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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2018

Feminismos & Lucha de clases
Por qu me tiene harta el grito: Primero es la lucha de clases!

Mariana Menndez
Contrahegemona

Reflexin critica sobre la relacin del feminismo con la lucha obrera


Empec a participar de la militancia social en la dcada del noventa, como muchxs de mi generacin. El voto verde y los sucesos del filtro nos impactaron fuertemente. Luego vinieron las ocupaciones estudiantiles del 96, las radios comunitarias, la lucha contra las privatizaciones, los centros de estudiantes, la crisis del 2002 y las huelgas.

Lxs zapatistas lanzaban sus palabras, los Sin Tierra invitaban a sus espacios de formacin poltica, Bolivia arda defendiendo el agua y la vida, Argentina temblaba con lxs piqueterxs, los presidentes eran tumbados y el neoliberalismo puesto en jaque. Me cri en una vida poltica rodeada de varones; tambin de muchas mujeres pero que por lo general hablbamos poco y bajito.

El feminismo me llego ms tarde de lo que me hubiera gustado y viendo hoy a las compaeras ms jvenes les envidio su desfachatez. Me cri bajo el lema de la lucha de clases y luego tuve que escuchar hasta el hartazgo que el feminismo es una ideologa pequeoburguesa, que la diferencia entre hombre y mujer es la misma que entre tener o no tener lentes, lo cual me ofende doblemente porque tengo una miopa de siete.

En la mayora de los casos hemos elegido no poner nfasis en debatir con las concepciones ms dogmticas de la izquierda. Pero a esta altura creo que escribo ms por necesidad vital que por racionalidad estratgica, ya aprend que lo primero como motor siempre es ms frtil. Tambin, porque no para de sorprenderme la resistencia que genera entre los compaeros este momento de lucha de las mujeres.

S que ven cuestionados sus privilegios, s que han naturalizado su poder y que la masculinidad dominante en la que han sido acunados y criados es como una especie de anteojera. S de los hbitos de la militancia a los que estn acostumbrados, en donde ellos marcan las prioridades, construyen los marcos generales y nosotras hacemos ajustes tcticos y las tareas operativas de todo de tipo, desde que haya comida hasta escribir las actas. Y en muchos casos todava hay mujeres en sus casas cuidando y criando a sus hijxs mientras ellos militan 24 por 24 como si no los tuvieran. A pesar de entender todo lo anterior, igual no pierdo mi capacidad de asombro ante cada bloqueo y cada insistente buscarle el pelo al huevo.

La anteojera que no quieren o no pueden quitarse tambin est tejida por variados dogmas, un sistema de ideas cerrado que se puede aplicar a la realidad, aunque sta grite desesperada sus inesperados, sus transformaciones. En lugar de mirar lo que la lucha va abriendo, repiten consignas como autmatas: el sujeto es uno! el sujeto es la clase obrera y punto!.

Cuando vuelvo a escuchar por ensima vez estas afirmaciones me viene a la cabeza Raquel Gutirrez. Por suerte tenemos esas poderosas brujas mayores. Ella dice: no es que las compaeras jvenes no conozcan el canon (revolucionario del S.XX, el marxismo, el anarquismo), es que lo estn cuestionando. Y este cuestionamiento no es solo terico, por supuesto!, es profundamente prctico.

La huelga desatada el 8 de marzo del 17 -en esa recuperada fecha icnica de las luchas obreras y de las mujeres- y la que acontecer en el 18 es un torrente compuesto de mil ros, arroyos y mares que desembocan en un ya basta comn, planetario.

Atrs quedaron en Amrica Latina los feminismos liberales encerrados en encorsetadas agendas y desconectados de las luchas sociales, para ver ante nuestros ojos la reemergencia de feminismos populares, comunitarios, autnomos, indgenas, campesinos y villeros. Feminismos hijos de las luchas de las mujeres indgenas, de las mujeres de principios del siglo XX, de las compaeras de los sesenta, de las luchas contra la dictadura y contra el neoliberalismo.

