, Valtonyc, o la exposicin de ARCO) no implica en ningn caso la asuncin de sus mensajes, o que se compartan sus postulados. Pero resulta enormemente peligroso empezar a tratar las obras artsticas y expresiones culturales (y a los autores que hay detrs) desde la censura y, todava peor, desde la represin penal.

II

Al margen de los problemas de la libertad de expresin, los artistas, autores y creadores encuentran problemas para desarrollar su actividad debido al propio marco normativo que regula sus obras. ste se circunscribe, principalmente, a la normativa de propiedad intelectual. Debido a su configuracin, el copyright tiene determinadas implicaciones negativas sobre los artistas, escasamente abordadas desde las administraciones pblicas. Pero, en cambio, las infracciones de derechos de autor que perjudican a las empresas promotoras y comercializadoras de las obras s obtienen una respuesta estatal.

La propiedad intelectual es una figura creada a imagen y semejanza de la propiedad privada, aunque con determinadas limitaciones importantes. La primera de ellas es que se trata de una propiedad limitada; tiene una duracin, en trminos generales (en Espaa), de 70 aos tras la muerte del autor. En realidad, y aunque jurdicamente se configure como forma especfica de propiedad, estamos ante un derecho de explotacin. El punto nuclear del copyright es la capacidad de explotar econmicamente una obra durante un tiempo concreto de forma exclusiva. Otras consideraciones (la censura, el plagio o las condiciones materiales de los artistas) quedan excluidas de la propiedad intelectual, relegadas a mbitos como el derecho penal, la condena social o sencillamente ignoradas (como es el caso de garantizar condiciones dignas para los autores). Ms que derechos de autor deberan recibir el nombre de derechos de explotacin de la obra. Es cierto que los artistas, al crear una obra, tienen todos los derechos econmicos y personales sobre sta. Pero tambin es cierto que muchas de ellas no pueden llegar a ver la luz sin una inversin importante, pocas veces al alcance de creadores y artistas (como ocurre en el cine) y, la mayora, no obtienen publicacin, difusin o comercializacin si no es por la cesin de esos derechos patrimoniales a una empresa privada. Un libro o un disco de msica requieren de editoriales y discogrficas; las obras esculturales o pictricas pueden requerir inversin inicial y patrocinio, as como una correcta difusin en galeras. La fotografa, por su parte, es sistemticamente compartida a travs de internet sin hacer mencin de sus autores.

Uno de los problemas de este mbito es que cada obra tiene unos rasgos caractersticos que requieren un tipo de regulacin especfica, al menos si se quiere acomodar los intereses de la industria con los ms que legtimos intereses de los creadores y artistas, que aspiran no slo a vivir dignamente sino a seguir creando. La normativa de propiedad intelectual, sin embargo, no se encarga de estos problemas, sino que centra su contenido en regular las caractersticas de los derechos econmicos sobre las obras [1].

Es precisamente la importancia de estos derechos de explotacin econmica lo que provoca que los artistas encuentren dificultades para obtener medios suficientes para vivir dignamente y continuar con su actividad creativa. En primer lugar, por la cesin que hacen de sus derechos de explotacin patrimonial en favor de empresas, que financian, publican y distribuyen sus obras. Ello no significa que estas empresas no puedan o deban obtener beneficios por dicha actividad, pero la realidad es que las condiciones son enormemente desiguales. En muchos casos, los rendimientos que obtiene el artista son mnimos e insuficientes, incluso en casos en que la obra ha obtenido un considerable xito comercial y, por tanto, ha producido una gran cantidad de dinero. En segundo lugar, porque la necesidad de las empresas de sobrevivir econmicamente propugna un modelo de negocio ms basado en producir y promocionar obras exitosas en el mercado que en su valor esttico o artstico, lo que relega al olvido o la infrafinanciacin muchas obras valiosas. Algunas empresas, comprometidas con una visin distinta (determinadas editoriales; algunos sellos discogrficos centrados en obras como el jazz; productoras de cine que apuestan por pelculas interesantes pero poco exitosas comercialmente) encuentran serias dificultades para mantenerse a flote dada la competencia con gigantes del sector de la comunicacin y el entretenimiento.

