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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2018

Las bravatas de Trump

Higinio Polo
Rebelin


Las expectativas sobre una mejora de las relaciones ruso-norteamericanas, que se abrieron con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, ya se han olvidado en Mosc; en el camino, se han sucedido las represalias mutuas, desde la expulsin de treinta y cinco diplomticos rusos en los das finales de presidencia de Obama, hasta la reduccin, meses despus, del nmero de representantes norteamericanos en Rusia, ordenada por Putin. Las acusaciones de injerencia y espionaje ruso sobre las elecciones estadounidenses, que fueron objeto de una frentica campaa de prensa mundial, con duras acusaciones y supuestas pruebas en poder de los servicios secretos norteamericanos que nunca se han mostrado, han quedado relegadas, aunque sirvieron al propsito de dificultar e impedir el establecimiento de una nueva relacin entre Washington y Mosc. Pese a todo, la maquinaria que alienta los delirios sobre una supuesta trama rusa, como la denomina la prensa, no descansa: el arresto domiciliario de Paul Manafort (ex jefe de campaa de Trump, acusado de contactos con un poltico ucraniano, a quien, a su vez, acusan de cercana con Putin), y de un asesor, George Papadopoulos (acusado de haber tenido contactos con una persona que, supuestamente, era tambin cercana al presidente ruso y que le ofreca informacin sobre Hillary Clinton), muestra el poder y la capacidad del establishment para marcar los pasos de Trump.

Todos los anuncios e indicios apuntados por el gobierno Trump parecen perseguir la voladura de los precarios equilibrios internacionales de los ltimos aos: desde sus exigencias a China, a la evidencia de que, al contrario de lo que se haba apuntado, no ha mejorado las relaciones con Rusia, aadidos al acoso a Corea del Norte, y pasando por los agresivos patrullajes en el Mar de la China meridional que tanto preocupan a Pekn, y por su voluntad de cambiar el acuerdo nuclear con Tehern, adems de su abandono de la UNESCO, y del retorno a una dura poltica contra Cuba y Venezuela, o la retirada de los acuerdos de Pars sobre el cambio climtico, sin olvidar su pretensin de aumentar los arsenales nucleares norteamericanos. Incluso ha daado la relacin con la Unin Europea, y con sus principales aliados, como Alemania y Francia, lanzando agresivas exigencias de mayores compromisos con el gasto militar y con los presupuestos de la OTAN. La visita de Trump a Bruselas, en mayo de 2017, fue todo un festival de grosera, de gestos humillantes hacia sus aliados europeos, con un belicoso discurso exigiendo ms dinero. La Unin Europea desconfa de la poltica de Trump, y, singularmente, Alemania quiere limitar los daos por la crisis ucraniana y se muestra reticente a seguir el camino de las sanciones econmicas a Mosc.

