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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2018

El mundo ficcional del independentismo

Antonio Santamara
TopoExpress


La situacin de bloqueo institucional del Parlament de Catalunya, expresa las dificultades del bloque independentista cada vez ms cuarteado para gestionar el fracaso de la va unilateral hacia la secesin impulsada en la pasada legislatura.

El inesperado xito de la lista de Junts per Catalunya, liderada por Carles Puigdemont, en las elecciones convocadas en virtud del artculo 155 de la Constitucin, desbarat el escenario poltico previsto impidiendo que ERC se alzase con la hegemona del bloque independentista y situando en el centro de la agenda poltica la pretensin legitimista de restituir el gobierno legtimo e implementar la Repblica catalana.

Esta estrategia revent los planes de ERC de iniciar una legislatura larga, evitando los choques frontales con el Estado y articulando una mayora de izquierdas en torno a un acuerdo con los Comunes y con la benevolente complicidad del PSC. Se trataba, pues, de un repliegue estratgico para ampliar la base social del independentismo a la vista de que con solo el 47% de los votos resulta imposible materializar la secesin. Adems, cuando la va unilateral ha provocado como respuesta el ascenso de Ciudadanos, un partido extramuros del consenso catalanista y actualmente la primera fuerza poltica del pas. Un viraje que ahora ha vuelto a plantear Joan Tard en el artculo titulado Ni astucias ni huida hacia adelante; ahora toca ser ms aunque este planteamiento contiene el imponderable de no sumar una mayora suficiente para formar gobierno, frente a la minora de bloqueo de Junts per Catalunya.

A esta lnea se opone la apuesta legitimista del entorno de Puigdemont, los llamados belgas, y la CUP, ambos partidarios de continuar el enfrentamiento con el Estado e implementar la fantasmagrica Repblica. Por su parte, el PDeCat, heredero de la antigua Convergncia, integrada marginalmente en Junts per Catalunya, se ubica en una posicin intermedia: si, por un lado, comparte con ERC la necesidad del repliegue estratgico frente a la estrategia de la tensin de los belgas y CUP, por otro se opone a la orientacin izquierdista de ERC y optara por un gobierno de coalicin independentista pero instalado en el realismo.

As, pues, el bloque independentista ha dejado de operar como tal. En realidad, como apunta Xavier Vidal-Folch, operan diversas formaciones independentistas sin cohesin interna, donde se revelan opciones estratgicas contradictorias y cada cual defiende sus intereses partidistas y el reparto del poder. Esto se ha evidenciado en las contradicciones y dificultades para la investidura del president de la Generalitat. Descartado Puigdemont, ahora se propone a Jordi Snchez, presidente de la ANC y encarcelado en Soto del Real, cuando todo el mundo sabe independentistas incluidos que su candidatura es inviable. Una propuesta contradictoria con las tesis legitimistas de los belgas, pues en su lgica reinstauracionista si Puigdemont renuncia, el siguiente en la lista debera ser el vicepresidente Oriol Junqueras y no el segundo de la lista de Junts per Catalunya. Especialmente cuando ambos se hallan en idntica situacin procesal y cuando el presidente destituido haba afirmado que resulta imposible gobernar la Generalitat desde la prisin. Un aserto que sera vlido para Junqueras, pero que no servira para Snchez.

Los guardianes de la ortodoxia

Para explicar el extrao comportamiento de las formaciones independentistas han de tenerse en cuenta dos factores: el mundo ideolgico ficticio y la pulsin inquisitorial. En efecto, ciertas ideologas, como nos ense Hannah Arendt, construyen un universo ideolgico ficticio pero con una enorme coherencia interna que, a menudo, choca con la realidad. As, mientras todas las evidencias demuestran que la Repblica catalana no existe, la coherencia ideolgica del mundo ficcional exige comportarse como si existiese, como ocurre, por solo poner un ejemplo, con la pretensin de constituir un Consejo de la Repblica en la mansin de Puigdemont en Waterloo, de resonancias napolenicas.

