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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2018

La desmovilizacin de la sociedad estadounidense
Las guerras de las que nadie se entera

Stephanie Savell
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Los costos ocultos de las guerras de Estados Unidos

Introduccin de Tom Engelhardt

Tratndose de las guerras de Estados Unidos, al fin despus de 16 aos nuestros generales tienen sus victorias. Por supuesto, no en tierras lejanas en las que esos conflictos blicos son machaconamente interminables, sino en el sitio que importa: Washington. Podra haber una seal ms asombrosa que el ascenso de tres de esos generales a puestos claves en la administracin Trump? Si cualquiera de ellos se viniera abajo en poco tiempo, las guerras que este pas ha estado librando en el extranjero no seran las responsables, aunque un comandante retirado, John Kelly ahora jefe de personal en la Casa Blanca fuera tocado la semana pasada cuando hizo una ltima tentativa contra el movimiento #MeToo. 

En todo caso, las ltimas semanas han brindado una notable evidencia de lo victoriosos que realmente pueden ser los ms perdidosos jefes militares y sus colegas cuando estn en la capital de nuestro pas. En el estilo bipartidista que en estos das por lo general se reserva solo a las fuerzas armadas de EEUU, el Congreso acaba de acordar el otorgamiento al Pentgono de 165.000 millones de dlares adicionales en los prximos tres aos como parte de una frmula para mantener el funcionamiento del gobierno. Casualmente, el presupuesto de 2017 para el Pentgono ya era tan abultado como el de la suma de los siete pases que siguen al nuestro en gasto militar. Y eso fue antes de que todas esas decenas de miles de millones de dlares extras hicieran que el presupuesto militar para 2018 y 2019 superara los 1,4 billones* de dlares. 

Esta es una suma de dinero que solo se destina a los ganadores, no a los perdedores. Dado el deprimente historial de las fuerzas armadas en la realidad de las guerras libradas por Estados Unidos desde el 11-S, si al lector todava le parece un poco extrao lo nico que puedo decirle es: no mencione este tema. Hace mucho tiempo que no es educado ni apropiado quejarse de nuestras guerras, de quienes las libran y de cmo las financiamos; esto no debe suceder en una poca en la que cada soldado estadounidense es un hroe, es decir, que todo lo que ellos estn haciendo en Afganistn, Yemen, Siria y Somalia es ciertamente heroico. 

En un pas en el que no existe el servicio militar obligatorio, de quienes no forman parte de nuestras fuerzas armadas ni estn relacionados con ellas solo se espera que les den las gracias a los guerreros y nos ocupemos de nuestros asuntos como si sus guerras (y el caos que continan provocando ms all de nuestras fronteras) no fuesen asuntos de la vida de todo el mundo. Esto es la definicin de una sociedad desmovilizada. Si sucede que en estos das usted es la ms extraa de las criaturas de nuestro pas alguien que se opone activamente a esas guerras, tiene un problema. Esto significa que Stephanie Savell, que codirige el Proyecto Costo de la Guerra y peridicamente entrega informacin bien documentada y devastadora sobre la propagacin de esas guerras y el dinero constantemente dilapidado en ellas, realmente tiene un problema. Ella es muy conciente de ello; hoy lo describe vvidamente aqu.

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Hablar a un pas desmovilizado

Tengo entre 30 y 40 aos; eso quiere decir que despus de los ataques del 11-S, cuando este pas empez la guerra en Afganistn e Iraq lo que el presidente George W Bush llam la Guerra global contra el terror, yo todava estaba estudiando. Recuerdo que particip en un par de manifestaciones contra la guerra en un campus universitario y, en 2003, mientras trabajaba de camarera, haber disgustado a algunos clientes que pedan patatas de la libertad en lugar de patatas a la francesa para protestar contra la oposicin de Francia a nuestra guerra en Iraq (da la casualidad que mi madre es francesa; por lo tanto, yo senta aquello como una ofensa doble). Durante aos, como muchos estadounidenses, eso fue lo nico que pensaba de la guerra contra el terror. Pero una eleccin de carrera me llev a otra, y en estos momentos codirijo el Proyecto Costo de la Guerra en el instituto Watson de Asuntos Internacionales y Pblicos de la Universidad Brown.

Ahora, cuando voy a cenar con amigos y les cuento cmo me gano la vida, me he acostumbrado a las miradas perdidas y comentarios vagamente aprobatorios como qu bonito, mientras la conversacin toma otros rumbos. Si empiezo a hablar con vehemencia sobre el sorprendente alcance mundial de las actividades antiterroristas de las fuerzas armadas de EEUU o de la enorme deuda de guerra que estamos dejando desconsideradamente a nuestros hijos, la gente tiende a seguirme la corriente. Sin embargo, en trminos de compromiso, mis oyentes me hacen preguntas agudas y se sienten mucho ms interesados por otra investigacin ma: la actuacin policial en las grandes favelas o los barrios bajos de Brasil. No quiero decir que a nadie importan las interminables guerras de Estados Unidos, solo que 17 aos despus de que empezara la guerra contra el terror es una cuestin que parece interesarnos a unos pocos, mucho menos lanzarnos a la calle para manifestarnos, como pas en los tiempos de la guerra de Vietnam. El hecho es que desde entonces ha pasado dos dcadas; aun as, la mayora de nosotros no nos vemos como en guerra.

