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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2018

Elecciones italianas
Suicidio de la izquierda, auge del fascismo, caos

Samir Amin
TopoExpress


1.

Las elecciones italianas de marzo de 2018 abren un perodo catico cuya salida permanece incierta. El pas, que hace pocos aos era conocido por ser uno de los ms eurfilos es ahora euroescptico en un 50% o ms; la extrema derecha, abiertamente nostlgica del fascismo ha regresado con fuerza, y la derecha parlamentaria clsica imagina sin dificultad su alianza con ella (como en Austria, por ejemplo); el populismo (en este caso el Movimiento 5 Estrellas) se caracteriza por una confusin sin precedentes que impide saber cul es su verdadero programa, si es que tiene alguno; la izquierda est claramente en declive.

Las explicaciones dadas por los medios de comunicacin dominantes ponen el acento en la cuestin de la afluencia de inmigrantes. Sin hacerse preguntas sobre los motivos de esta afluencia (los estragos causados por las polticas del neoliberalismo en frica y en Oriente Medio), estos medios de comunicacin reconocen la responsabilidad de Europa, que ha abandonado a los pases que, por su situacin geogrfica (Italia, Grecia y Espaa) estn en primera lnea frente a esta afluencia. Y poco ms. Se alude a veces a las miserias producidas por la poltica econmica italiana (pero una vez ms sin cuestionar los dogmas liberales). Aun cuando estas explicaciones podran parecer correctas en una primera lectura, siguen siendo poco convincentes. El anlisis de la catstrofe exige una vuelta atrs ms seria.

2.

La existencia misma de Italia es reciente. La unidad formal realizada en el siglo XIX fue poco ms que la conquista de la pennsula por parte de la monarqua de Turn, conquista que fue posible tanto por la coyuntura europea de la poca como por el movimiento del risorgimento, y al precio de unos cuantos compromisos fatales con las clases dirigentes tradicionales de las provincias (sobre el modelo del gattopardo siciliano: que todo cambie para que nada cambie). No logr convencer del todo a los pueblos de la pennsula, que probablemente han seguido ms apegados a su provincia que al Estado unitario. Un sentimiento cvico nacional poco desarrollado que tal vez encuentra su explicacin en el hecho de que siendo los amos de los Estados italianos muy a menudo extranjeros, los pueblos afectados no vean en ellos ms que unos adversarios a los que haba que engaar tanto como fuera posible. Esta debilidad se articula hoy con la emergencia de un populismo que se alimenta del ascenso a la superficie del fondo fascista.

La guerra de 1915 a 1918 no hizo progresar un sentimiento nacional real, pese a los discursos que se han hecho al respecto. Todo lo contrario; la guerra agudiz los conflictos sociales, marcados por el nacimiento precoz de un partido comunista fuerte y por la reaccin de las clases dominantes, que se inventaron el fascismo en un pas capitalista de segunda fila. La Italia de Mussolini es el ejemplo por excelencia, por comparacin con los fascismos alemn (el nazismo) y japons, expresin de las potencias capitalistas dominantes o que aspiraban a serlo.

El musolinismo el inventor del fascismo (nombre incluido) fue la respuesta que la derecha italiana (antiguas aristocracias, nuevas burguesas, clases medias) dio a la crisis de los aos 1920 y al peligro comunista naciente. Pero ni el capitalismo italiano ni su instrumento poltico, el fascismo musoliniano, tenan la ambicin de dominar Europa, y mucho menos el mundo. Y pese a las baladronadas del Duce sobre la reconstruccin del Imperio romano (!), Mussolini saba perfectamente que la estabilidad de su sistema se basaba en su alianza en calidad de segundo subalterno bien de la Gran Bretaa duea del Mediterrneo bien de la Alemania nazi; y esta indecisin perdur hasta la vigilia misma de la Segunda Guerra Mundial.

El musolinismo intent de todos modos reducir la amplitud de los provincianismos y sustituirlos por un nuevo nacionalismo italiano, en particular mediante su combate contra los dialectos en favor del italiano. La catstrofe militar est en el origen del colapso de la ilusin de este modelo de fascismo de segunda. Simultneamente, tanto en Italia como en Francia, la liberacin en tiempos de la segunda guerra haba sido casi una guerra civil. Debido a ello, los fascistas se vieron obligados a esconderse durante los decenios que siguieron a 1945 sin haber jams desaparecido del todo. Ms tarde, la economa del pas, pese al milagro que haba garantizado a los italianos hasta la llegada de la crisis actual un buen nivel de vida, sigui siendo frgil. Dicho milagro est igualmente en el origen de la opcin europea sin reservas que conquist todo el espacio poltico italiano para convertirse finalmente en el principal responsable de la va sin salida en la que se ha metido el pas.

