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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2018

Luchas y abrazos a un ao de la Masacre en Pergamino

Leandro Albani
La tinta


Se cumpli un ao de la Masacre en Pergamino, donde siete detenidos en la Comisara Primera murieron en medio de un incendio mientras los policas no hacan nada. El viernes y el sbado pasados en toda la ciudad retumb el reclamo de justicia.

Cientos de personas. La avenida de Mayo de Pergamino est inundada con las caras y siluetas de los siete pibes. Las banderas flamean. Una muchedumbre camina y reclama. Las madres y las novias de los chicos van adelante, encabezando la marcha. Junto a ellas, con esa sana mezcla de ternura y fortaleza, camina Nora Cortias, de Madres de Plaza de Mayo Lnea Fundadora-. Claro, todos le decimos Norita.

Caminamos, frenamos, hay llantos, se escucha una y otra vez- Cmo a los nazis les va a pasar, a dnde vayan los iremos a buscar!. Ese reclamo no tiene matices. Apunta directamente a los responsables del asesinato, el 2 de marzo de 2017, de Alan Crdoba, Fernando Latorre, Franco Pizarro, Juan (Noni) Cabrera, Jhon Claros, Sergio Filiberto y Federico Perrota. Los responsables: el comisario Sebastin Alberto Donza en la actualidad prfugo y buscado- y los oficiales Alexis Eva, Carolina Guevara y Ezequiel Giuglietti, el sargento Csar Carrizo y el teniente primero Juan Rodas. De los cinco policas, cuatro disfrutan de prisin domiciliaria. A eso, en este pas, le dicen cumplir con lo que estipula la ley.

Por la avenida de Mayo la movilizacin se expande, ocupa todo lo ancho de la calle. Qu piensa la gente que mira desde las veredas? Saben lo que sucedi? Sienten, en algn rincn de sus cuerpos, el dolor lacerante de madres y familiares? O dicen, sin demasiados reparos, que eran negros, que se jodan, que se lo buscaron? No sera raro en una ciudad en donde ms de la mitad de la poblacin opt por la derecha en las dos ltimas elecciones.

Cuando la marcha ingresa a la peatonal las miradas se multiplican. Qu significan? Que algo se mueve en la ciudad, que ese trayecto hasta la Comisara Primera -donde la polica dej que un pequeo incendio se transforme en una masacre- resuena; a veces menos, otras veces ms, pero repercute en una ciudad que siempre se enorgulleci de las buenas costumbres enseadas por los dueos de la tierra.

La comisara est apenas a una cuadra, en la esquina del Banco Nacin, en pleno centro de la ciudad, a pocos ms de cien metros de la iglesia Merced, a la vuelta de la Municipalidad. Segn las pericias de la causa judicial, los gritos de los chicos se escuchaban desde una cuadra. Pero los policas no hicieron nada o, mejor dicho, se rean del humo que consumi esas vidas.

* * *

Son siete velas con los nombres de los pibes. Las van dejando sobre la vereda, prolijas, cargadas de emocin y rabia. Al fondo est el portn de la comisara, ahora vaca. Sobre el portn, descascarado y semiabierto, un cartel dice: Fue una masacre. La F es un nmero siete. Por las rejas del portn se puede ver una oscuridad profunda. Cuando se afina la vista tambin se distingue otro portn, negro y ttrico; un paredn de acero que los policas nunca abrieron.

Todo sucede entre gritos contra la polica, reclamos para que entreguen a Donza, llantos desesperados y abrazos que contienen. Pergamino escucha, como hace 365 das, la demanda de justicia por parte de los familiares y amigos y amigas de los pibes. Pese a las reticencias de la ciudad, construida sobre los mejores campos sojeros del pas, algo se mueve, resuena e incomoda. Pero tambin sensibiliza. Son, sin duda, las madres y novias de los chicos. Como se repite en la historia de la humanidad, en los momentos de crisis las mujeres siempre se ponen al frente. Aunque las silencien, las oculten, tergiversen su participacin fundacional de las sociedades.

