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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2018

Por la igualdad de gnero
Declaracin de Economistas Frente a la Crisis

Economistas frente a la crisis


POR LA IGUALDAD DE GNERO

Un problema global que requiere respuestas globales

DECLARACIN DE ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS

 

El desequilibrio de poder econmico y poltico en favor de los hombres es uno de los grandes problemas globales de justicia y equidad que entre todos debemos resolver. Por ello, a juicio de Economistas Frente a la Crisis, cualquier agenda de progreso social debe no solo luchar por la sostenibilidad ambiental y la justicia distributiva, tambin debe expresar su compromiso inequvoco con la igualdad de gnero.

La desigualdad de gnero se expresa con especial intensidad en tres grandes mbitos en los que diversos factores materializan esa desigualdad. Por un lado, el mbito de las relaciones personales y familiares entre hombres y mujeres, donde las diferencias de los roles de gnero tradicionales inciden negativamente sobre las mujeres. En segundo lugar, el mbito del trabajo, en el que se asigna a la mujer un papel subordinado, segregado y precario. Y en tercer lugar, el mbito del Estado de Bienestar y de las polticas pblicas, en las que se reproducen las desigualdades de gnero que provienen del mercado de trabajo y los sesgos de gnero de nuestras instituciones.

La desigualdad en esos tres mbitos refuerza el modelo de familia tradicional frente a un modelo con dos fuentes de ingresos y dos proveedores de cuidados, en el que las mujeres puedan acceder a su desarrollo personal y profesional sin obstculos adicionales, y los hombres incorporarse a los cuidados en condiciones de igualdad con las mujeres.

En el contexto espaol, los factores que se desarrollan en estos tres mbitos y que materializan la desigualdad de gnero, son, a su vez, causa de ineficiencias econmicas y sociales dada la creciente brecha de formacin entre hombres y mujeres. Entre la poblacin adulta en Espaa, las mujeres tienen un mayor nivel de estudios; y ms an entre la poblacin joven. As, en 2015, el 37,5% de las mujeres adultas (25-64 aos) dispona de estudios superiores, frente al 32,7% de los hombres. Entre los ms jvenes (25-34 aos), la diferencia se acenta ya que el 47% de las mujeres tienen estudios superiores frente a tan slo el 34,9% de los hombres.

La organizacin de la sociedad espaola descansa fundamentalmente sobre las familias, y dentro de ellas principalmente sobre las mujeres. Sin embargo, el gasto pblico de Espaa en familia e hijos est a la cola de la UE: el 1,3% del PIB, la mitad del promedio de gasto europeo. Esta organizacin familista est indisociablemente unida a bajas tasas de fecundidad y a la sobreexplotacin de la mujer. Las mujeres espaolas se incorporan en peores condiciones a los mercados de trabajo por tener mayores cargas domsticas, y cuando lo hacen son premiadas con menor remuneracin, mayor precariedad y segregacin.

Frente a algunos planteamientos polticos que pretenden simplificar la lucha contra la desigualdad de gnero, concentrando la atencin en una sola o en varias e insuficientes medidas, Economistas Frente a la Crisisdefiende la necesidad de una poltica global que afronte el problema de manera sistmica. De otra forma la lucha contra la desigualdad de gnero ser tan slo testimonial e ineficiente.

Para superar esta situacin, EFC defiende cuatro lneas prioritarias de intervencin institucional: polticas centradas en la educacin; polticas en el mercado de trabajo; polticas de cuidado y dependencia; y polticas institucionales, fiscales y macroeconmicas. Ninguna de ellas aislada ser suficiente, pero tampoco lo sern en su conjunto si no van acompaadas de otras polticas que persigan la igualdad integral entre hombres y mujeres. Erradicar la terrible lacra social que constituye la violencia machista es prioritario, pero la inexcusable igualdad empieza por erradicar los arraigados estereotipos de gnero: en las familias, desde la escuela y hasta los ms altos mbitos de la toma de decisiones pblicas y privadas. 

1.- Polticas educativas

Hay estudios que explican que las nias, a partir de los 5 o 6 aos, ya tienen la sensacin de pertenecer a un grupo inferior. La socializacin diferenciada, por la cual hombres y mujeres son educados en roles distintos y en valores distintos, crea el caldo de cultivo perfecto para que las mujeres sientan de forma masiva el llamado sndrome de la impostora. Se trata de un problema de falta de autoestima y confianza para desarrollar puestos en espacios tradicionalmente masculinos, por el cual se tiene la necesidad de trabajar ms y mejor para tener derecho a ese reconocimiento. Muchas mujeres se sienten menos cualificadas que sus compaeros para un puesto o cargo directivo, fundamentalmente por su baja autoestima o una excesiva auto-exigencia. No se trata de una cuestin individual. Es un reflejo de un problema social. En Espaa, con unas tasas de formacin universitaria femenina superiores al promedio europeo, la sobre cualificacin es un denominador comn en la empleabilidad de las mujeres.

No obstante, existen claras diferencias por sexo si atendemos a las reas de conocimiento en los estudios universitarios. Segn los ltimos datos disponibles, 2014-2015, de cada 100 hombres matriculados en la universidad, casi 33 se inclinan por estudios de ingeniera y arquitectura. Un porcentaje que, en el caso de las mujeres, se reduce a menos del 10%. Por el contrario, algo ms del 52% de mujeres optan por estudios en ciencias sociales y jurdicas y el 21,4% por ciencias de la salud; porcentajes que, en el caso de los hombres, se reducen al 41,6% y al 11,2%, respectivamente. Estos datos muestran que persisten patrones culturales que condicionan la eleccin de itinerarios formativos y que repercuten, tambin, en problemas como la brecha salarial de gnero, dado que las mujeres se concentran en los sectores y ocupaciones que, generalmente, estn peor remunerados. Lo cual a su vez acenta la segregacin ocupacional que explica en gran medida la brecha salarial.

