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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2018

Problemas de la transformacin revolucionaria del capitalismo chileno.
Elementos para la elaboracin poltico-programtica y lineamientos estratgicos

Maximiliano Rodrguez
Rebelin


[] los programas polticos de los modernos partidos obreros no buscan afirmar principios abstractos relativos a un ideal social, sino solo formular aquellas reformas sociales y polticas prcticas que necesita y exige el proletariado consciente en el marco de la sociedad burguesa para facilitar la lucha de clases y su victoria final. Los elementos de un programa poltico se formulan pensando en objetivos concretos: dar soluciones directas, prcticas y factibles a los problemas ms candentes de la vida social y poltica, que tienen que ver con la lucha de clases del proletariado; servir de lneas orientativas para la poltica cotidiana y sus necesidades; iniciar la accin poltica del partido obrero en la direccin correcta; y finalmente, separar la poltica revolucionaria del proletariado de la poltica de los partidos burgueses y pequeoburgueses.

Rosa Luxemburgo: La cuestin nacional y la autonoma  

[] desde el punto de vista de la formulacin de un programa y del establecimiento de una lnea estratgica es de fundamental importancia definir correctamente el carcter de la formacin social y de la sociedad en particular a la que tal programa se refiere y dnde se inscribe la estrategia []

Toms A. Vasconi: Gran capital y militarizacin en Amrica Latina

 

[] el pensamiento humano es conservador, y el de los revolucionarios, algunas veces, muy especialmente.

Len Trotsky: Historia de la Revolucin rusa


 

 

Existe en la actualidad la necesidad de que las organizaciones revolucionarias en Chile avancen en el esclarecimiento de sus lineamientos poltico-programticos. Este es un vaco que hasta el momento las distintas experiencias de construccin no han logrado resolver satisfactoriamente.

Los esfuerzos de reagrupamiento de la militancia revolucionaria, as como de atraccin de nuevas generaciones a sus filas, han estado basados fundamentalmente en la coincidencia tico-esttica derivada de la pertenencia a una matriz poltico-cultural comn antes que en una convergencia sentada sobre bases estratgico-programticas. De ah una de las causas de la fragilidad y rpido agotamiento que estos esfuerzos han mostrado.

Las consecuencias de esta situacin es el arrastre acrtico de diversos elementos extemporneos de la tradicin revolucionaria que no guardan hoy correspondencia con la realidad. Estos terminan cristalizando en una esttica (o cultura) caracterstica propia de este segmento de la izquierda; pero que, sin embargo, por si sola poco o nada dice a las actuales clases trabajadoras. Y, adems que es lo ms importante a fin de cuentas, no resuelve el problema de orientaciones tcticas que estas necesitan en sus luchas cotidianas, ni tampoco permite proyectarlas en un horizonte estratgico de mayor alcance.

Por otra parte, en ausencia de claridades poltico-programticas los militantes revolucionarios que actan en el seno de las organizaciones de los trabajadores y el pueblo quedan desorientados, construyen en el vaco. Al carecer de una vara para establecer objetivos previos y medir los xitos y fracasos de sus esfuerzos, no saben bien qu se juegan en cada coyuntura. Esto los expone a la frustracin, a la perplejidad frente las rpidos zigzags y reacomodos de las clases dominantes, y a que no pocos terminen dando crdito a los distintos atajos que desde los sectores pequeoburgueses se levantan ante las demandas populares.

El vaco poltico-programtico en la izquierda revolucionaria responde en lo fundamental a:

a. La profunda derrota poltico-estratgica sufrida por los trabajadores y sectores populares en la ltima mitad del siglo pasado; y

b. Las radicales transformaciones del capitalismo y la estructura de clases que se han producido a escala mundial y nacional, y de las que no se ha sabido dar cuenta adecuadamente ni en lo poltico ni en lo organizativo.

As puestas las cosas, la elaboracin lineamientos poltico-programticos para la transformacin social en las actuales condiciones no puede ser la simple reedicin de lo que en su momento establecieron los sectores revolucionarios de la izquierda.

Esto porque la nueva fase del capitalismo chileno producto del cambio del patrn de acumulacin inaugurada por la contrarrevolucin burguesa reconfigur el carcter mismo de la formacin social. Esta ltima pas de una capitalista articulada con formas precapitalistas a una capitalista plenamente desarrollada y extendida a la mayora de las esferas de la produccin social. Para la poltica revolucionaria el correlato necesario de un cambio en el carcter de la formacin social es la formulacin de un nuevo programa, y una evaluacin de las lneas de accin estratgicas para llevarlo a cabo [1] .

Por su propio carcter, la discusin programtica se presenta como un punto de articulacin y condensacin de una serie de aspectos que la poltica revolucionaria debe encarar. Explcita o implcitamente se encuentran problemas como:

i. La identificacin de los focos de ruptura revolucionaria de la formacin social en cuestin.

ii. Los actores y alianzas capaces de materializar la transformacin revolucionaria de dicha sociedad.

iii. La va o estrategia para hacer realidad dicha transformacin.

iv. El tipo de organizacin revolucionaria adecuada para llevar a cabo las tareas que esta demanda.

v. La definicin del tipo de sociedad con que se pretende reemplazar la existente.

A continuacin, se propone un marco desde el cual abordar la elaboracin de orientaciones poltico-programticas, junto a una serie de cuestiones relacionadas. El objetivo es sentar una base de discusin sobre los elementos que un programa (y estrategia) de transformacin socialista del capitalismo chileno actual debiese tener necesariamente a la vista.

1. Necesidad de lineamientos poltico-programticos

En primer lugar, se requiere establecer qu se entiende por programa. Este no es una mera coleccin de demandas sectoriales. El programa es la expresin concreta, en determinadas circunstancias histricas, de la relacin orgnica entre un sujeto social y su proyecto histrico. Lo enarbolan las expresiones polticas ms avanzadas de dicho sujeto, pero solo se hace realidad cuando es asimilado y llevado a la prctica por este en su conjunto.

Para las actuales organizaciones de la izquierda revolucionaria en Chile avanzar en la elaboracin de definiciones programticas implica un salto cualitativo, en el sentido que permitira:

i. Aunar poltica e ideolgicamente a la franja de militantes y organizaciones que se reconocen en esta tradicin; estableciendo adems una base sobre la cual encauzar productivamente la discusin y sincerar las diferencias entre las distintas expresiones que la componen.

ii. Diferenciar de forma ntida y sin ambigedades al campo revolucionario del resto de las expresiones de la izquierda; especialmente de aquellas que en el ltimo tiempo han emergido en el seno de las clases medias, cuya ideologa es el ciudadanismo y su caballo de batalla es el democratismo.

iii. Dirigir conscientemente los esfuerzos de insercin social en el movimiento de masas. Esto significara un avance cualitativo en las iniciativas de construccin, superando la etapa en que la insercin se entiende como una mera revista de lo que la militancia lleva a cabo en los lugares en que la vida la ha llevado a desenvolverse da a da, para pasar a ser acciones con fines deliberados y encaminadas a obtener efectos determinados en sectores sociales especficos.

En lo anterior hay implcitamente una serie de elementos presupuestos que es necesario abordar y problematizar, ms an cuando estos conectan directamente con una serie de discusiones al interior de la teora y la estrategia revolucionaria.

2. Focos de ruptura revolucionaria en el actual capitalismo chileno

En trminos generales, toda sociedad erigida sobre el modo de produccin capitalista, al estar fundada sobre la contradiccin capital-trabajo, alberga en su seno la posibilidad de una ruptura revolucionaria de carcter socialista. Sin embargo, en el mbito de la prctica poltica se necesita avanzar hacia un mayor nivel de concrecin. As, se introduce la idea de focos de ruptura revolucionaria, entendidos en lo esencial como la forma histricamente determinada en que aquella posibilidad toma cuerpo en una sociedad burguesa especfica. Dichos focos sirven de pilares para la elaboracin de los lineamientos estratgico-programticos de la organizacin revolucionaria, a los cuales las plataformas de lucha y lneas de accin deben subordinarse.

De esta manera, desde una perspectiva materialista, un programa revolucionario debe estar basado en un anlisis previo de la formacin social que se intenta subvertir. Es indispensable, por ejemplo, tener en consideracin las caractersticas especficas que la acumulacin capitalista toma y la dinmica del conflicto de clases que esta instala en la sociedad en cuestin; ya que es a partir de esto que es posible identificar las contradicciones particulares que eventualmente pueden abrir paso a una ruptura revolucionaria y salida socialista.

Despus de dcadas de su instalacin, el desarrollo del patrn de acumulacin neoliberal ha puesto en juego una serie de contradicciones en la base de la formacin social capitalista chilena que podran llegar a constituirse en eventuales focos de ruptura revolucionaria. Se identifican tres principales:

i. La reivindicacin nacional-territorial del pueblo mapuche.

ii. Las consecuencias medioambientales de la gran explotacin rentista de los recursos naturales.

iii. Las condiciones de sobreexplotacin de la fuerza de trabajo sobre las que descansa la actual configuracin de la acumulacin capitalista en Chile.

Estos focos son revolucionarios en el sentido que no son solubles en lo inmediato en el marco del actual dominio del gran capital, requirindose previamente para su solucin desde el punto de vista de los intereses populares la sustitucin (derrocamiento) de la burguesa del poder.

Se identifican adems como revolucionarios por cumplir la doble condicin que le atribuye la concepcin leninista a una situacin en que el poder de la clase dominante es desafiado, con reales posibilidades de xito para la clase revolucionaria. En efecto, en mayor o menor medida cada uno de estos focos, pero especialmente en su conjunto, pueden abrir escenarios que, por un lado, deriven en importantes vacilaciones en el seno de la burguesa chilena y enfrentamientos entre sus distintas fracciones, adems de instalar un extendido malestar entre las clases medias de la sociedad que dificulten la gobernabilidad burguesa; y, por otro, que posibilitan tambin la constitucin de actores sociales con capacidad de accin colectiva, en cuyo centro est la accin autnoma [2] de las clases trabajadoras.