Adems, si alguien se atreve a sealar la irrealidad de estas fabulaciones es duramente atacado y descalificado como traidor ( botifler en el lenguaje catalanista), como le est ocurriendo ahora a Tard, pero como tambin le sucedi al propio Puigdemont cuando se plante convocar elecciones para impedir la aplicacin del 155. Esta pulsin inquisitorial resulta sumamente efectiva, como estamos comprobando en tiempo real con el errtico comportamiento de Roger Torrent, presidente del Parlament de Catalunya, basculando entre las exigencias del principio de la realidad y los imperativos del mundo ideolgico ficcional.

Ciertamente, en ltima instancia, acaba imponindose el principio de realidad, en ocasiones frente a la feroz resistencia de los guardianes de la ortodoxia del mundo ideolgico ficcional, que cuando triunfan suelen conducir al movimiento al desastre, como tambin se comprob en el desenlace del proceso independentista. As, pues, los partidarios del mundo ideolgico ficcional forzaron la proclamacin la Declaracin Unilateral de Independencia (DUI) que todos los dirigentes secesionistas ante las instancias judiciales han calificado de simblica, salvo la dirigente de la CUP, Mireia Boya, expresin de la mxima coherencia ideolgica del mundo ficcional. Aqu debemos observar cmo las bases del movimiento independentista suelen ser ms receptivas a los cantos de sirena del mundo ideolgico ficticio que a las exigencias del realismo poltico, lo cual complica la salida al actual bloqueo poltico e institucional.

A estas contradicciones de fondo deben sumarse las feroces luchas partidistas por el reparto del control del poder de la Generalitat; particularmente descarnada en lo relativo al control de la Corporaci Catalana de Mitjans Audivisuals, esencial para mantener la cohesin ideolgica de las bases sociales del movimiento independentista y alimentar su mundo ficcional.

Tres escenarios

En esta tesitura se abren tres opciones. En la primera las discrepancias entre las tres formaciones independentistas impediran alcanzar un acuerdo, lo que desembocara en una repeticin de las elecciones. Se trata de un desenlace posible aunque improbable, ya que unos nuevos comicios pondran en peligro la actual mayora del bloque independentista y el reparto del poder. Adems, en todos los grandes eventos, como la convocatoria del 9N, la renuncia de Artur Mas o la DUI, los acuerdos fueron adoptados en el ltimo momento. Sin embargo, no puede descartarse que las exigencias maximalistas de la CUP pudiesen conducir a este desenlace.

La segunda alternativa y la ms probable implicara que finalmente el realismo poltico acabe triunfando sobre los guardianes de la ortodoxia del mundo ficcional y se invista a un presidente de la Generalitat, sin causas pendientes ante la justicia, que gobernase dentro del marco estatutario y constitucional, a la espera de tiempos mejores. No obstante, esta solucin exige una serie de transacciones con los guardianes de la ortodoxia del mundo ficcional. Esto explicara el conato de investidura de Jordi Snchez o del imputado Jordi Turull con el fin de otorgarse el margen de tiempo imprescindible para verificar las citadas transacciones. Ahora bien, los fuertes enfrentamientos entre ERC y Junts per Catalunya auguraran una atribulada existencia a un eventual gobierno de estas caractersticas, donde se reproduciran las contradicciones estratgicas entre la va realista, mayoritaria en ERC, y las pulsiones ficcionales de Junts per Catalunya, que podran conducir a una rpida parlisis de su hipottica gestin.

La tercera opcin y la ms improbable de todas ellas, radicara en que los guardianes de la ortodoxia del mundo ficcional volvieran a imponer sus tesis de enfrentamiento con el Estado e implementacin de la Repblica, lo cual obligara al gobierno central a volver a implementar el l55, aunque ahora en condiciones mucho ms duras que la actual.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-mundo-ficcional-del-independentismo/



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