No llegu a este trabajo que hoy llena mi vida desde el activismo pacifista o el antibelicismo apasionado. Llegu por un camino ms largo: todo comenz cuando me interes por la militarizacin de la polica, durante la elaboracin de mi trabajo de graduacin en antropologa cultural en la Universidad Brown, donde tiene su sede el Proyecto Costo de la Guerra. Estando en ello, me un a las directoras Catherine Lutz y Neta Crawford, que juntas haban creado el proyecto en 2011 en el 10 aniversario de la invasin de Afganistn. Su objetivo era centrar la atencin en los costos ocultos y no reconocidos de nuestras guerras contra el terror en Afganistn, Iraq y unos cuantos pases ms.

En estos momentos, s y me importa ms que lo que nunca haba imaginado sobre la devastacin ocasionada por las guerras de Washington posteriores al 11-S. A juzgar por las reacciones suscitadas por nuestro trabajo en el Proyecto Costo de la Guerra, veo que mi indiferencia anterior no era algo raro. En la poca que sigui al 11-S ha sido todo lo contrario: la indiferencia ha sido lo fundamental en nuestro pas.

Unas cifras pasmosas

En semejante clima de falta de compromiso, me he dado cuenta de que al menos hay algo que despierta la atencin de los medios. En lo ms alto de la lista estn las cifras que te dejan con la boca abierta. Por ejemplo, contrastando con las relativamente limitadas estimaciones dadas a conocer por el Pentgono, el Proyecto Costo de la Guerra se ha presentado con una estimacin exhaustiva de lo que ha costado realmente desde 2001 la guerra contra el terror a este pas: 5,6 billones de dlares. Por lo desmesurada, es una cifra casi incomprensible. Aunque, imaginemos si hubisemos invertido esos dineros en investigar ms el cncer o en la reconstruccin de la infraestructura de Estados Unidos (entre otras cosas, los trenes de Amtrak** no habran tenido tantos accidentes mortales como los que hoy tiene).

Esos 5,6 billones de dlares incluyen tanto el dinero necesario para cuidar a los veteranos tras el 11-S como lo que se gasta en la prevencin de ataques terroristas en territorio estadounidense (la seguridad interior). Este guarismo y sus actualizaciones anuales son noticia en medios como el Wall Street Journal y la revista Atlantic, y mencionadas habitualmente por algunos periodistas. Sospechamos que incluso el presidente Trump las conoce; en su peculiar modo, exager nuestro trabajo cuando en su comentario a fines del ao pasado dijo que EEUU haba gastado tontamente 7 billones de dlares en Oriente Medio (apenas unos meses antes ms en lnea con nuestra estimacin haba dicho 6 billones).

Es usual que los medios utilicen otro conjunto de sorprendentes cifras que nosotros publicamos: nuestros clculos de bajas tanto de estadounidenses como de extranjeros en Afganistn, Pakistn e Iraq. Respecto de 2016, alrededor de 14.000 soldados y contratistas de EEUU y 380.000 habitantes de esos lugares resultaron muertos. A estas estimaciones es necesario agregar la muerte de por lo menos 800.000 afganos, iraques y pakistanes ms, vctimas indirectas del desastre causado por las guerras en sus respectivos pases; entre otras cosas, por desnutricin, enfermedad y degradacin ambiental.

Sin embargo, aunque el lector logre superar el impacto de las cifras, es mucho ms difcil conseguir la atencin de los medios (o la de cualquiera) en relacin con las guerras de Estados Unidos. Ciertamente, los costos humanos y polticos en tierras lejanas interesan muy poco en nuestro pas. Hoy en da, es difcil imaginar la portada de un medio hegemnico de prensa con una foto de una guerra devastadora, mucho menos de una estimulante manifestacin, como las que se hacan hoy convertidas en icnicas en los tiempos de la guerra de Vietnam.

En agosto, por ejemplo, el Proyecto Costo de la Guerra public un informe en el que se revelaba la dimensin de explotacin a la que eran sometida trabajadores inmigrantes en zonas de guerra de Iraq y Afganistn. Llegados de pases como Nepal, Colombia y Filipinas, trabajan para las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus contratistas privados desempendose en la cocina, la limpieza y las guardias de seguridad. Nuestro trabajo documentaba la servidumbre y las violaciones de derechos humanos con los que se enfrentaban cada da. Por lo general, los inmigrantes deban permanecer all y vivir en condiciones peligrosas y precarias, recibiendo una paga mucho menor que la prometida en el momento de ser reclutados y sin posibilidad alguna de solicitar proteccin por parte de las fuerzas armadas estadounidenses, los funcionarios civiles o las autoridades locales.