Resulta llamativo, viendo el tratamiento que el Estado ofrece a determinadas expresiones artsticas, su enconada defensa de estos derechos de explotacin. No es ninguna novedad que en determinados pases se han producido cortes de conexin a internet, cuantiosas multas o incluso condenas penales para personas que accedan a contenidos protegidos mediante propiedad intelectual de manera ilegal. Estas descargas ilegales no afectan, generalmente, a la integridad o calidad de la obra. Pero pueden perjudicar los derechos de explotacin de las empresas que hay detrs. Y digo pueden porque existe un debate sobre el efecto real de estas descargas sobre las ventas; los datos empricos no son excesivamente claros al respecto, y en todo caso muestran que la incidencia de las descargas es menor de lo que alegan los lobbies del sector. Estos lobbies, sin embargo, han resultado enormemente efectivos a la hora de impulsar cambios normativos y endurecimientos de penas ante estas descargas.

Sera deseable que, en vez de dirigir todos sus esfuerzos al castigo y criminalizacin de estas conductas, el aparato estatal prestara debida atencin a las condiciones en las que trabajan los artistas (algunos de ellos, como es comn en el diseo grfico, asalariados, y por lo tanto sometidos a condiciones laborales crecientemente pauperizadas) y estableciera unos mnimos de proteccin frente a determinadas empresas, sobre todo cuando stas obtienen cuantiosos beneficios.

III

Mencin aparte merece la noticia que se anunciaba al inicio, sobre el cierre de pginas web por parte de la Guardia Civil. Hay que decir que, en Espaa, las condenas referentes a las descargas ilegales van dirigidas generalmente hacia quienes gestionan las pginas web, y no hacia los usuarios (como ocurre en muchos otros pases como Francia, Alemania o Estados Unidos). Esta interpretacin judicial le ha valido a Espaa las quejas y presiones de Estados Unidos (principal exportador de contenido protegido por propiedad intelectual, con un potente lobby del sector), que lleg a incluirla en la conocida Lista 301(una manera de denunciar, siempre segn EEUU, el incumplimiento de los tratados al respecto, y de presionar para que se modifique la normativa o la actuacin administrativa).

Al margen de la normativa centrada en proteger los intereses comerciales, la noticia del cierre de webs resulta llamativa por dos motivos. En primer lugar, porque muestra la incapacidad o falta de voluntad para abrir un debate en torno al papel de tecnologas como internet a la hora de acceder a determinados bienes de contenido cultural. Mucha gente que descarga pelculas, msica o libros tambin los obtiene de forma tradicional. El libro electrnico no ha sustituido, como auguraban algunos cyberutpicos, al libro de papel; la venta de discos de vinilo est en auge y ha alcanzado mximos histricos, y a pesar de los precios, mucha gente va al cine. Estas descargas se producen, en la mayora de casos, sin nimo de lucro, como una forma sencilla, cmoda y gratuita de acceder a determinadas obras. Es cierto que quienes gestionan estas pginas web obtienen beneficios mediante la publicidad; de ah que jueces y tribunales espaoles dirijan hacia ellos sus actuaciones. Pero sigue siendo necesario un debate omnicomprensivo sobre las condiciones en las que trabajan los artistas y las posibilidades de acceso de la poblacin a esas obras. Y, mientras tanto, los principales beneficiados son las grandes corporaciones empresariales dedicadas a la explotacin de estos derechos. Y, los grandes perjudicados, los artistas y, en algunos pases, la poblacin.

