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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2018

Las mujeres enfrentan el reto de pararlo todo incluyendo a todas
8 de marzo, la huelga total

Sara Plaza Casares
El Salto


El 8 de marzo, las mujeres quieren escribir una pgina nueva en la historia del pas. El movimiento feminista propone a todas abandonar sus puestos de trabajo asalariado, las tareas del hogar, los cuidados, las aulas y dejar de consumir.

Una huelga que va mucho ms all de lo laboral para desaparecer de todos los mbitos de la vida en los que intervienen. Si nosotras paramos, se para el mundo, dice el eslogan. Razones no faltan.

123 manifestaciones, 192 concentraciones y 185 acciones... el mapa de la huelga feminista

La convocatoria del 8 de marzo es una huelga contra la violencia machista que se ha llevado por delante la vida de casi mil mujeres en los ltimos 14 aos segn los datos oficiales. Tambin es una movilizacin contra el sistema econmico en el que la mujer realiza casi el doble de horas de trabajo no asalariado que el hombre 26,5 frente a 14, segn el Instituto Nacional de Estadstica.

Una protesta contra un panorama laboral con una brecha salarial que roza el 30% y en el que casi tres millones de mujeres no llegan al salario mnimo, como indican los datos del sindicato de tcnicos de Hacienda (Gestha).

Pero el argumentario elaborado por la Comisin 8 de Marzo no se queda solo ah. Es tambin un paro para reivindicar ser dueas de nuestros cuerpos y para que sean reconocidos derechos sexuales y reproductivos, independientemente de la identidad sexual. Una protesta que clama, adems, contra la Ley de Extranjera y los CIE.

En definitiva, es una enmienda a la totalidad hacia una forma de organizacin social, econmica y poltica que aplica contra las mujeres una injusticia distributiva y una injusticia de reconocimiento, resume Tnia Verge, profesora de Ciencia Poltica y directora del Departamento de Igualdad de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona. Por un lado, el capitalismo produce formas especficas de desigualdad para las mujeres, como una mayor precariedad laboral, la feminizacin de la pobreza, la divisin entre trabajo productivo y reproductivo, la segregacin vertical y horizontal del mercado laboral o la brecha salarial. Por otro lado, la ideologa patriarcal basada en la construccin social del gnero lo impregna todo de jerarquas de estatus y poder. Estas jerarquas son, a su vez, la base de las violencias machistas, relata esta docente, que es tambin militante feminista.

Y, para luchar contra todo ello, un centenar de colectivos de todo el Estado han confluido para explorar nuevos caminos.

Nuevo concepto
Los sindicatos ante la huelga feminista


La huelga clsica, utilizada tradicionalmente por el movimiento obrero, no nos vale. Esto es diferente. No vamos a medir estadsticas de seguimiento, la lupa la ponemos en el empoderamiento que estamos experimentando, cuenta Ana Viqueira, de la Secretara de las Mujeres del sindicato gallego CUT. Este sindicato registr la huelga general en Galicia, siguiendo los trmites administrativos para oficializar la protesta.

Con este proceso nos hemos dado cuenta de que debemos cuestionarnos muchas cosas. Nos preguntamos por qu solo los sindicatos pueden convocar la jornada, por ejemplo. Estamos creando algo nuevo y nuestra mente est haciendo un clic para adaptar la protesta clsica a nuestras necesidades. La estamos rescatando y poniendo al da, admite Viqueira.

Pero no todos los agentes que tienen que intervenir en el proceso han hecho el clic mental al mismo tiempo. CC OO y UGT han convocado paros de dos horas, frente a la huelga de 24 horas respaldada por CNT y CGT entre otros. Los sindicatos mayoritarios no han apostado por la huelga general.

Para muchas, esta postura es fiel reflejo de organizaciones con un marcado carcter patriarcal. El problema es que los sindicatos han sido y siguen siendo organizaciones patriarcales. Se opusieron en su momento a la equiparacin salarial entre hombres y mujeres, se resistieron a abolir el salario familiar que justificaba un salario ms alto para los hombres por considerarlos proveedores principales y han sido muy tibios en la lucha contra la brecha salarial, explica Verge.

No se hubiera aceptado la flexiseguridad de los contratos a tiempo parcial si este tipo de contrato afectara mayoritariamente a los hombres. Tampoco se hubiera asumido el discurso de la conciliacin en lugar de exigir cambios en la forma de organizacin del trabajo. Garantizaran la responsabilidad del conjunto de la sociedad si fueran los hombres quienes realizaran las tareas domsticas y de cuidado, se queja.

Para Olga Baselga, militante feminista y activista LGTBI de Legans (Madrid), los sindicatos mayoritarios no creen en la legitimidad de esta huelga. En este momento es un instrumento cuestionador del patriarcado. Sera muy feo decir pblicamente que nos quieren restar legitimidad, pero es lo que estn haciendo. As que proponen un paro de dos horas y por turnos.