3

Los xitos del Partido Comunista Italiano de la posguerra estn en el origen de los fuertes avances en la construccin por vez primera de una sociedad italiana autntica y unificada (ms all, por supuesto, de los conflictos de clase propios del capitalismo, tanto en Italia como en otras partes). Togliatti primero y Berlinguer despus construyeron sus avances con la mayor lucidez. El poder del movimiento era suficiente para influir de cierta manera en el Estado de centroizquierda de la poca, pese al encierro del PCI sobre s mismo. El PCI fue el que construy verdaderamente la Italia moderna, impregnndola en profundidad de su cultura. Solo tuvo que compartir el monopolio con el catolicismo dominado por una Iglesia que entonces saba encubrir su proyecto reaccionario tras el que se ocultaban los nostlgicos del fascismo. El partido demcrata-cristiano cumpla esta funcin. Esta pgina de la historia italiana ya ha pasado.

El verdadero suicidio del comunismo italiano, inaugurado por los sucesores de Berlinguer y proseguido con tenacidad hasta hoy mismo, est en el origen de la debacle y el caos contemporneos. Las distancias tomadas pronto por los comunistas italianos con respecto a la dictadura de Mosc no estaban destinadas por naturaleza a producir un ulterior deslizamiento a la derecha. Al contrario: hubieran podido ser la fuente de una renovacin radical en la medida en que Italia se haba propulsado por un momento al centro de la reflexin y de la accin crticas a partir del largo 1968 de la dcada de 1970. Pero los maostas italianos fracasaron: no llegaron a contribuir a la radicalizacin del movimiento comunista en su conjunto. S contribuyeron, al contrario, a dar una legitimidad aparente al desplazamiento a la derecha, traducido en aquella poca en los trminos del llamado eurocomunismo, tras el cual se ocultaba una identificacin con el liberalismo.

Sin duda el peligro fascista puede hoy parecer todava incapaz de amenazar al orden democrtico en Estados Unidos y en Europa, por lo menos al oeste del antiguo teln. La colusin entre las derechas parlamentarias clsicas y las social-liberales hace todava intil para el dominio del capital el recurso a los servicios de las extremas derechas que se sitan en los bloques histricos fascistas. De todos modos, el ascenso de las luchas populares podra muy bien convencer a la clase dominante de la necesidad de recurrir a los servicios de los fascistas, como ya lo hizo en el pasado. Los xitos electorales de la extrema derecha a lo largo de la ltima dcada han de ser motivo de inquietud. Tambin los pueblos europeos son efectivamente vctimas del actual despliegue del capitalismo de los monopolios generalizados. Se comprende entonces que, confrontados a la colusin entre la derecha parlamentaria llamada democrtica y la izquierda llamada socialista, se refugien en la abstencin electoral, en la confusin o en el voto a la extrema derecha. La responsabilidad de la izquierda potencialmente radical es en este caso importante, pues si tuviese la audacia de proponer avances reales ms all del capitalismo establecido, conseguira la credibilidad que le falta. Las izquierdas radicales audaces son necesarias para dar a los movimientos de protesta y a las luchas defensivas en curso, siempre excesivamente fragmentadas, la coherencia que les falta. El movimiento podra invertir entonces las relaciones de fuerza sociales a favor de las clases populares y hacer posibles avances progresistas.

En la situacin actual, los xitos electorales de la extrema derecha le vienen efectivamente muy bien al capitalismo establecido. Permiten a los medios de comunicacin meter en el mismo saco del oprobio a los populistas de la extrema derecha y a los de la extrema izquierda, haciendo olvidar de este modo que los primeros son pro-capitalistas (como demuestra la cualificacin que ellos mismos se dan de extrema derecha ) y por lo tanto posibles aliados, mientras que los segundos son los nicos adversarios potenciales peligrosos del sistema de poder del capital.

Vemos, mutatis mutandis, coyunturas anlogas en Estados Unidos, pese a que su extrema derecha nunca se ha cualificado de fascista. El maccarthismo ayer, los fanticos de los Tea Party y los partidarios de la guerra (Hilary Clinton o Donald Trump) defienden hoy abiertamente las libertades entendidas exclusivamente como las de los propietarios y las de los gestores del capital de los monopolios contra el Estado, sospechoso de ceder a las demandas de las vctimas del sistema.


Traduccin de Josep Sarret.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/elecciones-italianas-suicidio-de-la-izquierda-auge-del-fascismo-caos/



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