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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2018

Entrevista a Aurelio Alonso, socilogo y subdirector de la revista Casa de las Amricas
La democracia plena solo podr ser socialista

La Tizza


LT: El 19 de abril prximo se instaurar el nuevo Parlamento en Cuba y se cumplir el trmino de los dos perodos consecutivos de cinco aos en que Ral Castro ha fungido como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. A su juicio, qu desafos enfrentarn desde entonces el ejercicio del poder y el desarrollo de una poltica revolucionaria y socialista en Cuba?

AA [1]: Es de Perogrullo decir que las elecciones de marzo tendrn un significado que las diferenciar de todas las precedentes, pero creo que no queda ms remedio que comenzar por ah. Con la salida de Ral Castro de la presidencia del Consejo de Estado (que de ningn modo significa salir del poder mantendr el cargo de Primer Secretario en el PCC y un asiento como diputado en la nueva Asamblea; adems, no creo que las Fuerzas Armadas prescindan de su comandancia mientras tenga vida), se produce la retirada de esa direccin institucional de lo que recibimos como generacin histrica de nuestra Revolucin. El alto reconocimiento honorfico concedido hace unos das a las tres figuras ms destacadas de la misma que se mantienen activas, tambin lo indica as aunque, como Ral, quedan igualmente en la ANPP. Su papel emblemtico en la resistencia y la bsqueda de perfeccionamiento de lo que los enemigos creen descalificar llamando el rgimen, es innegable y meritorio. Pero la pregunta qu desafos implica este cambio? la cual debe rondar los pensamientos de todos los cubanos requiere distinguir las diferencias que en rigor son visibles de la tentacin adivinatoria. Me limito aqu a lo primero, y tal vez en alguna de las respuestas que sigan me deje llevar por la tentacin.

La nueva eleccin a la Asamblea Nacional del Poder Popular debe cubrir las altas instancias de decisin con la presencia de otra generacin. No se trata ahora del ingreso de figuras aisladas, como hasta hoy se ha dado, sino del ncleo mismo del relevo generacional en las instituciones conductoras de la sociedad. La permanencia de Fidel Castro a la cabeza del sistema poltico desde 1959 hasta 2006 le dio un sentido distintivo al liderazgo histrico de la Revolucin, y permiti consolidar sus valores y su resistencia en las ms adversas coyunturas. Sabemos que ese liderazgo fuerte y consistente propici al pueblo seguridad y confianza. Su relevo por Ral, su ms fiel compaero de luchas desde el asalto al cuartel Moncada en 1953, demostr que aquella resistencia poda mantenerse perfectamente en el contexto de una indispensable renovacin del proyecto de justicia social y equidad emprendido como Estado soberano. Cambiar a fondo sin renunciar a valores y logros, es el propsito manifiesto que sobresale entre cualquier cantidad de propuestas en discusin.

No me interesa aqu y supongo que a ustedes tampoco la especulacin acerca del candidato ms probable a la Jefatura del Estado. Adems, lo decidirn, intuiciones aparte, los diputados que sern electos ahora, por lo que ni siquiera valdran sondeos de opinin, en trminos estadsticos. Lo que me interesa destacar es que, rebasada la poca del liderazgo histrico, la legitimidad del elegido tendr que sostenerse, en todos los niveles del Poder Popular, por el mandato electoral, la rendicin de cuentas de la gestin y el derecho a revocar a los representantes electos, si pierden la confianza de los electores. Ms all de quien sea la persona elegida a la Presidencia, importa el hecho de que el carcter colegiado que la Constitucin asigna al Consejo de Estado se vera reforzado, en la prctica, en la toma de decisiones. No hace falta cambio jurdico previo para presumir que crece el peso del criterio de la mayora al interior de Consejo de Estado. Lo cual debe traducirse en ms responsabilidad participativa, e irradiar a la vez esta influencia hacia todo el sistema de Poder Popular, dado el peso que se asigna ya en todas las instancias a la colegiatura.

Tal vez la esperada reforma de la Constitucin aporte un dispositivo de refrendacin plebiscitaria que refuerce el respaldo directo del pueblo al mandato del elegido, y su gestin no quede sujeta exclusivamente a la representatividad que ostenta el Consejo de Estado. He intentado expresar esta idea anteriormente al inclinarme por la idea de que el Presidente lo sea de la Repblica ms que del rgano colegiado. No obstante esto es imprevisible por el momento. Como lo es tambin una mayor precisin del enunciado de direccin del Estado por el Partido, pues ya se puede inferir a partir de abril una separacin tcita del mando partidario del gubernamental.