Aunque las revelaciones de nuestro informe eran pensaba yo dramticas, en su mayor parte permanecieron desconocidas en la sociedad de EEUU; una razn ms para exigir el fin de nuestras interminables guerras en Afganistn e Iraq. Eran tambin un importante demrito contra las empresas de contratistas privados que durante aos tanto se han aprovechado de esas guerras. No obstante, el informe apenas consegua cobertura meditica, tal como siempre sucede cuando se trata del sufrimiento humano en las zonas de guerra (al menos cuando lo que sufren no son los soldados de Estados Unidos).

Es acaso verdad que a los estadounidenses no les importa? Al menos, esa parece haber sido la opinin de los muchos periodistas que recibieron nuestro comunicado de prensa sobre el informe.

La verdad es que esto se ha convertido en algo parecido a una realidad de la vida de hoy en Estados Unidos, una realidad que solo se ha hecho ms extrema debido a la fascinacin total de los medios con el presidente Donald Trump desde sus tweets hasta sus insultos y sus disparatadas afirmaciones. l o mejor dicho, la obsesin de los medios por cada uno de sus gestos solo representa el ltimo desafo para prestar alguna atencin a lo que realmente nos cuestan (y le cuesta a todo el mundo) las guerras de nuestro pas.

Una forma que encontramos de sortear el torbellino meditico es acudiendo a comunidades de inters ya existentes, como los grupos de veteranos. En junio de 2017, por ejemplo, publicamos un informe sobre las injusticias que debieron enfrentar los veteranos de las guerras iniciadas tras ell 11-S, que fueron dados de baja de las fuerzas armadas con mala documentacin o expulsados, normalmente por actos de mala conducta de poca importancia, actos que a menudo son consecuencia de traumas sufridos en el servicio militar. Esa documentacin mala hace que los veteranos no puedan acceder a la asistencia sanitaria, educacional y habitacional del departamento de Asuntos de los Veteranos. Mientras el informe consigui muy poca atencin de los medios, las noticias relacionadas con l circularon mucho en los blogs que se ocupan de los veteranos, en las pginas de Facebook y en Twitter, creando mucho ms inters y comentarios. Fue incluso lo supimos ms tarde utilizado por esos grupos en su intento de influir en la legislacin relacionada con los veteranos.

Guerra hasta el horizonte, y una sociedad y un Congreso desmovilizados

En el fondo, sin embargo, fuera cual fuese nuestro limitado xito, continuamos enfrentando una desalentadora realidad en este momento del siglo XXI, una realidad que existe desde mucho antes de la presidencia de Donald Trump: la falta de conexin entre la sociedad estadounidense (incluso yo misma alguna vez) y las guerras en tierras remotas que se libran en nombre de nosotros. Lgicamente, esto va de la mano de otra realidad: para tener un conocimiento cabal de lo que est pasando realmente en los conflictos que en estos momentos se extienden desde Pakistn hasta el corazn de frica, debes meterte totalmente en el mundo de la guerra, debes ser alguien que est siguiendo casi sin cesar lo que est sucediendo.

Despus de todo, hoy en da en Washington, el secretismo es lo fundamental; su necesidad se invoca en aras de la seguridad de Estados Unidos. Como investigadora en estas cuestiones, me veo continuamente enfrentada con lo impenetrable de la informacin gubernamental en relacin con la guerra contra el terror. Hace poco tiempo, por ejemplo, dimos a conocer un proyecto en el que he estado trabajando durante varios meses: un mapa de los lugares en los que de una manera u otra las fuerzas armadas de EEUU estn realizando alguna operacin contra el terrorismo; son 78 pases!, el 40 por ciento de los que hay en el planeta (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=236423&titular=el-mapa-de-un-mundo-infernal-).

Por supuesto, aunque parezca extrao, en estos momentos, cuando nuestro gobierno es tan poco transparente en muchas cosas, el hecho de estar investigando la guerra contra el terror ha significado un marcado alivio para m. Me dej atnita lo difcil que puede ser encontrar la informacin ms elemental, desperdigada en muchas pginas web a menudo de acceso restringido, y algunas veces imposible de localizar. Por ejemplo, una fuente poco conocida pero fundamental para confeccionar nuestro mapa, result ser un catlogo del Pentgono llamado Global War on Terrorism Expeditionary Medals Approved Areas of Eligibility (Requisitos aprobados para autorizar las medallas en la guerra contra el terror). A partir de este catlogo, mi equipo y yo pudimos saber que las fuerzas armadas consideraban que sitios como Etiopa y Grecia formaban parte de esa Guerra contra el terrorismo. Despus pudimos verificar esta informacin con la publicacin Country Reports on Terrorism del departamento de Estado, que documenta oficialmente pas a pas los incidentes terroristas ocurridos y lo que hace el gobierno de cada pas en materia de contraterrorismo.