Estos focos adems son una tribuna privilegiada para que las clases trabajadoras se dirijan al conjunto de los sectores populares de la poblacin, aunndolos en torno a s. Por lo mismo es indispensable que estas cuenten con las claridades polticas suficientes para llevar a cabo dicha tarea. Se trata en otras palabras de qu le dicen los trabajadores al resto del pueblo respecto de qu hacer y cmo resolver los problemas ms candentes de la vida social y poltica (Luxemburgo), y a qu proyecto les convocan finalmente.

Algunas consideraciones y precisiones.

2.1. Relatividad histrico-social

El carcter revolucionario atribuido a los focos antes identificados es como todo en el mbito histrico-social: relativo. Significa esto que pueden existir soluciones burguesas (o sea, no revolucionarias) a dichas contradicciones? S, eventualmente las podra haber.

Son revolucionarias en el sentido de que en un horizonte de tiempo acotado y en un contexto social especfico se requiere como condicin necesaria para su resolucin la sustitucin previa de la burguesa del poder; ya que en caso de que su solucin fuese encarada por el propio capital conllevara cambios de tal naturaleza y magnitud en el seno del bloque en el poder que no podran sino generar serias convulsiones, poniendo en riesgo la estabilidad del sistema de dominacin. Sin embargo, en un horizonte de mayor alcance bien podran, ya sea por una u otra razn, llegar a ser asimiladas por el capitalismo chileno por medio de una poltica reformista burguesa [3] .

Por ejemplo, en s misma la reivindicacin nacional-territorial del pueblo mapuche base y razn del carcter revolucionario del conflicto no tiene solucin en el contexto poltico-social vigente [4] . Sin embargo el conflicto bien podra ser resuelto por la burguesa chilena por la va reformista [5] . Qu condiciones deberan cumplirse para aquello? Para que el reformismo burgus sea una opcin factible en este caso se requiere que la resistencia del pueblo mapuche pierda su particular determinacin de lucha. Cmo puede alcanzarse aquello? La forma ms duradera de lograrlo desde la perspectiva del mismo desarrollo capitalista es que el desarraigo del pueblo mapuche avance y se profundice de modo que, con el tiempo, la conexin de las nuevas generaciones mapuches con las comunidades de origen se debilite en tal grado que la reivindicacin territorial deje de estar en el centro del conflicto. En dicho escenario la cuestin podra ser reducida a su aspecto cultural por la burguesa, hacindola manejable en los parmetros de una democracia liberal moderna y bien comportada [6] .

El carcter relativo de las potencialidades revolucionarias de determinados conflictos es particularmente ilustrativo tambin en el caso de las reivindicaciones democrticas. Tanto el ciudadanismo y el reformismo tradicional de izquierda las levantan como eje de las luchas sociales, poniendo especial nfasis en el cuestionamiento de los llamados enclaves autoritarios de la institucionalidad poltica chilena. Sin embargo, estas no encarnan en la actualidad potencialidades de ruptura revolucionaria. Por qu? Qu haca potencialmente revolucionarias en el pasado a las demandas democrticas?

En el pasado estas reivindicaciones estaban asociadas a la lucha contra la supervivencia de los resabios precapitalistas en el seno de las formaciones sociales burguesas. La falta de consolidacin de instituciones democrtico-representativas era expresin de una determinada alianza de clases que impeda el despliegue de los avances propios del modo de produccin capitalista. En dicho contexto, el problema agrario y la cuestin nacional aparecan como reivindicaciones democrticas que deban ser encaradas por la clase trabajadora ante la incapacidad poltica de la burguesa para darles solucin.

Sin embargo, hoy en Chile las relaciones capitalistas han penetrado extensa e intensivamente en el campo. Las viejas clases latifundistas han devenido en moderna burguesa agro-industrial, disolviendo los resabios coloniales (hacienda e inquilinaje) que predominaron en el campo hasta bien entrado el siglo XX. El campesinado ha desaparecido como clase social, siendo reemplazado por trabajadores temporeros sometidos a relaciones de explotacin capitalistas. La consecuencia de esto es que las reivindicaciones democrtico-burguesas asociadas a la modernizacin de la estructura agraria han dejado de ser un elemento de eventual ruptura revolucionaria.

En efecto, las demandas democrticas del antiguo movimiento campesino presentaban potencial de ruptura revolucionaria en la medida en que cuestionaban directamente el rgimen de tenencia de la tierra vigente en ese momento. Cuestionarlo significaba al mismo tiempo poner en entredicho la alianza de clases sobre la que se sustentaba el bloque dominante compuesto por el gran capital nacional y extranjero y la oligarqua terrateniente [7] . En cambio, lo que actualmente aparecen como demandas ciudadanas en el seno de la sociedad chilena son ms bien reivindicaciones liberales de las nuevas capas medias asalariadas, las cuales en s mismas no plantean ningn desafo de fondo a la base de sustentacin del poder del capital que pueda conllevar a una transformacin revolucionaria del orden social.

Ms an, tal como algunos autores marxistas reconocen, la conducta de estos sectores sociales no es de por s intrnsecamente democrtica [], sino situacionalmente (oportunsticamente) democrtica o antidemocrtica [8] . En Latinoamrica, sin ir ms lejos, han mostrado una activa oposicin a los procesos reformistas cuando estos han tomado un carcter marcadamente popular, como en los casos de Venezuela y Bolivia.

Cabe considerar tambin, respecto a las reivindicaciones democrticas, que en Chile no rige, ni el perodo pone a la orden del da, un rgimen de excepcin contra el cual sea pensable la articulacin de una alianza con sectores burgueses privados de representacin institucional. Por el contrario, rige uno democrtico con sus particularidades y elementos coercitivos propios de su naturaleza burguesa que procesa los intereses de las distintas fracciones y expresiones polticas del capital, y que permite tambin la organizacin naturalmente dentro de los lmites del dominio del capital y representacin de sectores populares en su seno.

En este sentido, la crisis que ha experimentado la dominacin burguesa en el ltimo tiempo deriva, por una parte, de la incapacidad de las distintas fracciones del gran capital para formular un proyecto no neoliberal que encare las dificultades del proceso de acumulacin y, por otra, de la caducidad e inadecuacin de la institucionalidad poltica transicional para establecer una interlocucin fluida con la sociedad civil, encarnada en sectores acotados de la poblacin (clases medias) descontentos con el funcionamiento neoliberal del capitalismo chileno, y que hoy reclaman su espacio en la poltica; ms que del desafo del poder de las clases dominantes por un autntico proyecto de transformacin de las clases trabajadoras [9] .

Las corrientes reformistas tradicionales y el ciudadanismo sostienen que la contradiccin fundamental de la actual configuracin del capitalismo radica en el conflicto entre neoliberalismo y democracia [10] . En general, identifican la fase neoliberal con una suerte de parntesis histrico. Esta respondera en esencia a un curso especfico de la conduccin del capitalismo susceptible de ser cambiada en el mbito del Estado sin cuestionar su naturaleza de clase, bastando con redefinir las polticas pblicas impulsadas por este. As, ms Estado y menos mercado se ha constituido en la consigna levantada desde estas posiciones.

Sin embargo, el neoliberalismo debe ser entendido ms bien como una forma orgnicamente enraizada en los cambios acaecidos en la dinmica de la acumulacin capitalista y en la configuracin de las clases sociales a nivel mundial y nacional, y no solo como un conjunto de polticas pro mercado y enclaves autoritarios. Por esta razn no es factible la vuelta hacia regmenes de acumulacin pasados, ni deseable tampoco educar a las clases trabajadoras en la aoranza de estos.

Ms all de los llamados enclaves autoritarios, lo que hay en Chile hoy es la democracia realmente existente propia del capitalismo maduro. La Constitucin de Pinochet-Lagos es un elemento circunstancial al cual la burguesa chilena puede eventualmente renunciar tal como ya lo demostr con el sistema binominal, sin que por ello vaya a cambiar sustancialmente el carcter de la democracia de baja intensidad que actualmente existe. Adems, es ilusorio pensar que el conflicto de las clases trabajadoras con el capital se dirimir en el marco establecido por las instituciones representativas, por ms democrticas o participativas que estas puedan llegar a ser.

Finalmente, la cuestin nacional, la otra reivindicacin democrtico-burguesa histrica, tampoco presenta hoy potenciales de ruptura revolucionaria. La excepcin es el conflicto mapuche, aunque este se encuentra acotado territorialmente a ciertas zonas especficas del sur del pas, y no aparece como una contradiccin transversal que pueda subvertir las bases de la sociedad chilena en su conjunto.

La dominacin burguesa en Chile no toma la forma de un Estado colonial (o semicolonial), y por ende la burguesa nativa no es un ttere a las rdenes de alguna potencia capitalista extranjera. Por el contrario, esta ha acumulado fuerza suficiente en el ltimo tiempo como para promover lneas de accin propia en la regin, alindose con tal o cual bloque hegemnico mundial segn sus propios intereses.

La correcta caracterizacin de la burguesa chilena y su rgimen de dominacin son de crucial importancia para la accin poltica de las clases trabajadoras. No se puede llevar a cabo una correcta prctica poltica en base a la caricaturizacin del enemigo que se enfrenta [11] .

En sntesis, en las condiciones actuales del capitalismo chileno, las reivindicaciones democrticas tradicionales no expresan contradicciones sobre las cuales se pueda desafiar las bases en las que descansa la dominacin clasista, ya sea porque estas han perdido el sustrato material que las hizo revolucionarias en su momento o porque simplemente la dinmica mundial del capital no se basa en la relacin entre Estados nacionales sino en la de circuitos de valorizacin, ni sus formas poltico-institucionales de dominacin nacional responden a estructuras coloniales. Por el contrario, dichas reivindicaciones corren ms bien el riesgo de constituirse en frmulas escapistas del reformismo senil y corrientes pequeoburguesas en el seno de las clases trabajadoras, que lo nico que terminan por hacer es arrastrarlas hacia proyectos de recomposicin de carcter abiertamente burgueses.