De ningn modo se trata de un proceso que implique ruptura con la orientacin del sistema que los cubanos nos hemos dado, que de cara a los reveses sufridos ha mostrado, en momentos crticos, y muestra ahora, resiliencia a travs de enormes dificultades. Aun si se pueden prever, por lo arriba expuesto, cambios ms profundos que los pasos dados hasta hoy.

El desafo para los cubanos a la salida de las urnas en esta eleccin no ser el de procurar o esperar soluciones mgicas para sus dificultades actuales; de ningn modo van a producirse soluciones con facilidad. Se tratara, en sentido general, de acoplar la paradoja aparente entre el nivel alcanzado de conceptualizacin del modelo y la batera aprobada de lineamientos para gobernarse, con la profundizacin de un panorama reformador orientado a dar sustentabilidad y una efectiva participacin ciudadana al proyecto socialista en las condiciones de Cuba. Un acoplamiento de continuidad y cambios que barra con el peligro de un derrumbe social, de un escenario que podra ser no solo de pobreza, sino de desamparo.

LT: Dentro de esos desafos generales, el trminopor razones biolgicas de los liderazgos personales que han configurado la cultura poltica cubana durante el ltimo sexenio comporta retos especficos para el desempeo de entre otros actores:

a) El Partido Comunista de Cuba

b) Las instituciones estatales

c) Las organizaciones polticas y de masas

d) Las formas organizativas de distintos signos ideolgicos que existen en estos momentos en el pas

Pudiera referirse a las caractersticas que ha asumido la configuracin de la cultura poltica cubana del ltimo sexenio en torno a los liderazgos personales? Y a los desafos que comporta la conclusin de estos liderazgos para los actores referidos?

AA: Esta es una pregunta que engloba una extraordinaria complejidad y no podra responderla de manera satisfactoria. Digo satisfactoria para m mismo, en primer lugar. No obstante, tratar de abordar algunos aspectos en los que tengo criterio formado y podra ser de utilidad compartirlos. Antes de tocarlos directamente, recuerdo que, nos guste o no, afrontamos un doble reto. No de manera disyuntiva sino inclusiva: me refiero al reto de corregir malformaciones sistmicas generales de las experiencias socialistas del siglo XX, en el plano de las instituciones como en el de la cultura poltica, por una parte; y por la otra el de hacerlo en las condiciones especficas, de espacio y tiempo, de la realidad cubana. Insisto en el sentido del doble desafo porque al hacer lo segundo, que es lo que nos toca como praxis de construccin socialista, no podemos dejar de mirar tambin a lo primero. El anlisis de los fracasos se hace tan importante como el de los logros, y en especial la interaccin entre unos y otros.

Ahora nos hallamos ante un acontecimiento electoral que concierne a las instituciones del Estado revolucionario y no al Partido, aunque sin duda se hace inseparable aludir esa relacin de poder para proyectarnos hacia la democracia plena que, dicho sea ms all de la ideologa, solo el socialismo podr alcanzar.

Comienzo por el hecho de que la relacin entre Partido y Estado no es no lo considero un tema tericamente resuelto en el marxismo (lo es, eso s, el de la necesidad del partido para revolucionar a fondo la sociedad capitalista). Recuerdo que en los sesenta un estudioso britnico marxista distingua tres connotaciones en el uso del concepto de partido en Marx[2]. Es algo que gan precisin en sus sucesores, en un contexto polmico, en el cual se destacan los aportes de Kautsky, Plejanov, Rosa Luxemburgo, Trotsky y, sobre todo de Lenin, de quien recibimos la nocin ms elaborada y acertada del concepto como vanguardia del proletariado, como la organizacin de avanzada, la intelligentsia de la clase social responsabilizada con la tarea histrica de cohesionar las fuerzas para realizar el cambio revolucionario. Primero desde la oposicin, para llegar al poder, para conducir despus desde el poder la formacin de una nueva sociedad, socialista por el rumbo, de transicin, atenidos a las condiciones histricas concretas. Los aportes ms importantes que le siguieron, como el de Antonio Gramsci, no salieron de Mosc.

