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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2018

Donald Trump lleva a la guerra comercial

Alejandro Nadal
La Jornada


Una maana de junio de 1930 el presidente Herbert C. Hoover recibi en la Casa Blanca al banquero Thomas Lamont, socio del banco J. P. Morgan. Lamont relat poco despus lo que sucedi en la entrevista: Casi me arrodill para rogarle al presidente que ejerciera su poder de veto contra la estpida ley Hawley-Smoot. Esa norma contemplaba aumentar los aranceles de cientos de artculos importados por Estados Unidos a fin de proteger empresas y fuentes de empleo.

La ley haba sido aprobada en mayo por ambas cmaras, pero Hoover todava poda vetarla y regresarla al Legislativo. Aunque el banquero tena toda la confianza del presidente, ste decidi firmar el decreto dando plena vigencia a ese instrumento legal e incrementando los aranceles de 890 artculos, desde bienes manufacturados hasta productos agrcolas. De golpe se desat una feroz guerra comercial, justo cuando el mundo se hunda en la Gran Depresin.
La ley Hawley-Smoot no provoc esa gran crisis, pero s contribuy a hacerla ms profunda y larga. La guerra comercial que ayud a desatar sirvi para que la depresin cruzara todas las fronteras. Y el mensaje de proteccionismo txico acentu los efectos de la crisis: entre 1929 y 1933, los flujos del comercio internacional se desplomaron de 5.3 a 1.8 mil millones de dlares (mmdd).

Es importante recordar este triste episodio a la luz de las amenazadoras medidas recin adoptadas por Donald Trump. Los aranceles de 25 y 10 por ciento impuestos por la Casa Blanca a las importaciones de acero y aluminio, respectivamente, sern contraproducentes por dos razones importantes.
Primero, porque estas medidas desatarn una guerra comercial generalizada cuando los pases afectados apliquen medidas compensatorias. La UE, por ejemplo, ha declarado que podra imponer aranceles a las importaciones de motocicletas Harley Davidson, a los jeans y hasta al whisky bourbon. Pero las guerras comerciales reducen el crecimiento y la generacin de empleos. No es lo que necesita la economa global que sigue dolindose de la gran crisis financiera de 2008.

Segundo, los efectos en cascada dentro de la economa estadounidense afectarn en forma negativa a las empresas y trabajadores de las industrias usuarias del acero y aluminio importados. Sectores como el automotriz, el de electrodomsticos y el de la construccin sern afectados por el incremento del costo de sus insumos. Y si los asesores de Trump creen que estos aranceles conducirn a una expansin de la industria de acero y aluminio, deberan pensar dos veces, pues construir una nueva planta en esas industrias no se hace de la noche a la maana. Los aranceles no frenarn la declinacin industrial en Estados Unidos.

La Casa Blanca afirma querer recuperar la grandeza de la industria de acero y aluminio. Pero la historia demuestra que la declinacin de esas ramas de la produccin en Estados Unidos se debe ms a sus propios errores que a otra cosa. En el caso del acero, despus de la segunda guerra, el dominio de la industria estadunidense era total, y por esa razn se mantuvo fiel a la tecnologa tradicional con hornos tipo Bessemer. Pero desde los aos 50 los europeos comenzaron a experimentar con tecnologas ms eficientes (inyeccin directa de oxgeno) que pronto comenzaron a dominar en esa rama. Para los aos 70, los hornos de arco elctrico tambin se haban difundido, mientras los gigantes de la industria en Estados Unidos se mantenan aferrados a la vieja y rgida tecnologa. En conclusin, la falta de competitividad de la industria acerera estadounidense se debe a su complacencia. Pero para esa enfermedad, la medicina correcta no es una mayor dosis de proteccionismo.

Los aranceles anunciados por Trump son una advertencia ominosa. Ya en enero grav las importaciones de lavadoras y paneles solares y las nuevas medidas confirman su bravuconera en el mbito de la rivalidad comercial. Hoy las probabilidades de que Trump reviente las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN) se han incrementado significativamente. Sus principales asesores en materia comercial, comenzando con el secretario de Comercio, Will Ross; el representante de Comercio, Robert Lightizer, y el presuntuoso e ignorante asesor especial, Peter Navarro, han desplegado abiertamente una postura antiTLCAN. Hoy ese instrumento entreguista del que tanto se enorgullecen los tecncratas neoliberales est pendiendo de un hilo.

Si algo nos ensea la historia econmica es que las guerras comerciales no sirven para cambiar el curso de las profundas restructuraciones econmicas que sufren las economas capitalistas. Esas modificaciones tectnicas no se pueden revertir con aranceles o cuotas de importaciones. Adems, la historia revela que con frecuencia las guerras comerciales han estado estrechamente vinculadas a rivalidades por mantener una hegemona monetaria. Es casi normal que por sus efectos econmicos negativos, los conflictos comerciales tambin terminen por conducir a guerras armadas. El contexto actual mundial tiene todos esos ingredientes de un coctel explosivo. La conflagracin tendr repercusiones aterradoras.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/03/07/opinion/027a1eco?partner=rss



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