Ayer y hoy, estallan ante nuestros ojos las ms variadas imgenes de mujeres poniendo el cuerpo a las ms duras y estratgicas batallas. La lucha abierta por las mujeres -por las mujeres que nos nombramos explcitamente feministas populares y por las que saben de su opresin y son como nosotras mujeres en lucha- es tambin lucha de clases! Porque desde este habitar el abajo siendo mujeres desplegamos una lucha que corroe las relaciones capitalistas y patriarcales en mltiples sentidos. Primero, porque seala la amalgama de complicidades, las prcticas de mutuo reforzamiento entre el capital, el patriarcado y el colonialismo racista en Amrica Latina.

El hilo comn que podemos observar es la violencia, el despojo por mltiples formas de nuestros medios de existencia y de nuestras capacidades polticas colectivas (Gutirrez, 2015). La violencia que estalla en las manos de un varn en la casa es solo una muestra atroz de la violencia social dirigida, en este caso, sobre nuestros cuerpos de mujeres, trans y lesbianas, tambin sobre lxs jovenes y nixs.

Y la precariedad, la violencia sistmica sobre los varones, el desprecio de la vida y de todo lo considerado femenino es su caldo de cultivo. Segundo, porque ya es tiempo de pensar las conceptualizaciones sobre la clase social de un modo ms frtil. Hay ros de tinta sobre este debate, hay experiencias de luchas contundentes en nuestro continente de las cuales aprender. El paro del 17 ilumin las diversas formas actuales de trabajo de las cuales se nutren las relaciones capitalistas para perpetuarse.

Ya desde los setenta muchas feministas vienen evidenciando el papel del trabajo invisibilizado y no pago de las mujeres en el sostenimiento del mundo de la produccin (Federici, 2010, 2013; Dalla Costa 2009). Tambin nuestro rol en el trabajo de reproduccin de la vida, por parir y cuidar a lxs trabajadores que luego sern explotados en el mercado. Otras estn estudiando hoy las economas populares; el trabajo y la experiencia migrante; el endeudamiento que pesa sobre las mujeres por causa de las polticas de inclusin por el consumo, deudas contradas en muchos casos para sobrevivir y parar la olla; preguntndose qu implica para nosotras la centralidad del capital financiero hoy (Gago, 2014).

La precariedad es otra idea clave, ella nombra nuestras vidas. Nada de clase media! Somos precarias con ms o menos urgencia e intensidad, desde la estudiante universitaria que trabaja en el call center al tiempo que sostiene las alertas feministas, pasando por las que este mes organizamos tres o cuatro mudanzas mientras organizamos tambin el paro (porque los alquileres nos asfixian), hasta aquellas mujeres de la periferia de la ciudad que luchan por sobrevivir casi sin ingresos. Tercero, porque el mundo popular, las clases subalternas, son heterogneas y estn atravesadas y divididas por las construcciones de gnero y raza.

El imaginario poltico que cuando suea la transformacin slo puede pensar en un varn de overol o un piquetero de cara tapada nos bloquea. La consigna de unidad ramplona nos paraliza, sobre todo cuando esa unidad significa todos juntos pero mando yo!. Porque tambin el mundo popular est atravesado por relaciones de poder y ellas favorecen nuestras derrotas. Son divisiones que fueron creadas y recreadas para ordenarnos de tal modo que nos mantengamos separados unxs de otrxs, entretenidxs en mantener nuestros mseros privilegios sintindonos superiores a otrxs tantxs.

Si de algo estoy segura es que la lucha feminista viene hoy para hacer temblar todo: los modos de vida, el trabajo, las formas de explotacin, las formas de crear conocimiento, las formas de amar, el erotismo, la forma de hacer y pensar la transformacin, todo! Qu pensaban, que cambiar las cosas se trata de un slo da donde tomamos el palacio de invierno? que cambiamos las formas de propiedad y todo lo dems se mantiene igual?.

Pues no, la rebelin en marcha cuestiona las ms variadas aristas de la dominacin y la explotacin, y no hay manera de controlarla ni de fijar una rgida lista de prioridades estratgicas o reclamos fragmentados. Las mujeres vamos haciendo lo que podemos y como podemos desordenadamente, en un caos creativo que va produciendo potentes procesos de auto organizacin.

Procesos que no esperan al da d, vidas que quieren ser vividas con dignidad ahora mismo, y que suean tambin con transformarlo todo, con construir desde el hoy una sociedad completamente distinta, aunque ustedes y sus lentes no puedan vernos.


Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/por-que-me-tiene-harta-el-grito-primero-es-la-lucha-de-clases/


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