Los matices entre la provocadora retrica de Trump, fruto de su altanera y de su desconocimiento de la complejidad internacional, y las elaboraciones del Departamento de Estado (con Tillerson), o del Pentgono, (con Mattis, "perro loco"), no han impedido la emergencia de un nuevo nacionalismo norteamericano, que no descarta el recurso a la guerra, y que, con demasiada frecuencia, amenaza a quienes considera enemigos o adversarios. La primera intervencin de Trump en la Asamblea General de la ONU no dej lugar a dudas: amenaz con borrar del mapa a Corea del Norte. Y las palabras van acompaadas de preocupantes movimientos: slo en el mes de octubre de 2017, Estados Unidos y Corea del Sur han realizado dos ejercicios militares navales en las costas de la pennsula coreana, donde, adems, el Pentgono mantiene un portaaviones, dos submarinos nucleares y varios destructores. El gobierno ruso critic esas maniobras, juzgando que slo servan para agravar la crisis en la zona, que se aade a los otros puntos de tensin con Pekn y Mosc. Aunque se ha agravado, el acoso norteamericano a Rusia no es nuevo: en los aos noventa, fueron ms de cien los vuelos de reconocimiento y espionaje de aviones de la OTAN y de Estados Unidos en la cercana de las fronteras rusas; vuelos que, en la primera dcada del siglo XXI, llegaron a casi trescientos, para alcanzar los 852 slo en 2016, y se mantienen con Trump. Mosc ha denunciado tambin la creciente militarizacin del mar Bltico con la construccin de nuevos radares y equipos de lanzamiento de misiles en Redzikowo (en el norte de Polonia, cerca de la baha de Gdansk donde se encuentra la ciudad rusa de Kaliningrado), a menos de doscientos kilmetros de las fronteras rusas, que se aade a la base de Deveselu, Rumana, donde en mayo de 2016 Estados Unidos complet el despliegue del escudo antimisiles, y al estacionamiento de nuevas brigadas de la OTAN en cuatro pases fronterizos con Rusia; nuevos puntos del reforzamiento militar norteamericano que se aaden a la base de Ramstein, en Alemania, desde donde se dirigiran las operaciones contra Rusia, en caso de guerra. En oriente, mirando a China, el dispositivo del Pentgono es tambin abrumador: cuenta con la base de Yokota, en Fussa, y la de Misawa, al sur de Tokio, adems de las de la isla de Okinawa, todas en Japn; y las de Corea del Sur, donde en agosto de 2017 inaugur la moderna base de Pyeongtaek; sin olvidar las dos bases en Guam, en el Pacfico y, ms lejana, con la base area de Al Ueid, en Qatar, que se ha convertido en la instalacin norteamericana ms importante de todo Oriente Medio, con capacidad para intervenir tambin en el sur de Asia.

Una de las cuestiones que tensan las relaciones entre Mosc y Washington es la renovacin del START III (Tratado de reduccin de armas estratgicas). Fue firmado en 2010, tras el START I de 1991, el START II de 1993, y el SORT (Strategic Offensive Reductions Treaty) de 2002, y estipula que ambos pases deben reducir sus arsenales hasta 700 lanzaderas, sumando las terrestres (ICBM), las de submarinos (SLBM) y los bombarderos, con una capacidad global de 1.550 cabezas nucleares; el tratado expira en 2021. Estados Unidos no se muestra interesado en su prrroga, posibilidad que inquieta seriamente a Mosc y a la Unin Europea, cuya responsable de Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, llam a que las partes no violaran el acuerdo, en implcita referencia a las manifestaciones de Trump, que afirm en febrero de 2017 que el START III era un tratado unilateral (faltando a la verdad) que su gobierno no apoyaba, al tiempo que anunciaba su propsito de aumentar los arsenales nucleares norteamericanos. Rusia apuesta por la prrroga pero es consciente de las reticencias de Washington, y vincula tambin los acuerdos nucleares entre ambos pases a revertir el despliegue del escudo antimisiles norteamericano en Rumania y Polonia, y a la retirada del armamento nuclear estadounidense almacenado en Europa: en la base de Ramstein, Alemania, donde el Pentgono cuenta con el cuartel general de la Fuerza Area, y el mando areo de la OTAN, dispone de cuarenta mil soldados, adems de ciento cincuenta bombas nucleares, apuntando a Rusia. La primera reunin para abordar la prrroga del START III, entre el vicecanciller ruso Sergui Riabkov, y el diplomtico norteamericano Thomas Shannon (el hombre que organiz los golpes de Estado contra Jean-Bertrand Aristide en Hait, en 2004, y contra Manuel Zelaya en Honduras, en 2009), celebrada en septiembre de 2017 en Helsinki, finaliz sin acuerdos concretos y con el vago compromiso de fijar una nueva reunin en un futuro prximo. A finales de octubre de 2017, como si Trump y Estados Unidos pretendieran aumentar la inquietud internacional, el Comando Estratgico norteamericano (United States Strategic Command, USSTRATCOM, cuya base est cerca de Omaha, en Nebraska, y que tiene a su cargo las fuerzas nucleares y espaciales norteamericanas), iniciaba los ejercicios Global Thunder, un evidente aviso a Rusia, China y Corea del Norte. Washington advirti de su inicio a Mosc porque as lo estipula el START III; en cambio, no inform a los otros dos pases: Washington no tena obligacin de hacerlo con Pekn, aunque poda haberlo hecho como un gesto de distensin hacia China, cuya prudente diplomacia tom nota de la altanera norteamericana.