2.2. Transversalidad social y proyeccin nacional

Otra de las caractersticas de estos focos son su transversalidad social [12] y la escala nacional en que se proyectan, lo que conlleva dos consecuencias. En primer lugar, son una suerte de pivote para que las organizaciones revolucionarias puedan instalar la poltica de las clases trabajadoras en el escenario nacional. Y, en segundo lugar, las obliga a una constante interlocucin con el movimiento de masas en pos de clarificar frente a los trabajadores los intereses en juego y las lneas de accin poltica a seguir, de modo de elevar sus niveles de conciencia, combatividad y organizacin, y que estos no terminen siendo remolcados por otros actores sociales.

En las consecuencias medioambientales causadas por la particular fisonoma de la acumulacin capitalista en Chile es posible observar cmo toman cuerpo los elementos antes sealados. Esta contradiccin cruza transversalmente a sectores del gran capital, clases medias y trabajadores.

En efecto, afecta a la burguesa en la medida en que el deterioro medioambiental causado por la accin del capital afincado en una determinada rama de la produccin tiene potenciales repercusiones negativas sobre el negocio de los capitales asentados en otras. Esta dimensin especfica del dao medioambiental podra ser una fuente de eventuales fricciones en el seno del gran capital, las cuales a su vez pueden constituirse en la base de nuevos arreglos institucionales burgueses [13] .

Este dao tiene resonancia tambin en las clases medias, especialmente entre sus estratos ilustrados. Su cercana al aparato estatal, organismos internacionales, ONGs y todo el entramado institucional que ayuda a definir las polticas pblicas en las democracias burguesas contemporneas, sumado adems a su cosmopolitismo, las hacen receptivas a los temas de sustentabilidad medioambiental. Su capital cultural las pone en la posicin autoproclamada de representantes del bien comn y de defensores de la herencia de las futuras generaciones. De all que se muestren particularmente sensibles y dispuestas a movilizarse cuidadanstamente en pos de dichas problemticas.

Finalmente se encuentran las clases trabajadoras y extensos sectores populares, que se ven especialmente afectados tanto por el deterioro en sus condiciones inmediatas de vida, como por la prdida de sus fuentes laborales y de sustento econmico.

As, siendo transversal, la misma contradiccin posiciona, sin embargo, de diferente manera a las distintas clases sociales. Determinando adems acciones diferenciadas acordes con dichos posicionamientos. Lo ms probable es que las fracciones capitalistas acten directamente sobre la institucionalidad para resolver sus intereses en pugna. Las clases medias, en tanto, probablemente se mostrarn ms dispuestas a manifestarse masiva y espontneamente en las calles de las grandes urbes y en redes sociales contra la construccin de grandes proyectos energticos que alteran el paisaje natural del extremo sur del pas que a acciones de otro tipo. Difcilmente se les ver sosteniendo episodios de desobediencia civil y formas ms agudas de protesta que impliquen acciones como cortes de ruta, control territorial y enfrentamientos con las fuerzas del orden pblico. Para estas ltimas acciones, propias de las que han puesto en juego determinados sectores populares, se requiere una determinacin de lucha mayor que la dada por la mera sensibilidad ecolgica. Por el contrario, se requiere la capacidad de accin colectiva de las clases populares y la desesperacin que el desastre ecolgico les impone.

El carcter transversal que adquiere la cuestin medioambiental obliga a las organizaciones revolucionarias a intervenir en el movimiento de masas con definiciones poltico-programticas. Se trata de esclarecer a ojos de las clases trabajadoras los distintos intereses en juego de forma que estas no terminen siendo usadas como elemento de fuerza por tal o cual proyecto burgus en pugna. Esto porque, ante la desorientacin poltica de las clases trabajadoras y bajo la promesa de mayor empleo y mejores salarios, bien podra darse, por ejemplo, un escenario en que una parte de estas sean la fuerza de apoyo de un bloque neoliberal-productivista de la burguesa frente a uno keynesiano verde constituido por otras fracciones burguesas y clases medias. El objetivo aqu sera evitar que las clases trabajadoras se desgasten y dividan peleando en una guerra que no es la suya.

La transversalidad social y la proyeccin nacional de la contradiccin tambin se encuentran presentes en las condiciones de sobreexplotacin del trabajo. Esto debido a que no solo afecta a los sectores populares, sino tambin a las capas asalariadas de las clases medias. Por ms que sus niveles de ingreso les permitan una mayor holgura econmica, esta vive expuesta a la fragilidad de la precarizacin de las condiciones laborales [14] .

2.3. Categorizacin y jerarquizacin de los conflictos sociales

El capitalismo chileno se encuentra atravesado por una serie de conflictos que encarnan sus distintas contradicciones; mas no todas tienen potencialidades revolucionarias, ni menos socialistas. De ah que la categorizacin de estas lleva implcita al mismo tiempo un criterio de jerarquizacin, asunto que resulta clave para la determinacin de las lneas de accin de las organizaciones de izquierda y orientacin de sus esfuerzos.

a. Posicionamiento de las clases trabajadoras

Significa que ante a la ausencia de carcter revolucionario las organizaciones de izquierda no deban posicionarse frente a los conflictos que derivan de dichas contradicciones? No. Es crucial que, si las clases trabajadoras pretenden ser un actor en la escena nacional, tengan un posicionamiento propio respecto de los temas que cruzan transversalmente a la sociedad, por ms que no presenten potencial de ruptura con el rgimen de dominacin burgus. Esto es parte del aprendizaje poltico en su camino a constituirse en la clase hegemnica de la sociedad.

As, por ejemplo, en temas de libertades y derechos civiles (despenalizacin del consumo de drogas, matrimonio igualitario, adopcin por parejas homosexuales, reproduccin y planificacin familiar, poltica migratoria, etc.) y poltica exterior (salida al mar de Bolivia) es importante una posicin clara desde la perspectiva e intereses de las clases trabajadoras. Posicionndose frente a temas as los trabajadores les imprimiran otro ritmo. Uno que rompa con el inmovilismo del conservadurismo y chovinismo del gran capital, y que tambin le apure el tranco a las clases medias y su miseria poltica

b. Proyecciones

La categorizacin de las contradicciones tambin acota las expectativas y proyecciones de los conflictos que de ellas se derivan. No todo conflicto en el capitalismo chileno es encarnacin de contradicciones con potencialidades revolucionarias.

Es natural que las distintas clases recubran sus reivindicaciones particulares de todo un velo ideolgico, presentndolas como la madre de todas las batallas (educacin gratuita y de calidad, por ejemplo). Pero aqu es donde el anlisis materialista y la perspectiva de los trabajadores deben primar en las organizaciones revolucionarias para separar serenamente el trigo de la paja.

c. Focos de ruptura revolucionaria de carcter socialistas

No se trata de derrocar a la burguesa del poder solo porque s. Se trata de llevar a cabo esta accin previa porque resulta necesaria para un objetivo de mayor alcance, a saber: la transformacin en un sentido socialista de las bases materiales sobre las que se sustenta la reproduccin de la sociedad.

Si esto ltimo la transformacin de las relaciones sociales de produccin fuese posible sin lo primero el derrocamiento de la burguesa la va revolucionaria de cambio social no sera necesaria. Sera en el mejor de los casos una opcin ms entre otras, y en el peor un simple capricho de grupos exaltados sin conexin con la realidad social en la que se desenvuelven.

Sin embargo, por su propia naturaleza, el socialismo solo es posible hacerlo realidad por medio de la accin revolucionaria de un movimiento de masas basado en la accin colectiva de las clases trabajadoras.

Por estas razones, es necesario distinguir al interior mismo de las contradicciones revolucionarias del capitalismo chileno cules de estas no solo cuestionan el poder de la burguesa como clase dominante, sino tambin cules abren la posibilidad de una salida socialista [15] . Se tienen por tanto contradicciones revolucionarias de carcter socialista y otras no.

As, son socialistas aquellas contradicciones revolucionarias que para su solucin requieren y llevan a que la naturaleza capitalista del rgimen de produccin sea cambiada.

De las tres contradicciones revolucionarias identificadas, la reivindicacin nacional-territorial del pueblo mapuche no es, por su contenido, socialista en s misma [16] . En tanto que, las otras dos, el dao medioambiental y la sobreexplotacin de la fuerza de trabajo, si poseeran dicho carcter.

En efecto, si bien la solucin del conflicto mapuche requiere del establecimiento de un poder poltico que rompa decididamente con los intereses del capital; no se necesita, sin embargo, que la produccin cambie de carcter [17] . Basta con que dicho poder ponga un freno inmediato a la gran explotacin forestal, primero, y que la haga retroceder de forma significativa o la expulse, despus, para que las tierras usurpadas al pueblo mapuche sean finalmente restituidas a las comunidades en lucha.

Naturalmente se tratara de una situacin inherentemente contradictoria, cuyas proyecciones desbordaran rpidamente los lmites del conflicto mapuche, ya que el nico actor que aparece con real capacidad de desafiar exitosamente el poder de la burguesa y materializar una ruptura con sus intereses son las clases trabajadoras. El establecimiento mismo del poder de estas las enfrentara a la enconada resistencia de la burguesa, cuyo nico camino para ser quebrada exitosamente sera atacar la base material de su posicin en la sociedad: la propiedad de los medios de produccin, poniendo a la orden del da la necesidad del socialismo (si es que no lo estaba ya en el ascenso de los trabajadores al poder). Por ello la solucin de la reivindicacin nacional-territorial del pueblo mapuche debe ser vista en el marco del cuadro mayor de los conflictos que cruzan al capitalismo chileno en su conjunto, y en especial aquellos que animan sus clases fundamentales.