Lenin lider brillantemente la primera etapa, la de la integracin y proyeccin de esa fuerza de vanguardia en Rusia, pero su muerte cort en pocos aos la posibilidad de conducir la sociedad con esa visin, una vez en el poder[3]. Como sabemos, le sigui una historia sumamente accidentada, paradjica, cargada de glorias incuestionables, pero tambin deformaciones inusitadas, que vaciaron de sentido al poder proletario original. Historia que distanci al partido de la sociedad. En Cuba, sin partir del antecedente marxista, Jos Mart se planteaba en la misma poca de Lenin la necesidad de un partido para dirigir la lucha por la independencia y para formar la Repblica, pero en su caso ni siquiera pudo liderar el camino al poder, y quienes le sucedieron dejaron que se liquidara el Partido Revolucionario Cubano, con el cual l haba logrado trazar el camino de la lucha. Y ya sin el partido de Mart, se acomodaron a una repblica claudicante, en un coloniaje de nuevo tipo.

Me explico de manera sumamente esquemtica porque no es el lugar para extenderme; lo hago solo para poder afirmar que el legado posleniniano no dej una experiencia de vanguardia partidaria coherente y fiable, y de Mart lo que nos pudo llegar es un compendio de valiosas advertencias que permitieron su rescate por los moncadistas.

Lo cierto es que la vanguardia bolchevique no devino en el largo plazo la fuerza capaz de retener, con reformas seguras, un proyecto socialista que, a pesar de sus defectos, haba elevado al pas ms atrasado del capitalismo de principios de siglo al nivel de segunda potencia mundial. No voy a discutir ahora sobre la crisis del sistema y sus causas. Solo quiero consignar que, a pesar de los logros, el PCUS de los aos ochenta ya tena torcido el sentido del bolchevismo del 17. Sin menoscabo de virtudes ejemplares de aquella militancia, que aun se manifiestan como recuerdo y como legado.

Dicho esto, cambio de escenario. En Cuba el socialismo real (no el que requiere ser entrecomillado) se engendr en el asalto al Moncada en 1953, con la participacin de 113 militantes de la izquierda del partido llamado ortodoxo (PPC), cercanos a Fidel, 3 procedentes del autenticismo (PRC), y 2 del socialista (PSP)[4] que es de suponer incurran con ello en un acto de indisciplina. Ral Castro era uno, como sabemos. Venan del partido que cre Chibs el 71% de los hombres que aquella maana hicieron nacer algo totalmente distinto, llamado a hacer naufragar la vieja Repblica, criminal y corrupta, con su sistema de instituciones.

La Revolucin cubana liderada por Fidel no monopoliz el poder para su movimiento, sino que articul el partido llamado a dirigir la formacin de la nueva sociedad a partir de la integracin de las tres fuerzas que terminaron contribuyendo inequvocamente al cambio al que la victoria daba lugar. Con mecanismos para crecer y madurar como partido en una sociedad nueva, en restructuracin. Se organiz como partido unido, no como partido nico. El signo de su unidad fue el de la inclusin, no el de la exclusin, y qued ratificado en 1965, cuando se constituy ya bajo el nombre de Partido Comunista de Cuba. Combin desde temprano, como exigencia de militancia, principios de voluntariedad, ejemplaridad ante las masas, seleccin autnoma, y compromiso de la membresa.

Dada la prdida de sentido del viejo andamiaje partidario, se hizo evidente desde entonces, que no se trataba de la disyuntiva de optar entre uno o varios partidos, sino de configurar como partido la vanguardia social a partir de una accin integradora. El problema nunca fue el nmero sino la figura. Un cambio radical de significado de la funcin partidaria. Impregnar a la poltica de un sentido indito. Aclaro que con ello no quiero decir que no pueda construirse socialismo dentro de esquemas pluripartidistas, cosa que nadie ha probado. Pero tampoco es aceptable que la democracia sea la competencia entre partidos electorales por el poder poltico. De hecho la historia muestra ms fracasos que xitos para consolidar la representacin de los intereses de la mayora desde esquemas electorales pluripartidistas. Esa nocin viciada del pluralismo se vuelve un camino verdaderamente escabroso e incierto para los movimientos populares, manipulable por las fuerzas de destruccin. Otro pluralismo democrtico es posible.

Intento explicar con esto que, para m, el paradigma de democracia en Cuba no pasa por una multiplicacin de partidos polticos. Sera una ruta artificial y pienso que fatal de distanciamiento del proyecto socialista y de enajenacin de la soberana popular.