Es cierto que los pasos de Trump para aumentar el poder nuclear norteamericano siguen proyectos anteriores: Obama ya aprob un programa de modernizacin de los arsenales atmicos norteamericanos por un valor de un billn de dlares, aunque las dificultades presupuestarias de Washington pueden hacerlo inviable. Trump, cuestionando el START III, declar a la agencia Reuters su intencin de aumentar la capacidad nuclear de Estados Unidos para asegurar la primaca ante Rusia y China. Mosc insiste en la evidencia de que la responsabilidad de una nueva carrera de armamentos recae sobre Estados Unidos, recordando su decisin de retirarse del Tratado ABM sobre misiles antibalsticos en 2002, aunque Putin anunci que su pas no participara en una nueva escalada armamentista ni va a despilfarrar recursos: para 2017, Rusia ha reducido ms de un 3 % su presupuesto de defensa. El gobierno ruso quiere centrar su actividad en la modernizacin de la economa rusa, que tiene muchos problemas, y para ello requiere una coyuntura internacional pacfica y de colaboracin econmica con Occidente. La necesidad rusa de inversiones y de tecnologa puede suplirse parcialmente con la ayuda de China, pero el acceso a tecnologa occidental sigue siendo importante para Mosc. Putin, en su intervencin sobre el estado del pas ante la Asamblea Federal (que rene a la Duma y al Consejo de la Federacin) en diciembre de 2016, record que la excesiva dependencia de la venta de hidrocarburos y de armamento entorpece los presupuestos rusos, aunque la exportacin de productos agrcolas ya ha superado los ingresos por la venta de armas. Rusia necesita la colaboracin china y europea para lanzar un programa de reconstruccin econmica, y, ante las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unin Europea, apuesta por estrechar lazos con Pekn sin cerrar la puerta a una mejora de las relaciones con Alemania, clave para una nueva relacin con el conjunto de la Unin. Al mismo tiempo, sabe que la progresiva debilidad del dlar en su papel de moneda de reserva internacional va a abrir nuevas posibilidades para la intervencin de las otras potencias mundiales que, agrupadas en los BRICS, no aceptan ya las imposiciones norteamericanas.

El gobierno ruso recuerda con regularidad los riesgos para la paz que supone el despliegue de nuevas tropas de la OTAN en el llamado flanco oriental de Europa, y la instalacin del escudo antimisiles. Estados Unidos evita comprometerse en esos asuntos, y pretende dar prioridad a la colaboracin de Mosc en Ucrania y Afganistn, conflictos que desde la perspectiva norteamericana exigen que la colaboracin de Rusia comporte aceptar el gobierno golpista de Kiev, dejar de ayudar a la poblacin civil del Donbs, entregar Crimea a Ucrania, y colaborar con el despliegue de la OTAN en Afganistn: y todo ello sin que Estados Unidos entregue nada a cambio. Washington exige una completa subordinacin, que Putin est lejos de aceptar. Por su parte, la OTAN insiste en denunciar acciones agresivas de Rusia y considera como provocaciones los vuelos de aviones rusos sobre el espacio areo internacional en el Mar Bltico, sin que considere el estacionamiento de cuatro nuevos batallones de la alianza occidental, con casi cinco mil soldados, ante las fronteras rusas en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, un asunto que pueda discutirse con Mosc.

El ao transcurrido desde la llegada de Trump a la presidencia ha visto cmo el nuevo gobierno de Estados Unidos lanzaba una mezcla de amenazas a diversos pases, mientras se adaptaba a la dura realidad de las relaciones internacionales, descubriendo los lmites del poder norteamericano, sin por ello dejar de sealar objetivos inalcanzables (como las exigencias comerciales a China), y sin renunciar a imponer sus criterios en Oriente Medio, en Europa o en Asia. El anunciado propsito de Trump de impugnar el acuerdo nuclear con Irn, pese a no disponer de competencia para ello (es un documento suscrito por Tehern y los cinco pases permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, ms Alemania, y, para cambiarlo, es necesario el acuerdo de las partes). Irn se ha convertido en uno de los focos de crisis donde se ha hecho evidente la distancia entre el cesarismo de Trump y los lmites del poder estadounidense. La arrogancia de Trump le lleva, incluso, a ignorar que todos los pases firmantes saben que no hay violaciones del acuerdo por parte de Irn: tanto los funcionarios norteamericanos que vigilan su cumplimiento, como la Agencia Internacional de Energa Atmica, OIEA, aseguran que Tehern ha cumplido con sus compromisos. Pero las amenazas de Trump y del Pentgono a Tehern preocupan a Mosc y Pekn. Rusia contest de inmediato a las exigencias de Washington a Tehern: el ministro de Exteriores, Sergui Lavrov, consider que con esa decisin Estados Unidos se revelaba como un pas nada fiable.