En contraste con la cuestin mapuche, tanto el dao ecolgico causado por la explotacin rentista de los recursos naturales como la sobreexplotacin que enfrenta la fuerza de trabajo requieren que la produccin adquiera una forma social distinta a la capitalista, especficamente una socialista. Por el actor involucrado, las clases trabajadoras, y por la solucin que demandan, la socializacin de los medios de produccin, estos focos de ruptura revolucionaria tienen potencialidades directamente socialistas.

i. La cuestin medioambiental [18]

La particular fisonoma rentista que toma el capital en Chile pone en primer plano el dao medioambiental que su accin ocasiona. En efecto, ha sido la renta de los recursos naturales la principal fuente de las ganancias extraordinarias del capital que opera en el pas sea este nacional o extranjero, privado o estatal, siendo adems el fundamento del xito econmico exhibido por el capitalismo chileno en su fase neoliberal. Sin embargo, azuzado por las enormes rentabilidades, el capital acumul a una escala y velocidad que termin por erosionar las bases materiales de su xito, con peligrosas consecuencias para el medioambiente y enfrentndolo directamente a extensos sectores populares afectados por estas.

El desastre ecolgico mundial, en donde las consecuencias de la explotacin rentista en Chile no son sino tan solo la expresin particular a escala nacional de dicho fenmeno general, ha dejado en gran parte obsoleto el programa desarrollista de nacionalizacin e industrializacin levantado por la izquierda durante el siglo XX y todava sostenido por las corrientes tributarias del reformismo. Ya no es la pobreza causada por la falta de desarrollo industrial capitalista, sino las consecuencias que este ltimo ha impuesto sobre el medioambiente. Hoy ya no sirve que la produccin de riqueza pase del capital privado al Estado, y que este a su vez emule al capital para sustituir a la burguesa como agente del desarrollo industrial en una suerte de capitalismo sin capitalistas.

Por otra parte, en el caso especfico de los capitalismos dependientes entendida dicha condicin como aquella en que el capital que opera dentro de las fronteras nacionales es incapaz de poner las premisas materiales de la reproduccin ampliada de la acumulacin el desarrollismo burgus simplemente no constituye una opcin ecolgicamente viable. Los recientes procesos de industrializacin de las potencias emergentes (China, India, entre otras) han demostrado que si estos verdaderos pases-continentes replicaran el patrn de desarrollo de los capitalismos desarrollados las consecuencias medioambientales seran insostenibles. En la perspectiva ecolgica, no resulta factible que los pases dependientes monten individualmente una industria pesada propia a escala nacional a imagen y semejanza de la de los grandes centros de la acumulacin capitalista mundial.

Se requiere, por el contrario, una solucin socialista que aproveche los avances cientfico-tcnicos aplicados a la produccin. Una solucin que despliegue al mismo tiempo patrones de produccin y consumo racionales desde el punto de vista social y de los equilibrios ecolgicos, despojndolos del estrecho y peligroso marco al que los constrie el afn de valorizacin del capital. Se trata por tanto de la socializacin de los medios de produccin y su puesta en funcionamiento bajo un plan global.

Dicha racionalizacin de los procesos productivos y de consumo requiere adems desde un principio una perspectiva internacional. Esta no podr ser completa sino se lleva a cabo en un marco que rebase los lmites de las fronteras nacionales, ya que puede alcanzarse nicamente sobre el presupuesto de una nueva divisin internacional del trabajo que aproveche racionalmente el desarrollo de las fuerzas productivas. As, la cuestin medioambiental encontrar una solucin factible y definitiva solo bajo la integracin econmica de los pases sobre la base de la complementariedad socialista, en contraste con la actual integracin basada en la competencia capitalista.

Por ltimo, cabe destacar que la perspectiva socialista es diametralmente distinta al fetichismo tecnolgico y a la idealizacin romntica de mtodos arcaicos de produccin. La ciencia por s sola no solucionar el problema ecolgico si esta no deja de estar sometida a los intereses del capital, ni tampoco la vuelta a formas de produccin precapitalistas es una solucin factible en el estado actual estadio de desarrollo alcanzado por la humanidad [19] .

ii. La sobreexplotacin de los trabajadores

Finalmente, la sobreexplotacin de la fuerza de trabajo es una contradiccin que demanda tambin la ruptura con el capitalismo para su solucin. Esto porque, si bien es una parte del problema y expresin del mismo, su causa ltima no radica en la institucionalidad que regula la relacin capital-trabajo en Chile. En otras palabras, no es la legislacin laboral vigente la que explica la sobreexplotacin. Esta solo crea un marco institucional adecuado que la posibilita, legitima y resguarda [20] .

Es en el contexto de las exigencias de una economa capitalista globalizada basada en circuitos de valorizacin transnacionales donde radica su origen material. La sobreexplotacin es expresin de la particular insercin internacional del capitalismo chileno y de las formas de organizacin de la produccin que en funcin de esta pone en juego.

El grado de explotacin del trabajo no puede entenderse hoy desconectado de la configuracin material del capitalismo, ni ser redefinido sustancialmente al margen de las relaciones de propiedad de los medios sociales de produccin. Esto porque la disminucin de la explotacin del trabajo atentara directamente contra el fundamento de la ganancia capitalista, afectando negativamente la rentabilidad de las inversiones. Situacin que, en una economa plenamente inserta en el mercado mundial como la chilena, significara una merma de su atractivo relativo en el concierto internacional de la competencia inter capitalista.

Siendo la ganancia la razn de ser de la actividad econmica bajo el capitalismo, lo nico que este escenario terminara generando es una prdida de dinamismo de la produccin. Esto fruto de la activacin los mecanismos automticos con que el capital cuenta para chantajear y doblegar los esfuerzos de los trabajadores y restaurar los equilibrios que le son propios a su rgimen de explotacin, tales como: cese del flujo de capitales, huelga de inversiones, alza de precios, escasez de bienes, etc. Todo lo cual derivara finalmente en el aumento de la desocupacin y cada de los salarios.

Para que en un primer momento sea factible mantener el funcionamiento econmico bajo una nueva distribucin de los ingresos e intensidad y duracin de la jornada laboral favorables a las clases trabajadoras se requiere por tanto que la produccin social sea sustrada previamente de la lgica capitalista. Solo de esta manera sera posible sostener una reproduccin ampliada de las fuerzas productivas bajo condiciones de rentabilidad que para el capital simplemente no seran consistentes [21] . En tanto que para un segundo momento se requerira un cambio de las estructuras productivas del capitalismo dependiente al interior del pas, junto con la apertura de espacios de planificacin supranacionales.

Por otra parte, la fragmentacin de los procesos productivos hace que resulte imposible regular la jornada laboral en el lugar inmediato en que el trabajador se desempea. La resistencia de estos puede ser quebrada con relativa facilidad por el capital, haciendo retroceder rpidamente los logros parciales obtenidos por estos en sus luchas cotidianas. Se requieren, por tanto, espacios superiores a los de la inmediatez de la fbrica para redefinir la jornada de trabajo, los que llevan directamente a un cuestionamiento global del control que el capital ejerce sobre la reproduccin material de la sociedad.

3. Actor: fuerza motriz y carcter del cambio revolucionario

Tanto la elaboracin poltico-programtica como las definiciones estratgicas requieren la identificacin de la fuerza motriz del cambio revolucionario.

En otras palabras, se trata no solo del qu (programa) y cmo (estrategia), sino tambin del quin (o quines). Hay que establecer por tanto cules son los actores sociales especficos que encarnan las contradicciones de la sociedad capitalista en un momento histrico determinado, y que a su vez son capaces de llevar a cabo la transformacin revolucionaria de esta. Esto permite determinar el carcter que tomar dicha transformacin.

Estando en presencia de un capitalismo plenamente desarrollado y maduro, este actor no puede ser sino otro que la clase trabajadora. Para el caso particular de la formacin social chilena el problema fundamental es dilucidar la anatoma [22] que esta ha adquirido producto de las transformaciones y actual configuracin de la acumulacin capitalista, identificando las prcticas potencialmente rupturistas que los trabajadores van poniendo en juego y cmo estas quedan plasmadas en la conciencia a travs de sus propias experiencias.

3.1. Anatoma

La contrarrevolucin neoliberal llev a cabo un profundo proyecto de refundacin del capitalismo chileno que cambi radicalmente las bases materiales y arreglos institucionales sobre los que hasta ese momento este vena funcionando. La contracara necesaria de dicho proceso fue la reconfiguracin material y subjetiva de la clase trabajadora.

As, la actual anatoma de las clases trabajadoras chilenas es un producto directo de la fragmentacin de los procesos productivos mas no de su control por el gran capital y la precarizacin de las condiciones laborales. Bajo este escenario de heterogeneidad el esfuerzo debe estar puesto en identificar sus sectores de avanzada y destacamentos ms combativos.

Es importante delimitar bien el campo de las clases trabajadoras propiamente tal de el del resto de las capas asalariadas [23] . Esto porque hoy tanto los cuadros dirigentes del capital como los sectores medios aparecen precisamente como asalariados.

Otro aspecto del problema es la relacin de la clase trabajadora asalariada con el resto de los sectores populares, especialmente con las capas pauperizadas de la sociedad. En muchos casos se establece una lnea difusa entre ambos campos. La flexibilidad laboral impuesta por el rgimen de capital hace que los trabajadores transiten constantemente de un campo a otro.

Las razones de este fenmeno son mltiples: la constante tendencia de la acumulacin capitalista a la creacin de un ejrcito de reserva, especialmente en los momentos de ralentizacin de la actividad en los ciclos econmicos; la debilidad estructural de los capitalismos dependientes para absorber productivamente a la poblacin en condiciones de trabajar; y la huida de segmentos de poblacin trabajadora del rgimen desptico y sobreexplotador de la fbrica, aun a costa de renunciar a mayores niveles de ingreso.

Finalmente, fruto del desarrollo tecnolgico-informtico se asiste en algunas ramas a un verdadero fenmeno de autonomizacin relativa del capital con respecto al proceso inmediato de produccin. A travs de este el capital logra alinear a sectores de la poblacin trabajadora tras sus objetivos, convirtiendo parte de los bienes de consumo duraderos de esta (casas, automviles, etc.) en un pequeo capital (el caso de Uber es paradigmtico). El efecto social es el pequeoaburguesamiento de ciertos segmentos de las clases trabajadoras, transfirindoles adems la funcin de explotacin del capital a ellos mismos (industria a domicilio).

