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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2018

Si me preguntan qu es la accin...

Miguel Casado
Peridico de poesa


En mayo de 2014, la Universidad alemana de Potsdam organiz, en el palacete que guarda los archivos de Theodor Fontane, el autor de Effi Briest, un congreso sobre poesa en espaol, con amplia presencia de ponentes latinoamericanos jvenes junto a autores de ms larga trayectoria; si las intervenciones tuvieron algo en comn fue la frecuente mencin del trabajo crtico de Eduardo Miln, que all estaba tambin, con su impulso conversador, su humor y su melancola. Nacido en Rivera, Uruguay, en 1952, residente en Mxico desde 1979, tras varias dcadas explorando el mapa potico de Latinoamrica, Miln aparece como la referencia decisiva para conocerlo, quiz la nica capaz de ofrecer una perspectiva de conjunto, por encima de las fronteras nacionales, e igualmente atenta al otro lado del Atlntico. Desde Daro y las primeras vanguardias a la lectura temprana de un poeta excepcional como el argentino Viel Temperley o la percepcin del neobarroco como la ltima corriente de alcance continental, pasando por la poesa concreta brasilea o las figuras polmicas y poderosas de Paz o Parra, Eduardo Miln ha venido interrogando este espacio con rigor.

Si tuviera que quedarme con tres rasgos que definan esta labor crtica, dira, primero, que su acercamiento a los poemas sabe ir siempre en paralelo con la pregunta sobre la poesa, el gnero sin nombre, el que no deja de reinventarse desde que se impregn de la actitud de las vanguardias. Que, segundo, no asume de por s las aparentes continuidades, los valores establecidos o las categoras en circulacin, no se refugia en postulados ni conclusiones, sino que pone de relieve lo problemtico, detecta el punto preciso en que la lengua se busca cada vez a s misma de una forma nueva. Y, tercero, que muestra un desusado deseo de abarcar, de considerar la realidad social y poltica, la historia y la cultura, de cuestionarse lo que es y lo que ha sido Latinoamrica, a la vez que su poesa; si para la crtica se pudiera emplear esta expresin, calificara de epopeya el esfuerzo de esta mirada por seguir siendo una y total mientras su objeto se fragmenta en la diversidad de los das, de los problemas y contradicciones. Y esa mirada global, como heroica, no ha sido nunca autoritaria ni preceptiva, preserva siempre lo concreto de la lectura, pone de relieve las zonas de quiebra, la posibilidad de ser-de-otro-modo en cada momento. Los libros que recogen esta pica de la crtica se llaman, por ejemplo, Resistir, Justificacin material, Crtica de un extranjero en defensa de un sueo, Ensayos Unidos, Sobre la capacidad de dar sombra de ciertos signos como un sauce, No hay, de veras, veredas.

El poder analtico de Eduardo Miln tiene, sin duda, una clave: la de que es un gran poeta, sus poemas van por delante, marcan el camino. Singulares, caractersticos y siempre imprevisibles. La palabra interior, no vista / ni victoriosa, sin distancia / ni comienzo, suspendida en su prdida / ante los ojos. Palabras que tienen vida y son la propia vida: los poemas son lugares de existencia, lugares potentes de reflexin, cuenco de lo que va pasando, surco de las noticias, y el reto de situarse entre todo ello: El problema era pensar, el poema era pensar, / encontrar, entre dos vacos, algo / que se parezca realmente a un pensamiento. En la escritura de Miln, un flujo verbal es movido por una energa fontica, por cmo suenan y resuenan entre s las voces; las repeticiones y las digresiones componen una continuidad que arrastra, aunque en su curso vayan rasgndose los nexos, las junturas; el significado dura solo un instante antes de mutar a otra acepcin, activos todos los sentidos en el espesor de la palabra normal. Un hilo que nunca se corta, aunque se mueva deshilndose, deshilachando: lo que no se ve es el ovillo; es el hilo sin ovillo de una libertad desarraigada. Miln tiene muy presentes a los trovadores provenzales, en quienes ve el origen de la autonoma del poema, de su concepcin como mundo, y cabra describir sus textos con un trmino que ellos usaban: entrebescament, trama de hilos, entrelazado sin fin. Escriba Alberto Girri, el gran poeta argentino: No se conoce / de poemas instalndose / en el triunfo de estar hechos, y esta sera tambin la potica de Miln, la de una forma que resulta puro movimiento, que va dejando sobre la mesa surcos verbales recorridos y por recorrer, reales y virtuales, mltiples y nicos.