En segundo lugar, porque es una medida completamente intil. Segn la noticia, han sido bloqueadas 23 pginas web que ofrecan diversas pelculas mediante el uso de redes P2P (peer-to-peer; significa que se comparten entre ordenadores, sin que estn almacenadas en un solo servidor). Otra noticia sealaba los mecanismos que utiliza la polica para evitar que estas webs se reabran cambiando el nombre o la extensin del dominio web. De las tres pginas web que menciona la primera noticia, publicada en El Mundo el 20 de febrero, una de ellas est ya accesible. En las otras dos no se puede acceder; en una aparece un aviso del ISP (proveedor de servicio de internet, que puede ser Vodafone, Movistar, etc.) y, en la otra, un aviso de la Guardia Civil comunicando que se ha procedido a limitar el acceso. Pero basta con utilizar un llamado VPN (Virtual Private Network) para saltarse las limitaciones. Por explicarlo resumidamente y de forma poco tcnica, un VPN es un mecanismo que permite conectar a internet a travs de otras conexiones, es decir, estableciendo una conexin virtual de forma que no sea posible saber fcilmente desde dnde conectamos. En la mayora de los navegadores (Firefox, Chrome, Opera, Internet Explorer) existe la posibilidad de instalar un sencillo programa que permite, con un solo clic, conectar a internet mediante un VPN, por lo que es difcil saber si nuestro ordenador est en Espaa, en Alemania, Somalia o Japn.

Con este sencillo mecanismo se puede conectar a la mayora de estas webs bloqueadas por la polica, porque el bloqueo se realiza slo para el Estado espaol. Generalmente, se solicita a los proveedores de servicio (Telefnica, Vodafone) que limiten el acceso a determinadas webs a sus clientes por orden judicial. Es lo mismo que ha ocurrido con la pgina web de contenidos deportivos Roja Directa. En teora no se puede acceder desde Espaa, pero s desde Holanda. Adems, existen los llamados mirrors (espejos), direcciones web que copian el contenido de otra por si esta primera resulta bloqueada. A efectos prcticos, sin embargo, son idnticas. Se trata de una medida, por tanto, que puede ser sorteada de manera sencilla y con escasos conocimientos informticos.

En definitiva, este ha sido un mes malo para el campo de lo artstico. Los tres casos anteriores (ARCO, el libro Faria y la sentencia contra el rapero Valtonyc) muestran un peligroso retroceso del mbito de la libertad de expresin, en el que medidas polticas y judiciales amenazan con restringir lo que se puede y no se puede decir pblicamente. Es un precedente peligroso, ms an teniendo en cuenta la cantidad de insultos y barbaridades que se dicen en las Redes, lo que puede terminar siendo abordado por la va penal. El caso de ARCO, por su parte, preocupa porque parece ser que se trata de censura gubernamental, simple y llana.

El caso del cierre de webs no aporta nada nuevo (se han dado muchos anteriormente, la mayora igual de intiles en sus efectos prcticos), pero perpeta una situacin en la que se evita abordar el campo de lo artstico con propuestas polticas y, sobre todo, contando con la voz de sus principales actores, los artistas. Y, en cambio, se apuesta por mantener un sistema de medidas coercitivas cuyo nico objetivo parece ser proteger los intereses de las grandes industrias del sector.

 

Nota:

[1] En la propiedad intelectual continental (en contraposicin al copyright) se regulan tambin los derechos morales o personales del autor. stos hacen referencia a elementos como la paternidad de la obra (su autora) o la integridad de sta. Son derechos que normalmente no prescriben, y pueden ser ejercidos por los herederos. Sin embargo, son numerosos los casos en que estos derechos se ven vulnerados por intereses comerciales. Sin nimo de profundizar, se puede pensar en los cortes publicitarios de una obra cinematogrfica televisada, o el coloreado de un filme originalmente en color. Tambin ocurre al colocar obras de pintura o escultura en galeras cuyo entorno o propuesta cultural desvirta la naturaleza para la que fue creada la obra.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-166/notas/el-arte-y-sus-derechos-entre-la-censura-y-lo-comercial

 


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