En la actualidad la experiencia del desarrollo chino ha aportado la posibilidad (y la importancia) de la conduccin de una sociedad de mercado con un partido comunista, que mantiene el legado del papel de fuerza de vanguardia, garante de la elevacin de las condiciones de vida de la poblacin, paralela a la acumulacin de capital. Claro que China es un pas enorme, de historia antiqusima y muchas potencialidades, y sus movimientos no estn sometidos a la vulnerabilidad que confronta el pas pequeo, con solo 120 aos de experiencia como Estado nacin, de escasos recursos, geogrficamente en el traspatio del imperio. Pienso, por ello, que podra ser suicida aplicar ecuaciones que han funcionado all, y lo cito solo para destacar el ejemplo de un partido que supo apropiarse, en sus condiciones, del legado dejado por los bolcheviques.

En Cuba, durante una primera dcada, el Estado nacido de la Revolucin se condujo sin preocuparse mucho de darse definiciones institucionales para el largo plazo. Recordemos que el I Congreso del PCC no se celebr hasta 1975, que las instituciones del Estado y la Constitucin socialista datan de 1976, y de aquel momento la precisin expresa de que el Partido dirige al Estado: El Partido Comunista de Cuba, dirigente superior de la sociedad y el Estado[5]. Es una asercin que acept entonces y sigo aceptndola hoy, pero que creo se resiente de la falta de precisin en cuanto al modo de dirigir. Coloca tcitamente al Partido fuera del Estado, ya que no lo dirige como parte del mismo, con lo cual su incidencia en las decisiones polticas no se regulan constitucionalmente.

Como expresa Valds Paz, el enunciado constitucional sugiere una equidistancia del Partido respecto de la sociedad y el Estado cuya funcin es representar a la sociedad frente al Estado y legitimar al Estado ante la sociedad[6].

Despus de 1990, con vistas a explorar perfeccionamientos, hemos subrayado a menudo la crtica a la influencia que los esquemas soviticos tuvieron en nuestras instituciones. No fue la nuestra, sin embargo, una adopcin sincrtica puesto que el primer quinquenio de los setenta fue de experimentos y elaboraciones que permitieran darle tonos propios al proyecto cubano. El IV Congreso del Partido en 1991 y La Reforma Constitucional de 1992 abonaron, despus del derrumbe sovitico, un camino de cambios, aunque reconocidos desde entonces como insuficientes, con una promesa de nuevos aportes jurdicos y de otras reformas que siguen pendientes.

Considero posible afirmar que las cuatro dcadas de socialismo cubano que siguen al 1975 han consagrado un poder de determinacin, al nivel de Bur Poltico del Comit Central del PCC (de su membresa ms que de la colegiatura), sobre las grandes definiciones y decisiones que emanan los rganos superiores del Estado. Se percibe con claridad que en la escala de las provincias la gobernacin del Partido resulta aun ms explcita: que el Partido dirija bien o mal se traduce incluso como decisivo en los resultados econmicos y sociales. Y parecera que en los comits municipales la funcin partidaria cobra otra forma: principalmente el despliegue de la cadena de transmisin mecnica de orientaciones a la base de la organizacin. Ms que una rplica del ejercicio decisional de la provincia, que deja un radio de decisin muy restringido al alcance de la instancia municipal.

La incongruencia ms delicada a que da lugar la poca precisin del modo en que el Partido dirige no solo al Estado, sino tambin a su propia base es, a mi juicio, la que se produce precisamente entre una funcin de transmisin de orientaciones y la recepcin del criterio de la militancia que lo sostiene, que es, sin embargo, la que est en condiciones de expresar de manera directa el pulso de la sociedad, sus urgencias, sus iniciativas, y todo lo dems.

El perfeccionamiento de nuestra democracia socialista tiene que serlo en primer lugar el de nuestra democracia dentro y desde el Partido, debido a la funcin que le ha sido reconocida a la institucionalidad partidaria en la garanta del rumbo del proyecto econmico y social (clave para hacer del rgimen nuestro algo muy superior al rgimen de sus crticos). Democracia que estimo habra que perfeccionar, no dejar que se debilite. O que se contine debilitando a causa de un fatal inmovilismo burocrtico, para expresar con claridad mis inquietudes.