Siria es otro escenario de las disputas. Obama utiliz y ayud a los yihadistas para intentar derribar a Bachar al-Asad, sostenido por Mosc, y Trump, pese a las promesas de su campaa, no ha cerrado la ayuda a esos grupos, que han ido perdiendo terreno, mientras el ejrcito sirio recuperaba el control de buena parte del pas. En esa nueva realidad, cobra relevancia la amenaza norteamericana de una nueva guerra, que pende sobre Irn como castigo por el imprevisto fracaso de la contienda impuesta a Siria, y de sus problemas en Oriente Medio: Washington no slo ha sido incapaz de terminar las guerras de Afganistn e Iraq, y de derrotar a al-Assad, sino que, negndose a extraer conclusiones, ha tenido que encajar el reforzamiento del papel de Mosc en Oriente Medio, la aparicin de disputas con Turqua (ligadas a la guerra siria y al apoyo norteamericano a los kurdos, pero tambin por la desconfianza de Erdogan a causa del papel de la diplomacia norteamericana en el intento del golpe de estado turco en 2016), e incluso la apertura de un nuevo canal de intervencin de Arabia con su cauteloso acercamiento a Rusia. El Departamento de Estado norteamericano constata que Turqua adquiere mayor autonoma de Washington, y que pretende establecer una nueva relacin con Mosc, que, sin duda, debilitara a la OTAN. El autoritario Erdogan desconfa de Washington tras su confuso papel en el intento de golpe de Estado fallido del 15 de julio de 2016, que, aunque sucedi bajo Obama, se aade a la complicidad (o aval posterior) a los golpes de Estado en Egipto, en 2013, y en Ucrania y Thailandia, en 2014, mostrando la lgica de la accin exterior norteamericana, poco inclinada a respetar la soberana ajena. En Ucrania y Thailandia, la implicacin norteamericana fue manifiesta; en Egipto, acab por aceptar el golpe de fuerza del general Al-Sisi, ignorando la cruel represin que los militares han impuesto sobre la poblacin. Ankara, adems, desconfa del apoyo norteamericano e israel a un eventual estado kurdo en el norte de Iraq (que se aadira al control kurdo del norte de Siria, donde tambin reciben la ayuda estadounidense) y teme que pueda ser un estmulo a la fragmentacin de Turqua, cuya poblacin kurda asciende a casi veinte millones de personas y ocupa una tercera parte del pas. Aunque Turqua pertenezca a la OTAN, esa hiptesis (la mayor preocupacin estratgica de Ankara) distancia al gobierno turco de Estados Unidos y de Israel. En lo sustancial, Trump no ha cambiado la dinmica de intervencin de Obama en Oriente Medio.

