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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2018

Entrevista a Ariel Dacal, activista y educador popular
La Revolucin y el pacto social en Cuba

Julio Antonio Fernndez Estrada
Cuba Posible


  1. En los ltimos tiempos se ha vuelto a hablar en Cuba sobre el pacto social. Cree usted que es posible defender la idea de un pacto social alrededor de la Revolucin cubana? En caso de que aceptramos la tesis del pacto entre el pueblo y las fuerzas polticas que construyeron la Revolucin, qu cambios considera usted que ha sufrido ese pacto desde 1959?

Un nuevo pacto social, ms que un deseo loable, es una necesidad para la estabilidad del orden social. Est latente en cualquier proceso de reforma con el alcance del que acontece en Cuba, donde se diversifican los actores sociales, econmicos y polticos, al tiempo que aparecen regulaciones y leyes que buscan ordenar las relaciones emergentes.

Este proceso se sucede con independencia del nivel de planificacin que tenga y del tipo de participacin que lo caracterice. Hablar de pacto social no se reduce a un nico contenido posible, a un nico sello ideolgico ni sistmico. Incluye a grupos sociales diversos y, al menos, a las instituciones ms representativas. No obstante, para que sea estable a ms largo plazo, debe lograr ciertos niveles de legitimidad; la que resulta, en buena medida, de la calidad del proceso del cual emana y de la correlacin de fuerzas de los sujetos que concurren.

Concientizar sobre la necesidad del pacto social aade otros matices al asunto. Implica tener claridad del lugar social desde el que se participa en el ajuste de los relacionamientos econmico, social y poltico; los niveles organizativos para esa actuacin y la capacidad de influir, directa o indirectamente, en la definicin de polticas pblicas.

Ciertamente las actuales condiciones difieren de las que sustentaron el pacto revolucionario iniciado en 1959, el cual removi de manera radical viejas relaciones de subordinacin y explotacin erigiendo, progresiva y contradictoriamente, un pacto social del que, por un lado, los sectores populares recibieron garantas de pleno empleo, una elevada proteccin social, condiciones materiales y espirituales de vida digna e inclusiva, ndices de igualdad social sin precedente, niveles importantes de participacin social en la poltica y garantas para la soberana nacional. Del otro lado, se legitim la centralidad poltica en el Estado/Partido, dirigido por la vanguardia revolucionaria, mediado por instituciones y organizaciones polticas y sociales como cuerpos de ese pacto, proceso que incluy episodios democrticos de ajustes al orden establecido.

Pensar un nuevo pacto social alrededor de la Revolucin cubana, ms que discurrir de manera natural, necesita ser asumido como meta poltica clara. Deben ponerse en dilogo sus contenidos generales y especficos con las condiciones, presiones y tensiones que el escenario interno y externo le deparan. Dgase, por ejemplo, que es urgente pensar la viabilidad y mtodos de algunas formas de hacer poltica revolucionaria, tiles antes e insuficientes ahora. Al mismo tiempo, evaluar el orden y alcance de las instituciones creadas en nombre del proyecto.

Varios datos de la realidad subrayan la necesidad de esa revisin. La expansin del sector privado, en menor medida del cooperativo, el reajuste del empresariado estatal y la actuacin del capital forneo, abren como interrogante: cules sern los derechos y deberes de estos actores econmicos, sus alcances y lmites dentro del orden sociopoltico? Por otra parte, alcanza mayor densidad un entramado de activistas sociales, comunitarios, sectoriales, eclesiales que resignifican lo revolucionario. Qu pautas ordenarn su desempeo social? Qu lugar ocuparn en la definicin de polticas locales y nacionales? Se disearn espacios institucionales permanentes para la inclusin de estos en la esfera poltica? Lograrn una representacin ms orgnica en los ya existentes?

El contenido socialista del proyecto de la Revolucin cubana exige priorizar, dentro del pacto social, la relacin de empleadores, privados y estatales, con el mundo del trabajo; definir el carcter que tendr, y quines y cmo participarn en su encuadre; reformular el papel de los sindicatos dentro del diseo poltico cuyo objetivo primero sea potenciar relaciones laborales que sustenten el empoderamiento de las trabajadoras/es. En este sentido ha de redimensionarse el carcter clasista tanto del Partico Comunista como del sistema del Poder Popular, y establecer dentro de los mismos una representacin directa y porcentualmente elevada de la clase trabajadora.

  1. El proceso poltico cubano ha preferido los revolucionarios a los ciudadanos, pero no ha quedado nunca claro cules son los lmites de la Revolucin ni de la conducta revolucionaria, porque por momentos se ha tratado del arrojo, la temeridad, el mpetu, y otras de la disciplina, la unidad a toda costa, la confianza ciega en el Estado. Entonces, qu sera ser revolucionario en Cuba en el 2018? Qu quedara dentro de la Revolucin y que quedara fuera? Me refiero a ideologas, prcticas, instituciones, relaciones sociales, normas jurdicas, maneras de contar nuestra historia, por mencionar algunos elementos.

Lo primero es comprender que el significado esencial del proceso histrico, breve pero intenso, de la Revolucin cubana, radica en la capacidad tremenda de ajustar, superar y radicalizar sus contenidos. Por ejemplo, no tiene sentido enfrentarse hoy a la esclavitud ni al colonialismo espaol, pero s desafiar tanto viejas y recientes manifestaciones de racismo, como aejos y renovados intentos de colonizacin cultural bajo la gida del capital. Es decir, son parte de una misma lucha, de esencias iguales, pero de manifestaciones distintas.

Miremos otro ejemplo. El hecho de reconocer las insuficiencias de la estatalizacin como referente de la propiedad social sobre los medios de produccin, no implica reconciliarse con la gestin y propiedad privadas que caracterizan determinadas formas de relaciones laborales explotadoras, sino plantearse nuevas formas de gestin y propiedad que consagren la posesin de quienes producen bienes y prestan servicios directamente.

