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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2018

Joven nicaragense reclutado para la zafra en el Ingenio Taboga cuenta su odisea en Costa Rica
Me trataron como esclavo

Giorgio Trucchi
Rel-UITA


Byron Castelln tiene 25 aos. Es originario de Condega, al norte de Nicaragua. Le encanta la poesa y trabaja en comunicacin. Unos amigos de Palacagina le avisaron que estaban contratando gente para ir a Costa Rica a sembrar caa que pagaban muy bien. Byron entrevi la posibilidad de mejorar su situacin econmica y acept. Slo son cuatro meses, pens. As comenz su odisea.

Nos reunimos varias personas y fuimos a la ciudad de Somoto (unos 200 kilmetros de Managua) donde nos esperaba un tal David del Ingenio Taboga. Nos ense un papel, nos dijo que era el contrato y que firmramos ya.

Nos asegur que todo estaba bien, que la empresa se iba a encargar del transporte, de los documentos, del permiso de trabajo y de nuestro alojamiento.

Tambin nos dijo que bamos a sembrar caa y que las condiciones de trabajo eran muy buenas. En fin, que no nos preocupramos porque nos iba a ir muy bien, record Byron.

Viaje a ciegas. Mentiras y ms mentiras


El 9 de diciembre, varios buses repletos de personas salieron rumbo a la ciudad de Caas, Guanacaste. Ya pasada la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, los encargados de la empresa se apoderaron de los documentos de los trabajadores.

No se los devolveran hasta terminar la zafra.

Luego el sindicato denunciara que la mayora de trabajadores migrantes haba sido introducida ilegalmente en el pas, y que casi nadie tena permiso de trabajo.

Adems, el nmero de inscriptos al Seguro Social resultara muy inferior a la cantidad real de trabajadores contratados por el Ingenio Taboga.

Indocumentados, sin permiso de trabajo, ni cobertura sanitaria, Byron y cientos de trabajadores atrados por la expectativa de un buen salario cayeron en la trampa. Como tantos otros, hombres y mujeres, que caen en las redes de la trata de personas.

Nos llevaron a unos dormitorios angostos, calientes, sucios y poco iluminados. Nos dijeron que la estada era gratis, pero que por la comida iban a cobrarnos 42.000 colones (74 dlares) cada quince das. Una enormidad.

Los camarotes eran de pura tabla, sin colchonetas, ni almohadas, ni nada. Me acost cansado, esperando que al siguiente da todo fuera mejor, pero no fue as".

Al despertar, Byron y sus compaeros fueron repartidos entre diferentes contratistas y llevados a cortar -y no a sembrar- caa.

Tambin les explicaron que les iban a descalfar de su salario el valor de las herramientas de trabajo. Hasta la pichinga para agua les cobraron.

Jornadas extenuantes. Trabajo semiesclavo

Las jornadas de trabajo eran largas y masacrantes.

Nos levantbamos a las 3.30 de la maana, abordbamos los buses y a las 5 comenzbamos a cortar caa hasta las 5 o 6 de la tarde.

Contrariamente a lo prometido, el pago era por metro cortado y no por tonelada. Esto nos confunda y era difcil entender de qu manera calculaban lo que bamos a recibir, explic Byron.

Un trabajo muy pesado, bajo un sol inclemente y con muy poca agua para hidratarse.

El agua se nos acababa rpido. Pasbamos horas aguantando sed y sin poder parar de trabajar porque tenamos que cumplir con la meta. Cuantas veces le dijimos al contratista que nos trajera agua con un camin, pero nunca nos hizo caso, lament el joven nicaragense.

En febrero, comenz a sentirse mal. Las psimas condiciones de trabajo, la deshidratacin constante y la mala alimentacin empeoraron su situacin. En tres meses haba bajado casi 10 kilos.

Ya tena varios das que me arda el estmago. Casi no poda comer, ni dormir. Sin embargo tena que seguir trabajando.

El 20 de febrero, mientras estaba terminando mi meta de 1000 metros de corte de caa negra, se me nubl la vista, me dio mareo y casi me desmayo. Le dije al capataz que ya no poda seguir y me fui, narr Byron.

Pas toda la noche vomitando y en la maana se report al Centro de Atencin Integral (CAI) del ingenio donde lo internaron. Lentamente fue recuperndose, pero cuando quiso integrarse nuevamente al trabajo, Martn Tijerino -el contratista- le dijo que ya estaba despachado.

Le reclam con fuerza porque lo que me estaba haciendo no era justo. l se puso a rer y slo me dijo que fuera a retirar mi ltima quincena.

Su hija hasta me ech de la oficina y me ofendi cuando le exig que me entregara mi liquidacin y me demostrara que me haban inscrito al Seguro Social. Fue humillante.

Byron se qued casi sin dinero porque tuvo que pagar medicinas y exmenes mdicos. Ahora con el apoyo del sindicato est peleando sus derechos.

Todos merecemos un pago justo y condiciones de trabajo dignas. Viv en carne propia la discriminacin, la explotacin, el desprecio por la dignidad humana.

Voy a pelear para que me paguen lo que me deben y voy a denunciar ante las autoridades todas las injusticias que he sufrido. Hay que sentar un precedente para que a nadie ms le pase lo que a m me ha tocado vivir.

Fuente: http://www.rel-uita.org/costa-rica/me-trataron-esclavo/ 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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