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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2018

El seor compaero

Ernesto Prez Castillo
Progreso Semanal


La primera vez que alguien me llam seor en medio de la calle, segu de largo otro par de pasos como si conmigo no fuera, porque aquello de seor no haba manera de que pudiera ser conmigo, y casi me cuesta una multa el no haberme detenido de inmediato.

Nunca, nadie, jams, me haba llamado as. Esa palabrita no exista en mi vocabulario, siempre me haba sonado despectiva y era ms una ofensa que otra cosa.

Eran los inicios de los noventa y yo vagabundeaba en los alrededores del hotel Habana Libre (pero creo que entonces se llamaba Habana Libre Trip, aunque despus ha tenido muchos otros nombres), y volv a escuchar la palabreja detrs mo, pero ya era casi un grito, una orden, y una amenaza, todo eso a la vez.

Me di la vuelta y fue entonces que lo vi: quien me trataba de seor era ni ms ni menos que un polica. Lo mir a los ojos y en el mismo tono en que l casi me grit, le solt: compaero.

Esa, la palabra compaero, era desde mi infancia el brete ssamo de todas las puertas, el santo y sea que me explicaba el mundo, el modo educado y decente de tratar a los dems, la manera fcil y sencilla de sentirte igual entre iguales, aun cuando el sueo de aquella igualdad fuera solo una ilusin. Pero era un buen sueo y una ilusin que vala la pena.

Y de los sueos, ya se sabe, lo nico seguro, lo nico que cabe esperar, es que en algn momento tendrs que despertarte. Eso sucedi aquella tarde: la voz del uniformado, la palabra seor saliendo de su boca, le puso un punto final a la ilusin y me coloc de una vez y por todas en medio de una realidad que estaba cambiando y que cambiara mucho ms an y que yo, que no quera despertar, tardaba en darme cuenta.

Ahora todo el mundo, a toda hora y en cualquier lugar, me trata de seor. A m y a los dems. En el dentista y en las tarimas del mercado, en las escuelas de mis hijos y en las tiendas de ropa de segunda mano, en los bares de mala muerte y en la oficina del Carn de identidad.

Igual, se respira (o tal vez solo me parece a m, que me resisto por hbito) un cierto acento teatral, una tramoya verbal, un tono falso, una especie de vaco en ese nuevo trato. Como que el tipo del mercado, que va a darte tres de cualquier cosa cuando deba darte cuatro, que va a cobrarte casi el doble por menos de la mitad, sabe que no debe llamarte compaero, que esa palabra no tiene sentido cuando te est timando. Que dejamos de ser compaeros hace rato.

Aunque quiz sea solo algo circunstancial. Hace un par de semanas, como siempre deambulando por una calle cualquiera y fumando a todo trapo, un muchacho que no llegaba a los veinte aos me detuvo y me pidi mi fosforera para encender su propio cigarro. Me dijo, juro que as me dijo: me da fuego, compaero?

Escuchar otra vez, despus de tanto, el vocablo compaero, esa palabra que ya casi nadie usa, y escuchrsela as de pronto a ese muchacho, me hizo ver que el tiempo no se detuvo en los noventa y que la vida sigue trabajando. Quiz viene en camino otro despertar, quiz. A fin de cuentas, quin sabe en verdad qu es lo que est pasando?

Fuente: http://progresosemanal.us/20180302/el-senor-companero/



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