Las nuevas sanciones a Rusia, aprobadas por el Congreso norteamericano en agosto de 2017 (con prctica unanimidad de republicanos y demcratas), contemplan incluso la posibilidad de castigar a empresas europeas que colaboren con Mosc, con objeto de daar el proyecto Nord Stream 2, un doble gasoducto por el Mar Bltico que unir la costa rusa con Alemania. Trump firm ese mismo mes la ley CAATSA (Countering America's Adversaries Through Sanctions Act) que public la pgina oficial de la Casa Blanca con el detalle de las sanciones a Rusia, Irn y Corea del Norte, y, pocas semanas despus, el Departamento de Estado presionaba, a finales de octubre de 2017, para imponer nuevas sanciones a ms de treinta empresas militares y a los organismos de inteligencia rusos: el propio Tillerson entregaba al Congreso un listado con los nombres de ciudadanos rusos y entidades que deben ser sancionados por Estados Unidos, junto con una prohibicin de colaborar con el sector energtico ruso bloqueando la colaboracin con cinco empresas petroleras y gasistas rusas: Gazprom, Gazprom Neft, Surgutneftegas, Lukoil y Rosneft, argumentando que esas medidas pretenden obligar a Rusia a respetar los acuerdos de Minsk sobre Ucrania y a renunciar a las intromisiones ilegales en internet. No deja de ser revelador del ao transcurrido bajo Trump que el Departamento de Estado considere que las relaciones con Rusia estn en el peor momento de los ltimos veinticinco aos, y ha sugerido al gobierno ruso que los vnculos pueden mejorar si colabora con Washington en las crisis de Corea del Norte, Siria y Ucrania, algo de imposible aceptacin para Rusia puesto que Estados Unidos exige que, en Corea del Norte, Mosc presione a Pyongyang y contribuya a su estrangulamiento; en Siria, que apueste por la retirada del gobierno de Bachar al-Asad, y, en Ucrania, que abandone a su suerte al Donbs, acepte al gobierno golpista de Poroshenko, y, adems, que renuncie a Crimea, integrada hoy a todos los efectos en Rusia.
Con relacin a China, y siguiendo el guin de sus ataques durante la campaa electoral frente a Hillary Clinton, Trump se mostr agresivo desde el principio, considerando a Pekn como un enemigo, llegando a afirmar disparates como que el calentamiento global era un invento chino para perjudicar a la industria norteamericana, y, ya en la presidencia, ha ordenado una investigacin sobre supuestos abusos de empresas chinas contra la propiedad intelectual estadounidense, ha amenazado con imponer nuevos derechos aduaneros a productos chinos, ha acusado a Pekn de manipular divisas, y ha amenazado incluso con dejar de lado la tradicional poltica de considerar la existencia de una sola China (por la cuestin de Taiwn), culpando adems a Pekn de malas prcticas por su supervit comercial con Estados Unidos, y exigindole que fuerce a Corea del Norte a aceptar las condiciones norteamericanas. Trump, en esa carrera de desatinos, ha estado dispuesto a iniciar una guerra comercial, ha anunciado el bloqueo de las islas del Mar de la China del Sur, adonde posteriormente el Pentgono envi barcos de guerra y ha continuado patrullando en los lmites del espacio areo chino, sin ninguna justificacin. Sin embargo, la realidad de los equilibrios internacionales se ha impuesto, y el encuentro entre ambos presidentes en Florida, en mayo de 2017, (donde Trump inform por sorpresa a Xi Jinping del bombardeo norteamericano sobre Siria, en un gesto que quiso mostrar autoridad y fortaleza, pero que revel, en cambio, las limitaciones del poder norteamericano en Oriente Medio, capaz de bombardear y arrasar ciudades pero no de ganar las guerras que inici) empez a dar un giro a sus relaciones, aunque no por ello Washington ha abandonado su inclinacin a los gestos hostiles: en julio, Trump autoriz una importante venta de armas a Taiwn, sabiendo que Pekn considera esas decisiones como gestos hostiles, y de nuevo el Pentgono realiz agresivas misiones de patrullaje en el Mar de la China meridional, que llevaron a Pekn a hablar de provocacin y, a su vez, a enviar buques de su flota de guerra.