3.2. Prctica y conciencia

Lo esencial a dilucidar es, dada su naturaleza fragmentaria y precaria y el estadio de desarrollo alcanzado por el capitalismo en Chile, dnde radica y cmo se expresa la capacidad de accin colectiva de las actuales clases trabajadoras. En dichas circunstancias es probable que esta no radique exclusivamente en el lugar inmediato en el que se desenvuelve la produccin, sino que aparezca en otros mbitos de la vida social de los trabajadores, tales como: vivienda, transporte, planificacin urbana, salud, educacin, etc. [24] . Todos ellos, por lo dems, convertidos hoy por hoy en esferas particulares de la produccin capitalista.

La extensin, intensificacin y complejizacin del proceso de acumulacin capitalista, combinadas adems con la escala y anclaje en la explotacin rentista de recursos naturales que esta adopta en Chile, hace que los efectos del rgimen de capital desborden las consecuencias inmediatas de este en el seno de la fbrica (bajos salarios, extensas y extenuantes jornadas de trabajo, precarias condiciones laborales, etc.). Este cuadro genera finalmente que los conflictos antes identificados sean hoy, junto a las reivindicaciones clsicas, parte orgnica de las luchas de los trabajadores [25] .

Respecto a las caractersticas de la conflictividad social del ltimo tiempo se constata, segn informacin recogida entre 2000 y 2012 [26] , un rol no menor jugado por los trabajadores. De hecho, las protestas de carcter laboral-salarial fueron las que ocuparon el primer lugar (36%) entre todas las acciones de protesta ocurridas entre 2015 y 2016 [27] . Esto a pesar de no contar con la misma cobertura meditica e incidencia en el debate pblico en relacin a acciones llevadas a cabo por otros actores sociales, como por ejemplo la que han tenido los estudiantes.

Para el perodo 2000-2012, del total de acciones de protesta, los trabajadores ocuparon el segundo lugar (20,7%) entre los distintos grupos sociales que animaron estos eventos, prcticamente a la par con los estudiantes (20,9%), y seguidos muy de cerca por los pueblos originarios (18,5%). Detrs de estos ltimos se situaron los pobladores (12,2%).

El principal blanco de los actos de protesta, independientemente del actor social detrs de estos, lo constituy el Estado, seguido de la empresa privada. En cuanto a la masividad, ms de las tres cuartas partes de estos actos convocaron a un nmero inferior a mil personas. Geogrficamente, un poco ms de la mitad se llevaron a cabo fuera de Santiago. Finalmente, en relacin a los grados de represin desplegados por el Estado, en el 21,1% de los casos se registraron detenciones de manifestantes.

Cuando las protestas se dirigieron contra el Estado, la violencia por lo general estuvo ausente; no as cuando la empresa privada fue el blanco. Por otra parte, las protestas de trabajadores estuvieron generalmente asociadas a prcticas disruptivas del orden pblico. Esto en mucha mayor proporcin que en las acciones impulsadas por otros sectores sociales, los cuales se inclinaron a este tipo de prcticas solo en presencia de demandas radicales. Por ltimo, los mayores grados de violencia estuvieron asociados a eventos de pequeos grupos localizados fuera de la capital.

En el mbito especfico de los trabajadores, se detecta un ciclo de alza de la conflictividad laboral dado por una explosin de huelgas desde 2006 a la fecha [28] . Esta reanimacin de la iniciativa de las clases trabajadoras toma la forma de una verdadera guerra de guerrillas laboral, en el sentido de que, junto a un crecimiento sostenido de eventos huelgusticos, estos se caracterizan por ser de corta duracin e involucrar un nmero acotado de trabajadores en cada evento.

Otro elemento importante es la relevancia que cobran las huelgas extra legales. De hecho, en 2015 y 2016 el nmero de estas super por primera vez desde 2003 a las legales. Junto con la mayor disposicin de combate de los trabajadores, esto estara dando cuenta de las limitaciones de la institucionalidad laboral vigente para procesar y encausar adecuadamente los conflictos surgidos en este mbito, algo que se habra tratado de encarar parcialmente con la reforma impulsada por el gobierno de la Nueva Mayora.

Son estas caractersticas la mayor actividad y el desborde de los canales legales e institucionales las que, entre otros elementos, explicaran el desgaste de la CUT como uno de los garantes por abajo de la dominacin burguesa que esta ostent en el perodo post dictatorial. La prdida de ascendencia de la central sobre el movimiento de trabajadores priva a la burocracia sindical de su razn de ser dentro del bloque en el poder, terminando finalmente por desplazarla de l al no ser funcional para la dominacin del capital.

No obstante lo anterior, se observa una alta heterogeneidad en la actividad huelgustica de las clases trabajadoras, especialmente en el sector privado de la economa. Esta presenta caractersticas diferenciadas y distintos niveles de iniciativa dependiendo de la rama de la actividad en se lleven a cabo. Escasamente rebasan los lmites geogrficos de la regin en que se realizan. En otras palabras, su alcance es local y raramente logran generar una articulacin a nivel nacional. As tambin, la actividad huelgustica se encuentra fundamentalmente arraigada en las grandes empresas.

Por ltimo, en el mbito de la conciencia se observa an un estadio de desarrollo pre-poltico y para qu decir socialista. Se trata fundamentalmente de reacciones instintivas a los abusos del capital, razn por la cual predominan las demandas salariales y por el mejoramiento de las condiciones inmediatas de trabajo, con escasa o nula presencia reivindicaciones de otro tipo.

Desde una perspectiva histrica, la actual conciencia de las clases trabajadoras es una suerte de amalgama fruto de la sedimentacin de las experiencias y prcticas de distintas capas generacionales superpuestas; las cuales a su vez no son sino otra cosa que el reflejo consciente de las reconfiguraciones de las relaciones laborales y condiciones de vida que el capitalismo chileno ha impuesto en las ltimas dcadas, as como tambin de los procesos polticos por los que este ha atravesado.

En dicho sentido cabe distinguir y caracterizar las distintas generaciones que conviven al interior de las clases trabajadoras. Un contingente de esta clase, el ms antiguo e inevitablemente decreciente, experiment los finales de la configuracin pre neoliberal de las relaciones laborales, el ascenso de las luchas obreras, el trauma de la reaccin burguesa y la refundacin del capitalismo chileno. La miseria la impuls a asumir tambin la lucha anti dictatorial, para terminar finalmente en la frustracin de la transicin democrtica de la administracin civil del capitalismo. Este segmento representara hoy, segn lo que se puede deducir a partir de los datos de la estadstica oficial y ya sea si considera el total de la fuerza laboral o solo la poblacin asalariada dentro de aquella, entre un 25 y 20% de la clase trabajadora chilena.

Un contingente intermedio mayoritario, pero igualmente destinado a decrecer en el tiempo entr al mercado laboral y/o tuvo su despertar poltico en pleno proceso de reconfiguracin de las relaciones capital-trabajo bajo el perodo contrarrevolucionario de la dominacin burguesa, donde no haca ms que campear la miseria y la represin abierta sobre las clases trabajadoras y sus organizaciones. Al igual que el primero, pas por la experiencia de la lucha anti dictatorial y la posterior frustracin de la transicin. Esta generacin, hija del neoliberalismo temprano, representara el grueso de la clase trabajadora con alrededor del 50% de participacin.

Finalmente, su contingente ms joven, conformado por aquellos miembros nacidos desde la segunda mitad de los 80 o derechamente a partir de la dcada de los 90 en adelante, conoce exclusivamente la configuracin neoliberal de las relaciones capital-trabajo. Adems, solo ha visto el rgimen poltico correspondiente a la administracin civil del capitalismo. De esta manera, la coercin que ha experimentado corresponde a la normalidad de una democracia representativa sin ms, y no a la de un rgimen de excepcin de la dominacin burguesa como la dictadura militar.

Esta generacin no ha sido ms que ser educada poltica y culturalmente y disciplinada laboralmente por el capitalismo neoliberal en su plenitud, es su hija legtima. En este sentido, es un producto de un neoliberalismo maduro, est moldeada a su imagen y semejanza. Hoy este contingente representa entre un 25 y 30% de los trabajadores, participacin que ir ensanchndose progresiva e indefectiblemente a medida que el tiempo vaya pasando.

No puede dejar de mencionarse tambin el no despreciable contingente de poblacin migrante, especialmente de origen afrodescendiente, que en el ltimo tiempo se ha incorporado a las filas trabajadoras, nutriendo la conciencia de esta clase son elementos ajenos al devenir poltico-social del capitalismo chileno.

Un hecho caracterstico, que viene dado sin duda por su propia experiencia, y que se ha revelado con fuerza en el ltimo tiempo es la acentuada desafeccin del segmento ms joven de las clases trabajadoras para con la institucionalidad poltica. No por casualidad los distintos estudios muestran que dicho fenmeno se encuentra especialmente arraigado en jvenes de origen popular.

Su profundidad y extensin plantea la posibilidad de la cual la izquierda revolucionaria debe sacar el mximo provecho poltico y organizativo posible de constituir desde un comienzo un movimiento de trabajadores ideolgicamente libre de cualquier fetichismo republicano e ilusin democrtica; ideas en las que el reformismo educ sistemticamente a la clase obrera durante el siglo pasado, y que hoy se levantan desde el ciudadanismo bajo la forma de una supuesta democracia secuestrada por los grandes intereses econmicos y polticos corruptos al servicio de estos. Se abre as la posibilidad de acabar con el predominio histrico que el reformismo ha tenido en las organizaciones de trabajadores. Predominio que incluso en los momentos cruciales y de mayor ascenso del movimiento de masas las corrientes revolucionarias nunca pudieron revertir [29] .

En sntesis, en el mbito de los trabajadores se aprecia una creciente actividad y toma de posicin de nuevas generaciones en su interior que, a pesar de sus enormes potencialidades para la lucha poltico-social, an requieren cristalizar poltica y orgnicamente para que estos ocupen el rol protagnico que les corresponde en la escena nacional.