Uno de sus libros se titula Habla y, ms que un requerimiento dirigido al interlocutor, veo en l la individualidad de la palabra, el acto de habla que el poema traza cada vez fuera de cdigos. Tan vallejiano Miln, en esa produccin de un habla que Csar Vallejo mostr como escritura. Lo imprevisible: No repetir quera decir bsqueda permanente, no tranquilidad, sospecha del poeta en cuanto poeta, imprevisibilidad. Quera decir, en una palabra: poesa.

Recuerdo ahora cmo Paolo Virno, en Virtuosismo y revolucin, parafraseaba el conocido razonamiento que Agustn de Hipona refera al tiempo: En nuestros das, nada parece tan enigmtico como la accin. Podramos decir, a modo de chiste: si nadie me pregunta qu es la accin poltica, creo saberlo; si tengo que explicarle lo que es al que me hace la pregunta, ese supuesto saber se disuelve en una cantinela inarticulada Y despus propone como la nica accin posible el xodo fuera de los lmites del Estado: Nada es menos pasivo que la fuga. El xodo modifica las condiciones en que tiene lugar el conflicto, ms que presuponerlas como un orden fijo; modifica el conflicto en que se inscribe un problema, en lugar de afrontar este ltimo eligiendo tal o cual alternativa preestablecida. Consiste en una invencin sin prejuicios que altera las reglas del juego. Pens en Miln al leerlo, porque vena a coincidir con su prctica, y tambin lo evoqu ante la enumeracin que hace Virno de palabras ncleo: Desobediencia, Intemperancia, Multitud, Ejemplo, Derecho de Resistencia, Milagro. Pens en toda la reflexin de Miln sobre el exilio, como nudo potico y poltico, que antes fue y es existencial; en su pulso mantenido al margen de la institucin acadmica y la estabilidad laboral; en su continuo poder de ver fuera. Y, a la vez, de implicarlo todo: Salirse / del rea propuesta, airearse con viento salobre, / no es palabra de este tiempo. Este es un tiempo seco. / Hay otras palabras de este tiempo: bronca, / bruno, blanca, generalizada hambruna, / odio en lugar de odo, en lugar de virtud, / virtual sustituir: ritual que no acepta la esperanza. La esperanza que es su accin.

Lecturas:

Eduardo Miln, Resistir. Insistencias sobre el presente potico. Ciudad de Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 2004.

Justificacin material. Ensayos sobre poesa latinoamericana. Ciudad de Mxico, Universidad de la Ciudad de Mxico, 2004.

Crtica de un extranjero en defensa de un sueo. Madrid, Huerga & Fierro, 2006.

Sobre la capacidad de dar sombra de ciertos signos como un sauce. Ciudad de Mxico, Libros de la Meseta, 2007.

Ensayos unidos. Poesa y realidad en la otra Amrica. Madrid, Antonio Machado, 2011.

No hay, de veras, veredas. Ensayos aproximados. Madrid, Libros de la Resistencia, 2012.

Habla (Noventa poemas). Valencia, Pre-Textos, 2005.

- Alberto Girri, El motivo es el poema. Buenos Aires, Sudamericana, 1976.

- Paolo Virno, Virtuosismo y revolucin. La accin poltica en la era del desencanto. Traduccin de Ral Snchez Cedillo. Madrid, Traficantes de Sueos, 2003.

Fuente: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php/1659-tienda-de-fieltro/4206-no-089-tienda-de-fieltro-si-me-preguntan



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