No me siento portador de descubrimiento alguno con lo que aqu afirmo. De hecho, parto de documentos que lo demuestran. Se inici con el Llamamiento al IV Congreso del PCC lanzado en 1990[7], y por el camino abierto entonces a pesar de marcados altibajos hasta el debate sobre la Conceptualizacin del Modelo y los Lineamientos. Documentos que responden a esa impronta de democracia, partidaria y general, que reclama el paradigma socialista.

Me he extendido demasiado en el punto pero se me ocurre que la separacin de mandos que producir esta eleccin propiciar una revisin ms profunda de los mecanismos y hasta del contorno institucional de nuestro partido. No solo para los rganos del Estado.

En mi opinin los efectos del cambio que tiene lugar ahora se percibirn progresivamente a medida que se acople la integracin de la nueva Asamblea Nacional, y se deben inscribir en las perspectivas abiertas, que en no pocos aspectos han sido paralizadas coyunturalmente. Su primer desafo ahora es posible referirlo como de continuidad lo he ledo as en algunas opiniones de dirigentes pero solo si hablamos de continuidad en lneas de transformacin estructural que ya han sido trazadas. Ello ser posible solamente si se logra imponer por vas democrticas, frente a una trabazn burocrtica extendida y reforzada desde los mismos organismos centrales. Lamentablemente no siempre se quiere reconocer as, y no se ponderan los peligros que esconden el burocratismo y el inmovilismo.

En la misma disposicin de reaccionar a sus preguntas con criterios que me he formado, pienso que nuestras legislaturas debieran contar con ms dedicacin profesional, con una proyeccin deliberativa ms abierta a la opinin pblica, previa a las elaboraciones por sus comisiones especializadas, y no solamente para lecturas y aprobaciones a posteriori. En el corto plazo  si pensamos en la prxima legislatura  resultara muy provechoso que su participacin hiciera ms efectivo el sentido crtico y propositivo de los elegidos para representar la panoplia de intereses, necesidades, propuestas y puntos de vista de la poblacin, tan diversificados y tan deficientemente reflejados.

La divisin de poderes del Estado, significativa en el pensamiento liberal, suele ser puesta en contra de los valores democrticos ms elementales, como hoy vemos que sucede en las manipulaciones del poder judicial contra la arrasadora popularidad de Lula da Silva, nica variante para poner a Brasil de nuevo en el carril interrumpido por el golpe de estado parlamentario de 2016. All conspiraron los dos poderes (legislativo y judicial) confabulados por la oligarqua el nico poder real contra la democracia. Lo apunto para subrayar la importancia que tiene la unificacin de poderes para una democracia socialista. No obstante, si vamos a los orgenes, tambin hallamos en la base del principio de divisin de poderes la preocupacin explcita en Montesquieu  de que el parlamentarismo por s mismo no aseguraba impedir el autoritarismo, y que se volviera a implantar con impunidad la tirana. A pesar de tal prevencin la historia ha mostrado la facilidad con que el significado de esta divisin puede ser trocado. No obstante, recurro al tema para apreciar que la unificacin no debiera impedir que las funciones ejecutivas y las deliberativas, objetivamente diferenciables, se confronten con vistas a la elaboracin de la Ley, la toma de decisiones, y la correccin de polticas. De modo que pienso que debiera considerarse la conveniencia de que los miembros de la Administracin, en lugar de ocupar asientos como diputados, participaran rindiendo cuentas: en otras palabras, que no sean elegibles por la incompatibilidad de funciones. Y reforzar formalmente as el peso especfico de ese potencial democrtico que el parlamento ostenta, como la mxima expresin de colegiatura del Estado. La veo como una de las consideraciones a tratar de incluir en una nueva reforma de la Constitucin que podra ser pensada, analizada, debatida, por esta legislatura aun si no estuviera en sus manos su solucin. Me gustara descubrir que lo est.

No he mencionado lo ms inmediato, que tiene que ver con el papel que corresponder al prximo mandato en el aseguramiento jurdico y poltico ya que la ANPP concentra los poderes del Estado en hacer funcionar reformas que hagan sostenible la economa cubana. Empezando por lo planteado ya. El debate hoy sobre este tema es muy rico y se supone que nuestros elegidos tengan ese caudal y la capacidad de aprovecharlo de manera racional. Mi esperanza es que la Asamblea que estamos eligiendo ahora traiga una carpeta cargada de propuestas, de ingenio, de audacia y disposicin para debatir en aras de asumir una responsabilidad histrica, sin vacilaciones, en cambiar lo que tiene que ser cambiado. Aunque no le toque a ella todo. Sin temor a cometer errores, y dispuesta siempre a corregirlos.

