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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2018

Cuando el diferente es parte de la cortina de humo
Supremaca cultural (II), polticas de expulsin social

Ibon Cabo Itoiz
Rebelin


La supremaca cultura, no puede imponer sin antes ejecutar determinadas polticas de odio y persecucin al diferente, al que no representa al prototipo socialmente establecido. Los objetivos con los que nace el nuevo movimiento centralizador estatal, lo hacen mirando hacia un yo confuso, una personalidad de leyenda. Sin embargo, en cuanto a sus polticas externas, las que estn enfocadas hacia las personas, ante estos-as lo hace con rotundidad y sin disimulo. Para ello, generan una rumorologa ligada a estereotipos culturales excluyentes o mejor dicho, que se utilizan para excluir. Bajo esta premisa, nacen las tres polticas principales de la supremaca cultural. El ciclo es simple: seleccin de enemigos sobre los que depositar frustraciones personales, falta de libertad para evitar el colapso del sistema ante las protestas, exclusin y afianzamiento de la pobreza.

Odio al inmigrante. El enemigo que vino del sur.

El primer enemigo de la supremaca cultural es la admisin de la existencia de ms de una cultura. Para evitar esto, se dotan de la necesidad de encontrar enemigos comunes, fcilmente identificables y que no susciten simpatas. Bajo estos tres puntos, la historia nos demuestra como la extrema derecha y sus medios, en situacin siempre de crisis estructurales, enarbolan el factor supremacista racial. A veces de una manera abierta, en otras de una forma en cubierta. En todos los casos la inmigracin es el blanco habitual por su sencillez (falta de arraigo, mala situacin socio econmica, precariedad laboral mxima) y sobre todo porque puede ser un blanco fcil para las capas autctonos menos formadas.

Pero el racismo no es un mal actual, sino un mal endmico e histrico de la sociedad, basta con plantearse cul es el desarrollo vital que han tenido los gitanos como pueblo en la historia de Euskal Herria1. Todo se disfraza despus con leyes que protegen los derechos de la mayora pero que son en realidad polticas de control de flujo de inmigrantes.2

Miedo a la libertad de expresin. Frenar la lucha.

Pero las clases medias suelen establecer vnculos de relacin con grupos de inmigrantes que realizan trabajos que ests consideran fuera de sus competencias. Asistencia domiciliaria, limpieza, mineras, agricultura. Campos poblados de inmigrantes, dirigidos en general por familias de clases medias o altas. Para situar fuera del estereotipo supremacista a este tipo de personas, se alienta el choque contra un nuevo enemigo: los anti sistema. Msica, anarqua, bellas artes, deportes, poesasiempre han estado en el objetivo de algunos medios y de aquellos que pretenden controlar la libertad de expresin.

Para ello, generan normativas fundamentas en el miedo, en esa infinita posibilidad de acabar con la tranquilidad del ciudadano de a pie. Y despus de ese pavor absurdo, llegan los cambios legales y las leyes y acciones contra la libertad de expresin. En el estado el ejemplo ms conocido ha sido la ley mordaza3 y las ltimas sentencias contra msicos-as. Junto a ellos se instruye a las fuerzas de represin para actuar en mbitos donde el nico peligro son ellos mismos.

Exclusin de los grupos socialmente vulnerables y afianzamiento de la pobreza.

La exclusin de los grupos socialmente vulnerables es un arma de doble filo. Por un lado, el establecimiento de una cultura oficial y la vulneracin de derechos de los-as que no forman parte de ella, es un habitual a lo largo de la historia. Especialmente relevante es el caso de las mujeres que a pesar de los siglos de lucha siguen sufriendo en el da a da las consecuencias de una cultura llena de micro machismos4 y el hetepatriarcado. Este ataque tiene aun ms relevancia por el nmero de vctimas de violencia machista, que enlaza en muchos casos con la violencia racial5. Sin embargo esta exclusin sectorial no logra alcanzar todos los objetivos de la supremaca cultural por la respuesta de amplios sectores de la sociedad. Por ello se suele centrar en algo difcil de controlar por la burocracia: impulsar polticas de afianzamiento de la pobreza.

