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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2018

Las vctimas de violacin del rgimen de Asad rompen su silencio

Yvonne Ridley
Middle East Monitor

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


 Yvonne Ridley entrevista a Aishah, una de las vctimas de la inteligencia militar de Damasco

La vctima de la tortura se alzaba ante su torturador preguntndose a qu tipo de abuso la someteran esta vez en la infame Agencia 215, conocida tambin como la Brigada de Asalto, bajo la direccin de la inteligencia militar en Damasco. Se tratara de una paliza despiadada o de otro ataque sexual contra su cuerpo ya destrozado?

El inicio del interrogatorio se interrumpi repentinamente ante una llamada telefnica y la vctima observ y escuch con incredulidad cmo la voz reidora que se perciba en la lnea haca que el torturador mostrara una clida sonrisa. El hombre suaviz el tono de su voz automticamente, porque ese es el efecto que la mayora de las hijas consiguen de sus padres.

En los pocos segundos que haba apartado la mirada de su vctima de tortura se haba transformado de un monstruo brutal en un padre clido y afectuoso. Este era uno de los aspectos ms llamativos que aparecan en las historias que escuch de las mujeres sirias que se haban visto devastadas y arrojadas a las prisiones de Bashar al-Asad desde que la guerra se inici en 2011. La fra realidad es que las violaciones masivas, los ataques sexuales, las palizas de castigo y las torturas psicolgicas se infligen rutinariamente a las mujeres sirias por hombres que son padres, maridos e incluso abuelos de alguien.

Cuando termina su turno de trabajo, esos hombres vuelven a sus hogares y a la normalidad con sus familias tras haber destrozado completamente las vidas y las almas de las mujeres y muchachas que tienen en su poder. La dura realidad es que si tu marido trabaja en la Agencia 215, es muy probable que sea un violador en serie o espectador de los delitos ms odiosos e inimaginables perpetrados contra mujeres y nias prisioneras.

Me pregunto cmo este monstruo particular responder cuando llegue a casa y le pregunten: Qu has hecho hoy, pap?. Obviamente, no va a hablarle a su hija de los dientes que arranc, de los huesos que rompi, ni de la fuerza empleada en los actos sexuales contra sus vctimas.

Mientras trataba de arrojar luz sobre el oscuro vientre del rgimen de Asad, me reun con varias mujeres que haban acabado en la Agencia 215, o en otras prisiones y crceles fantasmas igualmente terrorficas de ese rgimen. En cada ocasin, la imagen de Bashar al-Asad se alzaba imponente en los retratos que colgaban de las paredes o en las camisetas que vestan los autores de las brutales violaciones.

S, lo han ledo perfectamente. Aunque parezca increble, el rostro del lder sirio aparece estampado en las camisetas vestidas por los violadores mientras realizan su tarea, como si estuviera profanando a las mujeres sirias por poderes. Esos labios pequeos y delgados y la mirada penetrante deben producirles escalofros cada vez que ven su imagen.

 El presidente sirio Bashar al-Asad en Sochi, Rusia, el 21 noviembre 2017 (Kremlin Press Office/Anadolu Agency)

Algunos das consigo olvidar lo que me ha sucedido, me deca Nur, y entonces, de repente, veo a alguien haciendo en cierta forma una mueca o un gesto de desprecio y eso acta como un detonante dentro de m: me veo de nuevo en la 215 revivindolo todo con un sentimiento de terror y ansiedad. Tres aos despus de esa experiencia, trata de ponerle buena cara al mundo exterior pero en los momentos ms oscuros vuelve a hundirse en sus pesadillas.

Badria no es tan afortunada; para ella, la pesadilla contina cinco aos despus de que ella y cuarenta mujeres ms de Homs fueran detenidas y trasladadas a un apartamento en la derrotada capital de la revolucin siria. Cuando la arrestaron iba vestida de negro y llevaba un velo que le cubra toda la cara, lo que la convirti en un objetivo para sus captores alaues, que se burlaron, vejndola y abusando de ella por su actitud piadosa.

Cuando sus captores abandonaron la habitacin grande y espartana, empez a realizar el tayammum utilizando el suelo de piedra porque no era posible llevar a cabo el wudu   normal el ritual islmico de lavarse antes de la oracin-. Sin que ella lo se diera cuenta, unas cmaras en circuito cerrado grabaron sus acciones y tan pronto como intent prepararse para la oracin, los hombres volvieron y la golpearon con bastones.  

Le ataron los pies y las muecas y la colgaron de estas de un gancho que haba en el techo. La golpeaban cada vez que mencionaba el nombre de Dios o alguna referencia al Islam. Con las manos temblndole, me mir y abri la boca despacio antes de quitarse la dentadura postiza. Le haban destrozado los dientes, de arriba y abajo, al golpearla con los bastones en el rostro con gran precisin. Le fracturaron tambin los huesos de las mejillas.

Tena los pechos firmes, dijo levantndose la blusa, pero mira ahora. Los doctores le haban dicho que los golpes en los pechos haban sido tan graves que el tejido estaba destruido y era muy difcil que pudiera recuperarlo. Es probable que cuando la arrestaron tuviera una talla inglesa 14, entre media y grande, pero cuando se sent delante de m pareca como si tuviera una talla 6, un esqueleto envuelto en piel que llevara de por vida las cicatrices de su cautiverio. Con la ayuda de una traductora, me cont que las mujeres de su grupo eran conducidas a una habitacin ms pequea donde eran violadas y humilladas por dos o ms de los agentes de la inteligencia militar. All, encima de los catres, mirndolas desde arriba, estaban los retratos de Asad y de su hermano Maher. Al lado, haba una mesita con varias botellas de alcohol de las que aquellos hombres beban.

Para combatir su estado de embriaguez, explic Badria, tomaban pldoras azules antes de lanzarse de nuevo sobre sus presas. Tambin describi que algunos se ponan una pldora naranja bajo la lengua. Despus de alguna averiguacin, llegu a la conclusin de que las drogas que describa eran la Viagra azul en forma de diamante y que la de color naranja era Levitra, que acta cuatro veces ms rpido en algunos hombres, surtiendo efecto en slo quince minutos.

No hubo necesidad de preguntarle a Badria si tambin haba sido sexualmente atacada; los detalles que aport sobre el interior de la habitacin de las violaciones, las pldoras y el alcohol y los retratos de Asad y su hermano mirando maliciosamente me dijeron todo lo que necesitaba saber. Haba sido violada numerosas veces en esa habitacin, donde se haban instalado tambin varias cmaras, induciendo a las mujeres a creer que se haban tomado imgenes y fotos de ellas.

Me dijo que una de las mujeres haba sido violada en grupo hasta que la mataron y que otra se haba vuelto loca. La libertad de Badria tuvo un precio: 17.000$ fue el rescate pagado por su familia para sacarla de la prisin. Si pens que la pesadilla haba acabado entonces, se equivoc. Su marido no pudo sobrevivir a la prisin militar en Homs en la que estaba detenido; varios testigos le contaron a Badria que muri despus de que sus captores le sacaran los ojos.