En Pergamino, esa negacin hoy recibi una cachetada.

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Diego siempre saca fuerzas del pecho, traga saliva y grita los nombres de los pibes. La respuesta de la gente es la misma: Presentes!. Diego es el hermano mayor de Sergio Filiberto o Sergi, como le decan sus amigos. El recuerdo de la ltima vez que vio a su hermano lo tiene tatuado en el cuerpo. Desde la celda, Sergio levant una mano y lo salud con esa media sonrisa un poco tmida que se le dibujaba en la cara.

Frente a la comisara, Diego agarra una bandera negra y comienza a atarla en el mstil que est al borde de la vereda. Lo miro. Parece que pelea con la bandera. Me imagino que su vida, en ese preciso momento, se va en que esa bandera negra se aferre a la soga del mstil. En las marchas, Diego nunca pierde la calma, su cara es seria y altiva. Como ahora. Tambin imagino las tardes en que se cruzaba con Sergio en la cancha de Douglas Haig. Fogoneros, los dos. De chiquitos, del barrio de la UOM al estadio Miguel Morales. Durante aos.

Diego ata la bandera. Pergamino sobrevive a un sol implacable. No hay viento, ni siquiera una brisa reparadora. Diego iza la bandera. Estallan los aplausos. La bandera negra dice: JUS7ICIA X LOS PIBES ASESINADOS X LA POLICA. PERGAMINO.

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Norita se pone al frente del megfono. Los 30 mil estn ac, junto a nosotros, exigiendo justicia por los siete, afirma con la autoridad que le dan los aos de lucha. Nora, con sus casi 88 veranos a cuestas, demuestra su fuerza, mientras todos y todas escuchamos, y ella parece iluminar en el medio de la multitud. Atrs, el edificio desocupado de la comisara. El mismo lugar donde funcion un centro clandestino de detencin en la dictadura militar. Una tumba, como alguna vez describi a esos lugares el escritor Enrique Medina. As era la comisara que ahora trasladaron, pero que sigue funcionando con las mismas lgicas de represin.

El Estado es responsable, agita Nora y cuenta que mientras marchaba miraba a la gente parada a los costados de la calles. Ella sabe que muchas de esas personas sienten el dolor de las familias, y que con el tiempo se van a animar a marchar, a reclamar. Cuando habla, Nora siempre dice que hay que seguir, que no se pueden bajar los brazos, que la justicia est en nuestras manos.

Quienes toman el megfono transmiten fuerza y nimos. Frente a la comisara se genera un torbellino de recuerdos, abrazos, lgrimas, sonrisas. Lo que sucede en ese momento tal vez se pueda definir con esa lnea que alguna vez cantaron Los Redondos: Las despedidas son esos dolores dulces.

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Sbado 3 de marzo. Parque Espaa, en el viejo ferrocarril de la ciudad. Un espacio amplio y verde, al fondo el puente de fierro que une el centro con el barrio Acevedo, los galpones y talleres derruidos, moles que recuerdan las pocas de bonanza de un pas terrateniente.

Hay festival en el parque. Y mucha gente: familiares de pibes asesinados por el gatillo fcil, representantes de la Comisin Provincial por la Memoria y CORREPI, periodistas de medios alternativos, una muestra fotogrfica, bandas de rock y cumbia, un puesto que vende gaseosas, tortas, hamburguesas, pizzas, panchos y arepas, estas ltimas a cargo de Lorena, la hermana de Jhon Claros, que junto a su mam Carmenza llegaron hace unos das a la ciudad. Fue un esfuerzo enorme el viaje, de Yumbo a Pergamino, escala mediante y maratnica en Lima, Per. Los familiares de los chicos asesinados y el grupo Justicia X los 7 recaudaron fondos para pagar los pasajes. No hay fronteras ni barreras cuando existen ganas de encontrarse. Eso les pasaba a todos: la necesidad urgente de abrazar a Carmenza y a Lorena. La distancia entre Argentina y Colombia reforz una relacin construida desde el dolor y la lucha.

