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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2018

Historia & Lucha feminista
El da en que las mujeres hicieron huelga

Annadis Rudolfsdottir
http://vientosur.info

El 24 de octubre de 1975, el 90 % de las mujeres islandesas se negaron a trabajar, cocinar y cuidar a los nios. El efecto fue increble, como nos recuerda Annadis Rudolfsdottir.


El 24 de octubre de 1975, el 90 % de las mujeres islandesas se neg a trabajar, cocinar y cuidar a los nios. El efecto fue increble, como nos recuerda Annadis Rudolfsdottir. Gudrun Jonsdottir todava recuerda lo que llevaba puesto el 24 de octubre de 1975. Contaba 21 aos de edad, era recin casada y tena un nio pequeo; ese da no pensaba cocinar, limpiar ni ir a trabajar. Tampoco mi madre, ni las madres de mis amigas, las empleadas de los supermercados, las maestras en suma, alrededor del 90 % de las mujeres de Islandia.

Una vecina, madre de tres nios revoltosos, se fue de casa a las ocho de la maana y no volvi hasta el anochecer, dejando a la familia que se las compusiera por s misma. Curiosamente, pese a que la sociedad islandesa qued casi paralizada ese bonito da, sus mujeres nunca se haban sentido tan vivas y resueltas. Cuando Naciones Unidas proclam 1975 Ao de las Mujeres, se form un comit con representantes de cinco de las principales organizaciones de mujeres de Islandia con vistas a organizar actos conmemorativos.

Un movimiento de mujeres radical, llamado Medias Rojas, fue el primero en formular la pregunta: Por qu no vamos todas a la huelga? Eso sera, segn ellas, un fuerte toque de atencin a la sociedad sobre el papel que desempean las mujeres en su funcionamiento, sobre sus bajos salarios y el escaso valor que se otorga a su trabajo dentro y fuera del hogar. La idea se propag y finalmente el comit la aprob, aunque solo despus de que la palabra huelga fuera sustituida por un da libre. Pensaban que esto permitira que la idea calara ms fcilmente entre las masas y pondra en un aprieto a las empresas, que podan despedir a las mujeres que hicieran huelga, pero tendran problemas si les denegaban un da libre.

En los das anteriores al 24 de octubre se formaban corros de mujeres en todas partes, tomando caf y fumando sin parar, pero hablando mucho de forma agitada. Mi abuela, que realizaba un trabajo increblemente duro en una factora de pescado, no pensaba tomarse el da libre, pero las cuestiones planteadas por los movimientos de mujeres le fueron rondando la cabeza. Por qu los hombres jvenes se embolsaban salarios ms altos que ella si su tarea no era fsicamente menos extenuante.

Mi madre, que tena entonces 28 aos y trabajaba en una granja lechera, tuvo que hacer uso de todo su arte negociador para convencer a su jefa, una mujer muy trabajadora que superaba la cincuentena, de que ese da deban dejar de trabajar.

Cuando mi madre fue a la casa de su jefa para proponerle acudir a una concentracin convocada en el centro de Reykjavik, la encontr expiando su sentimiento de culpa por no trabajar cocinando como loca. En Reykjavik se concentraron unas 25 000 mujeres para escuchar discursos, cantar y debatir: un nmero espectacular, teniendo en cuenta que la poblacin islandesa sumaba entonces poco menos de 220 000 habitantes. Las mujeres procedan de todos los mbitos: jvenes y viejas, abuelas y escolares; algunas llevaban su uniforme de trabajo, otras se haban arreglado.

Fue realmente la base popular, recuerda Elin Olafsdottir, quien contaba entonces 45 aos de edad y ms tarde represent a la Alianza de Mujeres en el ayuntamiento de Reykjavik. Fue, y lo digo en serio, una revolucin tranquila. Este sentido de unidad, de calma y firmeza tranquila es lo que recuerdan la mayora de mujeres de aquella jornada. Gerdur Steinthorsdottir, que era estudiante de 31 aos en la Universidad de Islandia y ahora es maestra, ayud a organizar la concentracin. Afirma que la participacin fue tan amplia porque las mujeres de todos los partidos polticos y de los sindicatos se sintieron capaces de cooperar entre ellas y hacer que sucediera.