Si bien los rganos y prcticas de lucha que vayan levantando y poniendo en juego las clases trabajadoras en pos de la defensa de sus intereses inmediatos, as como aquellas ms avanzadas que desafen abierta y directamente el poder de la burguesa, no pueden establecerse a priori ni ser decretados arbitrariamente [30] , el rol de la organizacin poltica revolucionaria es actuar con suficiente audacia y determinacin en su interior, de modo de que cuando se levanten sean impulsados hacia estadios superiores, en el sentido de que las clases trabajadoras ganen mayores grados conciencia, cohesin y combatividad.

3.3. Carcter del cambio revolucionario

Estando los trabajadores en el centro de la transformacin revolucionaria de la formacin social chilena, o sea, siendo su fuerza motriz, el carcter de dicha transformacin no puede ser sino socialista. Pero no solamente eso.

Tal como se plantea hoy, el problema de las fuerzas y el carcter del cambio revolucionario marca un contraste con la teorizacin clsica del siglo XX. Esto porque, tratndose de formaciones sociales en que el modo de produccin capitalista coexista con modos pre burgueses, el foco en esta estaba puesto en las alianzas inter clasistas que los trabajadores deban establecer en el seno del pueblo para llevar a cabo la transformacin de la sociedad; en tanto que ahora de lo que se trata es principalmente de la identificacin dentro de la misma clase trabajadora de sus prcticas potencialmente subversivas y los sectores de vanguardia de esta.

Uno de los grandes aciertos de la teorizacin leninista fue la visualizacin del potencial revolucionario que presentaban el problema agrario y la cuestin nacional. Gran parte de los conflictos sociales y de las rupturas con el capitalismo durante el siglo XX pasaron efectivamente por estas dos cuestiones, que en la prctica iban imbricadas entre s. De all que la visin estratgica leninista terminara por establecerse como la predominante al interior de las organizaciones revolucionarias.

El debate al interior del marxismo ruso de fines del siglo XIX y principios del XX, confirmado despus por los hechos de la revolucin, estableci que una de las precondiciones necesarias para el derrocamiento de la burguesa, y el ascenso del proletariado industrial al poder, era la sublevacin de los campesinos pobres contra el rgimen de propiedad vigente en el campo. Para sostenerse en el poder el proletariado deba asegurar una alianza con estos, adoptando las reivindicaciones campesinas en su programa y materializando las promesas incumplidas de la burguesa en cuanto a la eliminacin de los vestigios pre capitalistas en el agro.

As, a pesar de ser un actor cuantitativamente minoritario, el proletariado constitua la fuerza motriz del cambio revolucionario en Rusia, ya que su posicin en la sociedad y su capacidad de accin colectiva independiente le otorgaban un papel cualitativamente superior al resto de las capas populares [31] . En cambio, siendo la inmensa mayora de la poblacin, el campesinado no era capaz de levantar una accin colectiva consistente que le permitiera ponerse a la cabeza de la revolucin. Su papel era crucial, pero subordinado a la direccin del proletariado.

Con este esquema a la vista el paradigma leninista puede ser entendido como un programa de la revolucin socialista en sociedades en que el capital no ha logrado extender plenamente el conjunto de relaciones que le son propias [32] . A partir de la experiencia rusa los continuadores del leninismo desarrollaron un esfuerzo sistemtico de elaboracin de una estrategia de conquista del poder e incluso de construccin del socialismo en formaciones sociales en que precisamente el proletariado industrial no era necesariamente mayora, conviviendo con amplias capas explotadas no proletarias.

La convergencia de distintos actores sociales producto del atraso del desarrollo capitalista implic que uno de los elementos claves del programa leninista, incluso en la versin permanentista de la revolucin (Trotsky), fuera la diferenciacin conceptual aunque no necesariamente cronolgica de las tareas democrticas de las socialistas. El debate posterior entre las corrientes reformistas y revolucionarias era de si haba cabida para una alianza temporal con la burguesa o sectores de esta para llevar cabo las primeras o, en cambio, desde un comienzo el proletariado deba ponerse a la cabeza de estas transformaciones.

La visin leninista fue innovadora en el sentido de que ciertos elementos inconclusos del programa de la revolucion burguesa y por tanto no estrictamente proletarios eran incorporados por el movimento socialista; con la particularidad de que dichas reivindicaciones no eran ya llevadas a cabo por la burguesa, sino por el proletariado y su partido.

Bajo las actuales condiciones del capitalismo y las transformaciones introducidas por este queda por evaluar la vigencia del conjunto y de los componentes particulares de la concepcin leninista de la revolucin, tales como: el programa de la revolucin, el anlisis del conflicto clasista que lo sustenta, la teora de la organizacin, etc.

Hasta ahora el marxismo est en deuda en lo que al desarrollo de una estrategia revolucionaria para los pases capitalistas avanzados respecta. No ha podido dar con una formulacin semejante a la leninista que sirva de modelo para llevar a cabo exitosamente la revolucin socialista en formaciones sociales en que el capital est extendido al conjunto de las relaciones sociales y ha eliminado las formas precapitalistas [33] .

En sntesis, por las caractersticas de la formacin social y el actor involucrado, la transformacin revolucionaria del capitalismo chileno no podr ser sino directamente socialista. A excepcin de la reivindicacin nacional-territorial mapuche, no hay reivindicaciones democrtico-burguesas, y actores que las encarnen, que signifiquen una potencial ruptura revolucionaria. La fase neoliberal ha realizado en la prctica en Chile el proyecto histrico de la burguesa, agotndolo. Se cierra as toda una poca para la revolucin socialista, abrindose otra nueva [34] .

 

 

4. Desafos de la izquierda revolucionaria: programa, estrategia y organizacin

El desafo en lo inmediato para las organizaciones de la izquierda revolucionaria chilena debiese ser la definicin de una serie de lineamientos poltico-programticos transversales en vista a la transformacin revolucionaria del capitalismo nacional en una perspectiva socialista.

Este solo hecho constituira ya de por s un gran avance en relacin al estado actual en que se encuentra el sector. Esto porque en la definicin de lineamientos poltico-programticos hay implcita una serie elementos presupuestos y otros que necesariamente se desprenden, los cuales adems deben guardar coherencia entre s.

En el primer mbito, el de los presupuestos, se encuentran el anlisis de la formacin social que se pretende subvertir, la identificacin de las contradicciones que la desgarran y los actores que las encarnan.

En tanto, en el de los elementos que se desprenden se encuentran fundamentalmente las definiciones en torno a la estrategia y al tipo de organizacin adecuadas para llevar a cabo los fines propuestos: el derrocamiento de la burguesa y el establecimiento de una sociedad socialista.

La lucha del pueblo mapuche es aleccionadora al respecto. Si bien descansa sobre unos presupuestos histrico-sociales distintos que la de las clases trabajadoras, puede ser tomada desde las organizaciones revolucionarias socialistas como experiencia modelo para ilustrar por analoga la problemtica que se enfrenta.

Esquemticamente, el ncleo programtico de las organizaciones de avanzada mapuches lo constituye la demanda de autodeterminacin nacional-territorial de este pueblo. De ah que este sea en lo esencial un programa de liberacin nacional. Dicho programa tiene adems como fundamento el despojo territorial y sometimiento que histricamente el Estado chileno le ha infringido al pueblo mapuche.

El programa identifica como actor central al pueblo-nacin mapuche.

El objetivo estratgico no es sino la expulsin de las fuerzas de ocupacin del Estado chileno en territorio mapuche (Wallmapu). La va adoptada para alcanzarlo es una poltica de recuperacin de tierras usurpadas y de acciones de sabotaje econmico al gran capital que opera en la zona.

Al atentar contra la propiedad privada del capital y los terratenientes, la estrategia impulsada es abiertamente ilegal. Esto pone inmediatamente al pueblo mapuche y sus organizaciones en un enfrentamiento directo con el Estado chileno, especialmente con sus aparatos represivos.

En consecuencia, y coherentemente, lo anterior no hace sino definir el carcter mismo que adoptan las organizaciones de avanzada mapuches. Por su propia dialctica, no es posible sostener un programa y una estrategia de las caractersticas antes descritas sin una organizacin con un alto componente clandestino en su funcionamiento diario y que incorpore desde un comienzo el elemento armado-militar. Lo organizativo es siempre a final de cuentas una cuestin poltica.

As, en un ejercicio anlogo al realizado por las organizaciones de vanguardia mapuches, las organizaciones revolucionarias de las clases trabajadoras deben ser capaces de identificar los presupuestos sobre los que descansa una eventual transformacin socialista del capitalismo chileno y establecer los lineamientos del programa poltico que mejor la expresa. Esto constituir la base para avanzar en posteriores definiciones en otros mbitos, tales como de estrategia poltica y orgnicos.

Santiago, marzo 2018.



* Documento destinado a la discusin y formacin poltica del activo militante de las organizaciones de la izquierda revolucionaria chilena.

[1] Para un mayor detalle sobre los conceptos de formacin social, fase y su relacin con la prctica poltica revolucionaria vase Tomas A. Vasconi: Gran capital y militarizacin en Amrica Latina, Ediciones Era, Mxico, 1978, pp. 13-17. Para el concepto de patrn de acumulacin vase Jos C. Valenzuela Feijo: Qu es un patrn de acumulacin?, UNAM, Mxico, 1990, pp. 60-65.

[2] Esto es, con conciencia de sus intereses especficos, permitindole afirmar su independencia de clase y levantar una agenda propia en la escena nacional.

[3] Por ejemplo. Si bien para Lenin la cuestin agraria, en la medida en que el cuestionamiento del rgimen de propiedad vigente llevaba directamente al desafo del poder de la nobleza terrateniente, constitua un foco de ruptura revolucionaria en la Rusia zarista; esta, sin embargo, poda ser eventualmente resuelta en el marco del propio capitalismo. En efecto, segn l haba dos caminos posibles: Los restos del feudalismo pueden desaparecer tanto mediante la transformacin de las haciendas de los terratenientes como mediante la destruccin de los latifundios de los terratenientes, es decir, por medio de la reforma y por medio de la revolucin. El desarrollo burgus puede verificarse teniendo al frente las grandes haciendas de los terratenientes, que paulatinamente se tornen cada vez ms burguesas, que paulatinamente sustituyan los mtodos feudales de explotacin por los mtodos burgueses, y puede verificarse tambin teniendo al frente las pequeas haciendas campesinas, que por la va revolucionaria extirpen del organismo social la excrecencia de los latifundios feudales y se desarrollen despus libremente sin ellos por el camino de la agricultura capitalista de los granjeros. V.I. Lenin: El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolucin rusa de 1905-1907, Editorial Progreso, Mosc, s/f, p. 26.

