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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2018

Apunte para la reforma constitucional
Un sistema electoral deficiente

Juan-Ramn Capella
Infolibre


El sistema electoral espaol no lo modela solo la Constitucin: hay adems una ley electoral. Entre ley y superley construyen una especie de fraude electoral sistmico, reiterado en cada eleccin, pues el sistema tira a la papelera muchos votos y tiene muy poco de proporcional.

No hay sistema electoral perfecto dicen, y es verdad; pero se le quita importancia a la clamorosa imperfeccin del que tenemos al aducir que ha dado estabilidad al orden poltico en su conjunto.

Quien as opina adopta, obviamente el punto de vista de los elegidos y no el de los ciudadanos, los electores. Tropezamos aqu con una de las caractersticas del sistema constitucional actual: se trata de un sistema centrado en los partidos, partitocrtico, y no en la ciudadana, en las personas vistas polticamente. Dicho de otra manera: se ha creado una cultura poltica cuyo eje son los partidos y no la ciudadana, la gente, que ha modelado las percepciones de los analistas y de los comentaristas. El resultado: una cultura poltica superficial.

Examinemos, en concreto, cmo es el proceso electoral y cules son sus condiciones bsicas.

La parte que corresponde a la Constitucin del 78 en este aparato comevotos es la siguiente: dispone que el sistema ha de ser proporcional. Estipula que la circunscripcin electoral es la provincia, y en lo que atae a las elecciones al congreso de los diputados lo principal a tener en cuenta aqu, establece que ste puede tener de 300 a 400 diputados.

El resto del dibujo lo establece la ley electoral general. Esa ley, en lo esencial, recoge un proyecto preconstitucional de Fraga Iribarne, al que se han aadido pequeas modificaciones que no hacen al caso respecto del problema de la falta de proporcionalidad.

Lo esencial de ese dibujo es lo siguiente: se trata de un sistema electoral plurinominal y no de un sistema uninominal, de lista bloqueada. Cada partido o agrupacin de electores propone la suya. El ciudadano no tiene nada que tachar o aadir: solo puede dar su aquiescencia a una lista. Solo su aquiescencia, pues como se ha sealado se trata de un sistema electoral esencialmente partitocrtico, donde se da preeminencia a los partidos y no a los ciudadanos. A stos se les hubiera podido empoderar de otra manera; por ejemplo, con la posibilidad de tachar nombres de las listas o la de ejercer un voto doble: de voto (afirmativo) y de veto, de castigo a listas o a nombres.

La diferencia entre los sistemas de lista y los uninominales reside, en que en estos ltimos, con gran nmero de distritos electorales, se da una posibilidad de mayor conocimiento y control de los candidatos y de su trayectoria poltica por parte de los electores; mientras que en los sistemas plurinominales la preferencia se refiere a partidos y no tanto a personas.

El proceso electoral espaol es proporcional a una sola vuelta electoral. En Francia, p.ej., el proceso es mayoritario a doble vuelta: en la primera slo quedan elegidos los candidatos que superan determinadas mayoras, lo que permite alianzas entre los partidos para la segunda ronda electoral que elegir a los dems. El sistema a una sola vuelta favorece la formacin de dos grandes partidos hegemnicos, mientras que la doble vuelta favorece un sistema de partidos mltiples y flexibles, capaces de aliarse con facilidad para la segunda ronda.

El sistema electoral espaol es formalmente proporcional por definicin de la Constitucin, pero materialmente no lo es o lo es muy poco: ste es el quid de la cuestin electoral.

Los dos pasos que destruyen la proporcionalidad los dan las circunscripciones electorales y el sistema de asignacin de escaos.

Veamos primero el dibujo de las circunscripciones. La parte principal de la mquina de engullir votos corresponde a la ley electoral. Para empezar, asigna un mnimo de dos diputados por provincia y a Ceuta y Melilla uno a cada ciudad. Fija en 350 el nmero de diputados. Y para distribuir los 248 diputados restantes hay que contemplar dos cosas: la distribucin de escaos por provincia y la asignacin de escaos en funcin de los resultados del escrutinio.

La atribucin de un mnimo de dos diputados por provincia significa que en las provincias menos pobladas se exigen muchos menos votos para determinar un diputado que en las ms pobladas. He aqu una primera y grave ruptura del principio constitucional de la proporcionalidad. Se favorece de un modo general que sean las provincias del despoblado mundo agrario el que prevalezca en detrimento de las grandes ciudades. Como si el sistema de la ley se hiciera contra los votantes de Madrid y Barcelona.

Pero la desproporcin queda determinada incluso antes, en la propia Constitucin, al establecer que la circunscripcin electoral es la provincia. Claro: las comunidades autnomas no existan en 1978; habindolas, las circunscripciones electorales deberan ser stas, lo que hara consecuente no primar a nadie y repartir todos los escaos estrictamente en funcin de la poblacin con derecho a voto de cada comunidad autnoma.

El nmero de diputados del congreso influye tambin en la desviacin de la proporcionalidad. Si se aceptara el nmero mximo posibilitado por la Constitucin actual, 400 nmero muy inferior a los 500 o ms diputados de sistemas cercanos, la distribucin de escaos podra aproximarse ms al mandato constitucional de la proporcionalidad.

Un ejemplo claro de desproporcin escandalosa en la asignacin territorial de escaos lo suministra, aunque en elecciones autonmicas, la Disposicin Transitoria Tercera del Estatuto cataln de 1979: una norma transitoria cuidadosamente conservada en vigor hasta hoy, y que ya dura casi cuarenta aos.

