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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2018

Involucin democrtica o metstasis franquista

Sabino Cuadra Lasarte
Rebelin


Da a da estamos viviendo lo que cada vez ms gente denomina involucin democrtica. Lo ltimo ha sido la retirada de una exposicin que participaba en ARCOmadrid-2018 por presentar decenas de fotografas de personas condenadas por la comisin de distintos delitos y calificarlas como presos polticos: activistas del 15-M, piqueteros de huelgas generales, titiriteros, ecologistas, desobedientes, periodistas, raperos, independentistas catalanes y vascos, twiteros,... De todo haba en la via del seor.

En los ltimos aos, una cadena de multas, procesamientos y condenas ha recortado libertades democrticas bsicas: expresin, asociacin, manifestacin... Crece as la autocensura a la hora de escribir, twitear, difundir imgenes o movilizarse. Delitos como los de rebelin y sedicin, ligados penalmente a alzamientos armados o violentos de carcter insurreccional, se han convertido en comodines usados para abortar cualquier disidencia radical, desobediencia civil o cuestionamiento de la Espaa indisoluble e indivisible.

Afirmar, sin ms, que vivimos en una democracia, es algo que debe ser seriamente matizado. Y eso, porque la realidad institucional espaola es, cuando menos, un hbrido en el que las libertades formales existentes se asientan a su vez sobre firmes pilares franquistas. Un franquismo que ech races durante cuarenta aos negando todo tipo de libertades y dio cuerpo a un engendro caciquil, clerical y represor insertado genticamente en el actual poder institucional, judicial, financiero y meditico. Por esta razn, ms que hablar de involucin democrtica, quizs debiramos referirlos a que el cncer franquista nunca extirpado est teniendo una metstasis generalizada.

Pensar en el franquismo como mero concepto terico o poltico es un craso error. Mucho ms an, si lo situamos nicamente en el pasado. En algo que fue pero que ya no existe. Porque el franquismo no fue solo Franco y sus ministros. Decenas de miles de personas fueron burcratas y funcionarios de Falange, la Seccin Femenina, Coros y Danzas, el Frente de Juventudes, el profesorado de Formacin del Espritu Nacional, la OJE, el Sindicato Vertical,... Curas castrenses, de prisiones y profesorado de religin vivieron de gorra y obtuvieron privilegios sin fin, mientras sus superiores jerrquicos, los obispos, paseaban bajo palio al genocida y ocupaban escao en las Cortes franquistas.

Junto a ellos, procuradores en Cortes, diputados forales y gobernadores civiles de recto bigotillo y firme ademn se licenciaron en inauguraciones y desfiles mientras rebaaban prebendas de todos los platos. El ejrcito, la polica y la guardia civil, sostn armado de aquella dictadura, fue madriguera a su vez de todo tipo de chusqueros, parsitos y torturadores. La togada Judicatura de casino, compadreo y pleitesa, bendijo a su vez todo lo anterior con su sentencias y, finalmente, la jerarqua administrativa, experta como nadie en plizas, matasellos y provechos propios, asent su funcionamiento en el principio de entender al administrado como alguien a quien despreciar.

El franquismo no fue un concepto abstracto sino un rgimen que lo impregn todo. Y todas esas personas, todos esos cientos de miles de fascistas confesos y parsitos multiusos son los que, gracias a aquella Transicin fraudulenta, a aquella Ley de Amnista y a aquella poltica de consenso, pasteleo y cambio de cromos, siguieron en sus puestos, en sus despachos, en sus palacios episcopales, en sus cuarteles, en sus comisaras, en sus consejos de administracin. Lo nico que se les exigi a cambio fue el uso de aquellas palabras antes proscritas: democracia, libertad,... Incluso el rey, aquel que jur fidelidad a Franco y alab el golpe fascista del 36, aprendi a balbucear en sus discursos con dificultad, eso s- el nuevo diccionario.

Toda esta caterva no solo conserv sus puestos, sino que ascendi en el escalafn. En pocos aos, los que fueron meros agentes pasaron a ser comisarios; los tenientes, generales; los ministros, consejeros en el IBEX-35; los curas, cardenales; los jueces del TOP, magistrados de la A.N y el T.S. ; los burcratas del Movimiento y el Sindicato Vertical, jefes en cualquier Ministerio o Administracin; los fascistas de a pie, concejales de urbanismo. Y no solo coparon instituciones, multinacionales y medios de comunicacin, sino que tejieron redes fcticas de poder a las que imprimieron algo ms que carcter. Quitarle importancia a lo anterior y pensar que gracias a las novenas, rosarios y rogativas hechas en la Transicin, el Maligno desapareci para siempre, es de una ingenuidad extrema o de una hipocresa cmplice, que aqu hay de todo.

En su da, no se aplic a este cncer el debido tratamiento. Ni radioterapia, ni quimioterapia, ni extirpacin de tumor alguno. Por eso ahora, cuando el rgimen comienza a resquebrajarse debido a las influencias de una grave crisis econmica, una corrupcin generalizada, fuertes movilizaciones sociales y unos embates independentistas frontales...., por las grietas abiertas del Rgimen asoma de nuevo aquello que nunca dej de existir: el viejo franquismo, hoy remozado, de intransigencia social, nacional y poltica, con sus multas, embargos, supresin de competencias autonmicas, procesamientos y condenas por odio identitario, rebelin, sedicin y enaltecimiento del terrorismo.

Hoy como ayer, dos son las estrategias en debate entre las fuerzas democrticas, nacionalistas y de izquierdas. En los aos 70, de la inicial ruptura democrtica se pas a la ruptura pactada y de sta a la reforma negociada. La estrategia triunfante fue la del Surez Gatopardo: de la legalidad a la legalidad sin ruptura alguna: de oca a oca y tiro porque me toca. Pues bien, en el proceso cataln se ha planteado algo similar. Frente a quienes defendan que la soberana primera a atender era la catalana, otros, al igual que ayer, hablaban de ajustar el proceso cataln a la ley espaola y al pacto con su rgimen. Nuevamente, frente a la ruptura democrtica, la reforma negociada. De nuevo, de la legalidad a la legalidad. De aquello que hasta hace poco se afirmaba, romper con el rgimen del 78!, ya pocos se acuerdan.

Me lo dijo un viejo comunista cuando tena tan solo dieciocho aos: Solo hay una cosa peor que tragar sapos..., y es decir que estn buenos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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