En este sentido, el desarrollo de las relaciones agrarias en Chile se ajustara a una variante de la primera de las vas identificadas por Lenin. Este desarrollo que se vio acelerado tanto por los sucesivos intentos de reforma de los gobiernos de Frei y Allende, como por la poltica de apertura comercial que llevaron a cabo la dictadura y las posteriores administraciones civiles del capitalismo chileno.

[4] Para un mayor desarrollo del tema vase El conflicto mapuche y las definiciones estratgicas de la izquierda, Punto Final, N 879. Disponible en: http://www.veracirema.org/single-post/2017/07/26/El-conflicto-mapuche-y-las-definiciones-estrat%25C3%25A9gicas-de-la-Izquierda

[5] Naturalmente la otra solucin burguesa es la abiertamente reaccionaria y represiva. Hoy por hoy la poltica burguesa en la Araucana es una mezcla oscilante entre la va represiva y la reformista.

Con tal de resguardar los intereses de la gran explotacin forestal que opera en Wallmapu, la burguesa ha demostrado que, aun a costa de abrir una crisis al interior del propio Estado, no tiene empacho alguno en pasar a llevar el Estado de derecho. Esto es precisamente lo que qued en evidencia con el actuar de los aparatos represivos que, en el marco de la bochornosa Operacin Huracn, optaron derechamente por la falsificacin de evidencia para culpar a dirigentes mapuches, cuyo fin no era sino amedrentar al conjunto de este pueblo y doblegar su espritu de lucha.

[6] Una tercera opcin es que el pueblo mapuche desarrollara tal grado de capacidad militar que lograra derrotar y expulsar definitivamente a las fuerzas de ocupacin del Estado chileno en Wallmapu. Tratndose, sin embargo, de unas fuerzas armadas modernas, equipadas con tecnologa de punta y un contingente de poblacin y territorio acotado, que dificultan las maniobras que demanda un esquema de guerra popular, este escenario resulta muy poco factible en la prctica.

[7] Precisamente teniendo a la vista la cuestin agraria en Rusia, Lenin en un principio reivindicaba en el programa de los bolcheviques la frmula de dictadura democrtica de obreros y campesinos como algo distinto y previo a la dictadura del proletariado. Esta sera sometida a anlisis crtico por Trotsky, quien en oposicin sostendr la frmula de revolucin permanente.

[8] Gran Therborn: Las clases en el siglo XXI, New Left Review, 78, Enero/Febrero 2013, p. 26. Disponible en: http://newleftreview.es/78

[9] Para un intento de caracterizacin de la crisis poltica desde la perspectiva de la lucha de clases vase el documento de discusin Las elecciones y el cambio de perodo en el capitalismo chileno, disponible en: http://www.cctt.cl/nuevocorreo/2017/12/21/chile-poselectoral-las-elecciones-y-el-cambio-de-periodo-en-el-capitalismo-chileno/ . Tambin Rafael Agacino: Dnde est el poder? Las anomalas del proyecto neoliberal y las opciones para un poder poltico-social emergente, 4/6/2013, disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=169063 .

[10] Esta formulacin no es exclusivamente chilena, es de hecho sostenida por los idelogos del progresismo latinoamericano. As, por ejemplo, el socilogo brasileo Emir Sader sostiene que: Los dilemas centrales de nuestras sociedades se estructuran alrededor de la superacin o no del neoliberalismo. Nstor, Lula y la segunda vuelta, 29/10/2015, disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205023

Sin embargo, el eje de la poltica revolucionaria socialista no gira en torno a la superacin del neoliberalismo, sino sobre la sustitucin (derrocamiento) de la burguesa del poder pasando por la articulacin de los eslabones intermedios para lograr dicho objetivo. Establecer que el objetivo de las clases trabajadoras es la superacin del neoliberalismo es decirles implcitamente que su tarea radica en el establecimiento de un capitalismo no neoliberal. Es una perspectiva estratgica neo etapista de la transformacin social (primero antineoliberal y despus quin sabe qu) que termina por atarlas a proyectos de refundacin burgueses de los capitalismos latinoamericanos.

No por nada en los ltimos aos se evidencia una profunda crisis poltica de los proyectos nacional-populares como formas de superacin del neoliberalismo, que no es sino reflejo en ltima instancia de la incapacidad de dichos proyectos para superar las estructuras sociales del capitalismo dependiente de la regin. En el corto plazo esta situacin ha derivado en un paulatino reemplazo de varios gobiernos progresistas, sembrando de paso confusin entre los segmentos de la izquierda que levantaron dichas alternativas como modelos a seguir.

[11] La idea que en Latinoamrica predomina una relacin de dominacin colonial ha sido uno de los elementos centrales en el discurso de los gobiernos progresistas de la regin. El supuesto conflicto entre naciones explotadas y explotadoras est en la base de las constantes y demaggicas campaas antiimperialistas como forma de evadir y/o encausar convenientemente la lucha clasista interna. Esta idea tambin est fuertemente arraigada en ciertas expresiones de la izquierda chilena provenientes del reformismo tradicional. Vase por ejemplo Jorge Glvez: Hacia un programa de gobierno radical y patritico de liberacin nacional, 21/7/2016. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=214678

Otra variante sobre las que se han justificado posiciones reformistas con la emergencia de la globalizacin es la supuesta dicotoma entre capital financiero y productivo. De este modo el neoliberalismo sera para estas posiciones una suerte dictadura de las finanzas y la especulacin en detrimento de la produccin.

De la sntesis de esta visin con la idea de pases explotados y explotadores surge la concepcin de la deuda como mecanismo dominacin entre pases. As, la relacin entre pases deudores y acreedores reemplaza a la idea de explotacin del trabajo como eje del anlisis del capitalismo y base programtica de la izquierda. En el caso de Argentina, por ejemplo, esta idea fue constantemente enarbolada por el kirchnerismo en sus cruzadas antiimperialistas contra los capitales buitres cada vez que tena que renegociar la deuda externa.

[12] El conflicto mapuche es el que quiz menor grado de transversalidad social presenta.

[13] En la dcada de los 30 del siglo pasado el keynesianismo fue un arreglo institucional adoptado por las burguesas metropolitanas siendo el desarrollismo su adaptacin latinoamericana ante la necesidad de enfrentar los graves problemas de valorizacin que el capital enfrentaba en la base del proceso de acumulacin en la crisis mundial. Este arreglo se basaba en el reconocimiento de que por s sola la accin individual de los capitales no poda impulsar la actividad econmica al ritmo y escala suficiente para sostener el pleno empleo. El manejo activo de la poltica monetaria y fiscal aparecan, as, como las herramientas de los Estados capitalistas para enfrentar dicha situacin.

Una situacin similar a la de los aos 30 podra estar instalando hoy en el seno del capital mundial el deterioro medioambiental. Solo que ahora no sera una cuestin de impulsar la actividad econmica, sino de encausarla sustentablemente. La escala alcanzada por los procesos productivos impulsara la valorizacin de determinados capitales en desmedro de otros. La libre accin de los capitales individuales sera un obstculo para la valorizacin general del capital, generando as la necesidad y forzando la adopcin por parte de la burguesa de un nuevo arreglo institucional que reemplace al neoliberalismo por una suerte de keynesianismo verde. Este keynesianismo, a diferencia del antiguo, tendra como objeto no tanto el manejo fiscal y monetario como la regulacin y encausamiento de los procesos productivos mismos del capital en pos de la sustentabilidad medioambiental, reposicionando nuevamente el rol del Estado en la actividad econmica.

[14] Expresin de esto ha sido el movimiento No+AFP. Su resonancia y receptividad entre las clases medias le dio la masividad que en un comienzo mostr en las calles. Pero, as como le dio masividad y repercusin en la opinin pblica, le dio tambin inorganicidad, que desemboc finalmente en la disipacin de su presencia en las calles.

La hegemona de las clases medias en su interior le imprimi un carcter ciudadanista al movimiento. Su conduccin pequeoburguesa se esforz por llevar la discusin al mbito tcnico, tratando de demostrar a ojos de la ciudadana la factibilidad de un sistema de pensiones alternativo al vigente.

Las tcticas puestas en juego en general respondieron a la visin propia de dichas clases, privilegiando la marcha ciudadana por sobre la movilizacin de los sectores organizados de trabajadores, levantando demaggicas campaas de boicot de consumidores como los llamados masivos a cambiarse de fondo o a abandonar determinadas administradoras corruptas. Se prometa con esas acciones fantasiosos colapsos del sistema financiero, que lo nico que hicieron a fin de cuentas fue oscurecer el verdadero problema que enfrentaban los trabajadores y que perdieran el foco al cual su lucha debera haber apuntado.

En contraste con lo anterior, para las organizaciones revolucionarias de lo que se trataba era poner en el centro del movimiento a las clases trabajadoras, articulndolas como un actor colectivo que le saliera al paso al capital financiero y a los tecncratas neoliberales. La tarea aqu es llevar la contradiccin al terreno de la lucha de clases.

[15] Desde de la perspectiva histrico-materialista el socialismo no es solo un deseo de una sociedad mejor que basta con afirmarlo para que esta se establezca. Por el contrario, este es un ordenamiento social que presupone ciertas condiciones materiales bien precisas para su realizacin, las cuales no se reducen exclusivamente al nivel de desarrollo tcnico-productivo alcanzado por la sociedad.