La atmsfera en la concentracin fue increble. Sigrun Bjornsdottir era una estudiante de 19 aos y acababa de descubrir que estaba embarazada. Fue un tiempo difcil, recuerda, pero participar en la concentracin le hizo sentir que estaba conectada con una fuerza mayor, que estaba empoderada. Mientras, Gudrun Jonsdottir, de 21 aos, se encontraba en medio de la muchedumbre, llorando en silencio.

No poda creer que una vieja amiga de la familia, Adalheidur Bjarnfredsdottir, fuera una de las principales oradoras del encuentro. Representaba a Sokn, el sindicato de las mujeres peor pagadas de Islandia. La lectura de su primer discurso pblico provoca ahora escalofros.

Los hombres gobiernan el mundo desde tiempos inmemoriales y qu ha sido de este mundo?, pregunt con su voz profunda y spera. Respondindose a s misma, describi un mundo ensangrentado, una tierra contaminada y explotada casi hasta la ruina. Una descripcin que hoy parece ms cierta que nunca. Los hombres islandeses casi no daban abasto. La mayora de empresas no montaron ningn escndalo por el absentismo de las mujeres, sino que trataron de prepararse para la llegada de nios sobreexcitados que tendran que acompaar a sus padres al trabajo.

Algunos de estos salieron a comprar dulces y reunieron lpices y papel en un intento de mantener a la prole ocupada. Las salchichas, la comida preparada favorita de la poca, se agotaron en los supermercados y muchos maridos acabaron sobornando a los nios mayores para que cuidaran de sus hermanos pequeos. Las escuelas, tiendas, guarderas, factoras de pescado y otros establecimientos tuvieron que cerrar o funcionar a medio gas.

Las mujeres responsables de componer el Morgunbladid, uno de los peridicos ms ledos de Islandia, volvieron al trabajo a medianoche, como Cenicienta. Al da siguiente, el diario tena la mitad de pginas y los artculos solo hablaban de la huelga. Las cajeras de los bancos que vieron cmo sus puestos estaban ocupados por sus superiores hombres, se dieron el gustazo de acudir al banco y hacerles trabajar. Para muchos padres, que al final del da estaban exhaustos, aquello fue un momento de la verdad. No es extrao que ese da fuera bautizado ms tarde por ellos con el nombre de el largo viernes.

Qu ganaron las mujeres islandesas con todo esto? Para muchas, fue un aldabonazo que les abri los ojos. Yo, como muchas mujeres de mi generacin, ese da me volv feminista, a mi tierna edad de 11 aos, y eso a pesar de que tuve que quedarme en casa sola con mi hermana de 9 aos, enfadada por no poder asistir a la concentracin. Fue un acicate para la accin y muchas sienten que la solidaridad que mostraron ese da las mujeres abri el camino para la eleccin, cinco aos ms tarde, de Vigdis Finnbogadottir, la primera mujer del mundo elegida democrticamente presidenta. Finnbogadottir tambin lo cree firmemente. Despus del 24 de octubre, las mujeres pensaron que era hora de que una mujer fuera presidenta, dice. El dedo me apunt a m y yo acept el reto.

Sin embargo, 30 aos despus tambin hay una sensacin de decepcin. Bjornsdottir, la estudiante embarazada que ahora se encarga de las relaciones pblicas del departamento de educacin del ayuntamiento de Reykjavik, est triste porque su hija ya no se ha beneficiado de lo que ocurri.

Una estadstica muy comentada estos das muestra que las mujeres islandesas cobran en promedio tan solo un 64,15 % de lo que suelen percibir los hombres. As que hay un llamamiento para que el prximo lunes, cuando se celebra el 30 aniversario de aquella huelga, las mujeres abandonen su puesto de trabajo a las 14 horas y 8 minutos, pues a esa hora ya se habran ganado su salario si ganaran lo mismo que los hombres.

Tienen planeado saquear previamente su cocina y llevarse cazos y sartenes al trabajo para organizar caceroladas y armar mucho ruido. Est por ver si las autoridades les escucharn.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article11772


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