Por tanto EFC defiende la necesidad de:

2.- Polticas centradas en el mercado de trabajo

Las mujeres espaolas tienen, respecto a los hombres, menores tasas de actividad y de ocupacin, mayores tasas de paro, de temporalidad, de rotacin y parcialidad indeseada en los contratos, adems de verse perjudicadas por una fuerte segregacin que las orienta hacia sectores ms precarizados, peor retribuidos y con menor posibilidad de desarrollar una carrera profesional. La desigual distribucin de los trabajos de cuidados, induce y fomenta que se presuma de ellas una menor dedicacin o compromiso laboral. A su vez, la expectativa de una mayor dedicacin al cuidado de los dems condiciona las propias opciones e inversiones educativas y profesionales de muchas mujeres. Con el tiempo, la brecha en las condiciones laborales y en los salarios contribuye a ahondar la desigualdad en el acceso a las prestaciones de Seguridad Social (desempleo, pensiones) y a la pobreza de las mujeres, especialmente de aquellas de avanzada edad.

Ante esta realidad, es imperativo adoptar reformas para revertir la precarizacin generalizada de los mercados de trabajo, que afecta de forma particularmente grave a las mujeres y se convierte en un elemento decisivo de la desigualdad de gnero. Adems de ello, y entre otras medidas, EFC propone:

3.- Polticas de cuidado y dependencia

La poltica no puede dar la espalda a ese otro trabajo, el trabajo de cuidados no remunerado que iguala en horas al remunerado, y est an ms desigualmente repartido. Desde la Ley de Dependencia de 2006 que nunca se lleg a poner en funcionamiento plenamente- se vena avanzando tmidamente en servicios pblicos de cuidados tanto a la infancia como a personas mayores o en situacin de dependencia, pero las polticas seguidas, con la coartada de la crisis, han revertido esa situacin sobrecargando an ms a las familias, asignando a la figura de la cuidadora familiar un papel central, y no residual, como prevea la ley.

La creciente dependencia de la familia para la atencin de las necesidades de cuidados genera desigualdad no solo de gnero sino tambin de rentas. Las personas con renta mayor tienen la posibilidad de externalizar y satisfacer esos trabajos en el mercado, siendo la mano de obra inmigrante la que con frecuencia entra a suplir las carencias en el frente de cuidados. Esto produce a su vez la merma de los recursos de cuidados, en un fenmeno que se conoce como la cadena del cuidado, tpica de los pases ms pobres y atrasados. La muy dbil fecundidad actual, 1,3 hijos por mujer en edad frtil, es consecuencia de la situacin de precariedad que viven las mujeres y de la ausencia de una poltica de apoyo a la conciliacin entre trabajo y familia, dirigida a hombres y mujeres por igual.

Ante esta realidad, apremia:

4.- Polticas institucionales, macroeconmicas y fiscales

Tradicionalmente, las polticas econmicas y fiscales han sido abordadas desde la neutralidad de gnero, pero hoy sabemos que ambas descansan sobre sesgos de gnero que es necesario revertir. La tendencia hacia una poltica deflacionista, y la merma de la inversin pblica que lleva asociada, est incidiendo especialmente sobre los sectores de la sociedad ms desfavorecidos, incluyendo a las mujeres que dependen en mayor medida, por su nivel de renta y patrimonio, de unos servicios sociales que estn siendo pasto de los recortes.

En los sectores de provisin de cuidados y asistencia, donde las mujeres son las principales empleadas, la mujer est volviendo a ocupar un trasnochado puesto de sustituta natural no remunerada. En un contexto alejado an del pleno empleo, reina adems la rechazable percepcin -anclada en un modelo en el que el hombre es la base del sustento familiar frente a ingresos complementarios ms o menos prescindibles de las mujeres- de que el paro masculino tiene mayor urgencia.

Por otro lado, tambin el sesgo hacia la mercantilizacin, la privatizacin y la individualizacin del riesgo, estn incidiendo negativamente sobre la igualdad de gnero: el sector privado (que no demuestra ser siempre ms eficiente que el pblico y se mueve por el nimo de lucro) eleva los costes de los usuarios y acaba desplazando la carga hacia las familias (ya estamos viendo que algunos servicios hospitalarios reducen el nmero de das de hospitalizacin de los pacientes en aras de una supuesta mayor eficiencia).

En consecuencia, EFC propone:

Por todo ello es necesario el desarrollo de polticas coherentes en el mbito educativo, laboral, social y econmico para que el crculo vicioso de la desigualdad de gnero se convierta en un crculo virtuoso que permita no solo acabar con la injusticia histrica que sufren las mujeres sino tambin avanzar en el bienestar de toda la ciudadana.

La lucha por la igualdad de gnero ha logrado convertirse, por mritos propios, en un compromiso esencial de la lucha por el progreso. La ciudadana est tomando conciencia y no permitir pasos atrs ni tampoco estancamientos en este proceso irreversible de justicia y equidad.

Economistas Frente a la Crisis no cejar en su empeo por contribuir con anlisis, diagnsticos y propuestas a que la lucha por igualdad de gnero mantenga el lugar que se ha ganado en el frontispicio de las luchas sociales. Este es tambin uno de nuestros compromisos.

Fuente: https://economistasfrentealacrisis.com/declaracion-de-economistas-frente-a-la-crisis-por-la-igualdad-de-genero/



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