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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2018

Los varones y el feminismo
El lugar de la incertidumbre

Ral Zibechi
Brecha / Rebelin


Hubo en la historia de la humanidad algn grupo social que abandonara voluntariamente sus privilegios?

Quien piense o sienta que los varones no tenemos ningn privilegio respecto de las mujeres (o quien crea, por ejemplo, que los blancos no tenemos privilegios respecto de los negros) puede abandonar la lectura en este punto, porque estas lneas no estn dirigidas a ellos, o ellas. Quien siga adelante, sepa que est ante un texto crtico pero, sobre todo, autocrtico.

El primer paso para cambiar algo es asumirlo. Ningn alcohlico, ningn adicto a cualquier otro tipo de droga, puede dejar la adiccin si no reconoce que tiene un problema. O sea, si no siente, en el alma y en cuerpo, que el consumo est produciendo un dao que slo se puede resolver trabajando muy duro para superarlo.

Asumirse como opresor no es nada fcil. En particular para las personas que somos de izquierda, que desde tiempos muy remotos nos pronunciamos contra todo tipo de opresiones: de clase, de raza, de sexo, de generacin, por convicciones religiosas o ideolgicas, entre otras.

No creo, en absoluto, en ese discurso que dice que el patriarcado y el machismo nos oprimen a todos, tambin a los varones. No es cierto. Es apenas un discurso polticamente correcto, que es una de las peores formas de abordar estas cuestiones que no son tericas (por lo cual no voy a apelar a intelectuales), sino afectivas, de piel, de sensibilidad. Argumentos hay para todo, y ahora aparecen los macho-izquierdistas, algunos radicales, que crearon ese mediocre adjetivo de feminazis, que habla ms de ellos que de las feministas.

Dos son las cuestiones que deberamos reflexionar, creo, los varones. Primero, lo que nos incomoda del empoderamiento de las mujeres, los porqus de esa incomodidad que, en ocasiones, resulta desconcertante por desafiante. La segunda consiste en el papel o lugar que podemos asumir quienes nos sentimos afines al feminismo o a la emancipacin de las mujeres.

EL ESCUPITAJO EN LA CARA.

Muchos amigos varones dicen que no entienden la agresividad de las mujeres que se insurgen, incluso de sus amigas y compaeras, ya que la consideran irracional. Por ejemplo, cuando al saludarlas se descuelgan con un Hola, linda. No me digas eso es, como mnimo, la respuesta airada. El tipo, los tipos, nos quedamos perplejos. Como cuando nos reprenden por decir negrito a un negro, un apelativo supuestamente carioso pero profundamente racista.

En una ocasin discutimos largo rato con un amigo sobre las posibles razones de esa irritabilidad femenina. Una mujer joven que lleg hasta donde estbamos (un sindicato o un centro social), pas por una sucesin casi interminable de acosos: frases groseras en la calle, tocamientos de nalgas en los mnibus, miradas soeces, y muchas otras que los varones apenas imaginamos. Por no mencionar violencias, incluso dentro de la familia, de parte de hermanos, padres, padrastros, tos, primos

Esa mujer seguimos razonando nos saluda y escucha ese Hola, linda, que desborda el vaso de la paciencia, precisamente porque se supone llegaba a un espacio que es solidario. Es molesto que te manden a la mierda, que te pidan silencio o te hagan el vaco. Pero, existe alguna otra actitud realmente posible?

Nunca en la historia los oprimidos se han puesto de pie luciendo gestos amables y ademanes corteses. La norma ha sido la transgresin rebelde y la bronca, que se desliza hacia la furia cuando del otro lado aparecen la intolerancia y la violencia. Se suela acusar a las feministas de extremas, de radicales o, con mucha razn, de intolerantes. Por qu habran de tolerar el acoso y la violencia?

Al lugar que pretendo llegar es al incmodo escupitajo en la cara de quienes se ponen de pie, con esos modales que no son precisamente fciles de aceptar por quienes nos sabemos, o no, opresores. Creo adems, por mi experiencia con comunidades indgenas y en favelas cariocas, que el acoso ms molesto es el que proviene de nuestros compaeros de izquierda, porque en su discurso dicen, decimos, lo contrario.

A los varones de izquierda, que supongo sern los que lean este semanario, quisiera recordarles que, en la carta de despedida a sus hijos, el Che escribi: y sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo ms hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad ms linda de un revolucionario.

El Che nunca fue feminista. Ni siquiera podra decir que era antipatriarcal o sensible a la emancipacin de las mujeres. Menos aun a la defensa de gays y lesbianas. Era un hombre de su tiempo, lo que no justifica en absoluto su insensibilidad frente a ciertas opresiones. Los revolucionarios pertenecieron al bando de los opresores. Como quien escribe estas lneas, y seguramente muchos de los que las leen.

LOS VARONES ANTIPATRIARCALES.

Me parece saludable que haya varones que acudan a los actos y manifestaciones del 8 de marzo, que participen en las Alertas Feministas cada vez que una mujer es asesinada por violencia de gnero, y as. Creo que est bien y es necesario.

Pero desconfo profundamente de los varones que se dicen feministas y antipatriarcales, aunque por cierto no es lo mismo. Porque el problema comienza precisamente en ese momento. Cmo acompaar? Desde qu lugar y con qu actitud?

Lo primero es dejar cualquier protagonismo, ablandar el ego. Eso nos dice que cuando participamos en esas actividades de mujeres no vamos a ocupar un lugar central, ni arriba de la tarima (ahora las mujeres tienden a rechazar las tarimas-plpitos porque de algn modo reproducen el patriarcado). Caminar al final de la marcha, o a los lados. O quedarse en casa cuidando a nuestros hijos o los hijos de amigas, cocinando o limpiando.

La segunda cuestin es resistir la tentacin de la bajada de lnea, de saber ya cul es el lugar que nos corresponde a los varones que no queremos reproducir la violencia machista pero tampoco el lugar del patriarca. Cmo hacer para no volverse fascista incluso cuando (sobre todo cuando) uno se cree un militante revolucionario?, escribi Michel Foucault en Introduccin a la vida no fascista.1

Es todo un programa que hace balance, macro y micro, de un siglo de socialismo real. Es una pregunta sin respuesta, o con respuestas apenas parciales. Nos invita a ocupar el lugar del no saber, de la incertidumbre, de la crisis personal y poltica. Porque no se sale del lugar del macho sin atravesar una profunda crisis de identidad, dolorosa, porque nos educaron en eso.

Los varones antipatriarcales (una categora ms que dudosa) deberamos tomar muy en cuenta la pregunta de Foucault. Primero porque no sabemos qu es eso de ser antipatriarcal. Puedo decir lo que no es (no golpears, no acosars, no humillars, etctera). Pero no puedo decir cul es el nuevo lugar. La tentacin de juzgar a los machistas es la peor, porque nos coloca como administradores de nuevos panpticos.

El lugar del no saber, el no saber qu lugar, siento que debe ser mantenido durante un tiempo ms o menos prologando, el suficiente para no congelar una nueva identidad, o un nuevo lugar. Porque la incertidumbre, el caminar a tientas en la oscuridad, permite desarrollar sensibilidades y sobre todo sentidos atrofiados por dcadas (siglos) de opresiones.

Un mundo pospatriarcal pasa por el empoderamiento de las mujeres. Los modos como acompaemos este proceso son inciertos. La nica certeza es la necesidad de remodelar el ser varn, que pasa bsicamente por dejarnos afectar, para sentir-nos de otros modos. Es un arte, no una lnea poltica, siempre imperfecta.

1. En El anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Flix Guattari.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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