Camino por las calles en que caminaba Jhon me dice al otro da Carmenza-, pero no lo puedo encontrar.

En Parque Espaa la gente se suma durante toda la tarde. Algunos corren para resolver el sonido del escenario, otros organizan una pantalla para proyectar trabajos audiovisuales sobre la masacre que realizaron alumnos de varios colegios secundarios. Un grupito hace serigrafa y estampa remeras con la leyenda Justicia x los 7.

Con Roma nos sentamos un rato a la sombra. El sol pega duro. Ella saluda a Andy, la hermana de Sergio. Estudiaron juntas, se abrazan fuerte. Despus nos acomodamos en el pequeo anfiteatro del parque. Llegan los amigos: Diego, El Luzbel, El Pelado, Lucas. Todo es abrazos, en qu ands, ganas de escuchar rock y demostrar desde donde nos sale- que estamos con las familias de los pibes.

Durante toda la jornada hay micrfono abierto. Sube Anabel, la novia de Franco Pizarro, la madre de sus tres hijas. Anabel, petisita, de voz suave y delicada, lee una carta que le escribi a Paco. Duele Paco, duele mucho. Anabel le dice y nos dice para que todos lo sepamos que ella se siente culpable por lo que pas. Su voz parece quebrarse, irse a la banquina, pero no, Anabel sigue hablando hasta que las lgrimas le arrasan las palabras. Aplaudimos. Algunos aguantamos con los ojos como si fueran lagos cristalinos a punto de desbordarse. Al costado del escenario, Anabel parece rodeada de una soledad insoportable. La tarde que se escabulle por las vas la refleja en un mundo que ya no es. En ese instante donde la vida se transforma en un desierto, se le acerca Alicia, la mam de Paco. Y la abraza, la abraza fuerte. Que ningn desierto nos robe la vida, pienso. Ahora Anabel est rodeada de los familiares. Es un abrazo colectivo, un abrazo que no respeta fronteras. Ahora Anabel sabe que el dolor profundo que siente no pesa tanto.

* * *

La Comisin Provincial por la Memoria entreg un informe al cumplirse un ao de la Masacre en Pergamino. Mientras la tarde transcurre en Parque Espaa marco algunos prrafos a las apuradas.

-Estaban bajo la custodia del Estado y detenidos de manera ilegal, puesto que se encontraban alojados en una dependencia policial que no reuna las condiciones indispensables para albergar a personas de manera digna y menos por un lapso prolongado.

-Como la CPM lo ha venido denunciando, aun en su gravedad, no fue un hecho excepcional: el incremento de personas alojadas en comisaras es constante desde el 2014 a la fecha, revirtiendo la tendencia decreciente en los 7 aos anteriores.

-Tal como ha reconocido el propio gobierno de la provincia de Buenos Aires, la cantidad de personas detenidas en comisaras triplica las plazas existentes, es decir, la cantidad de camastros. En 1.054 camastros, que ni siquiera podran contarse como plazas o cupos segn estndares internacionalmente reconocidos, se alojan 3.321 personas.

-De las 458 comisaras, solo 177 estn habilitadas para alojar detenidos. Las restantes 281 fueron clausuradas por orden judicial o resolucin de la propia administracin. Pero 112 de estas comisaras inhabilitadas alojan detenidos: el propio Estado incumple las resoluciones judiciales o las propias. Esto implica que 1.357 personas (1.236 varones y 121 mujeres) se encuentran detenidas en espacios no habilitados para este fin.

-En estas crceles ilegales, el Estado muestra su peor cara: aloja a personas que estn bajo su custodia bajo la ficcin de la resocializacin, pero vulnerando todos sus derechos y sometindolas a mltiples padecimientos y torturas.

Una muestra contundente de la situacin carcelaria en Argentina. Por eso, los familiares y amigos de los pibes no se cansan de repetir: No fue un motn, fue una masacre.

Fuente: https://latinta.com.ar/2018/03/luchas-abrazos-masacre-pergamino/



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