La pregunta no termina aqu, pero mi respuesta s. Comprendo perfectamente que las organizaciones que constituyen la armazn fundamental de nuestra sociedad civil (las definidas como polticas y de masas) preservan su vigencia, pero tambin creo que sus funciones tendrn que atemperarse a los cambios. Sus congresos venideros debern servir para propiciar una comprensin de su realidad presente y acordar, desde su interior, definiciones consecuentes. Sobre la cultura poltica cubana del ltimo sexenio y de los desafos que comporta no me siento en condiciones de ir ms all de lo que pueden inferir de mi respuesta, y que considero coherente con lo que he expuesto en distintos lugares en los ltimos aos[8].

LT: Aurelio, tras hacerse pblicas las listas de candidatos a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular para su IX legislatura, se hizo notable la ausencia de tres de los Cinco Hroes de la Repblica de Cuba, esto ha generado un debate que no se ve reflejado en nuestros principales medios de prensa. Qu anlisis sobre el funcionamiento reciente de nuestro sistema poltico y electoral le motivan este hecho y sus implicaciones simblicas?

AA: Pienso, como la mayora de los cubanos, que la ejemplaridad de la resistencia y la solidez de principios manifestadas por los cinco miembros de la red Avispa apresados, procesados y condenados por el poder imperial, signa el significado revolucionario para nuestra identidad nacional (hablo precisamente de cultura poltica). Porque Fidel y todo el poder revolucionario no demoraron ni dudaron un instante en exaltarlo as, y el pueblo en identificarse con ello, a lo largo de los quince aos que dur esa odisea de nuestro tiempo. Su regreso fue celebrado con el jbilo de los grandes momentos. Si al final no quedara otro saldo de aquel entendimiento histrico del 17 de diciembre de 2014 entre los dos Jefes de Estado, el retorno de Los Cinco, que adems es lo nico que Donald Trump no podr revertir, hizo inolvidable el acontecimiento.

En consecuencia, no puede extraarle a nadie que la inmensa mayora de los cubanos esperramos ver los nombres de los cinco en esta candidatura para la Asamblea Nacional, ni que las familias de los que no fueron escogidos expresen su lgica sorpresa, ni que fluyan muchsimas crticas justas por esta ausencia. Estimo que si la candidatura a diputados se confeccionara a partir de un criterio del dispositivo electoral que reflejara mejor los consensos del sentir popular, lo normal es que se les hiciera partcipe de esa muestra de confianza en una legislatura llamada como esta  a ostentar una alta dosis de la mezcla de compromiso y audacia que imponen los grandes desafos.

No es que haya sido una cuestin de falta de justicia, o de reconocimiento personal. A todos ellos les han sido asignadas ahora importantes responsabilidades en la vida civil. Las revoluciones no son como Saturno, que devoraba a sus hijos, como maldeca Lord Acton o no siempre lo son; deben evitarlo. Pero pienso que ms importante incluso que designarles en cargos relevantes, hubiera sido que Labaino, Tony y Ren tambin tuvieran, dentro de esta nueva legislatura, las posibilidades que van a tener Gerardo y Fernando de incidir en los cambios necesarios con su probada coherencia y sus iniciativas.

De todos modos es una decisin que no habra forma de corregir. Las asambleas votadas el 11 de marzo de 2018 estn predeterminadas ya en su composicin y cualquier modificacin que mejore nuestra democracia en los prximos aos debe salir de ella. Pero esa arbitraria norma de conformacin de candidaturas provinciales y nacionales por una comisin, en apariencia investida con el poder para definir quienes sern los integrantes de la mxima legislatura el cual, aunque sea solo ese, es demasiado poder si no se acompaa de la opinin del pueblo se cuenta, a mi juicio, entre los ms inminentes puntos a revisar. No pongo en duda la competencia, ni las virtudes y los mritos de los escogidos, sino la naturaleza misma del instrumento por el cual se rige la comisin, que se me hace evidente que debe ser revisado.