En virtud de esa norma, en Barcelona ha de haber un diputado cada 50.000 habitantes, con un mximo de 85, y en las restantes provincias catalanas uno cada 40.000, hasta 50 diputados.

Si multiplicamos 50.000 por 85 obtenemos la cifra de 4.250.000, inferior en ms de un milln y cuarto a la poblacin de la provincia barcelonesa, que era de 5.543.000 habitantes en 2016. Dicho de otro modo: Barcelona tendra que elegir no 85 diputados sino por lo menos 110. Los casi dos millones de habitantes totalizados por las restantes provincias catalanas eligen 50 diputados al parlamento cataln. Eso basta para explicar, sin ms, por qu en elecciones catalanas la mayora de votos puede no traducirse en mayora de escaos.

Adems, si en la provincia de Barcelona se diera un diputado cada 40.000 habitantes, como en las dems provincias catalanas, entonces su nmero tendra que elevarse a 138 por lo menos. Est claro que los habitantes de la provincia de Barcelona sufren un tipo nuevo de discriminacin: discriminacin geogrfico-poltica en elecciones autonmicas.

La distribucin de escaos por provincia en la ley electoral general no es tan escandalosa como en Catalua, que tambin usa esa ley, aunque lo hace con la excepcin en la distribucin de escaos antes referida, pues a sus mayoras parlamentarias la tal excepcin les ha parecido mejor que tener una ley electoral propia.

Todo lo anterior se refiere al desproporcionado nmero de escaos asignado a las circunscripciones electorales. Lo que sigue se refiere al sistema de asignacin de los escaos de cada circunscripcin, esto es, al sistema por el cual los votos determinan la asignacin de los escaos a cada partido o agrupacin de electores. Atenderemos al sistema referido al Congreso de los diputados.

Se hubiera podido recurrir a otros sistemas de asignacin (parece que el ms proporcional es el mtodo de Sainte Lagu, no adoptado aqu). La traduccin de los votos en escaos se rige por un mtodo derivado de la ley matemtica d'Hont que expone el art. 163 de la ley electoral.

Ante todo se prescinde de dos tipos de votos: los de los partidos o agrupaciones que no superan el 3% del total, por una parte, y por otra los votos en blanco.

Los votos en blanco expresan falta de confianza en las propuestas polticas o en los equipos polticos que se presentan a las elecciones. La prctica de excluirlos puede ser considerada antidemocrtica. En circunstancias normales, se trata de pocos votos ciudadanos; sin embargo en alguna circunstancia el nmero de votos en blanco puede crecer, y hasta resultar abrumador. El Ensayo sobre la lucidez de Saramago se puede ver como un aviso potico al respecto. Por eso cabe proponer que esos votos se tengan como "votos a la agrupacin de los votos en blanco", y dejar escaos vacos en caso de que el nmero de aquellos votos les permita entrar en lnea de cuenta en una distribucin proporcional.

Tambin podra ser discutible el precepto legal de prescindir de los votos que no superan la barrera del 3% en una circunscripcin electoral. Sobre todo porque, de aceptarse una de las propuestas de reforma constitucional que figuran ms abajo, esos votos esas voluntades ciudadanas podran llegar a surtir efectos.

El procedimiento general de asignacin es el siguiente: en cada circunscripcin se ordenan de mayor a menor, en una columna, los votos de los partidos que han obtenido ms del 3% del total. Luego cada una de esas cifras se divide por 1, 2, 3... hasta el nmero de escaos a distribuir, formando filas con esos cocientes. Los escaos se asignan a los partidos que obtienen los cocientes mayores.

Este sistema de reparto tiene la caracterstica de inutilizar gran nmero de votos, que nunca entrarn en lnea de cuenta. Son los votos que han dado lugar a cocientes que no determinan nada en ningn caso.

Eso hay que cambiarlo: tras cada voto despreciado por el mecanismo electoral de asignacin de escaos hay un ciudadano despreciado.

El modo de acabar al menos, significativamente con la inutilizacin de votos constira en la creacin, al lado de unas nuevas circunscripciones electorales por comunidades autnomas, de un Colegio Estatal de Restos al que fueran a sumarse los votos de cada partido que no han entrado en lnea de cuenta en las circunscripciones, as como el total de los votos en blanco, y distribuir en ese colegio un nmero concorde o proporcionado de escaos a los partidos o agrupaciones de electores.

En conclusin: habra que modificar la Constitucin y la ley electoral en los siguientes puntos:

Ninguna reforma de la Constitucin de 1978 sanear el sistema parlamentario si no se reforma el sistema electoral, si no se acaba con el escndalo del desprecio a la proporcionalidad, que es desprecio a la ciudadana.

En los aos de vigencia del sistema constitucional las opciones polticas reales de la ciudadana no se han visto reflejadas con exactitud en el parlamento. Si as hubiera sido, otras hubieras sido las mayoras, otras las alianzas, y seguramente menor la corrupcin poltica. El sistema electoral es una de las grandes vergenzas del sistema poltico espaol. O ms exactamente: el sistema tiene beneficiarios y perjudicados: vergenza para los beneficiarios opuestos a la rectificacin.

Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/02/07/un_sistema_electoral_deficiente_apunte_para_reforma_constitucional_74965_2003.html



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