Vinculada esta ltima especialmente a las ltimas etapas de la vida, la falta de cuidados es especialmente relevante en el mbito de la tercera edad, donde se deja sin dotacin a ley de dependencia o se limita la subida de las pensiones a ese mal llamado coeficiente de sostenibilidad. En todas ellas se trata de vincular progreso, sostenibilidad y desarrollo al mbito privado.6 En todos los casos se vincula salir de la pobreza a poblaciones con miedo al cambio a travs de leyes que coartan de facto su libertad para elegir y enfrentarse al sistema. Ser pobre es una dificultad aadida y decisiva a la hora de tratar de impulsar la transformacin social.

Pero no solo mujeres y jubilados sufren las polticas de supremaca cultural que tratan de perpetuar el injusto reparto de la riqueza. La falta de polticas de activacin laboral para poblaciones con dificultades en el acceso al mercado que impulsan las administraciones conservadoras es tan bien un elemento sangrante.

La lgica de las polticas activas de empleo establece el problema en las disfunciones entre la oferta y la demanda de trabajadores en los mercados, haciendo difcil el acceso para poblaciones especiales (discapacitados, mayores de 55), pero siempre mencionando como las causas principales a aquellas que son ajenas a la poltica o a la regulacin estatal. As pues, el estado se cubre antes de empezar y no destina activos a la especializacin de personal para la va de bsqueda de soluciones para este tipo de poblaciones, condenndoles de facto al paro eterno o una pensin mnima en su jubilacin independientemente de los aos trabajados. Perpetuar la pobreza es sin duda la poltica ms efectiva de la supremaca cultural nica.

As pues, cuando apartamos la cortina de humo y nos centramos en lo que hay detrs, podemos observar que detrs solo existe la necesidad de impulsar un modelo de dependencia que elimina la capacidad de mejora y cuela a travs del miedo en sus distintas acepciones (diferente, cultura, pobreza, dependencia, expresin) un estancamiento en el desarrollo social. Es el efecto del silln ball: qudate en casa que peor les vas a otros-as y sigue jugando con tu pelotita mientras nosotros te decimos que pensar. El problema es que no hay diferentes en este aspecto, pues todos somos parte de un sistema corrupto, que languidece y que nos quiere situar eternamente frente al televisor, para que podamos ver, pero no hablar y convencer. Para que pensemos que todos somos iguales y formamos parte de lo mismo. De una misma cultura, atacada por circunstancias extraas y por grupsculos de privilegiados que quieren vivir sin trabajar. Saldremos vivos del intento de este Gran Hermano palomitero y le daremos la vuelta a la tortilla supremacista? Apartemos el humo, el horizonte est limpio cuando dejamos de mirar hacia el resplandor.

Notas:

1 Hemen inor ez da arrazista Berriak argitaratu zuen elkarrisketa 2018-03-13 Pernan Goi. SOS Arrazakeriaren kidea. Barcelona.

2 El mundo. 05-03-2018. Jose Manuel Garca Margallo. Pensiones: imaginacin y energa. 2. Una gestin adecuada de los flujos migratorios columna dos, ltimo prrafo.

3 La ley mordaza alcanza ya las 58 denuncias pgina 21 Diario Vasco 05-03-2018

4 Izaskun Landiada. Directora de Emakundea. El Correo 05-03-2018. los mensajes que se estn enviando desde las nuevas formas de comunicacin no son acordes con lo que debe ser una sociedad igualitaria.

5 Sin permiso. Un feminismo para el 99%. la violencia machista de corte racial es internaiconalempresa de seguridad Blacka Cube pgina 2 prrafo 5

6 El mundo. 05-03-2018. Jose Manuel Garca Margallo. Pensiones: imaginacin y energa. 10. Promover mutualizacin parcial de las pensiones Columna 3

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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