Este trabajo de investigacin hizo que me diera cuenta cabalmente de que la indiferencia que sienten muchos estadounidenses en relacin con las guerras posteriores al 11-S se corresponde con la opacidad de la informacin gubernamental acerca de esas guerras incluso se alimenta de esa opacidad. Sin duda alguna, esto proviene al menos, en parte de una tendencia cultural: la desmovilizacin de la sociedad estadounidense. El gobierno no le reclama nada a la gente, ni siquiera una accin mnima como sera la compra de bonos de guerra (como se hizo durante la Segunda Guerra Mundial), lo que permitira no solo compensar la cada vez mayor deuda por el gasto militar, sino tambin provocara una preocupacin e inters reales por esas guerras (aunque el Estado no gastara un dlar ms en sus conflictos blicos, nuestra investigacin muestra que an deberemos pagar unos pasmosos 8 billones de dlares adicionales en intereses por prstamos de guerra hasta fines de los aos sesenta de este siglo).

De hecho, nuestro mapa de la guerra contra el terror obtuvo cierta atencin meditica pero, como ocurre tan frecuentemente, aunque llegamos a algn congresista tericamente comprensivo, no tuvimos respuesta alguna del exterior de nuestro entorno: ni po. Eso es lgico, por supuesto, ya que al igual que la sociedad estadounidense, el Congreso ha sido en buena parte desmovilizado en relacin con las guerras de Estados Unidos (aunque no sea ese el caso cuando se trata de invertir todava ms dinero federal en las fuerzas armadas de este pas).

En octubre del ao pasado, cuando los medios se ocuparon del asesinato de cuatro Boinas Verdes por parte de una filial de Daesh en un pas del oeste de frica, los debates en el Congreso revelaron que los legisladores estadounidenses apenas tenan idea de en qu lugar del mundo estaban destacados nuestros soldados ni qu estaban haciendo all; tampoco de la extensin de la actividad antiterrorista entre los varios comandos del Pentgono. Aun as, la mayora de esos representantes contina apresurndose a firmar cheques en blanco a pedido del presidente Trump para alimentar el cada vez mayor gasto militar (como tambin lo haca a solicitud de los presidentes Bush y Obama).

En noviembre, despus de haber ido a algunas oficinas de congresistas, mis colegas y yo camos en la cuenta de que hasta los ms progresistas entre ellos estaban hablando de asignar un poco subrayo, un poco menos de dinero al presupuesto del Pentgono, o ayudar a algunas menos de los cientos de bases militares que Washington mantiene en todo el mundo. La idea de que sera posible avanzar hacia el final de las guerras eternas de este pas era absolutamente tab.

Un tema como este solo podra acontecer si los estadounidenses sobre todo los ms jvenes se entusiasmaran con la tarea de poner freno a la propagacin de la guerra contra el terror, ltimamente considerada prcticamente una lucha generacional por las fuerzas armadas de Estados Unidos. Para que nada de esto cambie, el apasionado apoyo del presidente Trump al crecimiento de las fuerzas armadas y de su asignacin presupuestaria, adems de la inercia basada en el miedo que conduce a los legisladores al apoyo incondicional a cualquier campaa militar, tendra que toparse con una vigorosa reaccin. A partir del compromiso de un significativo nmero de ciudadanos preocupados se podra revertir la realidad de la guerra a cualquier costo y contener el crecimiento de la marea del contraterrorismo blico de EEUU.

Con esta finalidad, el Proyecto Costo de la Guerra continuar dicindole a quien quiera escuchar cul es el costo la guerra ms larga de la historia de Estados Unidos para los estadounidenses y para quienes habitan este planeta.

* Resulta difcil imaginar esta cantidad; para que el lector tenga una idea, un billn se escribe con la unidad seguida de 12 ceros. (N. del T.)

** Amtrak es la red estatal de ferrocarriles de Estados Unidos (ver https://es.wikipedia.org/wiki/Amtrak). (N. del T.)

Stephanie Savell es codirectora del Proyecto Costo de la Guerra del Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Pblicos con sede en la Universidad Brown. En su calidad de antroploga, ha investigado acerca de la seguridad y el compromiso cvico tanto en EEUU como en Brasil. Es coautora del libro The Civic Imagination: Making a Difference in American Political Life (La imaginacin cvica: su influencia en la vida poltica estadounidense).

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176386/tomgram%3A_stephanie_savell%2C_the_hidden_costs_of_america%27s_wars/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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