Dgase, entonces, que ser revolucionaria/o es tener la capacidad de traducir en las circunstancias actuales los anhelos esenciales de justicia, libertad, igualdad y soberana constitutivos del proyecto histrico de la Revolucin cubana. Implica reconquistar el lugar poltico de los sectores populares, en general, y de los trabajadores/as, en particular. Pasa por actualizar el concepto de pueblo que Fidel esgrimi con lucidez revolucionaria en La historia me absolver y proveerlo de nuevas formas polticas para su emancipacin.

Ser revolucionario/a en Cuba es, siguiendo tu pregunta inicial, tomar conciencia de la necesidad de un nuevo pacto social y crear las condiciones para su realizacin, colectiva, participativa, democrticamente. Es concretar en las instituciones existentes, y en las que deben ser creadas, en la vida cotidiana y en nuestros afectos, un orden de relaciones sociales justo, humano, solidario, que apueste por la vida digna de toda la existencia.

Es comprender que, a pesar de que la Revolucin siempre se enfrenta a fuerzas que la niegan, la atacan y la denigran, ser revolucionaria/o es desarrollar el don del discernimiento para saber dnde est el criterio y la prctica diferente, y dnde lo antagnico que, para existir, necesita remover el orden de justicia social; orden que supere las jerarquas indecentes, la desigualdad que denigra la dignidad, y al egosmo que, hecho institucin, deshumaniza.

No se puede aspirar a recrear el proyecto de la Revolucin cubana sino se cree en la capacidad trasformadora, creativa y liberadora de la gente cuando es comunidad poltica, territorial, laboral, cultural. Ser revolucionario/a es entender que los valores emancipadores se educan y perduran en el testimonio de vida, en la prctica cotidiana, en el aprender haciendo, en toda la coherencia posible entre el pensar, el hacer y el sentir.

  1. El trmino Revolucin cubana se usa como referencia al proceso de las guerras de independencia del siglo XIX, pero tambin se extiende hasta el momento cumbre de la rebelin popular de 1953 a 1958. De igual manera, y sobre todo desde el discurso de Fidel Castro acerca del 10 de octubre de 1968, se presenta como una misma historia de transformaciones y lucha social, que se inicia en La Demajagua y llega hasta la actualidad. Por ltimo, se ha llegado a presentar como expresin de toda esta historia a la actual institucionalizacin estatal, al actual sistema poltico y al actual gobierno del pas. Entonces, nos preguntamos: qu es la Revolucin? Qu no es la Revolucin? Dnde est ella presente en las dinmicas del espectro poltico cubano? Tiene el Estado el monopolio de la Revolucin? Son los funcionarios los nicos que saben lo que la Revolucin necesita? Qu quiere el pueblo de Cuba en febrero de 2018?

No me aventuro a responder qu quiere el pueblo en el 2018, pero s creo que no podemos afirmar que hoy, necesariamente, este viva una profunda condicin revolucionaria. Tiene potencialidades revolucionarias por los acumulados de una larga historia de luchas y de logros polticos, pero igual manifiesta signos de conservadurismo, de individualismo, de despolitizacin, de desmotivacin por los proyectos colectivos, sociales, comunitarios. Esto prueba que el espritu de la Revolucin no es un Don divino, ni el pueblo una santidad eternamente ungida por este. Por el contrario, es un permanente desafo histrico a la conciencia y las prcticas polticas emancipadoras. Lo cierto es que si el pueblo no la siente como necesidad, poco podr esperarse.

Sin negar lo antes dicho, quiero poner un ejemplo de lo que significa que un pueblo, con las contradicciones, matices y particularidades que lo caracterizan, retome de manera radical, al menos simblicamente, su ser revolucionario. En sus dos ltimos congresos el PCC se defini como heredero del liderazgo histrico de la Revolucin. Un intento atendible por despersonalizar el sentido de lo revolucionario. Sin embargo, la muerte de Fidel devino en plebiscito espontneo sobre ese postulado y el resultado fue la consigna yo soy Fidel. Con ella, en realidad, la gente dijo yo soy el sujeto potencial de la Revolucin. Aun y cuando los contornos de esa sentencia son ambiguos, he aqu un dato alentador, aunque no definitivo, para la reelaboracin del pacto social cubano.

Prefiero, entonces, alterar el postulado de esta pregunta y ubicar la reflexin no en qu es, sino dnde est la Revolucin, la que entiendo ms como espritu, como sentido y contenido que como institucin u orden imperecedero. Ella se concreta en una dimensin circunstancial. Lo que quiero decir es que la Revolucin no est fuera del Estado y dentro de la sociedad, ni viceversa. No puede ser apresada eternamente en institucin, persona, grupo social u organizacin alguna. Estas pueden, durante un perodo de tiempo, ser un referente importante, condensar en sus prcticas los contenidos revolucionarios vigentes, pero nunca proclamarse la Revolucin.

Lo que resulta un contrasentido revolucionario es prescindir del dilogo, de la revisin y actualizacin permanentes, de la reinvencin de sus postulados. La Revolucin, en sus formas polticas y en su contenido emancipador, no puede estar nunca fuera o por encima de los oprimidos/as, de su capacidad de autorrealizacin, ya sea en las luchas raciales, territoriales, de gnero, clasistas, nacionales. El espritu, sentido, contenido revolucionario, se realiza en preguntas polticas concretas y actualizadas, cuyo alcance es ms promisorio si las formula y la responde el pueblo directamente.

Fuente: http://cubaposible.com/la-revolucion-pacto-social-cuba-entrevista-ariel-dacal/



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