Anabel Sanz, del colectivo Feministalde de Bilbao, que ha participado en la gnesis del proceso, aade que la invisibilizacin de las luchas de las mujeres ha sido una constante. Se da la ambivalencia de que se nos ha marginado y excluido histricamente del mbito laboral, pero, adems, se sobrepone una ocultacin patriarcal activa de las luchas, los referentes y las aportaciones de las mujeres. Esta activista pone un ejemplo de lucha feminista que ha cosechado un gran xito, el de las trabajadoras de las residencias en Euskadi, que han estado dos aos en pie por la mejora de sus condiciones laborales hasta que en octubre del ao pasado consiguieron un acuerdo.

Justa Montero, activista de Madrid perteneciente a la Comisin 8 de Marzo, apunta los retos que se estn encontrando al escribir un libro nuevo. En la prctica estamos despatriarcalizando el concepto, lo que no quiere decir que sea fcil: cmo materializar la huelga de consumo?, cmo garantizar los servicios mnimos en la de cuidados?.

Sin medida
El xito es el proceso

El planteamiento de la huelga feminista es completamente novedoso en todo, destaca Montero, quien avisa de que ese da no acabar todo. El origen reciente de esta convocatoria est en el xito del paro simblico convocado por el movimiento feminista el ao pasado. Por eso para este ao se decidi dar un paso ms y convocar una huelga feminista, que entendemos como un proceso. Llevamos desde abril con asambleas cada mes, con el entusiasmo de cada vez ms y ms mujeres, expresa Montero.

Por eso su xito no se puede medir con las herramientas al uso. El xito no vamos a poder contabilizarlo igual que siempre. No es un movimiento sindical, no somos piquetes al uso porque esto no es solo una huelga laboral. Es un proceso a largo plazo, una carrera de fondo que no se podr evaluar al da siguiente, cuenta Pilar Estvez, portavoz de la Plataforma Feminista Galega. El II Encuentro Estatal que se celebr los pasados 13 y 14 de enero, con ms de 400 mujeres, ya es un paso adelante, dice.

Por otro lado, el movimiento feminista espera que muchas de las estructuras que se creen ese da perduren en el tiempo. Uno de nuestros aliados feministas me comentaba el otro da que estaba pensando en organizar una ludoteca atendida 100% por hombres para que pudiramos asistir a la manifestacin. Ah es donde los queremos ver, transformando un espacio femenino en un espacio feminista, en el que hombres y mujeres trabajen por igual, explica Olga Baselga.

Estamos todas?
Deben caber todas, pero caben?


En este camino se ha hecho muy visible la dificultad para participar de algunas mujeres por su situacin de precariedad. Lo que ms notamos es la dificultad de llegar a determinados sectores, como el de los cuidados, relata Ana Viqueira, del sindicato gallego CUT. Tenemos trabajadoras del hogar en el sindicato y es muy difcil que puedan acudir a nuestras asambleas; como feminista me fastidia y me frustra, admite.

Pilar Estvez hace hincapi en que en este proceso debemos caber todas. No puede ser excluyente desde un feminismo de clase. Centrarse exclusivamente en las mujeres asalariadas es un error, remarca. Olga Baselga tambin ha encontrado dificultades en llegar a parte de su colectivo. La presencia de lesbianas y trans en la lucha es necesaria, pues sufrimos una doble discriminacin. No obstante, actitudes divergentes existen en nuestro propio colectivo LGTBI. Hay gente que cree que la huelga no sirve para nada. Muchas mujeres transexuales no secundarn el paro. En un colectivo tan oprimido como este al feminismo le est costando entrar, se lamenta la activista.

Antoinette Torres Soler, fundadora y directora de Afrofminas, es crtica. Independientemente de que el argumentario es cierto y que se hacen algunas menciones a la diversidad, soy de la opinin de que las feministas negras tienen reivindicaciones diferentes, cuenta. Para esta activista, la principal reivindicacin no es el machismo, sino la deshumanizacin a la que se ve expuesta la mujer negra: yo recibo presiones tanto de los hombres como de las mujeres. Torres Soler considera que tener un discurso propio en Espaa es complicado. Las mujeres racializadas tenemos que encontrar estrategias propias de lucha.

Para Tnia Verge, la clave de esta accin es el apoyo mutuo. Es importante que todas las que podamos secundemos la huelga para reclamar una transformacin social que haga que ninguna mujer vea restringidos sus derechos polticos, civiles o sociales, destaca. He aqu el ltimo elemento que hace que el 8 de marzo sea algo ms que una huelga: la sororidad, un ingrediente necesario para darle la vuelta al patriarcado y que tiemble el sistema.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/8-de-marzo-la-huelga-total


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