En el plano econmico, al asumir la presidencia, Trump decidi, haciendo un clculo equivocado, la retirada norteamericana del TPP (Acuerdo Transpacfico de Cooperacin Econmica), alegando que es un tratado para el libre comercio que perjudica a empresas y trabajadores norteamericanos; en realidad, esa decisin deja ms campo de accin a China para aumentar su influencia poltica y econmica en la cuenca del Pacfico. Esa hipcrita preocupacin de Trump por los trabajadores norteamericanos queda al descubierto cuando se repara en su poltica fiscal, basada en reducciones de impuestos para los ms ricos, justificada porque supuestamente estimular la inversin econmica, y acompaada con la vaga promesa de que contribuir a crear millones de puestos de trabajo en Estados Unidos. Sin embargo, el propsito anunciado por Trump de limitar las importaciones chinas y estimular la exportacin de productos norteamericanos choca con la realidad del comercio mundial y con las dificultades inevitables que ello comportara para los Estados Unidos. Adems, Washington observa con preocupacin el proyecto chino de la nueva ruta de la seda, que ya ejerce una poderosa atraccin sobre muchos pases, y que incluso atrae a slidos aliados norteamericanos, como Arabia, pas que, por aadidura, negocia con Mosc mecanismos de intervencin para mantener los precios del petrleo y empieza a comprar alimentos rusos. Rusia es el mayor productor mundial de petrleo, seguida por Arabia y Estados Unidos, pero el acercamiento de Riad a Mosc persigue tambin que Rusia (que coincide con Irn en el sostn al gobierno sirio) se distancie de Tehern, aunque todo indica que Mosc rechaza esa hiptesis: en ese tablero, Estados Unidos ha perdido piezas, y, adems de Rusia, China observa con atencin. Quince aos de guerras en Oriente Medio han puesto de manifiesto las limitaciones del poder norteamericano, capaz de destruir y sembrar el caos en la regin, pero impotente para crear un nuevo mapa estratgico en la zona.

La tentacin en Washington de estimular barreras proteccionistas no deja de ser tambin un reconocimiento implcito de la reduccin del poder econmico norteamericano, y, al tiempo, de la inviabilidad de un mundo unipolar. En esa tensin, donde influyen conflictos e inercias del pasado, la Unin Europea, Rusia y China intentan buscar equilibrios, y llegar a acuerdos estratgicos con Washington, objetivo que dificulta la sospecha de que la poltica exterior norteamericana est en manos de aficionados: a la evidente incompetencia de Trump, que desconoce por completo la complejidad de las relaciones internacionales, se une un secretario de Estado, Tillerson, que carece de capacidad estratgica (en contraste con Lavrov) y que mantiene opiniones diferentes a Trump con relacin a Corea del Norte o Irn, entre otros asuntos, hasta el punto de calificar al presidente como un idiota, segn revel la NBC norteamericana.

Haciendo gala de su estrafalaria personalidad, Trump elogia al dictador egipcio, Abdelfatah Al-Sisi, ve con simpata a la feroz monarqua saud, e incluso se atreve a defender pblicamente la siniestra campaa de Rodrigo Duterte contra las drogas en Filipinas, que ha llevado al presidente filipino a ordenar al ejrcito y la polica el asesinato de centenares de supuestos traficantes. Y la agresividad mostrada por Trump contra Corea del Norte, amenazando con borrarla de la faz de la tierra, acompaa la accin y las declaraciones de otros responsables norteamericanos: Mike Pompeo, director de la CIA, denunciaba en julio de 2017 que Rusia era una amenaza para Estados Unidos, al tiempo que acusaba a China e Irn de agredir a su pas, y el 30 de octubre, el secretario de Defensa y jefe del Pentgono, James Mattis, perro loco, admita ante el Comit de Asuntos Exteriores del Senado norteamericano que, en una situacin lmite, el presidente Trump podra ordenar un ataque nuclear preventivo contra Corea del Norte, sin pedir autorizacin al Congreso.

El propsito norteamericano de mantener un mundo unipolar e imponer sus criterios en todas las reas de friccin y disputa del mundo, que lanz agresivamente Bush y que fue mantenido, en lo sustancial, por Obama, se ha convertido con la nueva presidencia en la manifestacin del retroceso estratgico de Washington: haciendo gala de sus bravuconadas de matn de taberna, Trump se ha mostrado incapaz de establecer vnculos respetuosos, de igualdad, con otras potencias mundiales: su gobierno cree que cualquier pas que quiera mantener buenas relaciones con Estados Unidos debe someterse a sus decisiones, colaborar en su diseo estratgico, y admitir el predominio norteamericano. Nadie va a aceptarlo, pero no hay duda de que Trump es un sujeto peligroso, y de que el mundo no puede desdear sus bravatas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


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