Nuestro sistema desterr la posibilidad de hacer de la poltica una va de enriquecimiento, y de las elecciones una subasta. Algo imposible en el sistema poltico que responde al capital. Introdujo un dispositivo de escogencia basada en la lnea de masas que debe afianzarse en el futuro, y con l la rendicin de cuentas y la revocabilidad de los elegidos. La votacin es voluntaria: un derecho como acto poltico, un deber como valor moral. Nadie es castigado, de ninguna manera, por no asistir a votar. El pueblo, que de ninguna manera es ajeno a la percepcin de los defectos que aun muestra nuestro sistema, tambin es consciente de las virtudes de nuestra democracia, de que es necesario sostenerla y desarrollarla. Y acude masivamente, y vota, no por docilidad, sino porque sabe que es el testimonio de nuestra soberana como nacin, una conquista de la Revolucin, y que salir de sus defectos es un asunto que solo a los cubanos concierne.

LT: Casi al final del artculo: Das histricos, pocas histricas, escrito por Fernando Martnez Heredia con motivo de la reapertura de la embajada norteamericana en La Habana el 14 de agosto de 2015 se lee: Eventos internacionales como los del viernes 14 son muy ruidosos y sumamente publicitados, pero lo decisivo para la poltica internacional de todo Estado son siempre los datos fundamentales de su situacin y su poltica internas. La cuestin realmente principal es si el contenido de la poca cubana que se est desplegando en los ltimos aos ser o no posrevolucionario. Cules seran los rasgos de un orden posrevolucionario en Cuba? En qu se fundamentara?

AA: Recuerdo muy bien ese artculo de Fernando Martnez, sumamente oportuno para rebelarse contra una ilusin de consignar como acontecimiento la reapertura de la embajada de los Estados Unidos en Cuba, como si eso marcara la expresin efectiva de un cambio de poltica. En todo caso me parecen ms destacadas las declaraciones del 17 de diciembre del 2014, o la abstencin estadounidense en la votacin contra el bloqueo a Cuba en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en octubre de 2016, y sobre todo el retorno de Los Cinco, como ya dije. Un campanazo de nuestro amigo Fernando contra los cantos de sirena, al cual el giro de Trump ha dado la razn sin demora. En cuanto al trmino posrevolucionario, creo que lo primero sera que definamos en las concreciones de la prctica su connotacin. Es pos porque la dejamos atrs, y la damos por liquidada, o usamos el prefijo como signo del equilibrio y el progreso que se supone siga al gran cambio? No me gusta verme entrampado por las palabras. Me cuento, eso s, entre los convencidos de que no hay opcin vlida que no sea la de encontrar, paso a paso, error tras error, batalla tras batalla, el camino socialista viable en la realidad cubana, tan compleja a pesar de ocupar un espacio tan pequeo en el mundo.

Continuar

Notas:

[1] Aurelio Alonso Tejada (1939- ). Destacado socilogo y filsofo cubano. Fundador del Departamento de Filosofa de la Universidad de La Habana (19631971) y de la revista Pensamiento Crtico (19671971). Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humansticas, 2013. Desde 2006 se desempea como Subdirector de la revista Casa de las Amricas.

[2] Ver Johnstone, Monty (1967): Marx, Engels y el concepto del Partido, en revista Pensamiento crtico, №21, Noviembre de 1968, pp.143176.

[3] Ver Los bolcheviques y la Revolucin de Octubre. Actas del Comit Central del Partido Socialdemcrata Ruso (bolchevique), Instituto del Libro, La Habana, 1967, para una constatacin del espritu democrtico que prevaleca en la direccin del partido de Lenin.

[4] Ver Menca, Mario (2013): El Moncada. La respuesta necesaria (edicin ampliada y modificada), Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, pp. 503515.

[5] Ver Constitucin de la Repblica de Cuba, artculo 5.

[6] Ver Valds Paz, Juan (2018): La evolucin del poder en la Revolucin Cubana, Fundacin Rosa Luxemburgo, Ciudad de Mxico.

[7] Ver Al lV Congreso del Partido! El futuro de nuestra Patria ser un eterno Baragu! Llamamiento al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, Granma, 18 de marzo de 1990.

[8] Ver Alonso, Aurelio (2012): Cuba 2012: los desafos, conferencia inaugural del III Encuentro de crtica e investigacin joven Pensamos Cuba, convocado por la Asociacin Hermanos Saz, 9 de marzo de 2012, La Habana, publicada como folleto y circulado por la AHS.

Fuente: http://medium.com/la-tiza/la-democracia-plena-solo-podr%C3%A1-ser-socialista-d678bb62bc71



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