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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2018

Generaciones

Jaime Richart
Rebelin


Sabemos de manera natural que nuestra personalidad est determina por la cuna. Y tambin, que nuestros pensamientos, sentimientos e ideas en adelante, estn condicionados por las vivencias de la infancia y de la adolescencia. Y ms tarde y siempre, por cada experiencia vivida. De ah la dificultad en trminos generales que ha habido siempre en el entendimiento entre una generacin y la siguiente. Pero ambas, como todo ser viviente y la colectividad a que pertenece, han de seguir coexistiendo...

Pues bien, cuando, sabido todo esto, tratamos de superar esos condicionantes para centrar en lo posible nuestras ideas y disposiciones, y llegar a conclusiones que de algn modo puedan ser intemporales, aunque pese a todo merece la pena, el esfuerzo slo es compensado con una pequea porcin de la objetividad y de la neutralidad buscadas. De ah, sobre todo en lo social y en lo poltico, la dificultad de llegar a un acuerdo dos personas o dos colectivos, incluso de similar sensibilidad y cultura, de generaciones diferentes. Generalmente unos apegados a su exclusivo inters y al de su crculo, y otros, sin dejar de pensar en el inters de s mismo, resueltos a rebajar el suyo para atender a la vida precaria y dignidad de los eternos perdedores. Y de ah, de esas ideas condicionantes del pasado, del egosmo superlativo, personal y de clase, se que data desde la noche de los tiempos, que siga rigiendo el pensamiento de los convencionalmente llamados conservadores espaoles. Y de ah tambin, que la parte ms civilizada de las nuevas generaciones intente superar el egosmo primitivo: se del que se redimieron los multimillonarios franceses cuando hace unos pocos aos pidieron al Estado que les subiera los impuestos...

Sin embargo y no obstante la enorme dificultad de entendimiento, no quiere decir que no sea preciso siempre dialogar. Estas dos actitudes, estas dos ideologas, estos dos pensamientos absolutamente contrapuestos, tarde o temprano han de llegar al compromiso si no desean volver a hacer la guerra. Porque el avance de una sociedad, el que se supone dirigido a mejorar la convivencia y no a empeorarla, slo tiene lugar por dos caminos. En la de configuracin burguesa, un camino es el que pasa por el resultado de las justas o disputa entre partidos polticos de las que sale uno airoso, el cual, con la eventual e interesada complicidad de otros, se impone al resto (en Espaa, est claro que el pensamiento sin pensamiento propiamente dicho, se que parte del ya dado, es el que desde el mismo trnsito de la dictadura al nuevo Estado se viene imponiendo; unas veces por el derecho de las urnas, y en todo caso de hecho siempre). El otro camino est en la espera del paso inexorable del tiempo histrico para que ese dilogo, hasta ahora imposible, se establezca desde una aproximacin de la mentalidad de las generaciones subsiguientes.

En los pases europeos de la Europa Vieja, aparte de tener sus nacionales una idiosincrasia diferente, la transicin, las transiciones, de una poca a otra estn atravesadas por guerras entre naciones que aquellos y todos se han propuesto positivamente olvidar y superar, por considerar la guerra la consecuencia de una fase escasamente evolutiva del humano, y por tanto superable y evitable. Mientras que en Espaa sigue siendo la guerra civil el hacha del verdugo que la parti en dos. Porque de una Espaa dictatorial a duras penas repuesta de la prdida de su poder colonial, procede el esptu dividido de la Espaa del presente. Todo lo que a su vez determina unas consecuencias diferenciales reseables entre el espritu que alienta a esa Europa Vieja y el clima psicolgico asfixiante que esclerotiza a este pas. Pues en Espaa, entre la generacin ms vieja de los que han cumplido de los setenta a los ochenta y la generacin siguiente que est entre los cuarenta y los cincuenta no se ha encontrado las claves del lenguaje necesario para el necesario entendimiento, que habr de ser, ms que un acuerdo entre partidos un verdadero pacto social. Porque aquellos, los que desde el poder, poltico, econmico y religioso se siguen imponiendo, son el pasado que se resisten a serlo. Pero el mundo entero sabe que se imponen, no por su pericia o competencia sino por su habilidad para la trampa y la rapacidad. Los segundos, por su parte, son el presente que mira al futuro. Pero a estos slo les queda el segundo camino, el paso del tiempo: el nico remedio posible para que Espaa se remonte por encima de s misma y pueda efectivamente progresar. Pues si no media la revolucin, del otro camino ya se pueden despedir...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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