En la visin marxista es a partir de las propias contradicciones instaladas por el capitalismo que surge la posibilidad del establecimiento del socialismo, siendo la moderna clase trabajadora asalariada surgida de sus entraas el actor consciente encargado de llevar a cabo la materializacin de dicho proyecto.

[16] De hecho, las clases trabajadoras no estn siquiera en el centro del conflicto, lo que no significa que no las afecte ni que no deban tomar posicin frente a l.

[17] Es perfectamente factible pensar que en un eventual Wallmapu autnomo siga siendo el capitalismo el modo de produccin predominante, o al menos que siga teniendo presencia importante en varias ramas de la economa.

[18] Se trata de una denominacin provisoria a falta de otra mejor. Se reconoce, por tanto, lo inadecuado que podra ser el nombre aqu asignado a esta contradiccin y lo incompleto de su abordaje. Respecto a esto ltimo cabe consignar que esta no se reduce exclusivamente a los efectos de la accin del capital sobre la naturaleza, sino que tambin abarca una serie de problemas asociados, tales como desarrollo urbano y condiciones de vida de la poblacin. En general, se trata de los efectos de la acumulacin capitalista sobre esferas que desbordan los lmites inmediatos de la produccin.

[19] Vase Michael Lwy: Ecosocialismo. La alternativa radical a la catstrofe ecolgica capitalista, Herramienta Ediciones/Editorial El Colectivo, Argentina, 2011.

[20] Es, por lo dems, una idea bsica de la concepcin materialista de que las relaciones jurdicas no hacen sino expresar condiciones econmicas subyacentes, de la cual se desprende consecuentemente toda una determinada lnea de accin poltica que contrasta con la ilusin legalista de transformar el capitalismo.

Este era el argumento de fondo esgrimido por Rosa Luxemburgo cuando, en su polmica con el reformismo, sostena que todas las relaciones bsicas del dominio capitalista de clase no pueden ser transformadas por medio de reformas legales y sobre una base burguesa, por la sencilla razn de que estas relaciones no han sido consecuencia de leyes burguesas, ni estas leyes les han dado su fisonoma. Rosa Luxemburgo: Reforma o revolucin, Akal, Madrid, 2015, p. 81.

[21] Gran parte de la dramtica situacin por la que atraviesa la economa venezolana hoy en da radica en el problema descrito anteriormente. A pesar de la serie de medidas adoptadas por el gobierno bolivariano, como fijacin de precios, reajustes salariales, control cambiario, entre otros, la burguesa venezolana, al controlar los principales medios de produccin y distribucin, termina apropindose de la renta petrolera generada por el sector estatal. Todo esto a costa de desangrar al pas mediante la fuga de divisas y el debilitamiento del aparato productivo, generando enormes padecimientos a las clases trabajadoras y extensos sectores del pueblo venezolano.

Se trata ya de un modus vivendi que la burguesa parsita venezolana ha establecido con sectores del chavismo, de otro modo no se explicara la persistencia en el tiempo de esta situacin.

[22] Vase Hacia una plataforma de lucha por los derechos generales de los trabajadores y la realizacin de una asamblea nacional programtica, Colectivos de Trabajadores, CC.TT., 26/7/2001. Disponible en: http://www.cctt.cl/nuevocorreo/wp-content/uploads/2016/02/HPLDGT260701.pdf

[23] La investigacin sociolgica en Chile parece haber recobrado en el ltimo tiempo un particular inters por el tema de las clases sociales y el conflicto asociado a ellas. As, por ejemplo, para un anlisis de la composicin de clases en el Chile actual vase Carlos Ruiz y Giorgio Boccardo: Los chilenos bajo el neoliberalismo. Clases y conflicto social, Fundacin Nodo XXI/elDESCONCIERTO.cl, Santiago, 2014.

Para una discusin de las tesis estratgicas presentadas por dichos autores, que en lo medular apuntaran a nuevos pactos sociales reformistas dentro del sistema institucional, vase Franck Gaudichaud: Las fisuras del neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la democracia tutelada y conflictos de clases, Quimant/Tiempo Robado Editoras, Santiago, 2015.

[24] De su heterogeneidad y multidimensionalidad surgen tambin contradicciones en el seno de las propias clases trabajadoras. Algunas de larga data, tales como las fricciones entre trabajadores nacionales y los crecientes contingentes de poblacin migrante; y otras nuevas, como la demanda por empleo y la necesidad de contar con un entorno y condiciones generales de vida aceptables.

Es aqu donde precisamente entra a jugar el rol pedaggico de la accin de los militantes revolucionarios en vistas a superar las estrecheces chovinistas o de otra ndole inculcadas por las clases dominantes, y tambin la accin de la organizacin como espacio de sntesis de las nuevas tensiones y asegurar que estas sean procesadas en clave socialista en la conciencia de las clases explotadas.

[25] La complejizacin de la estructura social y la emergencia de las contradicciones del capitalismo chileno han generado la necesidad en la academia burguesa por abordar los conflictos asociados a estas. Este es el caso, por ejemplo, del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesin Social (COES), del cual se puede extraer valiosa informacin para la caracterizacin y evaluacin del estado de la lucha de clases en Chile.

[26] Rodrigo Medel y Nicols Somma: Marchas, ocupaciones o barricadas? Explorando los determinantes de las tcticas de la protesta en Chile, Revista Poltica y Gobierno, primer semestre de 2016.

[27] Conflicto social en Chile 2015-2016: Disputando mitos, COES, julio 2017.

[28] Informe de Huelgas Laborales 2016, COES-UAH, junio 2017.

[29] No obstante la accin del reformismo, la persistencia de las ilusiones en el sistema democrtico burgus en la conciencia de las clases trabajadoras chilenas tiene un origen histrico-social ms profundo. En efecto, la adopcin de la forma republicana con todos los defectos de su deformacin oligrquica del Estado en Chile es anterior al asentamiento definitivo del capitalismo como modo de produccin dominante y al nacimiento de la moderna clase trabajadora.

Esta condicin, y dada la alianza y superposicin entre la burguesa y la oligarqua comercial-terrateniente que constituy el ncleo del bloque en el poder durante gran parte del siglo pasado, daba pie a la ilusin de una institucionalidad secuestrada por determinados intereses ajenos a la democracia, bastando con cambiar a los personajes especficos que los encarnaban para restituir la verdadera democracia.

Desde su mismo nacimiento el socialismo en Chile fue presa de estas ilusiones, sosteniendo que l cumpla la misin regeneradora de la democracia (Jorge Navarro L.: Revolucionarios y parlamentarios. La cultura poltica del Partido Obrero Socialista, 1912-1922, LOM, Santiago, 2017).

La forma especfica que adopta el Estado es una variable no menor al momento de determinar la conducta poltica de las clases trabajadoras. As, por ejemplo, y en contraste con la chilena, la naciente clase obrera rusa enfrentaba a un Estado autocrtico, cuyo rasgo caracterstico era la ausencia completa de instituciones democrtico-representativas. Fruto del rgimen monrquico vigente, que por definicin fusiona la cspide del aparato estatal a personas determinadas, sus ilusiones estaban necesariamente atadas a la figura del zar (y no a instituciones). Cuando estas rpidamente se desvanecieron a raz de los sucesos del Domingo sangriento (1905) qued al desnudo a sus ojos todo el esquema de clases sobre el que el zarismo descansaba, abrindose un proceso de ascenso revolucionario que culminara con la toma del poder en 1917. En este trayecto los trabajadores rusos se vieron obligados por la necesidad de las circunstancias a levantar sus propias instituciones polticas (soviets).

[30] Respecto a la intensificacin considerable de la actividad de las masas, componente necesario de una situacin revolucionaria, Lenin era enftico en sealar que este tipo de escenarios irrumpen al margen de la voluntad no solo de las organizaciones polticas, sino tambin de las mismas clases. Vase V.I. Lenin: La bancarrota de la II Internacional en Obras escogidas en doce tomos, tomo V, Editorial Progreso, Mosc, 1976, pp. 226-227.

De una opinin similar sobre la accin de las masas y el rol de la organizacin poltica era Rosa Luxemburgo (Huelga de masas, partido y sindicatos, Siglo XXI, Madrid, 2015).

[31] As, evaluando la experiencia de la primera revolucin rusa, Lenin estableca en 1907 que: Se ha puesto plenamente de relieve el papel dirigente del proletariado, as como el hecho de que su fuerza en el movimiento histrico es inconmensurablemente mayor que su peso numrico en relacin con el total de la poblacin. V.I. Lenin: El desarrollo del capitalismo en Rusia, Editorial Ayuso/Akal Editor, Madrid, s/f, p.19.

[32] Como se mencion anteriormente, en la Rusia zarista, de hecho, ni siquiera existan las instituciones mnimas del sistema democrtico burgus.

[33] Tal vez el mayor avance que registra en este mbito aunque sin lograr la misma hegemona del leninismo sean las reflexiones elaboradas por Gramsci.

[34] Esto es de importancia crucial, ya que cambia el presupuesto histrico-social sobre el que se formul el programa y estrategia de la revolucin socialista durante el siglo XX. Asociado a esto, uno de los aspectos que estn en juego aqu es el carcter mismo de las organizaciones. Estas bien pueden asentar las definiciones de sus lneas de accin sobre un verdadero anlisis materialista de la realidad, o bien ser meras sectas repetidoras de dogmas ya establecidos condenadas a la irrelevancia poltica.

El cambio programtico es algo que no deja de ser controversial incluso en las organizaciones revolucionarias, pudiendo generar serias convulsiones en su interior. Este fue el caso del partido bolchevique cuando Lenin present las Tesis de abril. El episodio se encuentra narrado y analizado en detalle por Trotsky en el captulo El rearme del Partido de su Historia de la Revolucin Rusa (tomo I, Quimant, Santiago, 1972, pp. 367-385).

Tambin el Che expresaba una idea semejante al referirse a la trascendencia histrica de la Revolucin cubana. Para l esta no se limitaba a una rebelin contra las oligarquas, sino que a su vez constitua una rebelin contra los dogmas revolucionarios (Diario en Bolivia, LOM/Punto Final, Santiago, s/f, p. 198).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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